Lo que quedó de nosotros

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Summary

Recién casada y con la ilusión de comenzar un nuevo capítulo, Amelia se enfrenta a la sorpresa más inesperada: su exnovio, Leonardo, es ahora su jefe. Lo que alguna vez fue amor se convirtió en heridas abiertas, recuerdos que no terminan de cerrar y promesas rotas que todavía duelen. Entre órdenes de trabajo, encuentros inesperados y una tensión que parece imposible de ignorar, Amelia se ve atrapada entre la estabilidad de su vida actual y los fantasmas de un amor que nunca terminó de irse. ¿Puede un corazón recién entregado resistirse a los ecos de un pasado que aún duele? Una historia de pasiones inconclusas, decisiones imposibles y la lucha entre lo que debemos y lo que deseamos.

Genre
Drama
Author
Ale Estrada
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Te presento a tu jefe

Despierto y la cama está vacía. El lado de Santiago aún conserva su aroma, ese olor tibio y familiar que me hace sentir en casa. Miro el reloj del buró: apenas son las siete. Respiro hondo. Hoy es el día. Mi entrevista en E-Electronics.

Entro a la ducha y dejo que el agua caliente resbale por mi piel, intentando que se lleve también los nervios. Necesito ese empleo más de lo que quiero admitir. Después de la boda y de todos los gastos de la nueva casa, no pude seguir en mi trabajo anterior; el sueldo apenas alcanzaba para sobrevivir. Así que envié currículums por todas partes, y finalmente… esta entrevista llegó como un milagro.

Al salir de la ducha, voy directo al vestidor. Elijo un pantalón de vestir negro, una t-shirt básica del mismo color y un blazer gris. Nada demasiado formal, pero elegante. Me pongo zapatos bajos —no quiero tropezar de los nervios—; me maquillo apenas lo suficiente para resaltar mis ojos y aliso mi cabello largo y negro hasta dejarlo perfectamente liso, cayendo como una cortina hasta la mitad de mi espalda.

Cuando bajo a la cocina, Santiago ya está ahí, preparando el desayuno.

—Buenos días, corazón —me dice sin apartar la vista del sartén—. ¿Cómo amaneciste?

—Bien, aunque dormí poco… estoy nerviosa. Este empleo podría cambiarlo todo.

Él sonríe apenas, con ese gesto tranquilo que siempre logra calmarme.

—Princesa, eres capaz de esto y de mucho más. Anda, siéntate. Come algo antes de irte. No puedes pasar tanto tiempo sin desayunar.

Me siento en el comedor y apenas puedo pasar dos bocados por el nudo que siento en el estómago. Si no lo consigo, me volveré una carga económica para Santiago, y aunque sé que jamás lo menciona, es algo que pesa.

—Gracias por el desayuno, amor. Estuvo delicioso. Te ayudo con los platos y me voy.

—Ni lo pienses —dice, quitándome los platos de las manos—. Hoy debes dar la mejor impresión. Yo me encargo de esto. Corre, o el tráfico te va a atrapar.

Santiago siempre ha sido así: paciente, amoroso, atento. Un año de casados y aún me mira como si fuéramos novios.

—Entonces me voy —le digo acercándome a él.

—No me agradezcas, mi amor. Te mereces todo. —Me rodea la cintura y me da un beso largo, lento, de esos que me roban el aire—. Vete ya, o juro que no te dejo salir.

Río ante su comentario, tomo mis llaves y camino hacia la puerta. Antes de salir, me giro y le lanzo un beso al aire; él me lo devuelve desde la cocina, con esa sonrisa que me derrite.

Conduzco hasta el edificio que me indicó Recursos Humanos. El guardia en la caseta me entrega un gafete de visitante y me deja pasar. Antes de bajar del coche, cierro los ojos unos segundos, intentando ordenar mi mente. Puedes hacerlo, Amelia.

El edificio se alza imponente frente a mí, con sus paredes de cristal y sus diez pisos relucientes bajo el sol de la mañana. Entro. La puerta automática se abre con un suave sonido y me recibe una ráfaga de aire frío.

—Buen día, tengo cita con la licenciada Aracely Manríquez —le digo a la recepcionista, una chica rubia y bajita que apenas asoma detrás del alto mostrador negro.

—La licenciada está en una junta, pero me pidió que te hiciera pasar a su oficina en lo que termina. Quinto piso, tercera puerta a la derecha.

Le agradezco con una sonrisa y tomo el elevador. El sonido del motor se mezcla con mis pensamientos mientras subo. Cuando llego, la oficina está vacía, así que entro y me siento.

Cinco minutos después, escucho el taconeo firme de unos zapatos sobre el mármol.

—Amelia, buenos días. Perdona la demora —dice Aracely al entrar, con una sonrisa amable—. Mi jefe necesitaba hablar conmigo justo sobre la vacante por la que vienes. Pero bueno, comencemos.

La entrevista transcurre entre preguntas, respuestas y nervios. Luego vienen los exámenes médicos, los psicométricos… y cuando por fin regreso, ya han pasado más de dos horas.

—Listo, Amelia. Has pasado todas las pruebas —dice Aracely, revisando unos papeles—. Solo falta la entrevista con el jefe, pero tuvo que salir. Regresa en una hora. ¿Te molesta esperar?

—No, claro que no. Puedo quedarme aquí afuera —respondo con una sonrisa, aunque por dentro estoy agotada. —Perfecto, le diré a mi secretaria que te lleve algo de beber mientras esperas a Leonardo.

¿Leonardo?

Siento cómo la sangre se me escapa del rostro. Me dirijo a la sala de espera, trato de concentrarme en mi teléfono. Santiago me ha escrito un mensaje: “Suerte, mi amor. Te amo.” Lo leo varias veces, intentando que su calma se me contagie.

El nombre de Leonardo me sigue dando vueltas en la cabeza. No puede ser, me digo a mí misma intentando calmar mis nervios. La espera se hace eterna. Trato de concentrarme en otras cosas, pero no lo logro. Si mi jefe fuera él… prácticamente tendría que renunciar antes de empezar.

Una hora después, la secretaria de Aracely me avisa:

—Puedes subir al décimo piso. El señor Leonardo Espinoza te espera.

No… El corazón me late tan fuerte que apenas escucho mis propios pasos. Subo en el elevador con las manos heladas. Cuando se abren las puertas, el pasillo parece más largo de lo normal. Camino hasta la última oficina y toco.

—Adelante —dice una voz profunda al otro lado.

Giro la manija.

Un hombre de espaldas, las manos en los bolsillos de un traje impecable. Su cabello negro y rizado, perfectamente acomodado. Mi respiración se corta.

Es él.

—Bu… buenos días —balbuceo, maldiciendo mis nervios.

Él se gira y, por un instante, el tiempo se detiene. Sus ojos me encuentran, esa mirada profunda que lograba desarmarme. Él se queda inmóvil.

—¿Qué haces aquí? —pregunta con la voz tensa.

—¿No leíste mi nombre en el currículum? —respondo, intentando sonar serena.

—Creo que es evidente por mi reacción que no.

Nos miramos, atrapados en un silencio espeso, cargado de recuerdos que ninguno se atreve a nombrar.

—Siéntate, por favor. Voy a imprimir tu currículum para empezar —dice, rompiendo la tensión.

—Aquí traigo uno impreso, si te sirve.

Sonríe, apenas un gesto.

Cuando le entrego la carpeta, nuestros dedos se rozan y yo siento que una descarga recorre todo mi cuerpo. Aunque él parece no notarlo.

—Perfecto. Empecemos, entonces.

La entrevista dura unos treinta minutos que se sienten eternos. Tiene su vista clavada en el documento que le entregué; apenas me mira en momentos fugaces. Hace las preguntas, pero no indaga más allá de lo necesario. Finalmente, asiente.

—Amelia, estás preparada para el puesto. Haré que Recursos Humanos te envíe al área legal para firmar tu contrato.

Marca un número en el teléfono y llama a Aracely.

Yo espero sentada en esa silla donde me siento minúscula; su presencia invade todo el espacio y yo no sé qué hacer o decir. Él, por su parte, parece que va a decir algo, pero abre la boca y las palabras no salen.

Por un momento nuestras miradas chocan y se mantienen ahí, cargadas de recuerdos, de palabras no dichas y de una tensión que jamás se rompió entre nosotros. Ahora él luce más mayor. Han pasado siete años desde la última vez que lo vi. Creí que todo lo que yo sentía había quedado enterrado hace años, pero es un hombre que me mueve solo con respirar.

Cinco minutos después, Aracely entra en la oficina.

—Amelia, acompáñame, por favor. Vamos al área legal a que firmes tu contrato. Y muchas felicidades —dice con una sonrisa—. Te presento a tu nuevo jefe.

Yo solo atino a mirar a Leonardo…

Mi ex.

El hombre que más amé.

Y el que más me rompió.