Quédate a mi lado

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Summary

El amor no correspondido que siente Dalia por su mejor amigo Eidan ha sido una carga emocional constante para ella. A pesar de haber sido inseparables desde que se conocieron, él nunca ha sabido de sus sentimientos. La situación llega a un punto crítico cuando Eidan le presenta a su novia, con quien planea casarse en tres meses. La revelación de esta noticia desgarradora supone un duro golpe para Dalia, quien se ve obligada a confrontar la cruda realidad de su amor no correspondido. Las cosas podrían salirse de control y la relación que tiene con su amigo Eidan puede cambiar, en un punto sin retorno para ambos. ***Historia original y nueva; si algunos elementos o conceptos se asemejan a otras historias, no son idénticos. Favor, crea tu propia crítica al leerla de forma respetuosa y consciente.***

Genre
Drama
Author
Danny D.
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. El comienzo del fin.

Me pregunto cómo llegué hasta este punto en mi vida. Por no querer salir de mi zona de confort, pero la verdad es que llegué a este momento por no querer afrontar mis sentimientos y no aceptar que me estaba hundiendo en un agujero, día a día, al verlo feliz con alguien más.

A veces piensas que estás bien, que nada te puede afectar, que puedes controlar tus emociones, pero nunca te das cuenta de que son las emociones las que te controlan a ti. No creo ser tan fuerte; reprimo el noventa por ciento de mis emociones por cobardía, para resguardar mi corazón del dolor. Si me lo propongo, puedo ser alguien muy fría y algo calculadora. Eso es en mi vida normal, pero cuando estoy cerca de Eidan, todo cambia en mí; todo se vuelve un caos y siento que pierdo un poco la razón.

Ahora me encuentro sentada en esta parada de autobús con una caja de cartón en mis manos, llena de las cosas que estaban en mi antiguo escritorio. Llegué con mis emociones tan descontroladas que solo comencé a vomitar todas las cosas que me guardé por años en mi trabajo. Cuando volvió un momento mi conciencia y cordura, estaba en las puertas de mi trabajo. Después de todo lo sucedido la noche anterior en la maldita cena planeada por Eidan, toda mi vida se fue al demonio.

Conocí a Eidan cuando estábamos en la universidad. Era un chico un poco tímido y nerd, pero era el chico más lindo que jamás vi, con sus ojos de cachorrito y su sonrisa inocente. Se sentó a mi lado, ya que era el único puesto disponible ese día en la clase de historia antigua. Me miró y me sonrió amigablemente y yo hice lo mismo. Desde ese momento, supe que ese chico sería alguien importante en mi vida, y no me equivoqué.

Ahora, después de diez años de conocernos y nueve de estar enamorada como una idiota de él, cada día que pasa es un día más que lamento no haber dicho lo que siento. Para él, solo soy su mejor amiga, la hermana que nunca tuvo, con la que comparte todo lo que jamás compartió con otra persona. Me atrevería a decir que lo conozco mejor que a mí misma.

Siempre he sido la culpable de que sus novias terminen sus relaciones, porque se sienten celosas de mí, algo así como si fuera la tercera en sus relaciones. Me daría felicidad pensar que lo hacen por mí, pero en realidad, él no me ve con otros ojos que no sean de cariño fraternal.

No puedo negar que, a pesar de todo, siempre me ha tratado como si fuera alguien muy importante y especial en su vida. Me trata como a una hermana, como siempre me dice: "Te amo, eres la hermana que nunca tuve." Desearía que no me viera así.

—¡¡Dalia!! Tierra llamando a Dalia.

—Perdón, ¿qué me decías?

—Últimamente estás muy distraída. Sabes que me cuesta mucho verte y que nuestros momentos son preciados para mí.

Si supiera que yo vivo por esos momentos, que soy feliz con su presencia, ¿me miraría de forma distinta?

—Perdón... También lo son para mí. No exageres, solo me distraje un momento.

—Antes de que te perdieras en tu imaginación, te estaba preguntando si mañana estás libre en la noche. He organizado una cena en el restaurante que está en la esquina de mi departamento, ese que siempre te ha gustado.

—¿Algo importante? —Él nunca cena en ese restaurante si no es una fecha especial; siempre es por mi cumpleaños, Navidad o Año Nuevo— para mi cumpleaños aún faltan...

—Cuatro meses y veintitrés días —mira su reloj— cinco horas, veinte minutos y diez segundos.

Y ahí está esa hermosa sonrisa que me tiene babeando. ¿Cómo no enamorarme si cada detalle que tiene conmigo siempre lo hace mirándome con esos ojos que me confunden tanto? Porque mi corazón me grita que me ama, pero mi razón me dice que me ama, pero como hermana.

—Wow.

—Te sorprendí, hermosa.

—Siempre lo haces, Eidan —le sonrío como una tonta, miro hacia un lado para salir de ese trance—. Ya me dirás entonces qué celebramos mañana.

—Es una sorpresa. Sé que no te gustan, así que ten paciencia y no arruines lo que tengo planeado para mañana. De verdad quiero que vengas; eres muy importante en mi vida, y el paso que quiero dar no lo puedo hacer si tú no estás presente—acerca su mano y toma la mía.

Si alguien me hubiese avisado que esa noche no debía asistir, creo que me habrían hecho el favor de mi vida, pero ahí estaba yo, llegando al restaurante con mi mejor vestido formal, caminando hacia la mesa donde estaban algunos de nuestros amigos. Eidan estaba hablando con una chica. Cuando me vio entrar, se levantó de su silla y fue a mi encuentro. Me observó con esos hermosos ojos cafés, extendió su mano para que la tomara, y cuando lo hice, se acercó para darme un corto abrazo y susurrarme al oído:

—Gracias por venir, preciosa. No sabes lo nervioso que estaba sin ti.

Solo bastaron esas palabras para hacerme caer en la desesperación. Sabía que algo pasaría al ver a esa chica desconocida entre nuestros amigos. Mi corazón se apretó y traté de disimular que estaba bien por fuera, sonriendo, aunque por dentro quería llorar.

—Vamos, te estábamos esperando, Dalia.

—¿Quién es ella, Eidan?

—Te la presentaré. Sé que serán las mejores amigas al terminar la noche.

No sé por qué pregunté; ahora tengo más curiosidad, y a la vez no quiero saber quién es esa mujer.

Cuando llegamos a la mesa, Eidan me soltó de la mano y todos me saludaron con un abrazo, ya que no nos veíamos desde hace meses debido a mi trabajo. Así, mientras avanzaba en los saludos, llegué donde estaba esa mujer.

—Cariño, ella es Dalia, mi mejor amiga.

—Dalia, es un gusto conocerte. Eidan me ha hablado mucho de ti. Gracias por quererlo y cuidarlo tanto como a un hermano.

Miro a Eidan, pidiendo que me diga quién es; el cariño en cómo lo dice es evidente, pero quiero que salga de su boca la confirmación.

—Dalia... ella es Mónica y es mi novia.

No sabía qué decir; estaba estupefacta. No es que Eidan no me presentara novias antes, pero algo se sentía extraño, no como las otras veces.

La cena estuvo tranquila, sin contratiempos. Hablamos y reímos de cosas del pasado, de las cuales la mayoría tuvieron que ser explicadas porque Mónica, claro está, no sabía por qué nos reíamos. Ella es linda, la clase de chica que le gusta a Eidan: sencilla, con personalidad y muy femenina. No la odio; ella no tiene la culpa de que yo no sea capaz de decir lo que siento, de tener miedo al rechazo y, sobre todo, de perderlo para siempre, porque claramente él no me corresponde; no siente lo mismo que yo.

Uno de los chicos comenzó a llamar la atención de todos en la mesa, golpeando suavemente una de las copas. En eso, se para Eidan y se dirige a nosotros para hablar:

—Amigos y Dalia, aquí presentes—todos ríen porque siempre Eidan hace lo mismo en cualquier reunión de amigos—. Quiero explicar por qué hemos organizado esta cena. Cariño...—la toma de la mano para que se pare a su lado, mirándola con esos ojos de cachorrito y esa sonrisa tímida que siempre fueron para mí—. Ayer en la noche le pedí a esta hermosa mujer que sea mi esposa, y aceptó; nos casamos en tres meses.

Ese fue el momento en que mi corazón se rompió y mis lágrimas comenzaron a salir sin que pudiera controlarlas. Esa noche, mi mundo se hizo trizas y se desvanecieron todas las esperanzas que mi estúpido corazón había albergado de estar algún día con Eidan.