Capítulo 1
El mar había dejado de ser frontera; cuando la atmósfera terrestre se convirtió en un veneno, los humanos buscaron refugio en las profundidades. Domos de vidrio y acero se convirtieron en ciudades, iluminadas por frágiles luces que temblaban ante la presión inmensa. Allí nació Kaeldrys, hijo de un experimento que nunca debió llevarse a cabo. Sus pulmones respiraban agua y aire, y su piel soportaba presiones que destrozarían a cualquier otro hombre. Kaeldrys era mitad humano, mitad océano. Lo necesitaban para explorar lo desconocido, aunque lo miraban como si cargara una traición en la sangre. Fue en una de esas expediciones, mientras descendía más allá de donde la luz se atrevía a viajar, cuando encontró a
Pelaia
. La ciudad viva. Torres de coral pulsaban como arterias, y las paredes fosforescentes emitían un murmullo que no era sonido, sino pensamiento. En su mente, Kaeldrys escuchó cantos antiguos, melodías que hablaban de un mundo donde los humanos aún no existían. La voz le mostró a los
Thalssoi
, una especie anfibia que había gobernado antes que los hombres y que jamás desapareció: se ocultaba en los abismos, esperando.
Pelagia lo reclamó. Le reveló que su origen híbrido no era un error, sino el resultado de un plan tejido siglos atrás: fragmentos de coral insertados en embriones humanos. Kaeldrys era el puente, el primero en escuchar el idioma del océano. La noticia desgarró a las colonias. Mariel Saan, capitana de las cúpulas, temía que aquello fuese un virus disfrazado de milagro. El Dr. Holt, en cambio, lo vio como un renacimiento inevitable. La humanidad debía fundirse con el mar o perecer. La tensión se convirtió en guerra. Los colonos prepararon cargas de antimateria para borrar a Pelagia. Kaeldrys, desgarrado, supo que un solo error acabaría con todo. Entonces, Los Thalssoi emergieron de los abismos. No trajeron armas, sino un canto. Ofrecieron a Kaeldrys ser su guía. Él aceptó. Y en un resplandor verde, desapareció con la ciudad viva...
Pasaron diez años. El océano cambió. Nuevos arrecifes brotaron, criaturas nunca vistas recorren las aguas, y los humanos comenzaron a soñar con corrientes y cantos. Un niño al nacer abrió sus ojos; nadie supo si aquello era el fin de la humanidad o su verdadero nuevo comienzo.