Selena: La Mujer Veloz de Toledo

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Summary

En la hermosa ciudad de Toledo, España, vive Selena Martínez, una joven con autismo de alto funcionamiento que tiene el poder de la súper velocidad, en compañía de Fiona, su lince ibérica de gran tamaño y fuerza. Juntas, son heroínas que buscan proteger la ciudad de los criminales, pero no tendrán que cuidar solo a los civiles inocentes, sino también a cuatro amigos que buscan volverse los más grandes héroes del mundo, pero realmente les hace falta práctica y ayuda.

Genre
Action
Author
J_Garrido
Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I: La Mujer Veloz de Toledo

Era un sábado normal en la ciudad de Toledo, España, a mediados de mayo del año 2145, una época en la que, después de un accidente ocurrido hace 100 años, en el Siglo XXI, todas las especies vivientes en el planeta Tierra evolucionaron a su siguiente nivel. Es decir, ahora algunas personas nacen con poderes sobrehumanos y los animales se hicieron todavía más longevos y capaces de crecer y desarrollarse todavía más. Fue bastante difícil adaptarse a esos nuevos cambios en las capacidades humanas y hubo gran confusión y caos de por medio, pero ahora, en este mundo que busca preservar su paz, existen personas que usan sus poderes para defender a los inocentes y luchar contra el mal sin importar qué. Personas conocidas como superhéroes, habiendo una en especial bastante buena pese a ser apenas una novata.

Ese mismo día, la heroína en cuestión iba a recibir una visita del Sr. Iglesias de Servicios Sociales, quien iba acompañado por la Srta. Gómez, una mujer que apenas había sido contratada. Ambos se dirigieron a una casa que estaba a las afueras de la ciudad, bastante cerca del bosque, y ahí el profesional le contó a la nueva cómo proceder.

—Srta. Gómez, sé que este será tu primer curro, pero os aconsejo que tengáis bastante cuidado. Esta chica tiene 16 años de edad, por más que parezca aparentar más que eso, y está diagnosticada con autismo, así que puede que no interaccione con vos de la misma forma que otros. No te extrañes por su actuar tan peculiar y, por lo que más quieras, no te asustes al ver a su gatita Fiona.

—¿Gatita? Oh, por favor —espetó la novata—. Sr. Iglesias, yo no les temo a los gatos, son los animales más bonitos que existen en el mundo. Cuando la vea, no dudaré ni un segundo en acariciarla.

—Sí, claro que sí lo harás. Créeme —le replicó.

Luego de decir eso, el Sr. Iglesias se dirigió a la puerta y la tocó tres veces para que le abrieran. No tuvo que esperar más de 3 segundos y medio cuando vino a abrirle la dueña de la propiedad, una joven bastante alta y atlética, más bien musculosa, de piel bronceada, pelo extremadamente largo y sedoso lila y ojos violetas, vestida con una camiseta turquesa con detalles azules, una manga deportiva negra en su brazo, pantalones ajustados de tela flexible morados, calcetines blancos y zapatos rojos con negro. Al verlo ahí, la chica sonrió y le dijo: —Buenos días, Sr. Iglesias. Sabía que vendría. Siempre llega aquí a las 6:57 a.m. y con un compañero además, aunque veo que esta vez es nueva. Como sea, deben estar sintiendo sus niveles de energía bajos por haber tenido que despertarse tan temprano, así que les preparé café. ¿Quieren? —preguntó y ambos asintieron con la cabeza antes de pasar.

La casa de esa chica la verdad no era muy grande. Solamente contaba con un baño, un cobertizo, una cocina con alacena, un cuarto de lavandería, una sala de estar con un televisor y una repisa llena de libros, una puerta que llevaba al patio trasero y dos habitaciones, una que era la suya y otra que era para los huéspedes. La joven en cuestión vivía sola debido a la pérdida de sus padres cuando apenas era una niña y a no tener a más parientes que se hicieran cargo de ella. Era por eso que los Servicios Sociales la visitaban para asegurarse de que estuviera bien.

Revisando los papeles que su superior le había entregado, la Srta. Gómez le preguntó: —Vos te llamas Selena Martínez, ¿no es así?

—Así es, Señorita…

—Gómez.

—Sí, Srta. Gómez. Soy Selena Diana Martínez Herrera, tengo 16 años de edad, mi altura es de 1,85 m y mi peso es de 83 kg. Peso bastante saludable, ¿no? Y volví a medirme y pesarme anoche para asegurarme de no estar equivocada. Lo hago una vez al mes, ¿sabes? —dijo la pelimorada, llamada Selena, sorprendiéndola, ya que había dado información bastante específica, y no había terminado, ya que añadió—. Y sí, claro que tengo un superpoder. El de la Velocidad. Puedo correr súper rápido y también aumentar o disminuir la velocidad de cualquier objeto que toque. Es bastante eficiente dependiendo de la situación.

—Ah, pues gracias por explicarle eso, querida —le dijo el Sr. Iglesias mientras se tomaba su café—. Ahora, ¿qué tal si mejor pasamos a los que vinimos? Selena, dinos por favor, ¿qué tal se encuentra tu inventario de alimentos para ti y tu gatita Fiona?

—Se encuentra mejor que nunca, Sr. Iglesias —respondió con una sonrisa antes de guiarlos a la cocina y abrir la dispensa para mostrar la existencia de carnes, cereales, vegetales y productos lácteos—. Está al 97 % de su capacidad. Y también pagué hace 6 días los servicios de electricidad, agua y gas. El dinero que nos da el estado para subsistir no está para despilfarrarlo en tonterías, ¿o sí? Y también me va excelentemente en los estudios. Me esforcé por no bajar mis calificaciones más de uno o dos puntos. El Instituto Cervantes es realmente más exigente que la primaria y la secundaria.

—Puedo confirmar que es horrible —admitió la Srta. Gómez con pena antes de preguntarle—. ¿Y dónde está tu gatita Fiona, por cierto? El Sr. Iglesias me dijo que tienes una minina viviendo con vos, una que de seguro os ayuda a sobrellevar tantas cargas. ¿Me la podrías presentar, por favor? Tengo muchas ganas de acariciar un animalito.

—¿De verdad? Está bien. Supongo que puedes verla. Fiona es más sociable y amistosa que yo, así que realmente te gustará su presencia.

Luego de decir eso, Selena sacó una campana de su bolsillo y la tocó suavemente, lo que provocó que, desde afuera, se escucharan unas pisadas muy fuertes, lo que alertó a la Srta. Gómez, pero no al Sr. Iglesias, quien ya sabía lo que se venía. A través de la puerta al patio que estaba entreabierta, entró una lince ibérica con un tamaño y fuerza extremadamente grandes y un pelaje bastante lindo y esponjoso. La felina se frotó suavemente contra la pelimorada, su humana, quien se arrodilló para acariciarla, y luego fue con la de Servicios Sociales, quien se sobresaltó y se subió a la mesa, aterrada.

—¡Ah! ¡Una lince! ¡Una lince gigante! —exclamó asustada—. ¡Señor, ¿por qué no me dijiste que esta niña tenía una mascota tan peligrosa?! ¡¿Por qué?!

—Claro que sí te dije, Srta. Gómez —le replicó su superior antes de terminarse el café—. Esa que ves ahí es Fiona, la gatita de Selena. Aunque no lo creas, es todo, menos peligrosa. Es de hecho la lince más tierna y amigable que jamás he conocido, y la única en realidad.

—Así es. Mi amada Fiona mide 1,56 m hasta la cruz y pesa 26 kg, algo demasiado grande para un lince ibérico normal, ya que los he estudiado, pero saludable para uno que sea de su tamaño —explicó la autista, pese a que nadie se lo pidió—. La razón por la que es tan grande y fuerte, según todos, es porque la crie con mucho amor y cuidados, los cuales le pude ofrecer debido a que es la única familia que tengo. Triste, pero cierto.

—Así como también es cierto que ustedes dos son un excelente dúo de heroínas —comentó el Sr. Iglesias con una sonrisa—. La chica veloz y su poderosa felina ibérica. Pese a llevar apenas 3 años en esto y seguir en la secundaria, cada vez ganan una mejor reputación, pateándoles el culo a los criminales y salvando a los civiles que estén en peligro.

—Gracias por mencionarlo. Fiona y yo entrenamos desde muy pequeñas en el uso de nuestros respectivos poderes y ahora somos unas heroínas bastante eficientes y efectivas, con un promedio de misiones exitosas del 92 %, mucho mayor al de mis otros compañeros de clases, especialmente de un grupo de 4 chicos que realmente son malos para esto y solo quieren que me les una para resolverles los problemas más de lo que ya lo hago —se quejó la pelimorada—. No diré nombres para no ser grosera, pero eso realmente me hace enfadar.

—Sí, sé que es molesto, pero solo intenta llenarte de paciencia, ¿sí? Es lo mejor que puedes hacer. Ahora, respecto a tu gatita, ¿todavía tienes sus documentos correspondientes?

—Obviamente —Selena fue a su cuarto y volvió con unos papeles que estaban grapados para entregárselos a los de Servicios Sociales—. Aquí se encuentran los papeles de adopción de Fiona, junto con sus registros veterinarios y mi permiso de tenencia de animales exóticos. Al igual que lo de medir mi altura y peso, saco copias de estos una vez al mes y también los tengo encriptados en un servidor externo. Así que, si intentáis quitármela de mi lado, seréis ladrones de mascotas.

Al oír eso, la Srta. Gómez se ofendió e iba a recriminarle por andar hablando mal de su trabajo, pero el Sr. Iglesias no le dejó, ya que debían mantener el profesionalismo, y le dijo a Selena: —Bueno, supongo que todo sigue en orden. Selena Martínez, ¿a la misma hora la próxima semana?

—Sí, señor. Los estaremos esperando —contestó ella con una sonrisa.

En eso, antes de que se marcharan de la casa, Fiona se frotó contra la Srta. Gómez, asustándola, pero la pelimorada le dijo: —Esa es una señal de que le agradas. No dudes en volver a visitarnos ni tampoco en acariciarla. Descuida, ella no muerde y la experiencia realmente os va a encantar.

—Ah, está bien. Como tú digas —contestó la novata—. Chao, nos vemos. Pórtense bien, ¿sí? —y ella y su superior procedieron a retirarse, dejándolas solas en la casa.

Aprovechando que finalmente estaba libre, Selena, quien había hecho toda su tarea el día anterior, pensó en si debería sentarse a leer uno de los nuevos libros que tenía o jugar con su lince Fiona, viendo que sus juguetes estaban bien dispuestos en la mesa de la sala, pero lamentablemente no tuvo tiempo para decidir, ya que, en su teléfono, sonó una alerta de un incendio que estaba sucediendo en una floristería cercana al Museo de El Greco. Había en total 31 personas atrapadas y las llamas consumirían todo en 12 minutos con 43 segundos, así que debían darse prisa, pues los bomberos no lograrían llegar a tiempo.

—Bueno, mi gatita. El deber nos llama —la autista acarició suavemente a su lince para compartir con ella su velocidad y le preguntó—. ¿Lista para enfrentar al crimen?

La felina peluda y esponjosa emitió un maullido fuerte que era una respuesta afirmativa y las dos procedieron a correr a una velocidad de 140 km/h para llegar a tiempo al establecimiento de flores, el cual estaba ardiendo y cayéndose a pedazos. Una vez ahí, ambas procedieron con el plan que habían trazado en el camino. Fiona se puso frente a los transeúntes y les gruñó para que no intentaran acercarse y ponerse en peligro y su humana Selena, aprovechando que podía ser más rápida que las llamas, procedió a sacar a los que estaban atrapados ahí, teniendo especial cuidado con 7 de ellos que eran niños.

Ella tenía una enorme debilidad por ellos, así que lo primero que hizo antes de llevárselos con ella fue calmarlos y decirles que todo estaría bien, que abandonarían las llamas y el calor pronto, como si fuera una madre tranquilizando a sus hijos asustados.

Una vez todos estuvieron fuera del recinto y a salvo, pasó un rato antes de que los bomberos, entre los cuales estaba uno con poderes de efervescencia, llegaran para controlar las llamas. Selena y Fiona, sintiendo que su trabajo ya estaba hecho, estaban por retirarse, pero fueron detenidas por una de las niñas, quien abrazó la pierna de la pelimorada y le dijo con una sonrisa: —Gracias por salvarme.

Correspondiendo a su sonrisa, la autista respondió: —¿Qué más podía hacer? Es mi trabajo como heroína. Bueno, mi gatita y yo ya tenemos que irnos a casa. Solo trata de no entrar a algún lugar en llamas la próxima vez que nos veamos, ¿sí?

Luego de decir eso, la niña soltó a Selena, despidiéndose con la mano, y ella y su lince Fiona procedieron a retirarse de allí, siendo observadas por cuatro personas desde detrás de un callejón, quienes querían algo de ellas.

Ese era un sábado normal para Selena Martínez y su gatita Fiona. Si bien las alertas de crimen eran una violación a su rutina, ella estaba dispuesta a responderlas y enfrentarlas de la forma más eficiente posible, ya que ella amaba esa ciudad de Toledo y ella y su compañera de vida iban a protegerla sin importar qué.