Capítulo 1
Antón tenía la mente perdida en el mar nocturno, que misterioso daba canticos taciturnos. Resonados entre las olas malhumoradas, fanfarronas mostraban su seducción perpetua. Lo atraían a meterse ahí, cada vez que podía lo hacía. Su fascinación con el mar, era casi enfermiza. Amaba todo lo que ese manto cristalino ocultaba, todos los misterios de la vida eterna estaban ahí.
Bien se lo había dicho su padre alguna vez, no visitar la orilla del mar a media noche. Pero ahí era donde justo estaba, buscando el infierno entre tanto mortal. Anhelando tocar el cielo, tal como solía hacerlo en cada luna llena. De la mano de su endiosado amado, por el cual era capaz de darlo todo. De una manera devota talvez, Antón había venerado la existencia de aquel ser. Dándole ofrendas constantes, para seguir manteniendo su amor.
_Remen con cuidado señores, sin aflojar el amarre de sus cuerpos. Mantengan la cera en sus oídos, no dejen que el calor de sus cuerpos la consuma al verles. _Antón miro a cada miembro de la gran tripulación. Ajustar sus amarres y tener la cera a la mano. _Por lo que más quieran no, no se dejen engañar por lo que ven. Nada de lo que sucederá aquí, debería ser vivido por un mortal. _ Dio un ultimátum a la parvada de hombres.
Seres libraban sus fiestas ahí en luna llena y se llevaban consigo a quien podían como ofrenda al vasto mar. Encantándolos con sus canticos liricos, mezclados con las olas del mar condenado. Mostrándose como sus más bajos deseos, reflejados en un rostro etéreo. Llevados por una mirada lasciva, que los empujaba a dejarse arrastrar a las profundidades. Un beso bajo la luna llena, el famoso beso de la muerte. Anton lo conocía bien, seguía siendo víctima de este. Manteniéndolo en secreto, igual nadie le creería.
_Los tritones son seres buenos. _
Anton escucho entre los hombres, al único de ellos que no era pirata. Un científico estudiado, que se había mezclado entre tanto ladrón. Su aspecto pulcro lo delataba, tanto como su léxico al hablar. Sungchan parecía estar seguro de lo que decía, lo que hizo que la tripulación empezase a parafrasear lo dicho. Se presentaron crédulos ante sus bonitas palabras y la mirada soñadora debajo de sus gruesas cejas. Anton no quería bajarlo de su nube de conocimiento, pero su boca actuó antes que su cerebro.
_Buenos para ahogarte. _ Anton tajo. _ Estamos en plena luna llena. _
_Las investigaciones científicas que he hecho, arrojan que los tritones son seres pacíficos. _ Sungchan se apuró a defender sus teorías.
Anton estaba consciente de que era luna llena y los efectos que desataba en los tritones. Estos pasaban de seres pacíficos a simples lunáticos que desvivían por placer. Desatando comportamientos seductores y frívolos para con los demás. Por ello era más posible casarlos en luna llena, porque no había que perseguirles. Ellos venían hacia los mortales e intentaban llevárselos consigo. Un capricho mutuo de partes, aquellos humanos también querían llevarlos con ellos. Con el mismo destino aparente, ninguna de las partes parecía verse en una posición inocente.
Anton le dio una mirada. _Sigue con ese pensamiento de cerebrito en tu mente y serás el primero en ser arrastrado a las profundidades. _
Sungchan coloco su cara estoica. _Yo no vine aquí por la vida eterna, yo solo vine aquí a estudiarlos. _ Sungchan titubeo por un respiro. _ He escrito mucho sobre ellos, he dedicado mi vida al estudio de los mismos. _
_ ¿Qué tan cerca los has visto? ¿Qué tanto los has escuchado? _Anton fue curioso.
_ ¿Acaso eso importa aquello? _ Sungchan frunció el ceño. _ Todo esto puede no ser real. _ La razón estaba ganándole a su corazón.
El científico no había dedicado su vida a estudiarlos, como para que un pirata aparecido lo cuestionase. Los había buscado por años, junto con otros estudiosos. Le han parecido seres fascinantes, pero nunca supo si eran seres reales. Talvez por ello estaba ahí, a la deriva en mar abierto. Viajando por los vastos océanos, con hombres que nunca habían tocado un solo libro en sus vidas. Sungchan no se iba a comparar con ellos, pero ya no había vuelta atrás. Le habían prometido el sueño de su vida y el había caído tal niño inocente.
_Donde existe el bien, también existe el mal. _ Antón dice en un hilillo. _ Hoy vas a conocer, porque al mar se le respeta. _ Le da una mirada de advertencia.
Sungchan se eriza al escuchar una nota en el aire, un silbido que le truena delicioso en los oídos. Ese silbido se convierte en muchos, asediándolo en un cantico envolvente. Mira directo hacia Anton, quien lo mira como si nada estuviese pasando. Cuando está pasando obviamente algo, toda la tripulación se coloca muy inquieta. El agua se torna intranquila, el mar se pica de repente. La noche se torna tan fría como las aguas y el viento los azota, hasta erizarles la piel.
_ ¿Qu-é es eso que se es-cucha de lejos? ¿P-or qué el mar se es-tá picando? _Sungchan trastabilla en su hablar.
Anton se coloca serio. _Están aquí. _
La frase advirtió aquella realidad, lo que ya todos podían ver con impresión. Seres sobrenaturales, rondando sus botes. Moviendo las aguas con sus aletas, anunciando su grata llegada. Los canticos se daban por fin, podían solo darse frente a humanos. Anton miro a su co-capitan Sohee. Este era el único que no tenía cera en sus oídos, compartían aquella maldición de por vida. Lo vio intentar acallar el murmurar de los hombres, mientras ellos no podían creer lo que veían sus ojos. Seres los enfrentaban, colgándose de los bordes de sus botes. Sus largas uñas raspaban la madera, haciendo un sonido febril.
_Eres real. _ Sungchan solo pudo decir. _De carne y hueso. _ Su garganta se tajo.
El ser de gran belleza etérea, le miraba desde el borde del bote. Se acercó con la confianza de alguien, que no enfrentaba a un humano por primera vez. Anton recuerda ese tritón en especial, su nombre era Shotaro.Era uno de los más peligrosos del grupo, siempre parecía dispuesto a todo. El hecho que este se acercase, lo ponía sumamente nervioso. Puesto que sus encantos, eran los más difíciles de ignorar. Tenía el poder de un cambia formas, con la luz de la luna llena. Capaz de convertirse en cualquier mortal, para tocar las hebras delicadas, de los que osaban llegar a sus aguas.
_ ¿Cuál es tu nombre humano? _ Shotaro le dio esa característica mirada de tritón.
_Ignóralo doctor. _Sohee se apuró a advertirle al hombre.
El astuto ser parecía tener su atención. _Eres un humano muy apuesto. _
Alargo una de sus manos hasta ajustarla, en el rostro de Sungchan. Brindando caricias venideras, que repasaron su afilada mandíbula. El hombre era de aspecto masculino y un toque de juventud en su mirar. Ganándose una mirada curiosa de aquel tritón, quien se acercó con calma, a analizar el resto de sus rasgos. El puente abultado de su nariz y el rastro fino de barba en su mentón. Le raspo las yemas de los dedos y causo una fascinación divina. Que arraigo en una obsesión repentina, casi envolvente, debido a su aspecto.
_Sungchan debes ensartar la daga en sus agallas, directamente en las que están en su cuello. Debes lograr herirlo primero, para poder atraparlo para nosotros. Necesitas hacerlo rápido Sungchan, antes de que vengan el resto. _ Sohee pensó rápido, casi en una plegaria hacia el cielo abierto.
Un respiro ahogándose en su garganta. _Eres tan hermoso. _ Sungchan dijo tan de repente.
Sungchan ya no veía aquel tritón de aspecto etéreo, sino algo muchísimo más impresionante. Tenía a su vista aquella prometida, que había perdido la vida hace mucho. Su prometida de toda la vida, la que no había podido salvar, junto con sus hijos atravesados en el vientre. Sungchan había dejado de lado la medicina, después de aquella tragedia. Mas nunca dejo el nido por completo, pues el hilo de la vida seguía picándole. Revivir aquel amor de su vida, talvez podría conseguir aquella lagrima.
_ ¿Te parezco muy hermoso? _El ser dijo de repente.
_El ser más hermoso que he visto, las ilustraciones no te hacen justicia. Luces exactamente como, como alguien que amo demasiado _ Sungchan no podía creer lo que había pasado en un parpadeo. _ N-o entiendo como tú, como y-o puedo siquiera. Verte tan llena de vida aquí, estas viva ahora mismo. No puedo creer que eres tú, que has vuelto a mí. _
_Soy yo Sungchan. _ Se escuchó la voz revolotear por ahí. _ Tu prometida. _
Envolviendo los oídos de Sungchan, en una cacofonía aparente. _Giselle. _Sungchan completo aquella falsa realidad con sus creencias.
_ ¿Dónde demonios están sus tapones de oído? _Sohee se apuró a dirigirse a su capitán.
_Se los quito en algún momento sin que lo supiésemos, así como también fingió estar atado al bote. _ Antón negó rotundo, ante aquella realidad. _ ¡Valla idiota! _
Mordisqueo entre sus labios resecos, tenía una sed diferente ese día. Como si su cuerpo supiese lo que venía, que él estaba cerca ya para entregarse. Podía sentir la presencia de su ser, junto con la del resto de los tritones. En especial la de Shotaro, que no paraba de jugar al cazador con su presa. Antón quería romper la tención arrepintiéndose de todo, pero había prometido dejar que tales cosas pasasen. Alguien tenía que llevar las ofrendas, para recibir entonces el milagro. De tenerle de piernas abiertas, de poseerle por fin.
_Sungchan tienes que acabar con esto. _ Sohee intento llamar la atención del doctor.
Sungchan le da una mirada perdida a Sohee. _ ¿Cómo quieres que acabe con mi prometida? _ Sus ojos parecían hundidos, en una profundidad que lo cegaba.
_Ella no es tu maldita prometida Sungchan, solo cambio de formas para parecerse a ella. Ya deja de jugar al mártir y volvamos al barco por hoy. _ Antón sintió su conciencia, hablar contra su voluntad.
_Mentiras. _ Sungchan parecía al borde del desquicio.
_ ¿Te volviste loco ahora? ¿Acaso quieres que te ahogue? _ Sohee chillo.
_Ella volvió a mí. _ Una sonrisa se dio, en aquel rostro del doctor.
_Tu prometida está muerta Sungchan. _ Sohee se atrevió a decir.
La luz volvió a aquel mirar de Sungchan. _Tienes razón yo... _ Su corazón palpito a mil al volver en sí. _ He caído en su trampa…_ Se fragmento en mil pedazos, con aquella realidad.
_ ¡Sungchan! _ Sohee grito en medio de la nada.
Su rostro real no combinaba para nada, con el rostro humano de su prometido. Los ojos marrones fueron reemplazados por unos colores miel y el cabello castaño se fue volviendo rubio. Aquel ser tomo del cuello a Sungchan y le dio aquel beso de la muerte. Mientras lo hundía consigo, en las profundidades del mar. Sungchan no lucho contra su maldición, solo se dejó llevar con un gran terror en su pecho.
Un gran silencio antes del desastre, cuando finalmente desaparecieron las burbujas. El puñal se había ido en la mano de Sungchan, quien no había reaccionado en usarlo para defenderse. Dejando al resto de hombres en un ambiente tenso, que exploto cuando el cantico volvió. Un sonido esta vez febril, ensordecedor para todos. Una cantidad de tritones asediaron los botes y sus canticos derritieron la cera de los oídos. Volviendo a los hombres vulnerables, enloqueciéndolos hasta lograr llevarlos.
_ ¿Qué vamos a hacer ahora capitán? _ Sohee se apuró a preguntar azarado. _ Estos idiotas siempre nos desobedecen. _
Anton respiro profundo. _Manda rápido para jalar las cadenas de un lado del barco y poder subir a cuantos puedas a salvo. Yo me encargare de mandar a jalar las cadenas del otro lado, tampoco quiero que nos quedemos sin tripulación._
Sohee hizo una mueca de descontento, con lo que estaba pasando. _ ¿Desde cuándo te preocupa tu alma? _ Le dio una mirada de muerte a su capitán.
_Nosotros ya no tenemos alma Sohee, mejor preocúpate por la de nuestra tripulación. _Anton tajo justo, en la realidad de ambos.
Hundiendo sus cuerpos, que reaccionaban solo con el frio del agua. Los gritos atroces combinándose, eran ahora el cantico, que reinaba en aquel desolado lugar. Anton veía todo sin sorpresa alguna, mientras hacia lo que podía. Su co-capitan Sohee, trataba de arreglar el desastre del doctor. Salvando a aquellos que había puesto suficiente cera en sus oídos y no se había dejado asediar hasta soltar sus lazos.
Fue entonces cuando Anton lo vio, entre toda aquella masacre de mortales. Retozando entre las aguas del caos, lo vio darle una mirada febril. Antes de desaparecer, en un hilillo de agua que dejo su aleta. Se veía impasible bajo la luz de la luna, podía incluso sentir el frio de su piel húmeda. La succión de sus labios contra su cuello y aquellos colmillos que picaban contra su bienestar. Mas todo eso que le daba, que lo orillaba a la locura.
_Wonbin. _ Murmuro entre labios, sin pensarlo siquiera.
Anton sabía que los había usado, conservaban un tinte rojo en estos y su cara estaba pintada igual. Al final del día Wonbin, era un demonio más de las aguas profundas. El que no lo hubiese arrastrado por completo aquel día, no significaba que no podía hacerlo algún día. Tantas ofrendas no iban a ser suficientes, en algún momento pediría de vuelta la vida que le regalo.
Le había dado su primera y también ultima lagrima de vida. Perdiendo también su poder especial, de poder convertirse en humano. Sin necesidad de la luna llena, sin volverse completamente errante. Los tritones no daban más que una, pero era una inmortalidad que podía ser traspasada. Aun ser muy querido, o el amor de tu vida. Haciendo perder a su antiguo dueño, la vida en el plano terrenal.
La luna llena iluminaba hasta el faro de luz y podía ver como los barcos se adentraban al mar profundo. Anton bebió de su botella, intoxicado ya por su contenido. Mientras recordaba a su padre, un gran pirata de altamar. La primera vez que navego el mundo con él, siendo apenas un niño. Como su padre dedico toda su vida, a ese secreto de la vida eterna. Logrando por fin encontrarlo, en las lágrimas de un tritón. Su padre no dudo en darle ese don a su hijo, cuando no tuvo otra opción que hacerlo.
En un movimiento desesperado talvez, después de verlo hundirse en el vasto océano. Encantado por los canticos que venían del mar, por esas figuras preciosas que ondeaban entre las olas. Antón recuerda sentir el llamado dulce, unos ojos color hiel. Viniendo por él, en un son de venganza. El beso tibio de un extraño ser y unas manos frías tirando de su cuerpo. Todo se volvió burbujas, llevándose el aire de su ser.
_Capitán. _ Sohee chasqueo sus dedos frente al hombre.
Anton puso mala cara. _ ¿Qué quieres ahora Sohee? _ Le dio una mirada al chico.
Sohee respiro profundo al verle ya alcoholizado. _Ya toda la tripulación se rindió, el ataque de esos seres nos redujo a la mitad. _ Lo miro con esos ojos de reproche de una. _ Intentaremos otra vez, para la próxima luna llena. Talvez en esa, no tengamos que dar ofrendas. _
_ Yo les dije que no sería tarea fácil casar una sirena y que ellos terminarían siendo los casados. _Anton le dio una mirada al chico. _ Les advertí con presura su destino y aun así decidieron encaminarse a este. Personas como ellos no respetan la vida, por eso la pierden de tal manera. _
Sohee puso mala cara de una. _Talvez si no les vendieses una fantasía incierta a tus tripulantes, bajo el embrujo de ese ser que te manipula. Ellos podrían alcanzar la vida eterna, sin perderla en el proceso. _ Negó rotundo ante aquella realidad. _ Este círculo vicioso que tenemos, nos va a terminar matando en vida._
_Ya estamos muertos en vida Sohee. _ Anton concluyo.
_Deberías ser más agradecido con tu padre, tu padre te dio el regalo de la vida eterna. Mientras que todos nosotros, lo buscamos hasta casi la muerte. Nunca entenderé porque no eres feliz con ello, eres prácticamente indestructible. _ Sohee encaro a su capitán.
_ ¿Tú eres feliz con tu inmortalidad? _ Anton se le quedo mirando.
_ ¿Por qué no lo seria? _ Sohee bufo.
_ Dime la verdad Sohee, la verdad que en tus ojos se ve. Porque tus ojos no mienten, son el portal de tu alma vacía. _ Anton repaso su expresión atosigada.
_Todo esto fue por un arrebato. _ Sohee confeso.
_ ¿Acaso la vida tiene algún sentido? _ Anton rio amargo en su realidad. _ Cuando se pierde la oportunidad de valorarla. _ Anton se sinceró también. _ ¿Cómo se puede sentir tanto para siempre? _ Tiro aquella pregunta al aire.
Sohee se sentó junto con su capitán, se quedó pensando en aquello. Era justo como se sentía, había visto a su amigo de toda la vida envejecer. Hacer una familia perfecta, darle todo el amor a su femenina esposa. Femenina era una cosa que él, nunca podría emular con certeza. Lo había intentado al comienzo, pero solo se había sentido como un fenómeno. Seunghan había experimentado, mientras que él había amado. Cada toque en su cuerpo, cada beso regalado. Eran sus recuerdos llenos de nostalgia, los que lo estaban matando en vida.
_Yo no me siento un ser humano, nunca he merecido sentirme así igual. _ Sohee se sinceró. _ Yo no existo para este mundo, soy un renegado de mi naturaleza. _ Miro a Anton con el corazón partido. _ Siempre he sido considerado una aberración, desde que nací fui así. Un desviado de la naturaleza, por no querer lo que debía. _
_Ya no queda nadie que pueda juzgarte. _Anton musito.
Tenía su mano en la cabellera de Sohee, que lucía revoloteada por la brisa de la noche. Cubría hasta sus ojos, pero no lo suficiente como para ocultar sus lágrimas. Sohee se apuró a limpiarlas, pero un lamento lo delato. Anton lo vio llorar desconsolado, porque había momentos en los que la realidad lo podía. Más allá de su codicia por el poder de la vida eterna, estaba un jovencillo quien se había ido al mar a olvidar sus amores. A olvidarse de sí mismo y de todo lo que le rodeaba.
_Aun quedo yo. _ Sohee advirtió.
La luz al final del túnel de la vida y una calma inmensa llenándole el pecho. Luego sentir un gran dolor en el pecho y verse vomitando agua sin parar. Sus sentidos no le permitieron siquiera captar, los últimos momentos con su padre a su lado. Este se había ido por completo, al tiempo que Antón pudo recuperar su respirar. Fue llevado por aquellos seres, nunca más lo volvió a ver. Dejándolo con la maldición, de ver morir a los que más quería.
Anton se había convertido en una aberración de la naturaleza, que nadie siquiera podía comprender con claridad. Nadie sabía siquiera de su infierno en vida, excepto los miembros de su basta tripulación. Hombres igual de rechazados que él, en busca de sus mismas maldiciones. Anton conocía el camino para llegar a ella y no iba a detenerlos de su destino. Incluso si muchos de ellos, habían perecido esperando encontrar la fuente de la eterna juventud. Solo había uno de ellos que lo había conseguido, su co-capitan Sohee.
_Volvamos al barco antes de que amanezca. _ Sohee mira a su superior.
Este le tiende la botella, para que tome otro trago. A aquellas alturas, ya ambos están borrachos. La madrugada amenaza, con toparse con el amanecer. Sohee encuentra aquello vicioso, hay un silencio después del gran desastre. El licor le raspa la garganta, una vez le pega un sorbo a esta. Se relame los labios, es lo más parecido que experimenta a la vida mortal. Ese pequeño dolor que se disipa, hasta que se siente como la mismísima nada.
_Me quedare en tierra hasta el amanecer. _Anton hace un ademan con las manos.
Anton esta borracho como siempre, se la pasa así la mayoría del tiempo. Como si no quisiese enfrentar su realidad, refugiándose en el toxico alcohol. Sohee también entiende que hay algo de valor, que Anton suele reclamar con la bebida. Una combinación justa, para la llegada de su amado. No tiene que adivinar más, sabe que está más que cerca. Anton esta tirado en la arena, sus parpados pesados. Se va a quedar ahí, hasta que este venga a buscarle.
Sohee respira profundo. _ ¿Estas esperándolo cierto? _
_Lo que se ve no se pregunta. _ Anton musita entre labios.
Sohee niega rotundo. _Él te está manipulando otra vez, para que le traigas más ofrendas a su mundo. Como si lo de hoy no hubiese sido suficiente, ese ser es un monstruo insaciable. _ Secretea encarando a Anton. _ Wonbin se alimenta de la desgracia y el sufrimiento de los vivos. Sé que en parte le debes la vida, pero creo que esto no es solo cuestión de deber. Esto también es cuestión de amor, un amor que se tornó en una devoción ciega. _Pasa su mano por aquellos parpados pesados.
_Él me tiene bajo el hechizo de su hiel. _ Anton siente su cuerpo pesado. _ Yo no tengo otra opción que darle lo que quiera. _
_ ¿Que pasara cuando la tripulación se entere? _Sohee se atrevió a decir. _ ¿Qué pasara cuando esta farsa se caiga a pedazos? _
Anton niega con una sonrisa socarrona. _Ellos nunca se enteran, no han vivido lo suficiente para. Siguen siendo seres pasajeros en este mundo y en algún momento se tendrán que ir. _ Mira entonces a Sohee con tal calma. _ Puede que sea tarde, puede que sea temprano. Eso no lo voy a decidir yo, eso lo va a decidir el mar. El sabrá si los quiere como ofrenda y llamará a su gente para que se los lleve. Nosotros solo somos el puente, ellos son el camino. _
Anton siguió bebiendo de ese licor, bebió hasta que sus sentidos se durmieron. Hasta que su cuerpo se fundió entre las dunas, en un profundo sueño se apodero de su ser. Yacio acostado en la arena fría, mientras la marea le hacía cosquillas en los pies. Fue la señal para despertar, de ese sueño profundo que tenía. Sintiendo su presencia, asechándolo como siempre.
Él estaba ahí observándole, con esos ojos de hiel tan divinos. Con esa misma mirada de siempre, que le manipulaba el alma. Podía pedirle lo que quisiese, junto con esas caricias venideras. Ese beso que no se lo llevaba a la muerte, sino que lo mantenía con vida. De él eran aquellas lágrimas, que lo habían mantenido con vida. Con el paso de los años, lo había sabido de su boca. Wonbin había ido a por él, buscándolas de vuelta. Sin esperar con el tiempo, que terminaría obsesionándose con su dueño.
_ Tenía esa corazonada de que estarías aquí, esperándome devoto mi señor. _ Wonbin dijo por fin.
_El mar sabe lo mucho que he aguardado por tu regreso._ Anton confeso.
Wonbin había nadado hasta ahí, cambiando su aspecto con solo tocarla orilla. Anton seguía sin poder creer, lo que sus ojos siempre veían. El como la cola desaparecía de repente y el cuerpo de un humano se hacía entre las olas. Lo único que quedaba con él, eran la parte superior de su cuerpo. Conservando esos ojos de hiel y esa cabellera de tan vibrante rojo. Anton sentía que estaba alucinando, cuando le veía acariciarle tan cerca. Sin arrastrarlo consigo al mar, sin intentar devorarle clavándole sus colmillos.
_Mi señor. _ Wonbin hablo tal terciopelo. _ Estas más borracho que vivo, estoy empezando a pensar, que no te gusta la vida que vives. _ Wonbin le dio una mirada a su capitán. _ Que el único que tiene los pies en tierra aquí, sigo siendo siempre yo. _ Dio una sonrisa casta hacia el hombre.
Anton respira ansioso. _Ya no puedo soportar la parte humana en mí, intento adormecerla con alcohol, cada día de mi maldita vida eterna. _ Confiesa entre labios tiritantes. _ Estoy cansado de sentir tanto en este pecho, pero no ser lo suficientemente humano para poder parar. Como puedo seguir sintiendo tanto, si ya disquera soy un mortal. _Anton le da una mirada de cordero a Wonbin.
_ ¿Qué es eso que no puedes parar de sentir? _ Wonbin arrulla por sobre aquellos labios.
_Yo lo que siento en mi pecho, es lo mucho que te amo. Te amo hasta morir, pero sin poder hacerlo. Un ser inmortal, que desea morir de amor por ti. _ Anton confiesa en un cantico de lucidez. _ Por algo mi vida es tuya, lo ha sido desde que me la devolviste. Tus lagrimas me han hecho maldito, pero me han traído la bendición de tenerte. _ Se le queda mirando fijo a Wonbin.
Wonbin se le queda mirando un tiempo. _Sabes que prometí verte cada luna llena y estoy aquí cumpliendo esa promesa. Solo tienes que ser paciente de a tiempos, juro que así podrás tenerme para la eternidad. Te lo juro mi gran amor, te lo juro por el mar vasto. _
Dibujo aquello por sobre los belfos de Anton, arrancándole unas ganas necesarias. La mirada de Anton se iba volviendo lucida, a medida que probaba esa boca con ansias. Tomo cada bocado de esta con gusto, casi gruñendo su pertenencia hacia ese ser. Que lo poseía a su gusto, que lo tenía envuelto en su embrujo. El tono en que apretaba su cuello para acercarlo, la línea viciosa de saliva, que termino por separar sus labios. Wonbin volvió a por una mordida, Anton jadeo cachondo contra un beso, que apenas pudo emular.
Anton gimoteo necesitado. _ Ya no puedo seguir aquí sin ti, sin tu amor tan profundo. La compasión de tus besos, el calor de tus caricias. _ Apega su frente justo a la de aquel ser. _La intensidad de tu mirada y el sabor a miel en tus palabras. Soy adicto a ti, me tienes embrujado cariño. _ Está a un respiro de comerle la boca de nuevo.
_Entonces toma tu tiempo en despedazarme, porque vas a tenerme hasta que la luna cambie a menguante. _ Wonbin respiro errático por el momento mismo. _ Ya veremos quien se cansa primero de amar, porque ya no hay nada que pueda limitar este deseo innegable que nos tenemos. _
Anton se llevó el cuerpo de su amado contra la arena y ahí lo beso con la pasión de todas las noches que permanecieron separados. Deseándose en la lejanía de tantos mares, viviendo de los recuerdos de sus múltiples encuentros sexuales. También de las conversaciones que tenían, pues su amor había nacido de ellas más que del deseo. Eran una sola persona, cuando solo estaban ellos dos solos.
_Creo que necesitaras algo de ropa, para llegar a la cabaña con bien. _ Anton le dio una mirada juguetona a Wonbin.
Lo habían estado haciendo de boca a boca y ya a Wonbin le faltaba hasta la respiración de humano. No tenía sentido sentirse tan vivo, siendo a la vez tan vulnerable. Había olvidado completamente que más venía con ello, debido a los mimos de Anton, por sobre su cuerpo. Tenía las manos calientes y el toque pesado contra su piel. Algo de ello le enviaba señales de peligro, unas de las que estaba completamente adicto.
Sus caricias contra su piel tersa, mientras besaba su cuello con dulzura. Sus dientes rozando de repente, gastándole un jadeo necesitado. Le estaba calentando el cuerpo y podía incluso sentir su entrepierna tal piedra. Bendita forma humana, lo hacía sentir cosas maravillosas. La ropa no le interesaba en esos momentos, podían dejarlo para luego de terminar con su erección. La mano de Anton tentaba el empalme y sus miradas encontrándose lo dijeron todo. Conocía esa mirada de hambre, justo antes de chuparle la polla. Wonbin nunca se olvidaba de la sensación, tan cálida de su boca apretando.
_Puedes prestarme algo de la tuya, cuando termines de chupármela. _ Wonbin secretea ya cachondo. _ ¿No quieres chupármela? Dime que si quieres esto. _ Wonbin lamio los labios de Anton vicioso.
Anton se deja hacer tal tonto. _Te has vuelto más crudo, en esto de corrernos juntos. _ Una sonrisa chocando, hasta lograr un beso robado.
_Estoy obsesionado con lo que me das. _ Wonbin respira ansioso con lo que ve, con lo que está a punto de tener.
_Mi gran polla. _ Anton mordisquea sus labios divertido.
Anton se lo está quitando todo frente a sus ojos, que no escatiman en tomar esas fotografías mentales. Ver se siente igual de bien que tocar, solo que quiere disfrutar cada cosa a su tiempo. Tomar esa cosa a su tiempo, también es algo que le acelera el corazón. No había necesidad de exhibirse así, podía ir a por su miembro sin tanta piel expuesta. Wonbin sabe que nadie los ve, pero odiaría la idea de que alguien más disfrutase, lo que tiene frente a sus ojos.
Wonbin se sonroja acalorado con la imagen. _Se escucha como algo que no se debería decir en voz alta, también se ve como algo técnicamente igual. _ Wonbin tiene sus ojos pegados en todo aquello.
La extendió a total disposición, dándose casi el largo de su rostro. Wonbin relame sus labios, enfocándose en el líquido de la punta que daba a gotear. Se le calientan las mejillas con presura, porque se tienta en probar aquel salado dulce. Cuando Anton lo empuja a su merced y le separa las piernas a su gusto. Wonbin se deja ver así, sin vergüenza alguna. Bajo la mirada de depredador del pirata, que está a punto de atrapar parte de el en su boca.
_También se ve como algo, que te va a hacer usar esa voz en alto. _ Anton sonríe previo a su fechoría. _ ¿Quieres que tu señor te haga sentir así? _ Anton mordió la oreja de un ya jadeante Wonbin.
Gimoteo quedito el hombre. _ ¡Umm! _ Wonbin lo miro con ojos de ciervo. _ Si. _ Era un permiso concedido ya.
El espectáculo de la primera succión, que le hace sentir un camino de fuego rondándole su ser. Más el primer manoteo de la extensión, que le agita el cuerpo en un temblor repentino. Wonbin se prepara mentalmente, para no partirse en dos por la sensación. Lo tiene mirando las estrellas, con su cara enterrada hasta sus bolas. Dando un camino de estocadas, comiéndosela toda. Wonbin apenas ve por sobre sus pestañas, enamorado de la imagen. De su hombre comiéndole la polla, de su placer culposo haciéndose realidad.
_ ¡Mmm! Mi señor. _ Wonbin jadeo agitado. _ ¡Ah! Tan bueno. _ Wonbin se sintió atrapado.
_ ¿Habías olvidado lo bien se siente? _ Anton murmuro contra la carne. _ Como tela como chupo como se debe, como a ti te gusta cariño. _
Wonbin tembló contra el aire. _Imposible olvidar esa boca tuya. _ Se volvía frio contra la saliva, atosigada en su miembro. El aliento contra esta, lo hacía erizarse. _Mi cosa favorita tuya. _
Wonbin sintió esa deliciosa vibración, volver a engullirlo. Las manos habilidosas, dándole gusto a sus bolas. Wonbin solo se clavaba más y más en esa boca caliente. El licor la había hecho especialmente cálida y la borrachera de Anton estaba por ser remplazada por un orgasmo. Este se estrujaba contra el montón de ropa esparcida para acomodarse, tratando de llegar también al climax. Patético a la vista, habilidoso con esa boca.Wonbin arremolino sus cabellos, cuando este fundió su moción. Lo que sea que fuese, las arcadas de sumisión. Estaba sumido en ello, en dar más que recibir.
_Me voy a correr en tu boca. _ Siseo Wonbin en advertencia. _ ¿Eso es lo que quieres? ¡Huh! _ Gimió grosero en un alarido.
Anton gruño contra la piel caliente. _Hazlo. _Anton no le importo nada en absoluto.
Wonbin gruño gutural en desespero. _Deja de ser tan enfermo. _ Wonbin estaba en pánico.
_Vas a tener que darme la cura. _ Anton uso ese doble sentido que le mataba. _ O la tomare yo mismo de ti. _
Dio tanto a sus sentidos, que se desencadeno ese peligroso orgasmo. Wonbin se corrió bonito, en estocadas desordenadas, mientras Anton jugaba con el desastre a media tragada. La imagen no era exquisita, pero había algo en ese desastre que movía. Las hebras necesarias, para que Wonbin supiese que ese era su lugar. Bajo esa mirada que lo buscaba, que no se iba muy lejos nunca. Estaba en él, en lo que había compartido.
Tocar fondo con Wonbin, no siempre significaba nadar. Dejarse llevar por las profundidades del mar, de la mano de aquel ser sobrenatural. Ver la estructura de su cola llena de escamas tornasol, que disertaba de su torso fornido. Era escalofriante verle llevarle de la mano, pero envolvente a medida que avanzaban por las aguas profundas. Aguantar la respiración, hasta que aquello lo llevase al borde. Sin caer en el perecer, era un ejercicio constante de burla a la naturaleza.
También significaba disfrutar de su lado humano, de cómo cambiaba su forma al tocar tierra. Convirtiéndose en un ser de piernas, ambos se mezclaban con el resto. Paseaban por las calles, como dos personas normales. Resguardándose al anochecer, en aquella cabaña vieja. Anton la había heredado de su familia, cuando ya no había quedado nadie para cuidarla. Era un cuchitril desolado, pero también su nidillo de amoríos de madrugada.
_ ¿Te quedaras conmigo esta noche? _Anton se le quedo mirando a Wonbin.
Este secaba sus cabellos, luego de que ambos se diesen un baño. Wonbin odiaba la idea de tomarlo, pero lo había convencido con un par de besos contra la bañera. Caricias que se resumieron, en una ayuda manual de parte de Wonbin. Al final ambos, habían quedado satisfechos. Retozando en el agua tibia y manteniendo un silencio cómodo. Era su lugar seguro y parecía que ningún pensamiento podía atosigarlos.
_Tendré que irme al amanecer. _Wonbin confeso.
_Yo también planeo irme al amanecer. _ Anton se le queda mirando a Wonbin.
Ahora estaba secando su cabellera roja, mientras contemplaba sus ojos de hiel. Tenía una de sus pijamas viejas, que le quedaba especialmente grande. Le gustaba como se veía su collar de huesos y la sensualidad que este traía consigo. Recuerda besarlo con presura en medio de su sexo y crear pequeñas marcas de posesión. Solo un humano podía crearlas con tanta precisión y secretamente le gustaba que así todos lo supiesen. Que un humano estaba probando los placeres, de aquel tritón.
_Pensé que apenas tocaríamos estas cuatro paredes, no pararíamos de estar en el otro. Como cuando éramos unos críos y todo lo que hacíamos era hacerlo sin pensar en las consecuencias. _
Wonbin tomo el rostro de su amado y dibujo aquellas palabras cerca de su boca. Anton se dejó hacer y envolverse en esas palabras fue fácil. Porque no tenía objeción a ello, tal como la primera vez que se vieron después de años. Cuando sus cuerpos renegaron de falta de contacto y todo se consumió en una sola noche. No hubo dudas de lo que se quería o lo que no se debía hacer. Todo se sintió correcto y la luna fue testigo de ello.
_Seguimos estando muy bien en el otro, pero ahora no solo es lo carnal. _ Anton rozo su nariz contra la de su amado. _ También es lo que ya hemos vivido y la nostalgia de si seguirá existiendo este encuentro de luna llena. _ Apego hasta que sus labios rozaron tibios.
Arremolino en beso casto esos labios y se profundizo en un toque tibio de sus belfos. Dando paso a sus lenguas, para fascinarse la una a la otra, en el caliente de sus bocas. Hubo un ansia de besar, de acariciar de repente. Wonbin se había sentado en su regazo y el gesto de secar su cabello había sido olvidado. Parecían uno en esa posición de quererse, de arrullarse el uno al otro contra la chimenea. Anton contemplo su realidad, tratando de entender porque no merecía aquello cada día. Porque una maldición, era peor que la otra.
_ ¿Tú nunca pensaste que volvería a buscarte? _Wonbin parecía leer aquella mirada. _ Nunca creíste en los sentimientos que tenía para ti. _
Los ojos de Anton tiritaron. _Prometí no volver a creer en tus mentiras, cuando decidiste que era buna idea aniquilarme. _ Se sinceró como siempre ante esa hiel.
Wonbin aún recuerda como envuelto en un sentimiento de venganza, se decidió a tratar de acabar con Anton. Asediado por los ideales de su grupo, que no podían concebir su enamoramiento por un humano. Alegando que Anton lo había traicionado y que no había otra forma de terminar aquello. Wonbin había seguido aquellas órdenes y el arrepentimiento no demoro en llegar.
Queriendo acabar con su vida misma, más de una vez se alejó para intentarlo. Después de haber visto a Anton, perder todo lo que había amado en la vida. No sentía que era tan injusto no volver y regalarle algo de consuelo. Porque había notado algo, sus sentimientos eran correspondidos por aquel capitán. Sin pensar que su corazón, secretamente también lo anhelaba. Ese toque de aquel humano inmortal, esas noches interminables de luna llena.
_Me dejé llevar por aquella ira de mi corazón, así como también me arrepentí por el amor del mismo. Porque tú fuiste el único que cuido de mí en mi cautiverio y aun así no quisiste aceptar mi regalo de vida. _ Wonbin le miro reprochaste. _ Tu ni siquiera me tocaste mi señor, ni siquiera se te paso por la mente. Lo tuyo era solo amor por mí, el más puro que había contemplado en humanos. _
Anton no tajo aquella mirada. _Yo nunca me permití desearte así, el amor que sentía en mi pecho me nublaba los sentidos. _ Se le quedo mirando apacible a Wonbin. _ Esa codicia de vivir para siempre, no hay un solo día en el que no piense que es una maldición. _Fue sincero en su hablar. _ No importo cuantas veces le dije a mi padre que esto lo aniquilaría, el siempre intento tentar a los dioses con sus delirios de poder. _
Anton recuerda la primera vez que vio a aquel tritón, la juventud parecía estar en ambos. Ambos eran unos niños y el mar parecía separarlos con recelo. Algo en su pecho exploto y se vio envuelto en una mirada de hiel. Que no se esperaba volver a ver, en el cautiverio de su embarcación. Bajo los maltratos de su padre y el acoso de la tripulación. Arriesgo su honor por cuidarle, no pudo evitar arriesgar incluso su vida por él. Humano o no, era su primer amor.
Paso su tiempo velando por él, dándole el alimento necesario. Escucharlo hablar, era casi un milagro del cielo. Hasta que se volvió habitual, algo natural estar a su lado. Sintió que su corazón se rompía, cuando lo vio llorar aquella vital lagrima. Una lagrima de esperanza, de vida eterna entre los mortales. Ofreciéndosela con el pecho lleno, de sentimientos que no sabía si se merecía. Tendiéndole una tela de dudas, de a quien seguir.
_Al final el entendió el curso de la vida, pero de una manera muy cruel. No creo que el haya querido hacerte esto, solo quería salvarte la vida mi señor. Lamento que el mar lo haya arrastrado, no poder controlar la furia de los demás tritones. Ellos solo querían protegerme, así como tu padre lo hizo contigo. _ Wonbin leyó el dolor en aquellos ojos.
_ ¿Porque todo tenía que ser tan trágico? _Anton sintió sus ojos arder. _ ¿Por qué la desgracia asedia así nuestros corazones? _
_Por la misma razón por la que los mortales, no deberían acercarse a seres como nosotros. _ Wonbin acaricio el rostro de Anton, colando así un beso en sus labios. _ Por la misma razón por la que nuestro amor, es completamente prohibido ante la vida. _ Wonbin recito tal credo.
_Este amor es una maldición. _ Anton se le quedo mirando a Wonbin. _ Uno que se siente como una bendición. _ Anton confeso a corazón abierto. _ Cuando estamos solo nosotros dos. _
_Vivimos en un dejavu. _ Wonbin musito.
Era un círculo vicioso lo que tenían.
Anton abrazo a aquel ser entre sus brazos, casi cubriendo su semblante. Era un hombre fornido y de buena altura. Wonbin seguía impresionándole, lo mucho que había crecido aquel débil muchacho. El cómo lo tomaba por las noches, durmiendo plácidamente en su pecho. Era su lugar seguro y nadie podía decirle que aquello era incorrecto. Vivirían en ese secreto divino y abrazaría para siempre ese puñal. Sin importar cuanto ambos, traicionaban a sus castas.
_Un dejavu en el que, no puedo dejar de amarte. Esas ganas de protegerte cariño, sin importar el castigo. No puedo ni se alejarme de este destino, porque me he vuelto completamente adicto a tu ser. _Anton arrullo.
Wonbin remeció en un cantico de voces. _Ya suelta el puñal en tu contra, ya deja el pasado atrás. Los dos somos sobrevivientes, de lo que se nos enseñó a destruir. Ninguno de los dos tuvo la culpa, de intentar destruir a otro. Al final el destino es sabio y supo las maneras de hacernos saber nuestro lugar. De mi contigo, de ti conmigo. Te amo mi señor, te amo hasta la infinidad. _
Wonbin había dicho aquella frase contra boca, de boca a boca con su señor. Arremolinando sus largos cabellos negros, mientras besaba con ansias. La luna era joven y ambos estarían ahí por días. Fingiendo de día, volviendo en la noche. Wonbin no deseaba otra cosa, que aquellas caricias, repasando lo que había dejado sin hacer. Había intenciones, que serían consumadas hasta quedar cenizas. Quería quemarse con Anton, le encantaba ese calor en su cuerpo.
_Móntame de una vez. _ Acato Anton sobre su boca. _Ya deja de jugar con mi juicio así. _
Wonbin asintió con el silencio de su desnudez próxima y el contacto inmediato de sus cuerpos. De cómo se deshacía de las telas, bajo el espejo de acciones de Anton. Quien no escatimaba en atraerlo hasta el, una vez se daba la ausencia de la ropa. Wonbin se dejó llevar, se dejó también traer. Escalando por sobre el cuerpo desnudo, acariciando el miembro que retozaba en estímulos. Anton jadeaba por sobre su boca, extasiado en el contacto.
Movió su mano a lo largo de la extendió, que sintió alzarse en el agarre. Jugueteo con esta bajo la mirad febril del capitán, quien acariciaba sus caderas con ganas de más. Wonbin aprovechaba el contacto de la base de sus pollas, para soltar rienda al deseo previo. El movimiento tenia a Anton de codos, simulando estocadas y echando su cabeza hacia atrás en gusto puro. Lo tenía justo como debía, cuando propicio encajarse en la extensión por fin.
_ ¡Mmm! _ Wonbin gimió ante el nuevo estimulo. _Si. _Dijo ya quedito en un ahogo.
La preparación estaba ahí, Anton no había solo dejado sus manos en sus caderas. Este había llenado la boca de Wonbin con dos de sus dígitos, empujándolos hasta bañarlos en saliva. Wonbin se dejó hacer, mientras la moción seguía en sus manos. Sus caderas moviéndose, muchas cosas dándose. Cabeceando contra esos dedos, hasta que su moción se descontrolo. Se fue a garganta profunda, hasta que escupió la saliva que había acumulado por sobre los dígitos.
_Déjame prepararte cariño. _ Anton rogo.
Wonbin solo sintió como sus caderas eran manipuladas y su agarre se destrozó junto con la moción. Ahora solo era Anton complaciéndole, deslizando esos dígitos por sus nalgas. Lo sentó contra los dígitos, mientras movía en el espacio de su regazo. Wonbin se quedó en el aire recibiendo los dígitos, arraigado de brazos en el cuello de su señor. Dándose de sentones por inercia, hasta darse el justo de enterrarse dos dígitos. Lo hizo sin darse cuenta, ganándose una nalgada.
Wonbin siseo violento. _ ¡Ah! _ Mordió sus labios sonrosados. _Vuelve a hacer eso._
_ ¿Disculpa? _ Anton le miro tal depredador.
_Vuelve a darme otra. _ Wonbin dijo en un desespero. _ Mi señor, te lo pido. _
Anton lo giro con gracia, acomodándolo en su regazo. Wonbin se sintió expuesto, podía casi percibir como le quemaba esa mirada. Lo estaba masajeando brusco, apretando de a tantos. Le dio una certera nalgada, pinchándole delicioso. Tembló del gusto y por la expectativa de más. Wonbin jadeo cuando el calor, le paso hasta su polla. Nunca tenía suficiente, de su lado humano.
_ ¡Ah! ¡Que rico! _ Wonbin se comió un grito gutural. _Por Poseidón._ Wonbin mordió su labio inferior por inercia.
Anton rio vicioso. _Hoy te vas a sentir muy cerca de él, prometo ir bien profundo en ti esta noche. Como el mar mismo cariño, sé que no tienes un maldito sacio. _ Anton gruño sádico.
Volvió a nalguearle una vez más, hasta que le siguió otra vez más. Wonbin perdió la cuenta, de cómo su culo era aporreado, por esas grandes manos. Se iba a correr ahí mismo, a punta de nalgadas. La idea pasando por su mente, hizo que su polla se curvara. En expectativa de la siguiente nalgada, temblando desesperado por el jugueteo. Su polla goteaba, entre las piernas de Anton. El sudor le corría en la frente, sus cabellos pegados a esta. Labios resecos, de tanto relamerse.
_ ¡Ay! ¡Mmm! Mi señor, me voy a correr. _Wonbin lloriqueo. _ Por favor. _
Wonbin ni siquiera sabía que quería exactamente.
_Y vas a ver como eso pasa cariño. _ Anton sonrió todo dientes.
Anton no escatimo en hacerle una llave bonita, girándolo con ese listón de músculos en el cuello. Wonbin se sofocó contra los bíceps, vio su semblante contra el espejo de la cabaña y se sorprendió de ver su cuerpo desnudo de piernas abiertas. Sentado en el regazo de su señor, quien tenía sus manos en él. Dio una caricia amena a su miembro, masajeándolo, haciendo sus bolas saltar. Chocado delicioso contra sus palmas, haciéndolo gemir como un desgraciado. Ronco contra el cuello de Anton, casi probando el salado de su virilidad.
Anton dejo el miembro empinado en el aire, ridículo contra el espejo. Viéndolo necesitado, lo ignoro por completo. Volviendo a apegar sus dígitos en la boca de Wonbin, en busca de más lubricación. Como si ya no tuviese suficiente, del desastre de fluidos previos de Wonbin. Le llevo los dedos a la boca, haciéndolo probarse a sí mismo. Wonbin chupo con ansias, asediado de la sal de du esencia.
_Eres tan delicioso. _ Anton arrullo para Wonbin.
_Mas. _ Wonbin se dejó hacer.
Anton volvió a meter los dígitos a la boca, haciéndolo gaguear con dos grandes encajándose en su garganta. Wonbin gimoteo tratando de conservar el aire, que de repente les faltaba a sus pulmones. Se sentía vil esa sensación, de estar a punto de perder la respiración. Estaba volviéndose adicto a ella y a la constancia de la persona de la cual la recibía. Chupo los dígitos antes de que saliesen de su boca, desordenados en saliva que goteaba. Sabia a donde irían, podía sentir su entrada palpitar en expectativa.
_Abre bien los ojos, quiero que veas el desastre. Hoy vas a ser mío, de maneras inimaginables. _
Wonbin abrió los ojos, pero por la intromisión de los dígitos. El ajuste de su entrada y la sensación de caos en su pecho. Se sentía caliente, se sentía lleno de estamina. La primera estocada de esos dedos, lo llevo directo a las estrellas. Sintiendo un corrientoso que viajo a lo largo de su pene. Lo vio retumbar entre la poca luz de la habitación y el como el espejo seguía ahí mostrándole todo. Su cara desecha y la mano venosa de su señor en su polla. Dándole el amor que lo derretía y lo hacía retorcerse contra su virilidad.
_Mi señor. _ Wonbin se ajito. _ Tócame más. _
_Tu lado humano lo está disfrutando. _ Anton tentó mientras lo guiaba.
_No pares. _ Wonbin rogo. _Más fuerte. _ Rogo desgraciado. _Mi señor. _
Se quebró más de una vez, con aquel nombre entre sus labios. Mientras veía como su polla goteaba en presura y los dedos tocaban ese punto dulce. Anton tijereo dentro de su ser tantas veces, que perdió la cuenta de cómo iba aquello. Solo sabía que se iba a correr, correrse muy pronto. Retorciéndose contra los músculos, sintiendo la polla de Anton tentando sus nalgas.
Se mecía sin querer y también queriendo. Lo escucho gruñir y el caliente entre sus nalgas. Wonbin termino también corriéndose en líneas blancas, frente a sus propios ojos. En un quejido angustioso, pero que lo despojo de cualquier vergüenza. Cuando vio su estómago, pintado en líneas blancas. Al igual que el espejo, no sabía cómo había llegado aquello ahí.Tampoco como Anton lo había girado y se había puesto entre sus piernas. Lo odiaba de repente, por no tener calma alguna.
_ ¿Vas a acabar conmigo esta noche? _ Wonbin regaño.
_Puedes encajarme las uñas si quieres vengarte. _ Anton juro.
Besándole aprovechando su sensibilidad, rozando sus entrepiernas. Podía sentir el húmedo en Anton, evidenciando que se había corrido en silencio. En la imagen del espejo y el momento compartido. Los besos que se daban, solo estaban dando paso a que sucediera de nuevo. Anton frotaba su hombría contra la de Wonbin, haciendo que este buscase más contacto aún. Era una pelea de ver quien se sobre estimulaba más, antes de lograr esa nueva erección.
_ ¿Te corriste con solo verme? _ Wonbin sonrió coqueto ante Anton.
_Me he corrido solo pensándote. _ Anton confeso.
Wonbin relamió sus labios ansioso. _Estás loco. _
_Por ti. _ Anton confeso.
Anton lamio los labios entreabiertos, sumisos ante él. Termino tentando la entrada con malicia, ganándose un beso desganado de parte de Wonbin. Este abrió la boca, cuando este chupo su labio inferior mañoso. Se concentró en como su entrada cedía de a poco, hasta que entro el glande. Siseo divino ante aquello, mirando fijo a Anton. Ojos vidriosos de placer, como nunca antes. Anton beso su frente, después de introducirse completo. Llenando su rostro de besos, mientras se ajustaba. Wonbin solo quería que se moviese, que lo hiciese olvidar aquel dolor inicial. Lo clavase contra la cama, que lo llenase.
Ajusto sus brazos en aquella espalda, cuando se dio la primera estocada. Cerrando sus ojos, ante el placer extraño. Que se esparció por su cuerpo, a medida que se daban las estocadas. Cada vez más fuertes, cada vez más constantes. Haciéndolo rodar los ojos y clavar sus uñas en los omoplatos. Ajustarlas en los brazos, rallando largas líneas. Llevarlas al cuello, sin saber más que solo sostenerse de manera agresiva. Gruño con cada golpe da carnes, sintiendo justo en ese punto dulce. Abriendo sus piernas de mas, para sentir la extensión a gusto. Temblaban sus piernas, cosquilleaba su abdomen.
_Totalmente mío. _ Anton soltó. _ Quiero devorarte por completo. _
Wonbin sintió como llevaba sus piernas hasta las caderas y de daba más duro contra ellas. Mientras les comía el cuello a besos y susurraba cosas que ya no podía ni escuchar bien. Verbos innecesarios y propuestas de amor indecentes. Tenía en mente lo bien que lo llenaba y lo bien que se sentía como estaba a punto de llegar. Sobre todo, cuando elevo sus piernas hasta sus hombros y solo se dejó dar sin más, que sostenerse duro.Lo tenía justo donde debía, completamente bajo su merced.
_Hazme tuyo, solo tuyo. _ Wonbin dijo asediado. _ Quiero ser tuyo, de ti. _
_Solo mío, tan esquicito. _Anton mordió. _ Tan apretado, tan mío. _
Con la espalda hecha un desastre, pero poseyéndolo como siempre. Mordiendo por doquier, lamiendo a gusto contra la piel. Bajo de constancia de estocadas a una precisión bruta. Casi animal, de ambas partes. En el que la habitación, se resumió en golpe de cuerpos. Gruñidos guturales y gemidos descarados. Wonbin se tentó divino en uno de esos gemidos, dándole paso a ese apretón que descontrolo las estocadas de Anton.
Haciendo que se corriese, de una manera extasían-te. Wonbin lo tomo bien, bajo el desastre de su semilla llenándole. La imagen mantuvo en un trance a Anton, quien no escatimo en ir a por aquella polla. Dando una probada, que solo desencadeno otra. Tomando mientras daba esa estimulación, que hacía temblar a Wonbin al borde del orgasmo.
_Estoy temblando como un condenado. _ Wonbin confeso.
_Quiero ver cómo te corres por tercera vez esta noche. _ Anton pidió.
Wonbin maldijo entre dientes, viéndole hacerle. _Abre la boca bien entonces, quiero que me la comas toda. _
_Te la voy a chupar hasta que te tiemblen las piernas. _ Anton amenazo.
Probo a gusto aquella polla, vicioso contra la piel suave.La glande con su color característico, que prometía una corrida próxima. Le dio de lamidas con calma, frente a la mirada oscura de Wonbin. La boca entreabierta, diciendo estupideces cachondas. Hasta que lo volvió lloriqueos, un cuerpo que solo sabía temblar. Ante la estimulación constante, que no sabía cuándo parar.
Wonbin se dejó hacer entre gemidos, dejando ir de a líneas su semilla. Cuando Anton dio garganta profunda, y apretó sus bolas casi ordeñándolo. Anton adoro el cómo seguía arrancándole hasta la última lección a este, cuando sintió el descaro de Wonbin. Este le enterró su polla en la boca, jugueteando hasta volverlo un desastre de fluidos. Anton lamio hasta que esta se volvió flácida, hasta que la última gota salió. Estimulante a la vista, a su libido descarado.
Wonbin despierta al amanecer, con los rayos de luz en la cara. Tenía que irse, tenían que irse. Se siente como algo extraño, pues siempre en el mar, se busca la luz fuera de las profundidades. En la tierra la luz llega a ti, tal como ha llegado la persona que duerme a su lado. Tiene a Anton con medio cuerpo encima de él, pero ya está acostumbrado a su apego. Ve sus heridas de espalda frescas, el las porta con orgullo. Tiende a ser más necesitado de contacto de lo que debería, para haber sido criado por un montón de piratas sin corazón. Anton es cálido, es un cachorro en busca de amor.
Lo ve dormir plácidamente y no concibe la idea de volver a traicionarlo. Inclusos si su grupo aun lo saca en conversación, sabe que la tripulación de Anton puede que diga lo mismo. Mas no es solo su embrujo hacia Anton, sino lo que este significa en su vida. Es esa libertad que hoy en día tiene y la conexión que la lagrima crea en ambos. No hay manera de negar eso, que los une de por vida.
_Déjame curarte antes de partir. _ Wonbin mira fijo. _ Temo que la sal del mar las afecte. _
Lleva batallando con su propuesta de curarlas, pero Anton vuelve a atraparlo para seguir durmiendo. Este no le parece soltarle la cintura o no dormir con sus dígitos arremolinados entre sus cabellos. Ese masaje constante, parece tenerlo ronroneando por más. Wonbin se queda en ello, pero de todos modos quiere insistir. La espalda de Anton, está hecha un boceto de deseo y pasión consumadas. Debe dejar de actuar así, pero admite que es agradable ver cómo ha sido poseído.
_Me gusta así. _ Anton confiesa adormecido. _Me gusta ser tuyo. _
Anton le responde con un beso en la frente, pasando por otro en la nariz. Luego hacia sus labios y por último en su barbilla. Vuelve a ahogarlo entre sus brazos, pero Wonbin ya ha aprendido a nadar entre ellos. En el amor que le dan y la calidez que desde el día uno le brindan. Puede que vengan de mundos enemigos, pero esa inmortalidad los vuelve casi iguales. Puede que su próximo encuentro tome un tiempo, pero vale totalmente la pena. El tiempo les ha dado la razón, la conexión de la vida.