Esperanza
Esperanza era una niña hermosa y brillante a la que siempre le pasaban cosas malas. Sin embargo, no importaba lo mal que la pasara, ella siempre brillaba.
Parecía que, cuanto peor la pasaba, más resplandecía y más hermosa se volvía.
Un día, la pequeña esperanza llegó a casa y encontró a su querida madre muerta. Unos ladrones habían entrado, llevándose no solo sus cosas, también a la persona que más amaba. Aquella escena la dejó devastada.
Unos días después, la pequeña se encontraba en su cabaña. Estaba destartalada, y a su alrededor las plantas y las flores estaban marchitas. Adentro, Esperanza sonreía y brillaba más que nunca. El polvo que la rodeaba no lograba opacarla.
A su lado, el cuerpo de su madre yacía sobre la cama cuidadosamente arreglada, como si durmiera. Esperanza creía que su madre despertaría en cualquier momento. Por eso decidió quedarse siempre a su lado, esperando. Cuando despertara, la recibiría con una gran sonrisa y su madre le daría el beso de los buenos días, como siempre lo hacía.
Con el paso del tiempo, los alrededores de la cabaña se pudrían más y más. La pequeña Esperanza permanecía ahí, brillando y siendo más hermosa que nunca.