Prólogo
“Nuestro último atardecer"
No fue un final trágico, ni una historia de buenos y malos.
Fue simplemente ese momento en el que te das cuenta de que lo que eran ya no encaja igual, aunque haya cariño, respeto y recuerdos que siguen golpeando suave.
Ese atardecer no marcó una ruptura brusca, sino un cierre silencioso.
Una de esas despedidas que no necesitan gritos, ni culpas, ni explicaciones eternas.
Solo dos personas que habían compartido risas, aprendizajes y alguna que otra tormenta… y que ahora entendían que cada uno tenía un camino distinto esperándolos.
A veces crecer es aceptar que hay momentos que no se repiten, aunque duelan un poco.
Es mirar el cielo pintarse de naranja y darse cuenta de que también uno está cambiando por dentro.
Que lo vivido queda, no como carga, sino como algo que te acompañará sin que lo notes.
Ese fue nuestro último atardecer:
un cierre tranquilo, sincero y lleno de esa nostalgia linda que aparece cuando sabés que algo importante terminó, pero que también te dejó listo para lo que sigue.