El Precio De Estar Vivos

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Summary

--- Sinopsis: Cuando Ana es empujada al mar por un extraño Hombre Lobo, nunca imaginó que despertaría en un mundo donde la magia dicta cada aspecto de la vida y donde su salvador es un príncipe licántropo con más arrogancia que sentido común. Convertida en su sanadora legendaria, Ana debe aprender a dominar poderes inimaginables mientras descubre secretos que podrían cambiar el destino de toda la humanidad y de las criaturas mágicas que habitan el continente. Entre intrigas de reyes, nobles y razas míticas, Ana y el príncipe Leopold se embarcan en una misión que desafía las fronteras de la magia, la lealtad y el sacrificio. Pero ¿será suficiente su ingenio y poder para salvar un mundo al borde del colapso, o terminarán las vidas y los lazos más importantes destruidos por la plaga que amenaza a todos? ---

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

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PRÓLOGO — “Mi vida era perfecta… hasta que no”

Si alguien me hubiera dicho hace unos años que mi vida terminaría convertida en una tragicomedia cósmica, me habría reído.

Yo tenía todo bajo control. O bueno… creía tenerlo.

Mi vida, aunque empezara en un orfanato, no era una historia triste. Al contrario: vivía mejor que el 80% de los adultos funcionales. Tres comidas al día, dormitorios limpios, wifi rápido, dispositivos nuevos cada cierto tiempo, ropa buena y hasta fiestas por nuestros cumpleaños. Más que un orfanato, aquello parecía un hotel patrocinado por una abuela millonaria con complejo de culpa.

Excepto que no era una abuela. Era un director.

Y tampoco era millonario por medios legales.

Pero vayamos por partes.

Yo crecí pensando que mi vida era más o menos normal dentro de lo que cabe: estudiar, sacar buenas notas, preparar mi camino para ser una gran cardióloga, comer rico, dormir bien y ser una huérfana de lujo. El director nos repetía constantemente:

> “Mis niños, ustedes no vivirán lo que yo viví. Yo pondré lo que haga falta para que tengan un futuro digno.”

Y lo hacía.

De verdad lo hacía.

Nos financiaba carreras de lo que fuera: medicina, locución, danza, actuación, psicología, arte, contabilidad… Si lo decías convencido, él sacaba la billetera como si fuera Santa Claus con diabetes y estrés laboral.

Durante años pensé que era un santo.

Luego descubrimos que era un santo…

pero del crimen organizado.

A los veinticuatro, el orfanato fue clausurado.

Y no por goteras, precisamente.

Lavado de dinero.

Tráfico de narcóticos.

Fondos congelados.

Adiós apoyo económico, adiós beca, adiós carrera.

Y yo ahí, con mis veinticinco años recién estrenados, mirando mi vida desaparecer como si alguien hubiera borrado mi archivo guardado en una partida.

No tenía casa.

No tenía estudios.

No tenía estabilidad.

Tenía, eso sí, un título no oficial en “Sobrevivir a la vida con dignidad dudosa”.

Un día, agotada, derrotada y con un currículum tan inútil como una sombrilla en un huracán, acabé frente al mar. Estaba cansada, emocionalmente rota, y sentía que respirar era un deporte olímpico.

No voy a mentir: pensé lo peor.

Pensé en rendirme.

Pero entonces recordé las palabras del director antes de morir:

> “Vive como quieras… no dejes que otros decidan por ti.

Los errores no te definen, Ana.

Tú decide tu camino.”

Respiré.

Me limpié las lágrimas.

Me dije a mí misma que todavía podía cambiar mi vida, que quizá no todo estaba perdido.

Y justo en ese momento, justo cuando la vida me estaba dando un pequeño rayo de esperanza…

PUM.

Un empujón en la espalda.

No un empujoncito.

No un roce accidental.

NO.

UN EMPUJÓN CONSISTENTE, PLENAMENTE INTENCIONAL, DE ESOS QUE TE MANDAN AL OTRO MUNDO.

Sentí el aire salírseme del pecho y el agua tragarse mis pensamientos. Mientras me hundía, solo me dio tiempo a articular la frase más clara, honesta y visceral de mi existencia:

> Hijo de la vrg. 🖕🏻

Si la vida ya era increíblemente absurda… ese empujón fue la confirmación de que el universo tiene sentido del humor.

Uno malo, por cierto.

No sabía quién me había empujado.

No sabía por qué.

No sabía nada.

Solo sabía que mi historia, esa historia tan mía, tan de desgracia cómica, acababa de volverse mucho, mucho peor.

Y todavía no tenía idea de que el responsable era un príncipe furro idiota que juraba que era mi salvador.

Pero esa parte viene después.

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