Guardaespaldas Mr. Jeon

Summary

La vida un simple Bartender Italiano: Jeon Jungkook cambiará en cuanto se encuentre con Park Jimin: Heredero de una millonaria familia italiana, al que terminara sirviendo como su guardaespaldas un día después de salvarlo en el casino donde solía trabajar. Jungkook es un Zeta viudo con una hija, Jimin un Omega Dominante comprometido con el hijo de la embajada nerlandesa. 🔸Perfil de Wattpad: Rosiecassie 🔸 Historia completamente original, prohibida su adaptación o copia y traducción no autorizada. 🔸 Oficialización: 13/12/25 Noveltoon e Inkkit. 🔸 Contenido +18 por favor respetar a los personajes y al autor, narrativa e historia.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1 ☆⁠

Firenze, Italia

Casinò Notturno

Mezzanotte — 00:00

En Italia, hay un lugar conocido por su vida nocturna y su exuberante presencia energética. Es un lugar al que la gente suele ir después de una larga jornada laboral, por un problema en casa o simplemente para despejar la mente un rato.

Se trata del antro más querido por el nicho de Florencia: The Mezzanotte. Famoso por tener consigo los mejores chismes, políticos lo habitaban antes de casarse o herederos con fortunas absurdas y extravagantes.

Todos ellos con algo en común: días de cortejo nupcial. Aprovechaban la hermosa experiencia que el Mezzanotte les daba, como si fuera su última pizca de felicidad y dignidad que les quedaba.

Al contrario de lo que era el ambiente —calido y sensual—, él Barman era una persona muy callada y reservada, pese su belleza y el cortejo de otros Omegas él nunca cedía ante ninguno de ellos.

No, no era porque fuera beta, sino porque era Zeta. Podía modificar su naturaleza alfa y omega a su antojo, eligiendo quién y como quería ser. Sin más, ambos géneros le molestaban demasiado así que simplemente eligió ser Beta.

Tranquilo y seguro. Confiaba en que en ningún momento desearía ser alfa.

Ni siquiera cuando había gente que lo sacaban de sus casillas.

—Oye amigo —susurró entre dientes—, ¿Vas a pagar la cuenta? Estás espantando a los clientes del casino—terminó con irritación, el borracho que estaba en frente de él llevaba más cócteles de los que el podría pagar en su mensualidad.

No hubo respuesta, aquel hombre derrumbado en la barda estaba tan sumergido en sueño que apenas y podía roncar. Dejó suavemente el vaso que acababa de fregar y le pidió a los dioses que le dieran la paciencia para tolerar a un ebrio más.

Sonrió a los clientes que estaban a su alrededor, todos con caras de incomodidad mirando al quien sabe que salivar sobre la mesa. No bastaba con eso, el cabróncito había estado babeando sobre la mesa y derramando los cócteles desde hace una hora.

Sujetó con fuerza la toalla entre sus manos mientras respiraba hondo.

—Ey —dijo con más dureza—. Si no tienes para pagar la maldita cuenta solo toma a tu amiga y lárgate.

Porque sí, para la mala suerte de Jeon Jungkook la persona que le estaba ahuyentando a los clientes había traído una compañera que, al parecer también era beta.

Ambos tenían rasgos muy similares, cabellos de color castaño rojizo y piel blanquecina. ¿Hermanos? ¿Primos? Le importaba una mierda, solo quería que ambos se largaran de una vez y ya.

—Cabrón —escupió con aspereza—. ¿Acaso no me estás escuchando? Te pateare el trasero si no te llevas a la borracha y salen del casino.

Sin respuesta.

Jungkook escuchó sus dientes rechinar lentamente, le estaba dando la oportunidad de huir y muy maldito simplemente lo ignoraba. Respiró un par de veces tratando de calmarse, enserio que trató. Lamentablemente —y para la suerte de la persona— el borracho que estaba en su frente derramó el Martini que acababa de preparar con tanto esfuerzo.

No le importaba si derramaba el suyo, pero claro que debía importarle si derramaba el de alguien más. De las veinte barras que había, únicamente la suya era la que tenía menos gente conforme pasaba el tiempo. ¿Por qué? porque el loco y su borracha alejaban a la gente con su fatídico olor.

Estaba por sujetarlo de la cabellera cuando el muchacho levantó los ojos para observarlo con lucidez.

La claridad de sus ojos reflejó un tenue azul en la copa de cristal que acababa de derramar, con ello algo más: lágrimas.

El bartender bajó el puño, tratando de retenerlo en su mandil. Lo que le faltaba, borrachos llorones y jóvenes, porque para su mala suerte no parecía siquiera llegar a los treinta.

Bufó al aire de frustración. Esto no podía resolverlo solo, definitivamente necesitaba la ayuda de alguien más o caería en la locura.

Abandonó la barra y fue en busca de su compañero nocturno, él era el encargado de la zona por lo que también tenía el deber de ayudar a sacar a gente que no tenía cuenta.

Pasando la fina cortina de hule que dividía la barra del almacén y los hospitally para los empleados, lo encontró fumando un cigarrillo sentado en las cajas de madera.

«Vamos Jeon, no lo mates»

—Ey —volvió a espetar con incredulidad—. Hay un chico afuera que tiene una severa condición de ebriedad.

—¿No eres el encargado de sacarlos? —ironizó su jefe apenas lo escuchó—. Simplemente pateale el culo y fin. Creí que eras ex marino —chistó de mala gana, dando otra calada al tabaco entre sus dedos—. Supongo que ya puedes patearles el culo a los civiles sin ninguna sanción.

—Namjoon —habló tajante, seguido acarició su cién y se acercó tres pasos hacia su compañero —. Eres el gerente de esta área y no has movido tu culo desde que inicio el turno, creo que es justo que mínimo vayas a parar tus patas sudorosas a la barra.

Esta vez el rostro de su jefe se frunció por completo. No dijo nada, solo se levantó de mala gana y apagó el cigarrillo botándolo en el suelo.

—¿Quieres ver cómo saco al cabrón de una patada? —sonrió con amargura, acomodando su mandil y las pocas pulgas que tenía—. No eres el único que está teniendo un día de mierda.

—¿Y es mi culpa? —murmuró con acidez—. Yo no te dije que tuvieras otro trabajo, además me importa un carajo si estás...

Levantó la cabeza a la defensiva. El aroma a tabaco que le había impregnado era cada vez más fuerte, creyó que su compañero lo golpearía, pero fue todo lo contrario. Jungkook se calló en cuanto vio los ojos acuosos de su compañero —que raramente lloraba— y la misma expresión decaída que tenía desde hace semanas.

Expresión que le recordaba a sus días como Marino antes de conocer a su difunta esposa.

—Iré a hacer mi trabajo —susurró pasando a su costado—. Apóyame como siempre Jeon.

Se quedó sin palabras. Hacía semanas que estaba extrañamente triste, la energía de Alfa dominante que conservaba iba perdiéndose al cabo de unos días. No sé había tomado la molestia ni el tiempo de preguntar qué sucedía, suficiente tenía con su sueldo y con cuidar a su hija, que todos los días lo esperaba en casa de su madre.

No le dio más vueltas al asunto, conocía a Namjoon desde hace tres meses y sinceramente —por su salud mental— no quería entrometerse en su vida privada. El ejército te enseñaba a perder a las personas, a no acostumbrarte a la paz ni al amor.

Aguantó un suspiro y levantó el rostro: No quería recordar nada antes del accidente.

Al cabo de unos segundos no tardó en seguirle el ritmo a su compañero y salir nuevamente a la barra, apenas abrió la cortina y lo último que se imaginó fue chocar contra su compañero que acababa de salir.

No se mordería la lengua.

—¿Por qué demonios estás parado enfrente? —golpeó el hombro de su compañero y en segundos rodeó su cuerpo—. ¿No me escuchas o qué?

Al mirarlo se dio cuenta de que su gerente observaba a la chica que estaba a un lado del borracho adinerado. Esperaba que simplemente le hubiera parecido linda o algo pero no. El rostro de su amigo estaba completamente pálido y frío.

Jeon mordió sus labios y se tragó los mil insultos que tenía por proferir: —¿La conoces? —preguntó acercándose a la barra—. Namjoon.

El pelinegro no estaba muy seguro, ella realmente se parecía a alguien que conocía.

—Me es muy familiar... —murmuró para si mismo, acercándo su cuerpo a la barra—. Aunque no puedo decir si la he visto antes realmente. Agh, tenemos que sacarlos —ordenó con cansancio—. No queremos que ensucien todo el lugar.

—¿Entonces no la conoces? —Namjoon negó inmediatamente—. ¿Quién es?

—No lo sé —suspiró atónito—. Pero por su vestimenta y con quién está, me imagino que está relacionada con una familia importante.

Jungkook desvío nuevamente la mirada al chico que ahora cubría su rostro con su antebrazo. ¿Parecía que se ocultaba de alguien? Podía ser —no le importaba— sin embargo, antes de que llegara Namjoon el tenía el rostro descubierto perfectamente.

—Tal vez vengan de una familia muy importante como para la que trabajo. —dijo Namjoon, tratando de levantar a la chica.

Los ojos del bartender se tornaron incrédulos, como si su jefe acabará de contarle una broma de mal gusto. Y es que parecía serlo, los Bianco —familia para la que Namjoon trabajaba toda la semana— eran una familia italiana dueña de cadenas internacionales de queso y vino fino. Su apellido "Castello Salvadore" había sido meramente remplazado por "Bianco" para ser reconocidos internacionalmente por socios o empresas de Europa.

Nuevamente el Mezzanotte le hacía honor a su fama: atraer gente importante de los lugares más remotos de Italia.

—Estas Jugando —cruzó ambos brazos por su cintura—. Una mujer y hombre de un calibre importante no pueden estar relacionados con alguien de la casa Bianco, menos si están sentados en el vomito de un desconocido.

Namjoon frunció el semblante con hostilidad nata, seguido rodeó la barra y comenzó a inspeccionar el lugar. La mujer se parecía a alguien que conocía pero no estaba muy seguro de si sí era ella o no. La mujer de la casa Bianco tenía el pelo negro y largo, está parecía estar mal maquillada y ser más bajita.

Sus ojos recorrieron todo su alrededor, gracias al espanta personas que tenía de compañero, y a la aparente "beta" nadie más se les había acercado.

—Tenemos que sacarlos de aquí —ordenó con rapidez—. No es un lugar seguro para ellos y menos si son importantes.

—¿Por qué? —dijo genuino—. Parece que ambos son betas.

—¿Eres estúpido? —Namjoon comenzó por coger sus pertenencias—. No lo digo por ella sino por él —su mandíbula se dirigió al chico—. Parece ser alguien más importante que ella, además por lo que percibo es un Omega Dominante.

Jeon arqueó las cejas.

—¿Por qué lo mencionas?

—Más allá de que ambos estén en estado deplorable, si tú no fueras zeta y yo fuera un alfa común, posiblemente ambos estaríamos tirados en el suelo.

—¿Osea que es la razón principal por la que no hay nadie en la barra?

Namjoon agitó la mano en el aire.

—Ese es otro tema —murmuró—. En fin, tenemos que sacarlos de lo contrario sus guardias vendrán mañana a interrogarnos si les llegase a pasar algo.

¿Cómo terminó alguien así de importante bañado en sudor y licor? Era súper indignante, ni siquiera parecía alguien de una familia tan noble y millonaria.

Dudaba que lo fuera, pero dado que Namjoon conocía más le haría caso. No quería a los policías en su casa mañana.

Por si fuera poco —y lo que conocía— Namjoon era nada más y nada menos que él guardaespaldas de una mujer igual de importante que el chico tirado en la barra, es decir: Sabía las consecuencias que tendrían si no protegian a esos chicos inconcientes.

Estaba claro, estuviera relacionada, fuera igual de importante que los Bianco o no, si estaba al lado del pijo millonario entonces tenía que serlo.

Estaba por acercarse a ellos ya que ambos parecían estar forcejeando cuando escuchó el estruendo de armas de fuego entrar por las puertas principales del casino.

Su cuerpo se tensó ante los primeros disparos que hicieron gritar a la gente. Rogaba a Dios que vinieran a buscar a alguien y no realmente robar —aunque eso era técnicamente imposible —.

Por otro lado Namjoon entró en alerta inmediata, levantando su rostro para ver a el de su amigo y confirmar si lo que habían escuchado era real. Jungkook tenía ocho años en servicio, se había jubilado apenas hace siete años ante el nacimiento de su hija y el fallecimiento de su esposa, aún con ese lapso de tiempo podía escuchar a la perfección el ruido de los barcos y las armas ser disparadas.

—¡Muévete! —gritó dando un brinco sobre la barra—. ¡Toma a la mujer y salgamos de aquí!

—¡Tu toma al mocoso!

El Mezzanotte estalló.

Cristales rompiéndose, gritos, mesas volcadas. El sonido seco de los balazos rebotando contra las paredes hizo que el cuerpo de Jungkook reaccionara antes que su mente. Bajó la cabeza, saltó la barra y cayó de rodillas detrás del mostrador. Seguido se levantó de golpe y arrastró por la barra al chico que estaba inconciente.

—¡Rápido! —volvió a gritar Namjoon, ya con la mujer sujeta por la cintura—. ¡Ahora!

No hubo tiempo para discutir.

Jungkook giró el rostro hacia el chico que ahora estaba a su cuidado. Seguía aturdido, apenas consciente, con la respiración pesada y el cuerpo torpe por el alcohol y el miedo. Otro disparo sonó demasiado cerca.

Su miedo era su vida y la de él. Su hija de siete años lo esperaba con su madre, y la vida del pijo era importante dado que no quería verse envuelto en problemas políticos.

Trató de mantener el control, ignorando lo acelerado que estaba su corazón.

—Oye —le habló con voz firme, tomándolo del brazo—. Mírame. Vamos a salir.

El muchacho reaccionó tarde, pero reaccionó. Se aferró al mandil de Jungkook como si fuera lo único sólido en ese infierno.

Namjoon ya iba en dirección contraria, cubriendo a la mujer con su propio cuerpo mientras avanzaba entre la gente que corría sin rumbo. Antes de perderse entre el caos, giró apenas la cabeza para asegurarse de que su compañero le siguiera el Paso.

—¡Trasera! —ordenó—. ¡Nos vemos afuera!

Y se fueron por caminos distintos. Lamentablemente ninguno de los dos tenía cabeza para tomar el mismo camino, la gente salía a montones por todos lados sin destino exacto, su pánico era más fuerte que su cabeza.

Jungkook rodeó el cuerpo del chico, cargando la mayor parte de su peso cuando sus piernas fallaron. Avanzaron a trompicones hacia la salida lateral, esquivando cuerpos, botellas rotas, el olor a pólvora mezclado con alcohol.

Un último disparo los hizo pegarse a la pared.

—No mires atrás —gruñó Jungkook—. Sigue conmigo.

Empujó la puerta de servicio y el aire frío de la madrugada los golpeó de lleno. No se detuvo. Cruzó el callejón, abrió el auto con manos firmes pese a la adrenalina, y prácticamente lanzó al chico al asiento del copiloto antes de rodear el vehículo.

El motor resonó por todo el callejón, observando como la gente a su alrededor rogaba por un aventón que no les daría, porque sí. Lamentablemente la marina acostumbró a sus marinos a dejarlo todo en situaciones extremadamente riesgosas.

El chico a su lado era la situación riesgosa, no estaría toda su vida en una prisión por alguien que no fue capaz de controlar el alcohol.

A lo lejos, las sirenas empezaban a acercarse con un sonido abrupto que solo daba más pánico que confianza, la glamurosa Italia en cuestión de segundos se había envuelto en un mar de luces rojas y Azules.

Jungkook no esperó más.

Pisó el acelerador y se perdió en la noche florentina, dejando atrás el Mezzanotte envuelto en luces, gritos y disparos… sin saber todavía a quién acababa de sacar con vida y mucho menos donde estaba su compañero.

(...)

Los hoteles de Italia se caracterizaban por ser unas hermosas estructuras urbanas con colores clásicos y generalmente de más de cinco pisos.

Al menos así eran los hoteles de lujo, dado que nunca se había dado el privilegio de entrar a uno, mucho menos le daría el privilegio a un borracho jovensuelo que no sabía ni con quién estaba y aún así se daba la comodidad de acostarse y acurrucarse en el asiento.

No se molestaría en parar en un hotel rural que parecía más posada, tampoco se molestó en bajar a rastras al chico y abandonarlo en una habitación de mala muerte con veinte euros que tenía en el bolsillo.

Apostaba que toda la vestimenta de aquel muchacho valía más que cuatro salarios mensuales suyos.

Jungkook consideraba que no le debía nada a nadie, al contrario casi siempre terminaban debiéndole a él. Así que no vio nada de malo en sacar el plumón que tenía en su mandil para anotar en la pizarra del casino y rayar el espejo de la habitación:

"Son 400 euros del hotel, 6,000 euros de los tragos que tú y tu amiga no pagaron xooo Número de cuenta: XXX XXX XXX gracias por darle una vida digna a los indigentes como yo :D"

Sonrió viendo la obra maestra que había escrito en el espejo, así sin más salió del hotel. Su hija y mamá lo esperaban en casa, consideraba que no le pagaban lo suficiente para estar a la 1:00 am de la madrugada y menos para cuidar el trasero de jovensuelos.

Esperaba no cruzarse con el nunca jamás en su vida y disfrutar del dinero que — ojalá — iba a depositar.

Continuará 🥂🥐

Holaaa, puede que está sea la primera vez que me vean aquí :D soy Cass y me especializo en escribir fanfics de BTS, en especial Kookmin 👅 ✊🏻

Pueden ir a seguirme en mi perfil de Wattpad: @RosieCassie y en Inkkit donde aparezco igual. Muchas gracias por leer y no olviden votar —Muy importante para la inspiración y el apoyo al autor—.

(Para los que esperaban el Sustituto del Sr. Jeon, está finalizada en Wattpad pero les recomiendo más STON y labios Venenosos ya que Él sustituto del Sr.Jeon está mal escrita)