Fuego Uterino
Todo empezó con una sopa de fideos instantáneos.
Todo lo que Max tenía que hacer era llenar el vasito con agua y meterlo al microondas.
Excepto que no tenía por qué meterlo al microondas; el mismo envase lo dice.
Además, ¿cómo se va a cocinar la sopa si no tiene agua?
Bueno, ahí está su respuesta: olvidó ponerle agua y ahora su microondas está en llamas y no sabe qué hacer, pues echarle agua sólo empeorará las cosas.
Como pudo, Max llamó al 911 dando su dirección rápidamente mientras intentaba apaciguar las llamas él mismo.
Pero como ya está establecido, Max es idiota.
Tontamente, trato de apagar la llama echándole aire con un trapo; en otras palabras, oxigenando el fuego, haciendo que creciera en desmedida.
Para cuando se dio cuenta de su error, las llamas ya estaban consumiendo el mueble donde se encontraba el microondas y él ya había inhalado el dióxido de carbono por demasiado tiempo.
Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue a uno de los bomberos corriendo hacia él.
—¡Yo lo llevo afuera, ustedes encárguense del fuego! —gritó el capitán de bomberos, su voz resonando por todo el lugar.
—¡Sí, jefe! —los otros tres bomberos que entraron con él respondieron al mismo tiempo.
Cuando Max volvió en sí, estaba recostado en una camilla fuera de la ambulancia. Lo primero que vio fue... ¿Dios? ¿Un ángel? No lo sabe, pero wow, qué apuesto hombre.
Trato de hablar, pero era algo difícil, pues no podía respirar muy bien, además de que la mascarilla de oxígeno no ayudaba mucho.
El paramédico fue el primero en darse cuenta de que trataba de decirles algo, por lo que rápidamente le quitó la mascarilla preguntando que qué pasaba.
—¿Me das tu número? —Fue lo único que dijo, mirando directamente a los ojos marrones de ese guapo bombero.
El paramédico y otros bomberos que se encontraban ahí cerca no pudieron evitar reír, especialmente por la manera en que el capitán se había puesto claramente nervioso.
—Ya llévenselo al hospital, ya está delirando. —Sin más, el bombero se alejó de ahí; ni siquiera cuando estaba apagando fuegos masivos le daba el bochorno tan fuerte como en ese momento.
Afortunadamente, en el hospital le dijeron que no había sufrido heridas de gravedad, solo unas cuantas quemaduras de primer grado, por lo que al día siguiente pudo regresar a casa.
Lamentablemente, tuvo que deshacerse del mueble y del microondas, pero al menos no había perdido nada que no pudiera reemplazarse.
Aunque estaba algo desanimado, el guapo bombero no le dio su número; de solo acordarse de su rostro, siente que puede crear otro incendio solamente con su calor corporal.
Tal vez así lo vuelva a ver...
Huh...
Una semana después
Estación de bomberos, ¿cuál es su emergencia?
Hola, sí, ehh, realmente no es tanto una emergencia, pero mi gato está atrapado en un árbol en el patio de mi casa y no puede bajar.
No se preocupe, mandaremos a alguien. ¿Su dirección?
Calle Hermanos Rodríguez, Colonia Zandvoort, número 111
Después de colgar la llamada, Max corrió a su clóset, sacando sus mejores armas.
Un short no demasiado corto pero tampoco demasiado largo, solo lo suficiente para dejar ver sus piernas y que se subiera a mitad de muslo cuando se sentara, y una camiseta blanca que decía cum dumpster.
Revisó que su cabello estuviera en orden, se cepilló los dientes y, por si las dudas, se lavó la boca con enjuague bucal.
Justo cuando estaba terminando de arreglarse, tocaron el timbre.
Max sonrió para sí mismo mientras corría por las escaleras gritando que ya iba en camino.Una vez estuvo frente a la puerta, se tomó unos segundos para regular su respiración y entonces abrió la puerta, revelando al hombre más sexy que haya pisado esta tierra.
—Buenas tardes, soy el capitán Sergio Pérez de la estación 1133. —Sergio solía ser algo distraído, por lo que no notó inmediatamente la camisa del chico frente a él.
—Si usted está aquí, entonces de verdad que es una buena tarde. —Tal vez Max parecía un cualquiera, pero poco le importaba si eso le aseguraba tener a semejante hombre entre sus piernas.
Sergio solo rió por el comentario; ya estaba acostumbrado a los coqueteos descarados de la gente.
—Bueno, ¿por qué no me enseñas dónde está el gato?—Pobre e inocente Sergio.
—Ah... sobre eso, ¿qué cree? —Max comenzó a acercarse a paso lento, casi como un depredador listo para atacar.
—Uhm, no... no sé, ¿qué creo? —Checo bajó la mirada por un segundo, y fue ahí que finalmente leyó lo que decía la camiseta de Max, y entonces entendió todo.
—Tápate los ojos, diosito—murmuró en voz baja. Tenía la opción de irse, pero... pues ya estaba ahí, y Max se veía más que dispuesto a... lo que fuera a pasar.
Que pase lo que tenga que pasar, y si va a tronar, que truene.
Las manos de Max viajaron a los hombros del bombero, a quien tenía que ver hacia abajo, pues era de menor estatura que él, pero no se quejaba, pues le daba la oportunidad de recorrer el cuerpo con la vista.
Las manos de Sergio volaron hacia la cintura del rubio al sentir como las manos de este se colaban entre su cabello.
Lamentablemente, no podía tomarse su tiempo como le gustaría, pues debía volver a la estación.Por lo que, sin más preámbulo, subió una de sus manos hasta el rostro de Max, para poder acercarlo y besarlo profundamente, mientras que con su otra mano lo pegaba más a su cuerpo.
Max gimió sorprendido contra la boca del hombre; sinceramente, no pensó que fuera a ser tan fácil... a menos que esta no sea la primera vez que Sergio haga algo así...Maldito desgraciado, ¡tenía que ser hombre!
Pero no hay problema, Max se encargará de que esta sea la última vez que a Sergio le queden ganas de hacer algo parecido; le dará la cogida de su vida, le pedirá el número, Sergio lo llevará a cenar, se casarán y vivirán felices por siempre.
Es un plan infalible.
Decidido, Max comenzó a caminar con Sergio, llevándoselo hasta el sofá donde lo hizo sentarse para poder subirse sobre su regazo a horcajadas y volver a atacar sus labios.Sergio, por su parte, no puso ni una pizca de resistencia; descubrió en ese mismo instante que le prendía como el demonio que... ni siquiera sabe su nombre.
—Oye, espera, bonito... mgh. —El rubio no le daba tregua, no paraba de besarlo ni por un segundo, además de que movía sus caderas de adelante hacia atrás, frotándose contra su creciente erección.
Con todo el pesar del mundo, Sergio separó a ese hermoso hombre que le comía la boca con desesperación; aunque nada hubiera podido prepararlo para la exquisita vista frente a él.
El güerito sobre él respiraba agitado; su rostro se encontraba rojo a más no poder, al igual que sus labios, que se habían hinchado levemente. Sus pupilas estaban dilatadas a más no poder y sus hermosos ojos lo veían con curiosidad.
—¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes? —Max estaba bastante confundido, todo parecía ir bastante bien hasta ese momento.
—Es que... nunca me dijiste tu nombre. —Sergio sonreía nervioso, mientras que Max solo lo miraba en silencio.
—Me llamo Max, ahora cierra la boca a menos que sea para gemir mi nombre. —Y lo volvió a besar.Quién diría que Sergio disfrutaría tanto ser dominado.
Max resumió sus movimientos, restregándose contra la dura polla de Sergio; podía sentir cómo se mojaba cada vez más de solo imaginársela.
—Max, por favor... —Ni siquiera Sergio sabía por qué rogaba.
—¿Qué pasa, capitán? ¿Acaso quiere que se la chupe, quiere enterrarse en mi coñito y llenarme a más no poder? —¿Eso quiere? —Max simulaba estar montando al bombero, mientras este tenía una mano firme en su cintura ayudándolo a moverse, mientras que la otra masajeaba sus glúteos.
—Sí, sí, sí, déjame cogerte, Maxie, por favor. —Sergio sonaba desesperado, su voz estaba ronca y sus ojos lo veían con súplica.
Max decidió apiadarse del pobre hombre; bajando de su regazo y quedando de rodillas en el suelo, bajo la atenta mirada de Sergio, abrió su pantalón y sacó su polla de sus bóxers.Comenzó con un movimiento lento de su mano, admirando, sintiendo e imaginando cómo se sentiría en su boca.
Sergio lo veía desde arriba mientras jadeaba; después de unos segundos tomó el cabello de Max entre sus dedos, acercándolo a su erección que exigía atención inmediata.Max no se hizo más del rogar, sacó la lengua y lamió la punta, saboreando el líquido preseminal que salía de este.
Dio unas cuantas lamidas más al glande, para después bajar por la extensión hasta llegar a sus bolas.Comenzó a chupar y lamer ambos testículos, alternando entre uno y el otro mientras que con una mano seguía estimulando la dura verga; por otro lado, su mano libre bajó hasta meterse dentro de sus shorts —sin ropa interior, cabe aclarar— para comenzar a estimularse a sí mismo.
Después de unos minutos volvió a subir, topándose dentro de nuevo con el premio mayor: una verga dura, gruesa y goteante.Finalmente metió el trozo de carne en su boca, bajando poco a poco, relajando la garganta y respirando hondo por la nariz. Cuando sintió que ya no le entraba más sin tener arcadas, comenzó a subir y a bajar, chupando y sorbiendo alrededor de todo el falo.
Sergio se sentía el cielo; ese lindo güerito que rescató de un incendio se encontraba haciéndole la mejor mamada de su vida. Era la primera vez que se metía con alguna persona a la que haya conocido por medio de su trabajo, pero no se quejaba.
Lentamente y con todo el pesar de su corazón—y de su pene—alejó a Max de su miembro; este se dejó hacer, pero se le veía molesto, pues ya era la segunda vez que lo interrumpía.
—Bonito, ¿puedo follarte la boca? Por favor—Max está seguro de que puede casarse en ese mismo instante si Sergio vuelve a verlo con esos ojitos de cachorro.
—¿Qué esperas, grandote? Soy todo tuyo para que me uses.
Max se acomodó mejor en el piso y abrió la boca en grande, apoyando sus manos en los muslos aún vestidos del mayor. La imagen era la lujuria personificada, no había otra explicación.
Sergio rápidamente se acomodó mejor en el sofá, plantando firmemente sus pies en el piso y bajando otro poco sus pantalones y ropa interior, pues aún seguía vestido.
Volvió a introducir su miembro en la boca del rubio, deslizándose lentamente, dejando que su calor lo envolviera y dándole espacio para que respirara y se relajara mientras llegaba hasta el fondo de su garganta; la nariz de Max topándose con el bello púbico de Sergio.
—Pellízcame si necesitas que pare, ¿okey? —Max asintió como pudo.
Sergio comenzó con un vaivén lento, tanteando el terreno; poco a poco fue yendo cada vez más rápido. Todo lo que se alcanzaba a escuchar en la sala era el chapoteo de las bolas de Sergio golpeando la barbilla de Max, sumándole los obscenos sonidos que salían de la boca de Max al atragantarse con la verga del pecoso.
Los movimientos de Sergio comenzaron a ser erráticos e irregulares; estaba bastante cerca del orgasmo. Sin previo aviso, eyaculó en la garganta de Max, rápidamente sacó su miembro para no ahogarlo y comenzó a masturbarse frente a él, haciendo que el resto de su semen terminara en el rostro de Max.
Max se quitó la camisa para poder limpiarse el rostro con esta, mientras que Checo tenía la cabeza echada hacia atrás, tratando de regular su respiración y bajarse de la nube post-orgasmo en la que se encontraba.Poco a poco Max se levantó con cuidado mientras se estiraba tal cual un gato lo haría, pues ya llevaba un buen rato en esa posición; terminó de quitarse la única prenda que le quedaba para posteriormente subirse nuevamente a horcajadas sobre Sergio, quedando justo encima de su verga ahora flácida.
—Me vas a matar, Maxie, eres muy hermoso. —Sergio no mentía, Max es una persona bastante atractiva, ¿pero tenerlo desnudo restregándose contra su polla? Otro rollo.
—Tú tampoco te quedas atrás, Sergio, eres bastante guapo. —Max recorrió con la vista el cuerpo del pecoso mientras mordía su labio.
Volvieron a besarse, y entre suspiros y chasquidos Max pudo sentir como la polla de Sergio volvía a endurecerse contra su coño, por lo que decidió ayudarlo y comenzó a frotarse contra este.
Sergio fue el primero en romper el beso para poder levantar ligeramente a Max, tomando su pene para alinearlo contra la entrada del rubio. Antes de introducirse, miró a los ojos a Max, pidiéndole permiso con la mirada, y este solo asintió levemente a la par que se comenzaba a sentar sobre la polla del hombre.
Poco a poco fue sentándose hasta que estuvo completamente dentro, quedándose quieto un momento mientras se acostumbraba a la sensación; mientras tanto, Sergio se quitó la camisa, pues ya comenzaba a sentirse incómodo de tenerla puesta.Sergio comenzó a dejar besos por el cuello de Max, quien simplemente se dejaba hacer y movía su cuello para darle más espacio al pecoso.
Unos segundos después, comenzó a brincar sobre el hombre, apoyándose de sus hombros mientras este lo tomaba de la cadera para ayudarle con sus movimientos.
—Mhm, me llenas tan bien, Sergio, que rico. —Max estaba perdido en una bruma de placer; la polla de Sergio era del tamaño y grosor perfecto para llenarlo por completo sin llegar a ser doloroso o lastimarlo.
—Mierda, Max, me aprietas tan bien, eres perfecto.
Ambos eran un desastre total; Sergio se había quedado hipnotizado por los pectorales de Max que rebotaban levemente con cada salto que este daba, por lo que sin pensarlo dos veces se abalanzó y se prendió de uno tal cual lo haría un recién nacido, mientras que con una mano estimulaba el otro.
Max se sentía en el cielo; Sergio alternaba su boca entre ambos pezones y de vez en cuando soltaba una que otra nalgada. Estaba bastante cerca de correrse, por lo que bajó una de sus manos hasta su hinchado clítoris para poder alcanzar el deseado orgasmo.
Sergio, de igual manera, se encontraba bastante cerca de su segundo orgasmo, por lo que cuando sintió como el interior de Max se apretó y sus piernas temblaron, salió rápidamente de él para masturbarse y dejar que su semen cayera en su abdomen.
—¿Por qué lo hiciste afuera? —Max tenía el ceño fruncido y un puchero que Sergio no dudó ni un segundo en besar.
—Perdóname, bonito, no quería embarazarte en nuestro primer encuentro. —El pecoso tenía una sonrisa de oreja a oreja, y lo veía nuevamente con esos ojos de cachorrito.
Max no pudo evitar caer bajo sus encantos por milésima vez.
Siguieron en la misma posición un rato, dándose castos besos y caricias, mimándose el uno al otro mientras el post-orgasmo se iba de sus cuerpos.Todo era paz y tranquilidad, hasta que el teléfono de Sergio sonó; era uno de sus compañeros preguntando a dónde se había ido, pues ya había pasado poco más de una hora que había ido a rescatar al gato del árbol.
El pecoso esquivó la pregunta lo más que pudo, asegurándole a su colega que no tardaba en volver y que ya iba en camino.
—Quisiera quedarme, Max, pero debo volver al trabajo.Por un momento Max olvidó que el hombre frente a él aún estaba en horario laboral, así que, algo avergonzado por su actuar, se bajó de su regazo y tomó sus shorts, pues su camisa estaba sucia.
De igual manera, Sergio se limpió lo mejor que pudo con la camiseta que Max había dejado, acomodó su ropa y se pasó una mano por el pelo, tratando de arreglarlo lo más que pudiera.
Una vez estuvo listo, se acercó al rubio, atrayéndolo por la cintura y besándolo una vez más, pero esta vez con ternura y cariño.
—Sé que ya nos saltamos muchos pasos, pero quisiera que me des tu número y llevarte a una cita. —Murmuró el bombero contra sus labios, a lo que Max simplemente sonrió.
Ese día Sergio salió de la estación para rescatar un gato en apuros, y regresó bien cogido, con el número de un lindo chico y la promesa de una cita el próximo fin de semana.
Max estaba lo que le sigue de feliz. Después de su encuentro, Sergio dio el primer paso, intercambiaron números y quedaron de verse el fin de semana, pues era el día que ambos tenían libre. La vida es buena.
Solo que había un minúsculo detallito, chiquitito, casi nada.
Max es un teniente de policía, a poco tiempo de ser capitán, que no sería un problema si los bomberos y los policías no fueran como perros y gatos. La última vez que tuvo que lidiar con bomberos fue porque algunos de sus detectives decidieron bombardear con globos de agua la estación de bomberos más cercana a la fiscalía. Al día siguiente, al menos la mitad de su escuadrón de detectives se sentaron en una dona, incluyéndolo a él.
Ese día casi se pelea a los golpes con el teniente de bomberos, pues él fue quien autorizó el "ataque", mientras que Max no sabía de la broma con los globos y sancionó a sus detectives.
Aunque, ahora que lo pensaba mejor... Sergio había dicho que era capitán de la estación 1133; en el momento no lo pensó demasiado, pero la verdad es que le había resultado bastante familiar ese número.
Cuando salió de casa, decidió que sería un buen teniente y compraría el almuerzo para el escuadrón; claro que el hecho de que la cafetería a la que acostumbraban ir a comer estuviera dos cuadras después de la estación de bomberos no tenía nada que ver con su decisión, no, claro que no.
Al pasar por ahí se fijó en el nombre, "Fire Department 1133".
—Mierda... Eso no era bueno.
Estaba estacionado frente a la cafetería; había llamado antes de salir de casa para que comenzaran a preparar su orden, así no tendría que esperar tanto. Mientras tanto, estaba haciendo memoria del incidente con los bomberos; recuerda que ese día que casi se da a los golpes con el teniente Ocon, llegó alguien de rango mayor que él a separarlos.
En el momento no le dio mucha importancia ni se fijó en quién los separó, pero ahora que recordaba lo sucedido, no puede evitar pensar que tal vez fue Sergio quien los detuvo. Es probable que al estar fuera del uniforme Checo no lo haya reconocido, y él tampoco lo reconoció, pues estaba más enfocado en cogérselo.
Finalmente, una de las trabajadoras de la cafetería le hizo señas para que pasara a recoger su orden. Cuando entró, iba algo distraído, por lo que terminó chocando con la persona que iba saliendo.
—Discúlpeme, no lo... vi. —No puede ser.
—¿Max? —Sergio tenía una sonrisa boba en su rostro.
—No creí verte tan pronto, grandote. —Max no estaba mejor.
Inconscientemente, ambos comenzaron a caminar hacia la caja mientras hablaban. Max pagó por la comida y, con ayuda de Sergio, salieron de la cafetería.
—¿Puedo preguntar para qué tanta comida? —Había donas, bisquetes, sándwiches, bagels y solo Dios sabrá qué más.
—Ah, estaba en camino al trabajo y pensé que sería bueno llevar algo para mi squad; han estado trabajando duro estos días. —Sergio no pudo evitar sentirse enternecido al ver la manera tan orgullosa en que Max hablaba de su... ¿Squad
—¿Puedo preguntar a qué te refieres con... squad? —Si era lo que Sergio estaba pensando, entonces estaban en problemas.
Max no respondió; en vez de eso, sacó su placa de su cinturón para mostrársela a Checo.
—No me digas que trabajas en la fiscalía a unas calles de la estación...
—¿La que los bombardeó con globos de agua? Esa misma. Ambos soltaron una risa al recordar la bromita de los detectives.
—¿Entonces tú fuiste el que se fue a los golpes con Estie? —Max no suele guardar rencores, pero ese "Estie" lo hizo tener pensamientos violentos.
—No me fui a los golpes; además, él empezó. —Checo solo le dio una mirada que decía "¿en serio?".
—O sea, sé que mis detectives atacaron primero, pero yo no estaba al tanto de lo que iban a hacer; además, iba a disculparme y dar la cara por ellos, pero luego hicieron lo de las donas y Ocon se comenzó a burlar... Pues ya ves qué pasó. —El rostro de Max se volvió un rojo intenso por la vergüenza de recordar que Checo lo vio de esa manera.
—Eres adorable, Maxie. —Sergio estaba totalmente embobado; la manera en que Max hablaba y se expresaba le traía calidez a su corazón.
Max solo atinó a reírse como colegiala y ponerse aún más rojo, si es que eso era posible. Sergio no pudo aguantarse más tiempo, por lo que tomó a Max de la cintura, acercándolo a sí mismo, mientras con una mano lo tomaba por la nuca para atraer su rostro y poder besarlo.
Max no dudó ni un segundo en corresponder el beso, inmediatamente pasando sus brazos por el cuello de Sergio mientras pasaba sus manos por su cabello, despeinándolo en el proceso. El beso fue diferente a los que compartieron ese día en la casa de Max; fue tierno, suave, y con una que otra risilla de por medio.
Cuando se separaron, se quedaron viéndose a los ojos por unos segundos; ambos tenían sonrisas bobas en sus rostros, y no pudieron evitar reírse. Se sentían como un par de adolescentes en una película de romance, un policía y un bombero... ¿Quién lo diría? No es como que fuera algo prohibido o mal visto por sus respectivos compañeros, pero de igual manera era algo gracioso.
—Te veo el sábado, grandote. —Max de verdad que no quería separarse de Sergio, pero tenía que irse al trabajo ya o llegaría tarde; contaba con la suerte de que le gustaba salir temprano de casa para poder matar tiempo comprando café o dar una vuelta rápida por las tiendas.
—Dile a tu squad que bombardeen la estación otra vez, así podré verte antes. —Max no pudo evitar reírse algo fuerte por la broma; a él también le gustaría ver a Sergio lo antes posible, pero lamentablemente sus horarios no lo permitían.
Finalmente se separaron y Sergio caminó hacia su propio auto, mientras que Max se subía al suyo y salía del estacionamiento. En el camino, ambos se toparon en el semáforo, con la diferencia de que Max iba para la derecha y Checo iba hacia la izquierda, por lo que cuando la luz cambió a verde, se despidieron rápidamente el uno del otro y siguieron su camino.
Finalmente, Max llegó a la fiscalía, estacionó su auto y se dirigió a la planta alta donde se ubicaba su escritorio. Normalmente llega serio al trabajo y se mantiene así la mayor parte del tiempo; no es conocido por ser muy expresivo o tener el mejor carácter, pero este día era diferente.
Llega con una enorme sonrisa en el rostro, saludando a quien se le atravesara e incluso haciendo plática con los demás oficiales que pasaban por ahí; para cuando llega a su escritorio, su sonrisa ya se había reducido significativamente, pero seguía ahí.
—Soy yo... ¿O Max llegó alegre a trabajar? —Ese era Lando, no lo decía con malicia, pero era de esperar que tuviera curiosidad, pues no era común ver algo así.
—¡Incluso nos trajo comida! Él nunca hace eso a menos que sea una ocasión especial. —George estaba igual de sorprendido que Lando.
—De seguro le dieron anoche y por eso está así de contento. —Daniel no dudó ni un segundo en echar su granito de arena.
—¡Daniel! No puedes decir eso, ¡ese es nuestro hermano! —No era secreto para nadie que Max era como un hermano mayor para Lando, aunque este siempre lo negara.
—Que sepan que escucho todo lo que dicen. —Max ni siquiera se molestó en levantar la mirada de su monitor; los detectives, por su parte, se habían congelado en sus lugares al haber sido descubiertos.
—Bueno... ¿Y si te dieron o no? —Lando no podía creer las palabras que salieron de la boca de Daniel, mientras que George sacó su teléfono para grabar.
—¿Qué dijiste?
—No lo repitas. —Lando le susurró en vano a Daniel, puesto que este lo ignoró.
—Pregunté si te dieron anoche.
—¿Cómo te atreves, detective Ricciardo...? ¡SOY TU OFICIAL SUPERIOR! —Lando se encogió en su asiento, mientras que Daniel solo veía a Max con una sonrisa en su rostro.
5 minutos después
—¿QUE SÍ ME DIERON?! —gritó Max desde su escritorio con todas sus fuerzas.
10 minutos después
—Lo que pase en mi habitación, detective, NO es asunto suyo. —Habló Max severamente mientras señalaba a Daniel.
21 minutos después
—¿QUE SI ME DIERON?! —Max estaba histérico.
40 minutos después
—No vuelvas a hablarme de esa manera, Ricciardo.
Finalmente, Max volvió a tomar asiento en su escritorio, ignorando las miradas del resto de su squad: oficiales, capitán y demás. Daniel, por su parte, parecía que no podía importarle menos el regaño que le acababan de dar, pues se volteó hacia Lando, que se encontraba con la cabeza escondida entre sus brazos en su escritorio.
—Ve, lo que pasó es que a tu hermano le dieron hasta... —Lando no aguantó más y se paró de golpe.
—¡Okay, Daniel! —Salió de ahí lo más rápido posible mientras que Daniel solo se reía a carcajadas.
Max suspiró mientras veía la interacción; a veces sentía que trabajaba con niños de primaria en vez de detectives.
Por otro lado, Sergio de igual manera llegó con una sonrisa de oreja a oreja a la estación; siempre llegaba alegre, pero en este día se le veía más feliz que nunca.
Esto no pasó desapercibido por Charles, quien inmediatamente notó el sospechoso comportamiento de su capitán, quien, por cierto, había tardado demasiado el día anterior cuando se suponía que solo bajaría un gato de un árbol, además de que llegó sudado, con el pelo revuelto y bastante relajado.
Demasiado sospechoso si se lo preguntan.
—¿Qué te traes entre manos, Sergio? —Aprovecho que su capitán se encontraba solo en la cocina haciéndose un café para acorralarlo e interrogarlo.
—Uhh... ¿un café...? —Sí, esa había sido su genuina respuesta, sin ningún atisbo de sarcasmo o burla.
Charles solo rodó los ojos mientras se ponía frente a frente con Checo, quitándole el café de las manos y dejándolo en la barra.
—¿Qué hiciste ayer? —Sergio estaba por demás confundido.
—¿Por qué preguntas eso, Charlie? Sí estuvimos juntos todo el día ayer.
—No cuando fuiste a rescatar al gato. —A Checo le venía un color y le iba otro; por unos momentos solo quedaron viéndose a los ojos, sin saber qué hacer o decir.
—Pues... tú lo dijiste, fui a rescatar un gato. —Sergio volvió a tomar su taza de café mientras evitaba a toda costa la mirada de Charles.
—No me mientas, Sergio, te fuiste a hacer cochinadas, ¿verdad? ¡Eres un sucio!
Checo escupió el café al escuchar las palabras de su amigo.
—Mira, Charles, solo te recuerdo quién fue el que te hizo el favor de no decir nada de lo que tú y Carlos hacen. —El tono de Checo era serio, amenazante incluso.
—Por eso digo que te tardes lo que te quieras tardar rescatando gatitos, Chequito. —Todavía no terminaba de hablar cuando ya había desaparecido de la cocina tan rápido como apareció.
Finalmente, Checo pudo tener un momento de paz para tomarse su café.
Para Max, la semana no pudo haber pasado más lento, pero la espera había valido totalmente la pena; finalmente era sábado por la mañana. Su cita con Sergio no sería hasta más tarde en la noche; irían a cenar, tal vez después irían a algún bar a beber un poco y luego... bueno, ya veremos.
Chequito 💘
No puedo esperar a verte esta noche Maxie, estoy bastante emocionado.
Yo igual Checo, de la emocion casi no dormi anoche jaja 😅
Deberias tomar una siesta Maxie, no quiero que te quedes dormido a media cita.
Lo intentare pero no prometo nada
Max no mentía, no había pegado el ojo en toda la noche por estar pensando en Checo y en todo lo que harían en su cita; aunque eventualmente, después de un buen rato de estar acostado, se quedó dormido y cuando despertó se fijó que ya era la 1:00 p.m.
Decidió que era buena idea ir a las tiendas del centro un rato para distraerse y matar tiempo.
Chequito 💘
Hola bonito 🩷
Que haces?
Vine al centro a dar la vuelta, y tu grandote?
Sigo acostado jaja
Dios mío Checo, no puedes mandarme fotos así cuando estoy en público 😩🫦
Se te antojó, bonito?
Te voy a bloquear hasta que llegue a mi casa si sigues así
Desgraciado
😞😞😞
Jaja 🩷
Max tenía pensado pasar unas cuantas horas en el centro, pero después de ver las fotos que Sergio mandó, decidió que lo mejor sería ir a casa; definitivamente no iba a darles un uso inapropiado, claro que no.
—Mmgh Sergio... ¡qué rico! —Okay, mintió, claro que las estaba usando de manera inapropiada.
Lo primero que hizo Max al llegar a casa fue desnudarse mientras corría a su habitación. Sacó su juguete favorito —un grinder de Bad Dragon, muchas gracias— y lo enjuagó rápido con agua, solo sacudiéndolo, pues de todas maneras estaría mojado dentro de muy poco; para cuando tuvo todo listo, estaba que vibraba con antelación... lo que le dio una idea.
Del mismo cajón que había sacado el grinder, sacó un lubricante y un vibrador anal, preparó su entrada lo más rápido que pudo y, cuando sintió que ya estaba lo suficientemente dilatado, metió el vibrador y lo encendió en velocidad media.
Un escalofrío le recorrió la espalda hasta llegar a su nuca; jadeó mientras se acomodaba sobre el grinder y comenzó a frotarse, imaginando que se estaba restregando sobre la verga de Sergio; tomó su teléfono para poder seguir viendo las fotos.
De repente, le llegó una idea, y con una sonrisa maliciosa paró sus movimientos. Max estaba sobre la cama, dándole la espalda a la pared donde tenía un espejo de piso, por lo que se dio la vuelta y se recostó en las almohadas de manera que quedó frente al espejo, movió el grinder para que estuviera frente a sí mismo y tomó su teléfono.
—A-ahh... mierda. —Mientras buscaba el ángulo perfecto en la cámara, el vibrador dentro de él se presionó más profundo, sacándole un gemido. Finalmente encontró el ángulo que buscaba y comenzó a grabar.
—Hola, grandote, espero disfrutes el show.
En cuanto terminó de hablar, abrió las piernas de par en par y, con su mano libre, abrió sus labios, dejando en vista su cono que se apretaba a la nada; subió su mano recorriendo su trabajado cuerpo, se detuvo unos momentos para jugar con sus pezones, luego volvió a bajar su mano hasta llegar al interior de sus muslos, separando sus nalgas y dejando una mejor vista del vibrador. Tomó el juguete entre sus dedos, moviéndolo dentro de sí, sacándolo y volviendo a meterlo; mientras tanto, hacía zoom en su teléfono, grabando el espejo justo en su entrepierna.
—Ahh... apuesto que te encantaría ser tú el que está entre mis piernas, ¿no? Me cogerías tan bien, me dejarías escurriendo por todos lados. —Dejo el vibrador en su lugar, aumentando la velocidad y subiendo su mano para comenzar a dedearse.
Le quitó el zoom a la cámara, para dejar a la vista todo su cuerpo, y se pudiera apreciar cómo su cara se distorsionaba del placer. Después de un rato de autopenetrarse con sus dedos, se incorporó y comenzó a cabalgar una vez más el grinder. Sus gemidos se hicieron más fuertes y agudos, su respiración se aceleró y sus movimientos se volvieron erráticos hasta que finalmente llegó al tan esperado orgasmo.
Terminó la grabación mientras se desplomaba en la cama tratando de volver en sí; revisó la hora: 5:30 p.m., Sergio no pasaría por él hasta las 8:00, por lo que tenía tiempo de sobra para alistarse.
Aun así, decidió tomar un baño con sales, una bomba de baño, jabón perfumado, etc. Decidió depilarse el cuerpo entero, excepto la barba; solo se la arregló un poco, se puso crema en todo el cuerpo, asegurándose de quedar suavecito suavecito.
Normalmente usa boxers, pero al ser una ocasión especial, se compró ropa interior de VS; compró un solo pantie negro de encaje; las tangas no son lo suyo. Saco un pantalón de tela holgado beige, unos zapatos negros, una camisa negra que dejo desabotonada lo suficiente para dejar al descubierto su pecho adornado por un par de collares; tomo un par de brazaletes y anillos para complementar el look, todo oro.
Se puso su colonia favorita y arregló su cabello; mientras se veía al espejo, no pudo evitar pensar que tal vez un par de piercings en las orejas no le harían mal, cuando de pronto recibió un mensaje de Sergio diciéndole que ya casi estaba listo y que pasaría por él en media hora.
Max decidió que quince minutos antes de que pasara por él era el momento perfecto para mandarle el video que hizo.
No recibió respuesta por parte de Sergio.
Exactamente cinco minutos después escuchó que tocaron el timbre; cuando fue a abrir, se encontró con una escena que le derritió el corazón. Ahí estaba Sergio, con una sonrisa de oreja a oreja, todo rojito, con un ramo de tulipanes rosas y blancos, y entonces lo notó.
—Estamos combinados. —Fue lo primero que salió de su boca; Sergio traía puesto lo mismo que él, solo que su camisa y zapatos eran beige, el pantalón negro y su joyería era de plata.
Sergio se dio una vista rápida a sí mismo y luego a Max.
—Supongo que lo estamos; te ves muy bien, por cierto. —Max no dijo nada, solo se rio mientras se sonrojaba de pies a cabeza.
Sergio le extendió el ramo de flores que Max tomó mientras murmuraba un "gracias".
Max se apresuró a dejar las flores en agua para poder salir de vuelta con Sergio, y cuando se aseguró de que la puerta a su casa estaba bien cerrada, se dirigieron al auto de Sergio, quien, sin perder ni un segundo, se adelantó para abrirle la puerta y cerrarla cuando ya estaba dentro.
—Además de guapo y caballeroso, creo que me saqué la lotería contigo, Chequito. —Fue lo primero que dijo en cuanto Sergio entró al auto, quien, por su parte, solo sonrió chiviado.
Hablaron todo el camino sin parar, más que nada Max hablaba y Checo escuchaba, lo cual les había quedado como anillo al dedo. El restaurante quedaba a unos veinte minutos de la casa de Max, pero para ellos apenas había pasado un minuto desde que subieron al auto.
Durante la cena siguieron hablando de mil y un temas entre risas y bromas; ambos se sentían en plena comodidad con el otro, como si se conocieran de hace años, aunque Sergio nunca mencionó nada acerca del video que le mandó. ¿Quizás no lo había visto?
—Y dime, grandote, ¿qué pensaste de mi video? —Checo casi se atraganta con su vino, sus mejillas igual de rojas que un tomate, bingo.
—Ahh, ¿entonces sí lo viste? —Max se divertía en lo tímido que se volvía Checo en momentos como ese. Durante la semana que no se vieron, estuvieron platicando diario e incluso haciendo videollamadas, y cada que Max mencionaba ese día, Checo se ponía todo rojito, vacilaba con las palabras y se veía visiblemente tímido; era adorable.
—Sí... bueno, no lo vi todo, ya —ya iba de salida de mi casa cuando entró tu mensaje y así—. Checo comenzó a divagar, tratando de sacar de su mente las imágenes de Max masturbándose frente al espejo; no quería tener una erección en el restaurante.
La cena siguió su rumbo entre risas, bromas, conversaciones que fluían entre sí como un riachuelo, y claro que no podían faltar las insinuaciones, toqueteos y comentarios descarados por parte de Max a Checo que entorpecían sobremanera al mexicano.
Salieron del restaurante, y ni siquiera cinco minutos de haberse subido al auto, Max ya se encontraba palmeando a Checo por encima de su pantalón, mientras que este trataba de mantenerse al margen con todas sus fuerzas.
—Max, de todas las personas, tú deberías saber que no debes estar haciendo esto. —Los nudillos de Sergio estaban blancos de lo fuerte que apretaba el volante, mientras Max solo lo veía divertido.
—Sí, bueno, también de todas las personas, yo sé que no deberías estar manejando ahora mismo y podría arrestarte.
—Mmm, aunque el solo hecho de tenerte esposado hace que me moje. —Sergio miró hacia el cielo por un segundo, pidiéndole a todos los dioses que no lo dejaran chocar el auto.
—Max, hablo en serio. —La voz de Sergio salió seria, autoritaria, como cuando tiene que disciplinar a los bomberos en la estación.
—Sígame dando órdenes, capitán, ya casi me vengo. —Max solo rio al ver la manera en que Checo rodó los ojos; aunque no mentía, la manera en que le habló había sido jodidamente caliente.
—Max, por amor a todo lo que es sagrado, deja mi pene en paz. —Checo prácticamente gruñó las palabras, pues aunque Max había parado momentáneamente sus movimientos, los había retomado y le dio un apreton.
—No dirás eso cuando lleguemos a mi casa, grandote. —Max se quitó el cinturón y se inclinó sobre Sergio, quedando con el rostro a centímetros de su entrepierna.
—Mierda, Max, ¿qué tan difícil es seguir una maldita orden? —Checo tomó a Max por el cabello y lo alejó de donde estaba; mientras tanto, Max solo se excitaba cada vez más.
—Como quieras. —A Sergio le sorprendió su respuesta, pensó que sería más difícil, y casi suspira de alivio, casi.
Max estaba masturbándose.
En su auto.
En el asiento del copiloto.
Gimiendo exageradamente mientras tenía una mano metida en su pantalón.
Sergio no dijo nada, simplemente siguió conduciendo como si no tuviera un show porno justo al lado suyo. Los gemidos de Max se hacían cada vez más fuertes y podía ver cómo su mano se movía cada vez más rápido, y justo cuando parecía que estaba por llegar al orgasmo, el auto paró repentinamente, mandando a volar a Max, pues no se había puesto el cinturón.
¡Ay! —¿¡Qué te—!? —Max no pudo terminar su pregunta, pues Sergio había salido del auto y en cuestión de segundos ya estaba abriendo la puerta del pasajero.
Max tragó saliva al ver la expresión en su rostro; no sabía si sentirse asustado o excitado. Sergio lo sacó del auto y lo llevó cargado en su cadera hasta la puerta. Max estaba aferrado a él tal cual un koala a un árbol de eucalipto. En cuanto llegaron a la puerta, puso el código de acceso lo más rápido que pudo.
Sergio se mantuvo en silencio, solo preguntando el camino a su habitación. Max a duras penas podía contener su emoción, especialmente cuando llegaron a la habitación, pues Sergio simplemente lo sentó en el borde de la cama y, antes de que pudiera preguntar, este se comenzó a desnudar frente a él, lentamente, prenda por prenda, hasta quedar completamente desnudo.
Checo tomó su erguido miembro en mano, comenzando a masturbarse de forma lenta frente al rostro de Max, tentándolo, instándolo a probar.
—No, Max, si me hubieras hecho caso en el auto, te dejaría probar. —Max había intentado acercarse a su pene para tomarlo en su boca, pero Sergio lo empujó suavemente, dejando una mano en su cabeza para mantenerlo en su lugar.
Max lo miraba desde abajo con un puchero, claramente molesto con la idea de tener tremenda tentación frente a sus ojos sin poder hacer nada al respecto.
Sergio continuó masturbándose frente a él, manteniendo la distancia suficiente para no dejar que Max lo tomara, pero lo suficientemente cerca para no poder ignorarlo. Se tomó su tiempo masturbándose, pasando el pulgar por su glande y dejando salir todo tipo de gemidos y suspiros, hasta que sus movimientos comenzaron a ser más rápidos; sus caderas se movían por sí solas y justo antes de correrse, se alejó, dejando caer toda su semilla en el piso, a centímetros de donde estaba Max, quien se veía sumamente ofendido por su actuar.
—Sergioo~ ¿Por qué hiciste eso? —El rubio sonaba más como un niño caprichoso a punto de hacer un berrinche que un oficial de policía.
—Tenía que castigarte de alguna manera, bonito. —Sergio se limpió la mano en su muslo para tomar el rostro del rubio entre sus manos; se agachó dejando un beso en su frente, en su nariz, uno en cada mejilla y finalmente uno en sus labios, logrando así borrar el puchero en el rostro de Max.
Sergio le extendió la mano a Max para ayudarlo a pararse, ayudándolo a desvestirse lentamente, dejando que sus manos prolongaran su estancia en su piel tan solo unos segundos más de lo debido, mandando escalofríos por todo el cuerpo de Max.
Cuando finalmente ambos estuvieron desnudos, se recostaron en el medio de la cama, con Max sobre las almohadas, mientras Checo exploraba su piel con sus labios, tatuando sus huellas en cada rincón de su alma.
Max solo podía retorcerse en las sábanas mientras los besos de Sergio bajaban cada vez más.
—Sabes, Maxie, he querido probarte desde que vi ese video. —Esa fue toda la advertencia que Max recibió antes de que Sergio hundiera la cabeza por completo entre sus piernas, como si nada más en el mundo importara.
Max estaba que se derretía del placer; prácticamente gritó cuando sintió como dos dedos se abrían paso en su interior, mientras un tercero exploraba más abajo, y solo bastaron unos cuantos movimientos más para que perdiera el control y bañara a Sergio con sus fluidos.
Checo detuvo sus movimientos cuando vio que era demasiado para Max, subió de vuelta, besándolo tiernamente, dejándolo volver en sí antes de continuar; y cuando se deslizó dentro de él, fue como si le hubieran abierto las puertas al mismísimo cielo.
Se volvieron uno solo, conectados por instintos primarios, placer y algo más, aquello que los volvía humanos.
Sergio mantenía un ritmo constante, escuchando y analizando cómo reaccionaba su Maxie, descubriendo y explorando qué es lo que lo volvía loco, hasta que finalmente ambos llegaron al clímax juntos, sincronizándose una vez más.
Y cuando Sergio lo tomó en sus brazos, besándole el rostro, asegurándose de que estuviera bien y que disfrutara la noche que habían pasado juntos, Max supo que olvidar echarle agua a sus fideos instantáneos había sido la mejor equivocación de su vida.
FIN








