Capítulo 1
HOLAAAAAA, mis amores. Les doy la bienvenida a mi fanfic. Será una historia bastante intensa, romántica, dramática, con algo de acción y algunas escenas lemon. La historia mantendrá cierta fidelidad con el canon, combinando el anime con un poco del videojuego. Pero obviamente habrá cambios o esto no sería un fanfic. 💖
Si te gusta, por favor regálame unas estrellas y deja tus comentarios. Sin más que decir, ¡vamos con todo! LET’S GO! GLORY TO MANKIND!!! ✨🥺
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La lluvia cae con suavidad sobre las ruinas de una ciudad olvidada. El cielo, cubierto de nubes grises, parece un reflejo de todo lo que sienten y no pueden decir.
Sus pasos resuenan sobre el concreto agrietado, sincronizados, silenciosos, como si incluso su andar compartiera una armonía inevitable. En la lejanía, se alza el objetivo de la misión: un antiguo edificio de comunicaciones que emite señales sospechosas. Pero ni los enemigos mecánicos ni la amenaza que se oculta entre los escombros son lo que verdaderamente pesa en el ambiente.
9S camina junto a 2B, en aparente calma. Pero dentro de él, la verdad ruge con fuerza.
Los humanos están extintos. El búnker lo ha sabido todo este tiempo. Sus órdenes, sus objetivos, su existencia misma... todo ha sido una farsa.
Y, sin embargo, cuando mira a 2B de reojo—el perfil sereno, los labios firmemente sellados, las manos firmes sujetando su espada—no encuentra el valor de decírselo.
Porque no sabe lo que pasará si lo hace. Porque teme que revelarle la verdad le haga daño a su compañera.
“¿Cómo reaccionarías si supieras que todo ha sido una mentira?“, piensa con un nudo en el pecho que ningún sistema puede diagnosticar.
2B, por su parte, mantiene su rostro inalterable. No necesita mirar a 9S para sentirlo. Está allí, como siempre, a su lado. Hablando, bromeando de vez en cuando, intentando hacer más liviana la carga de la misión. Él nunca deja de intentar llegar a ella.
Y eso es lo que más duele.
Cada gesto suyo, cada sonrisa que le dedica, es un recordatorio cruel de lo que algún día deberá arrebatarle. Porque esa es su orden. Esa ha sido siempre su función.
“No te encariñes con él. Las emociones están prohibidas”, piensa con una amarga sensación en su interior. Pero es demasiado tarde para eso.
Durante la misión, enfrentan a una oleada de máquinas. Luchan espalda con espalda. Sus movimientos perfectamente coordinados, como si fueran dos mitades del mismo código y los enemigos caen uno tras otro. En un momento, una explosión lanza a 9S contra una pared y 2B corre hacia él, más rápido de lo que debería, más rápido de lo que lo haría cualquier otra compañera de escuadrón.
Se arrodilla junto a él y le toma el rostro con ambas manos, como si necesitara comprobar que sigue allí.
—¿Estás bien? —pregunta, con la voz más suave de lo que pretende.
—He estado peor, jajaja... —responde 9S, con una sonrisa ladeada. Pero sus ojos se quedan en los de ella por unos segundos más de lo debido.
Es ahí. En esa mirada detenida, en ese pulso contenido, donde habita todo lo que no dicen.
El resto del recorrido es silencioso, pero no incómodo. Hay algo distinto esta vez. Como si ambos sintieran que están acercándose a un límite, uno que han bordeado muchas veces... pero que esta vez podría romperse.
Y cuando finalmente se detienen a descansar, resguardados bajo el techo de un edificio abandonado mientras la lluvia aterriza en el concreto viejo, 9S se sienta a su lado. Ninguno habla. Solo se escuchan los ecos de la lluvia... y sus propias emociones que siempre se han visto forzadas a contener.
Hasta que 9S, sin mirarla, pregunta con una voz tranquila:
—2B... ¿Tú crees que los androides... pueden amar?
Ella no responde de inmediato. Solo baja la mirada, apretando los puños.
Porque la respuesta ya la lleva dentro. La siente cada vez que lo ve sonreír. Cada vez que teme perderlo. Cada vez que recuerda cuántas veces lo ha matado. Cada vez que desea no tener que hacerlo nunca más.
Y porque, quizás, su corazón no sea humano... pero aun así, le duele igual.
—¿Por qué me preguntas eso? Sabes que tenemos prohibido expresar emociones —responde finalmente, con un tono firme, tratando de mantener la seriedad que siempre la ha protegido.
—Oooh, vamos, 2B... —se queja 9S con suavidad, sin alzar demasiado la voz. Sus ojos se elevan hacia el techo resquebrajado y su tono adquiere una mezcla de anhelo con curiosidad—. Es solo una pregunta. ¿Lo crees... o no?
El silencio se hace entre ambos. El sonido de la lluvia resuena más fuerte; aquel cielo repleto de nubes grises parece eterno.
2B intenta mantenerse firme, contener todo lo que su programación le prohíbe mostrar. Pero sus manos están tensas sobre sus piernas, sus labios apretados. 9S la observa en silencio. Espera una respuesta, sí... pero más que eso, espera una verdad. Una confirmación. Una señal de que no está solo en lo que siente.
Quiere saber si ese leve temblor en la voz de 2B cuando lo llama significa algo. Si esas miradas prolongadas son lo que imagina. Si la forma en que ella lo toca cuando está herido guarda algo más que simple preocupación.
Finalmente, ella lo mira.
Él responde de inmediato, sosteniéndole la mirada. La distancia entre los dos es corta. Lo ha sido desde hace tiempo, pero ahora se vuelve abrumadora.
—No lo sé. Nosotros no somos como los humanos —dice 2B con tono neutral, buscando sonar lógica, desapegada.
Pero no es sincera. Su compañero lo nota de inmediato.
Decepcionado, 9S frunce ligeramente el ceño tras su visor y responde:
—Estás mintiendo.
2B parpadea debajo del visor que cubre su rostro. No esperaba una respuesta tan directa. Su gesto apenas cambia, pero dentro de ella, algo tiembla.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque lo siento. —9S sonríe, con esa mezcla de ternura y firmeza que lo hace inconfundible—. Te conozco lo suficiente como para saber cuándo estás escondiendo algo.
Su sonrisa... esa sonrisa. 2B la tiene memorizada. La ha visto en momentos de calma y en medio de la batalla. La ha perdido demasiadas veces.
Y, sin embargo, siempre vuelve. Tan ingenua. Tan sincera.
Pero también frágil. Tan frágil como la verdad que ella carga sola.
“No me conoces realmente, Nines...“, piensa, con un peso en el pecho que no sabe cómo quitarse. “Si supieras todo lo que te he hecho, no me mirarías así“.
Abre la boca, como si fuera a responder. Pero antes de que logre articular palabra, 9S se adelanta, nervioso, con un rubor súbito en el rostro.
—¡P-pero n-no me malinterpretes, 2B! —exclama, agitando las manos levemente mientras desvía la mirada—. No quise sonar como si estuviera... completamente absorto en ti ni nada de eso. S-solo decía que... bueno, hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿no? Es natural que te haya aprendido a leer un poco...
Ese nerviosismo, esa torpeza tan suya... por un momento, casi logra hacerla sonreír. Casi. Pero la culpa sigue allí, adherida como una sombra imposible de borrar.
—9S... —susurra su nombre, más como un reflejo que una decisión.
Él se gira de inmediato, atento.
—¿Sí?
Sin embargo, antes de que su conversación pueda seguir, la voz de los Pods irrumpe:
[Atención. Unidades enemigas se aproximan a nuestra ubicación. Recomendación: prepararse para el combate].
La tensión se corta de golpe. Ambos se incorporan sin vacilar, los gestos automáticos, las espadas ya en sus manos. La conexión emocional de hace un segundo queda suspendida, enterrada bajo lo que han sido entrenados para ser.
Soldados.
Pero incluso así, en medio del deber, el eco de lo que no han dicho permanece. Vivo. Palpitante.
Las alarmas de los Pods apenas se apagan cuando las máquinas emergen, obligándolos a luchar. Sin embargo, no representan una amenaza significativa. 2B y 9S se mueven como un solo cuerpo, ejecutando ataques precisos, cubriéndose mutuamente sin necesidad de hablar. Han trabajado juntos tantas veces que ya no necesitan palabras, solo movimientos compartidos y silencios cómplices.
Una vez despejado el camino, continúan con la misión asignada. La lluvia no cesa mientras avanzan entre escombros y ruinas de antiguas edificaciones, con sus siluetas recortadas por el cielo gris.
2B marcha en silencio, con su expresión imperturbable. 9S, en cambio, no puede evitar dejar escapar una sonrisa, incluso cuando la incertidumbre lo acompaña.
Al llegar a la entrada de aquel edificio de comunicaciones, más enemigos intentan bloquear el paso. La lucha es breve, casi rutinaria. Las viejas estructuras metálicas vibran con cada choque de espadas, hasta que el silencio vuelve a dominar el lugar. Los cuerpos de las máquinas quedan regados por el suelo, retorcidos y brillando tenuemente como si fueran flores oxidadas.
—Podríamos usar los restos de estas cosas para construir una nave espacial e irnos a visitar la Luna, ¿no? —bromea 9S, agachándose para recoger una pieza de chatarra y agitarla como si fuera un trofeo.
—No es necesario. YoRHa ya posee naves que cumplen ese propósito —responde 2B sin inmutarse, sin siquiera mirarlo.
—Ay... era una broma...
—No fue graciosa.
—Mmm... —baja la mirada, visiblemente decepcionado, dejando caer la pieza con un leve clang metálico.
Siguen subiendo los pisos, enfrentándose a más máquinas con velocidad y eficiencia, hasta llegar al núcleo del edificio. Allí, una enorme antena continúa emitiendo la señal que tanto les preocupa.
En sincronía perfecta, ambos Pods lanzan sus ataques de energía y la destruyen, silenciando por fin esa anomalía. El estruendo final resuena por todo el lugar, como un suspiro mecánico que se apaga.
A los pocos segundos, la voz alegre de la operadora 6O llega a través de sus comunicadores:
—¡Buen trabajo, 2B, 9S! La señal ha sido interrumpida con éxito. Eso sería todo por ahora. Pueden regresar al búnker.
—Entendido —responden al unísono. La comunicación se corta.
Tras eso, comienzan a descender. La lluvia aumenta su intensidad, como si quisiera arrastrarlo todo. Cuando alcanzan la salida del edificio, 9S se detiene justo en el umbral, observando cómo las gotas caen del cielo sin descanso. Por un instante, solo se escucha el sonido de la tormenta.
—Otra misión cumplida para nuestra lista... ¿No, 2B? —dice, esbozando una sonrisa suave que no llega a sus ojos.
—Sí... —ella apenas responde, con la voz apagada.
Él da unos pasos hacia afuera, dejando que el agua lo empape. Mira hacia arriba, buscando el cielo tras la cortina de lluvia.
—Quizás deberíamos esperar un poco antes de volver... —dice en voz baja, sin mirarla, hablando con anhelo—. Podríamos ver juntos el cielo después de la lluvia.
Pero no hay respuesta.
Detrás de él, 2B se ha detenido. El puño de su mano tiembla levemente mientras sostiene su espada. La mirada fija. La orden ha llegado. El protocolo se ha activado. Y el dolor en su pecho —aquel que nunca debería sentir— le recuerda que la misión aún no ha terminado.
Tiene que hacerlo. Debe matar a su compañero otra vez.
Se acerca a él con la cautela de un asesino. Cruza por el umbral. Las gotas golpean la ropa negra de 2B, deslizándose como lágrimas que ella misma no puede derramar. Sus dedos envuelven el mango de su espada, la mirada fija en la figura de 9S, a tan solo unos pasos de distancia.
Él no se ha dado cuenta. Observa el cielo gris, ensimismado, ajeno a la traición que se cierne sobre su espalda.
Ella tiembla. La orden aún resuena en su mente como una sentencia irrefutable. “9S volvió a acceder a información clasificada. Debes eliminarlo”. Esas voces del búnker, frías y ajenas, dictando el destino de alguien que... que ya no es solo un compañero. No otra vez. No ahora.
Cada vez que lo ha hecho, una parte de ella muere. Cada vez que lo ha visto caer bajo su espada, con esa expresión de incomprensión, de puro dolor, algo dentro de ella se rompe.
2B no quiere romperse más. No puede seguir soportándolo.
De pronto, la voz de 9S rompe el silencio, suave pero cargada de algo que parece... urgencia.
—2B... hay algo que necesito decirte. Algo que descubrí.
Él se gira. Su mirada se cruza con la de ella. Y entonces la ve: la espada levantada, a punto de atacarlo. Al instante, su expresión se congela.
—¿Q-qué... estás haciendo? —exclama, desconcertado. Detrás del visor que cubre su rostro, sus ojos se abren con sorpresa, casi con miedo. Da unos pasos atrás, reflejo de su programación de combate.
Pero 2B no se mueve. No avanza. Sus manos comienzan a temblar, la espada aún alzada pero vacilante.
—Yo... yo no puedo... —musita ella, y sus palabras se rompen como su voluntad.
La espada cae. Hace un sonido sordo al golpear el suelo y luego desaparece. Si los androides tuviesen un corazón humano, el de 2B seguro latiría desbocado en este instante. Da un paso hacia él. Luego otro.
9S retrocede, confundido, pero no empuña su arma.
—2B... ¿qué está pasando? ¿Qué ibas a hacer?
En lugar de responder, ella se detiene en frente suyo. Sus manos, cubiertas por sus guantes mojados por la lluvia, sostienen el rostro de 9S con una delicadeza que contrasta con la crudeza del mundo a su alrededor. Él contiene el aliento, confundido, sin saber qué esperar.
Entonces, 2B se inclina. Sus labios tocan los suyos con una suavidad que parece imposible en una guerra parece nunca tener fin. La lluvia los envuelve como un velo, y durante un instante, el tiempo parece detenerse.
Al separarse, ella lo mira de frente. Incluso con el visor puesto, su compañero puede notar que su mirada está llena de algo que los androides tienen prohibido nombrar.
—Perdóname, 9S... —dice 2B, apenas un susurro vulnerable—. Yo... sí creo que los androides pueden amar.
9S no responde. Está paralizado, con las mejillas sonrojadas, los ojos fijos en los de ella. Sus palabras se le han escapado. Lo único que siente es el calor que sus labios han dejado, el tacto de las manos que sostienen su rostro y la promesa implícita en esa confesión.
2B ha desobedecido. Y por primera vez, ha elegido no matarlo... sino amarlo.
FIN DEL CAPÍTULO 1.








