Capítulo 1
¿Alguna vez has tenido la sensación de estar atrapado en un bucle?
Durante mucho tiempo yo pensé estar encerrada en uno, pero eso fue después de que la vida tal y como se conocía cambiara radicalmente.
La polución y los malos hábitos de los humanos por modificar aquello que la naturaleza había creado o exigir más de lo que podía dar solo fueron pequeños detonantes de la hecatombe que tuvo lugar después.
Muchos entendidos y científicos habían advertido hace tiempo que la acción humana estaba haciendo un daño irreparable al mundo, pero lo que nunca imaginaron, es que fuera el mismo Sol quien se volviera contra nosotros.
El 13 de abril de 1990 tuvo lugar lo que muchos conocen como “El Apagón”. Fue la tormenta geomagnética más destructiva de los últimos trescientos años.
Primero, los dispositivos eléctricos dejaron de funcionar y todo quedó a oscuras. Después, la composición de la atmósfera se adaptó al nuevo cambio que la sacudida provocó en el campo magnético terrestre. El aire que siempre habíamos respirado pasó a envenenar nuestros pulmones y los eventos meteorológicos se volvieron más violentos de lo que nunca pudiéramos haber imaginado, tanto que una tormenta podía llegar a arrasar una ciudad mediana. Luego llegó el hambre, el caos y la lucha por la supervivencia y, en cuestión de poco menos de cinco años, la población global se redujo prácticamente a la mitad.
Los continentes habían cambiado. Los mapas anteriores ya no representaban el mundo que habíamos conocido. Ahora, solo nos quedaba la promesa de Nova Pangea, el Nuevo Mundo o ni tan siquiera eso.
Sociedades y gobiernos enteros cayeron, y otras nuevas resurgieron de los escombros de sus antecesoras, dispuestas a tomar las riendas. Las máximas autoridades supervivientes tomaron el mando de lo que quedaba de este pobre mundo. Los continentes poblados fueron divididos en regiones, y a cada una de ellas se les asignó un representante que sería el responsable de esta, aunque podría delegar una parte del poder en subrepresentantes de diferentes ciudades para facilitar su gobierno:
En Bakalia, fue Sirhan Abara, que nombró dos ciudades primarias en Lauda y Kinar.
Ma’Lao fue dividida en dos mitades dependientes entre sí, la occidental gobernada por Ryo Kuma y otra oriental por Yuri Arata. Cada uno estableció una ciudad primaria que estaba en directa comunicación con la otra en Shibala y Huang.
Euralia estuvo bajo el dominio de Elléa Vermeullen, que estableció cuatro ciudades primarias en Bruxas, Rasüt, Malya y Koboth.
Las islas solitarias de Hisante fueron gobernadas bajo la atenta mirada de Lachlan Fleming, que no nombró ninguna ciudad primaria.
Por último, Abya quedó repartida en tres territorios:
Los hermanos Saffire y Nathair Barahona gobernaban con mano de hierro desde la cordillera de Vek a la Costa del Gancho y las Islas de Nag.
En el Muro de los Caídos y la zona oeste, la responsabilidad recaía en el General Morgan Slöra y su Ciudad de las Tormentas, la tercera más poblada de todo el continente y, al mismo tiempo, la más aislada de todas.
Finalmente, desde el otro lado del Muro, el poder descansaba en Siethe, la Capital. Regentada por el astuto Faustus Blair, quien designó una única ciudad primaria a la que todas las demás ciudades restantes obedecerían estrictamente en su facción territorial. Esa ciudad era La Cúpula.
Y allí fue donde empezó mi bucle.