Capítulo 15
El ambiente se había vuelto una completa fiesta, las personas bailaban y bebían cervezas mientras los niños jugaban por todas partes. Las luces colgantes iluminaban todo el patio dando un aspecto bastante vintage.
A lo lejos podia ver a Jin besándose con Namjoon aunque trate de negar que en realidad si le causa mariposas en el estómago. La bruja mayor se divierte mientras reparte bocadillos, los trabajadores se encargan de la seguridad del lugar y que todo fluya de manera divertida.
Es simplemente perfecto.
O lo era, antes de ver a esa mujer muy cerca de Jungkook, vamos no era sólo la cercanía, era su mano en su pecho mientras reía, la manera tan descarada en la que vestía y que Jungkook no la alejaba de él. Estaba todo mal.
Respiro hondo, trató de no enojarme y miro a las caballerizas que ya están cerradas para la exhibición. Sin embargo, la figura de Mingyu abriendo las puertas de madera mientras mira a su alrededor, me pone en alerta. Dejo el botellón de agua a un lado y camino sigilosamente hacia el lugar.
Hoy es el día libre de todos, Mingyu se había encargado de transportar a las personas, no había estado en la hacienda en casi todo el día. Por lo tanto, ingreso a la caballeriza de manera sigilosa, para mi mala suerte y extrañes no parece haber nadie, la puerta de salida está levemente abierta y cuando camino hacia ella escucho los pasos de alguien ingresando al lugar.
—¿Qué haces aquí muñequito? — Lo miro, en sus manos tiene un tarro de cerveza y me mira intrigante.
—Vine por caramelito, quizás tenga hambre.
—Fueron alimentados ya. — Camina pasando por mi lado hacia el compartimiento de mi dulce chico dormitando. —Ves, me encargue de ello.
Asiento admirando un poco a caramelito y me doy la vuelta para irme una vez soy consciente de que estamos solos en un lugar grande y silencioso.
—Yoongi.
Demonios.
—¿Qué?— Lo miro por encima de mi hombro, él sonríe y deja el tarro ya vacío en el suelo para estirar su mano hacia mi.
—Ven aquí.— Me doy la vuelta, tomo su mano y él tira de mí hasta dejarme apretado en sus brazos.—¿Por qué lo seguiste?
—¿Disculpa?
—A Mingyu, lo seguiste hasta aquí ¿Por qué?
Su tono me causa escalofríos, ese ápice de poder con el susurro roto que podría ser capaz de erizar a cualquier ser humano. Cierro los ojos sintiendo como sus manos se deslizan por la curva de mi espalda y terminan abarcando todo mi trasero.
—Me pareció extraña su actitud. — Lleva sus labios a mi cuello y empieza una tortuosa sesión de besos lentos por toda mi piel expuesta. —Los ataques a caramelito me han dejado en alerta... Oh Dios.
Ríe, siento su aliento tibio en mi cuello y sus manos aprietan la carne de mi trasero.
—Hay cámaras muñequito, en todas partes ¿Ya lo olvidaste?
Abro mis ojos y soy consciente de ese detalle, miro hacia arriba y noto una a metros de distancia. Toda la calentura se me baja y me siento avergonzado casi al instante.
—Que horror.
El ríe, me toma por las nalgas obligandome a enredar las piernas en su cadera, empieza a repartir besos por mi clavícula y yo me aferro a sus hombros. Caminamos por todo el lugar hasta la salida, el aire nocturno nos azota, pero eso no importa, me deja sobre un meson de cemento fuera de la caballeriza y toma mi mandíbula besandome con ansias.
No pasó desapercibido que el lugar está solo, alejado del festival y un poco oscuro. Eso solo me prende aun más.
—No hay cámaras aquí, es un punto ciego. — Dice entre mis labios y todo mi cuerpo vibra ante ello. Lo tomo por el cuello y tiro de él besandolo, sus manos van a mi cintura, me pega contra su cuerpo y ambos colisionamos, una mezcla de lujuria, con el fuego incandescente que siempre ha estado en medio de los dos. —Muero por profanar ese cuerpo divino que tienes.
Y no se que es peor, que él lo diga con demasiado descaro o que yo he llevado mis manos a la camisa de botones desabrochando la misma para que mi piel pueda ser besada, tocada y lamida por el robusto hombre. Me quita el chaleco y el sombrero, me baja del mesón y frente a él empieza a besarme nuevamente.
Sus manos fuertes van al botón de mi pantalón, lo desabrocha y sonríe cuando ve en el desastre que me ha convertido. Besa mi cuello y desciende por todo mi torso, lame mis pezones y muerde mi abdomen pasando la lengua por mi ombligo hasta llegar a mi pubis. Dejo caer la cabeza hacia atras y siento como abre mi pantalón bajandolo de mi cintura, el aire frío azota mi miembro erecto, pero pronto es reemplazado por la calidez de su boca. Su lengua experta lame toda la piel de mi pubis y luego baja a mi miembro lamiendo todo el líquido pre sememinal que ha salido. Gimo y aprieto los bordes del mesón detrás de mi.
—No pares kook.
Llevo una mano a su cabello lacio y lo aprieto contra mi sexo dejándolo ir hasta su garganta, gimo alto y el libera mi miembro mirandome desde abajo. Sus grandes ojos oscuros me consumen y me prenden de una manera que no puedo descifrar, es demasiado para mí. Entonces lleva sus manos a mis caderas y me da vuelta, sus palmas se estrellan contra mis nalgas, las amasa y luego las abre devorandome por completo.
Abro la boca en busca de aire, el hombre es un morboso, puedo escuchar los sonidos de las succiones contra mi entrada, la manera en la que gruñe como un animal sediento bebiendo su néctar favorito, sus manos abriendome más para él y me inclino dejando mi pecho pegado al mesón. Gimo, miro las luces a lo lejos borrosas gracias a las lágrimas que se acumulan en mis ojos por el placer, siento sus labios separarse de mi entrada y sus dígitos juegan alrededor de ella. Mis uñas se clavan en el duro cemento, no puedo respirar por tanta bruma, estoy a un nivel desbordante de placer.
Me ingresa un dedo mientras sigue lamiendo y aprieto mis ojos derramando lágrimas. Un dedo más y ya no puedo controlar los gemidos de mi boca y cuando el tercero llega no puedo controlar el orgasmo que llega con espasmos.
Siento como se aleja, no saca sus dedos de mi mientras yo me sacudo violentamente contra el mesón. Su mano libre va a mi cintura y me acaricia la piel con sus dedos.
—Eres tan dulce y fresa por fuera, como por dentro. Podría volverme un adicto. —Lo miro por encima de mi hombro, su cara llena de saliva, sudado y con esa sonrisa lasciva. —¿Estas llorando barbie? ¿Te hice llorar precioso?
No puedo responder, mi garganta esta seca, mi corazón late demasiado rápido, todo mi cuerpo está palpitando.
—B-astardo.
Pasa la lengua por sus labios, quita sus manos de mí y las lleva a su grueso cinturón, puedo morir de la emoción, mi corazón parece querer salir de mi pecho. Tomo aire y miro el momento exacto donde saca su miembro duro y rojizo.
Escupe y con su mano se llena completo de su propia saliva.
—Dime algo muñequito.—Lo miro, él se masturba lentamente mientras acerca su ereccion a mi cuello expuesto. —¿Quieres ser papá ahora?
—Dios ¿Qué dices? Maldito imprudente.
—Necesitaba saber hasta donde llegar. — Es lo último que dice antes de presionar su punta contra mi y dejarla ir lentamente en mi interior. Mi espalda se arqueada y gimo fuerte cerrando los ojos.
No tengo sexo desde hace meses y empezar nuevamente con un hombre grande no es algo inteligente de mi parte. Pero me siento increíblemente lleno.
Lo saca y entra nuevamente haciendome balbucear, lleva su mano a mi cabello y presiona mi cara contra el material duro del mesón. Mi vista queda fija a metros de distancia, su velocidad aumenta chocando fuerte contra mis nalgas, el cosquilleo aumenta, él gime y me folla sin parar, las lágrimas se deslizan por mis mejillas y mi boca se abre dejando salir gemidos y palabras incoherentes.
No puedo procesarlo todo, pero cuando enfoco mi vista veo a la biologa asomarse, sus ojos se abren y mira como mi hombre me folla como bestia hambrienta, fija sus orbes en mí y yo le sonrio.
Estoy sudado, mi cabello se pega a mi frente, me duele el culo y me preparo para un segundo orgasmo, pero todo esta bien, porque ella sabe que no puede intentarlo más con él y yo he descubierto la fuente de un placer que no cederá tan pronto.
Soy yo quien ha ganado.








