Y tú sabías lo que era

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Summary

Y tú sabías lo que era es una novela romántica con comedia sobre Andrómeda, una chica cansada de vivir en piloto automático. Después de una pesadilla que la deja pensando de más, decide sacudir su vida con la ayuda de sus mejores amigos. Entre planes improvisados, errores, risas y decisiones impulsivas, su mejor amigo empieza a tomar un lugar que ella no esperaba… o que siempre estuvo ahí. Una historia sobre el amor que confunde, la amistad que sostiene y ese momento en el que te das cuenta de que ya no quieres seguir igual.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Contemplo la escena frente a mí, esto se siente correcto.

Estoy en un parque, un libro en las manos. El clima es exactamente como debería ser en todas las partes del mundo. Es un día soleado pero la brisa te ayuda a combatir con las olas de calor. Mi hermanito menor está practicando su deporte favorito con mi mejor amigo. Los dos ríen, gritan y celebran. Él le ayuda a mi hermano con un tiro y anotan una canasta. Él lo carga para celebrar y dan vueltas. Cuánto quisiera tener una cámara para poder captar momentos como estos, mi hermanito de verdad se ve feliz. Me acerco para poder apreciar su felicidad más fácil, todo esto se siente tan correcto, tan natural, tan poético, tan…

Mi hermano y mejor amigo estallan a carcajadas mientras me acaricio la cabeza donde el balón me golpeó con demasiada fuerza. Mis ojos lagrimean, pero no quiero demostrar que me dolió y bastante.

“¿Quién fue?” Gritar me produce un dolor de cabeza, maldigo internamente. Ellos se señalan mutuamente al mismo tiempo, “Cobardes.”

Mateo, mi hermanito, le pasa el balón a mi mejor amigo y sale corriendo hacia mí con rostro preocupado, como si no se hubiera muerto de risa de lo sucedido hace menos de 20 segundos. De todas maneras, su pequeño rostro preocupado hace que lo quiera perdonar de cualquier cosa, “¿Estas bien?”

“Estoy bien, Mat. Gracias por preocuparte, no como otros.” Lo último lo grito para que él me escuche. Y lo hace, porque veo una pequeña sonrisa en sus labios mientras sigue encestando el balón.

Bueno, por un momento se sintió correcto, pero era solo una idea. Lo correcto es que el hombre del que yo estuviera enamorada esté jugando con mi hermanito en lugar de mi pedorro mejor amigo. Lo correcto igual seria que mi novio estuviera aquí, celebrando con mi hermanito las canastas que él lo ayudó a anotar y que si algún balón me golpeaba él dejara todo y se acercara a preguntarme si estoy bien y se hubiera acercado a acariciar mi rostro. Que me hiciera sentir amada y me demostrara que valora y adora una parte muy importante de mi esencia: mi hermano.

Pero no. Eso no pasó y no pasará, al menos no en un futuro cercano. Estos pensamientos me ponen de mal humor, es como un ciclo vicioso. El amor para mí está en todas partes y junto a este, la amargura. Ahora ya solo tengo cara de mierda mientras los veo jugar. Ya no quiero seguir leyendo, porque spoiler alert, lo más seguro es que la protagonista se dé cuenta que su rival académico en realidad siempre ha estado completamente enamorado de ella y que ella no lo odia ni un poquito, se enamoren, casen y tengan hijos en un lapso de 2 años. No necesito más mentiras ahorita… tal vez al rato sí, así que pongo mi separador con cuidado en mi libro y lo guardo en mi mochila.

“¡Andy! Ya me cansé.” Mi hermano me grita como si no estuviera a dos metros de distancia de él, lo miro bien y está totalmente empapado de sudor, me rio.

“Vamos ya a la casa, necesitas bañarte.”

“Si te enfermas, niño. Andy me lo va a estar restregando por días”, Mateo se ríe y cambia el tema para contarle su última hazaña en Mario Kart, mi mejor amigo escucha atento. Él siente mi mirada y cuando voltea a verme dice con sus labios: “Yo sí le caigo bien.”

Pongo los ojos en blanco. Sigo con mi camino fingiendo que ese comentario inocente —que sé que era broma— no me ha provocado una pulsada de dolor en mi corazón. Estoy consciente que soy una buena hermana, bueno, al menos es lo que intento. La universidad me atormenta y mi trabajo en la tarde me demanda tiempo y energía, entonces, cuando llego cansada a la casa y mi hermano me quiere hablar acerca de su nuevo mundo en Roblox, no puedo evitar distraerme con cualquier cosa por la falta de sueño.

Creo que a veces si se da cuenta que le doy el avión, pero de verdad espero que sepa que no lo hago con intención. Tiene 10 años, no es tan ingenuo para no notar que casi no estoy en la casa y duermo 5 horas diarias. Quiero aclarar que, sí lo escucho y sí estoy ahí para él, un… ¿40%? del tiempo. Creo que mucho tiempo igual lo compensa Teddy. Mi mejor amigo es una extensión más de la familia, siempre que puede o que lo necesitamos o él quiere está en nuestra casa. Lo cual son casi los siete días de la semana.

A veces los analizo, como por ejemplo en este momento, y me doy cuenta de que Teddy y Mat se entienden de una manera que me aterra nunca poder descifrar. Me aterra nunca ser suficiente para Mat.

Ya no más pensamientos oscuros por hoy, por favor.

Cuando llegamos a mi casa noto que la televisión de la sala está prendida y las ventanas abiertas. De repente un golpe de calor inunda mi cuerpo y se reúne en mi rostro, que pena. Mi madre está viendo mi serie favorita y se puede ver con gran totalidad todo lo que se muestra en la televisión. Cualquiera que pase por aquí puede ver el contenido de mi programa favorito que no es necesariamente PG-13.

“Mamá, ya llegamos”, grito mientras abro la reja. Un aviso por si hay alguna escena que unos niños de 10 y 20 años no puedan ver.

Mat al cruzar la entrada de la puerta corre directamente hacia mi madre. La televisión ahora está apagada. Mat está contándole lo que hicieron él y Teddy, pero luego: “Y de repente se me fue el balón y An- y Andy…”

No puede parar de reír mientras quiere contar la historia. Lo bueno es que estaba preocupado por mí.

“Me dieron un golpe bien horrible, mamá y lo único que hicieron fue reírse”, ahora los tres se están riendo y yo solo estoy tiesa en mi lugar. Al menos los estoy entreteniendo.

“Mat, no te rías de la constante mala suerte de tu hermana”, Mat le quiere decir algo, pero mamá lo corta. “Es hora de bañarse, vamos, vamos.”

No puedo no escuchar sus risitas disimuladas mientras suben las escaleras y los susurros de mi hermano diciendo: “Teo me dijo, tremenda cabezota que tiene…”

No logro escuchar el resto de la oración, solo la carcajada de mi madre. Volteo para fulminar con mi mirada a mi mejor amigo, pero él no está detrás de mí. Voy a la cocina y lo encuentro. Esta inspeccionando, como usualmente lo hace, mi refrigerador.

“Hice agua de Jamaica, ¿quieres un vaso?”, le digo mientras tomo un vaso del closet. Volteo y Teddy tiene una mueca de desagrado en su rostro. “¿Qué?”

“¿Pero si le pusiste azúcar esta vez?”

“¿Sabes qué? Olvídalo”, yo me sirvo un vaso de mi agua de Jamaica con el perfecto monto de azúcar y no una bomba de azúcar que es lo que les gusta a Teddy y a Mat. “¿Y tengo una cabezota? ¿En serio, Teddy?”

Teddy solo me sonríe y me ve con ese pequeño brillo en los ojos que siempre tiene. Es como ver a los ojos a un niño feliz, Teddy tiene veinte años y sigue teniendo la misma alma y… actitud de un niño de 10 años.

Voy a la sala de estar y prendo la televisión. Necesito un poco de confort. Reproduzco nuestra sitcom favorita —de Teddy y mía—, y desde la intro siento como mi cuerpo se relaja. Escucho los pasos acelerados de Teddy y como tira su cuerpo en el sillón a lado mío, en la mano tiene un vaso lleno de agua de Jamaica. Me le quedo viendo, él sonríe, pero sin apartar la vista del televisor.

En este episodio Jake Peralta y Amy Santiago están pasando un momento de lo más romántico, Jake se irá del precinto para irse de encubierto, pero antes le declara su amor a Amy. Ella ya tiene pareja, pero con todo y eso, Jake siente necesario expresar lo que siente para librarse de esos deseos y ver si tiene alguna oportunidad. Que pinche romántico.

“Que pinche estrés”, dice Teddy.

Creo que él no lo percibe igual. Solo me queda poner mis ojos en blanco. Hombres.

La última escena del episodio nos deja riendo por un buen tiempo —como si no hubiéramos visto la serie unas 4 veces— y la temporada ha acabado.

“Creo que ahora sí, ya me retiraré.”

“Creo que mi mamá ya acostó a Mat, perdón que no bajara a despedirse.”

“Ah sí, no importa. Lo veré mañana.”

“¿Mañana vendrás?” no lo pregunto en un tono incrédulo, creo que me sale más como lástima.

Teddy se encoge de hombros y ve hacia el suelo. “Ya me avisaron que no podrán regresar mañana, creo que se quedarán 2 días más.”

“Okey,” veo como se levanta y se dirige a la puerta, con su expresión de hombre duro que no tiene sentimientos. Te digo, es como un niño. Quiere pretender que no le molesta nada, que él es cool, pero por dentro se está guardando un berrinche.

“Recógenos a las 12, hay que ir al super. Mat tiene antojo de albóndigas, creo que mañana será tu día de suerte.”

Eso hace que una pequeña sonrisa se asome en su rostro y el brillo en sus ojos regrese. Es-un-niño-pequeñito.

“Ya estás,” no hay un adiós, no hay un nos vemos mañana. ¿Por qué los hombres no se despiden? ¿Creen que se contagiaran de algo? ¿Será un trauma que les dejó la pandemia?

Abro la puerta y le grito: “¡Teddy!” Siempre hay una expresión diferente en su rostro cuando llamo su nombre. Creo que es porque soy la única que le dice Teddy.

Su verdadero nombre es Teodoro Alexandro Izar Gallegos, la mayoría le dice Teo. Su madre le dice Teodo y su padre Alex. Cuando le pregunté si le podía decir Teddy a las dos semanas de conocernos, él me dijo que no. Mi momento Jo March se esfumó, pero fui necia. Al final, se acostumbró al nombre solo con la condición de que no podía dejar que nadie más le dijera así. Que era humillante. “No, a la 1, no a las 12:30, a las 12 en punto. Mañana entro a las 3 y no puedo llegar tarde otra vez.”

“Claro que sí, jefa.”

Lo más cerca de un adiós es cuando se voltea y me hace un saludo militar antes de cerrar la reja y caminar hacia su coche.

Lo veo alejarse, un poco de lástima y enojo inundan mi estómago. ¿Se pueden sentir sentimientos dentro de un órgano?

Teddy se ocupa estando en la universidad, él no trabaja. No podría. Su carrera le pide literalmente todo su tiempo libre después de clases. Y es gracias a eso que ya no siente tanta diferencia cuando sus padres están en casa o no. Los dos trabajan en una importante firma de abogados, siempre están o trabajando hasta muy tarde encerrados en su oficina, haciendo viajes de negocios o… saliendo con sus amigos, porque se merecen un break o yéndose de viaje en pareja, porque su relación de pareja debe mantenerse atractiva.

Y Teddy, bien gracias. Él dice que no es importante, pero es hombre. Nunca admitiría sus sentimientos. Pero yo sí, yo sí admito mis sentimientos y admito que me cagan sus padres. Pero ya tenemos una rutina, Teddy viene a nuestra casa después de la universidad y se queda en la tarde con Mat cuando mi mamá y yo estamos en el trabajo. Le digo mamá luchona de vez en cuando, creo que prefiere ese apodo que Teddy.

Sí me enojo por la falta de consideración de sus padres, pero a veces pienso que nuestra relación no sería lo mismo sin eso. Tal vez eso me vuelve egoísta, pero tenerlo constantemente en mi vida es algo muy importante, algo que no estaría dispuesta a soltar.

Sé lo que es perder a una figura constante en tu vida y no quiero que se repita.