Vincent "The bloody" Anders
Gareth
Después de mi ultima pelea mi vida dio un cambio tan brutal, que ahora Daven me acompañaba a todas partes, y bueno, no es que la idea me disguste, para nada, pase nueve meses en el vientre de mi madre junto a él.
Pero a la mierda, esto era totalmente diferente.
Era como mi niñera.
Una puta niñera.
Me acompañaba al entrenamiento después de la academia, “para evitar problemas” dijo papá después del último altercado con News MMA Houston.
Problemas que me había buscado después de ese mal golpe, y dios, lo tenia jodidamente claro.
Si solo hubiese dado el golpe con menos intensidad, Dany estaría bien…
Me dolía el solo recuerdo, me partía el alma saber que le había arruinado la vida.
La mirada de su madre en el hospital fue lo que termino de derrumbarme totalmente, el llanto desconsolado de la mujer mientras me gritaba.
Gire el rostro para ver por la ventana del consultorio de Susana.
El sol a esta hora en Houston es una mierda.
—¿Quieres hablar hoy? —La suavidad de su voz me relajaba lo suficiente como para bajar mis muros un poco.
Volví el rostro a ella, se acomodó la rubia melena detrás de la oreja mientras se ponía cómoda en su asiento.
—¿Cambiaste de aromatizante? —vi los palillos rojos que salían del pequeño frasquito que estaba en su escritorio.
La pared del fondo era color azul profundo, mate, adornada con una repisa flotante, con un par de guantes de MMA.
El resto, un color arena claro.
Las estanterías de roble están repletas de libros, y un par de fotos con algunos deportistas conocidos eran exhibidas en su escritorio, mas al costado de la pequeña sala de estar.
—Cereza. —Una sonrisilla tiro de sus labios.
—Odio la cereza. —Me eche hacia atrás contra el respaldo del sofá, llevando mis manos a la parte trasera de mi cabeza.
—¿Qué olor te gustaría?
—Lo que sea… —Tome aire. —Solo no me gusta este olor. —Lleve la vista a la enorme pared de cristal a nuestro costado, la vista era increíble. —Me recuerda a ella. —Mi voz salió apenas en un susurro, sentía el nudo formándose en mi garganta.
Recline la cabeza para ver el techo, los ojos ya comenzaban a picarme, los cerré y de inmediato las imágenes de esa noche pasaron una y otra vez.
—¿A Dayane?
—Me odia… —Mordí mi labio inferior cuando sentí que mi voz comenzaba a temblar. —Yo me odiaría si alguien le hiciera eso a mi hijo.
—Fue un accidente, Vinc…
—¡Uno que se pudo evitar! —Me erguí de inmediato, sintiendo como mis emociones comenzaban a burbujear dentro de mi. —¡Vi su puta postura! —Me puse de pie sin pensarlo mucho y comencé a caminar de un lado a otro. —¡Algo me decía que tenia que cambiar la técnica! —Me detuve frente a ella, con la respiración agitada, me pase la mano por el cabello. —Lo presentía… —Mi voz se rompió.
—No eres ningún adivino, Vincent. —Me lanzo la pelota antiestrés que había estado machacando la semana pasada. —Ambos, al comenzar en ese deporte estaban consientes de los riesgos que…
—Solo tiene diecisiete —El nudo en la garganta me impidió hablar con claridad.
—Diecisiete putos años, Susan.
—Tú también, te estas castigando por algo que hiciste sin intensión alguna.
—¡Yo importo pura mierda ahora! —Eche la cabeza hacia atrás mientras tapaba mis ojos para evitar el llanto. —¿Haz escuchado lo que dicen? —Baje la mirada para verla, sentía el rostro caliente, instintivamente lleve mis manos a mi rostro para limpiar las lagrimas.
—Importas, Vincent, a tus padres, amigos, a tu hermano… a mi…
—Tú no cuentas, te pagan para que te importe. —Una risita seca se me escapo. Intentaba, de alguna forma, distraerme, hacer que el llanto parara.
—Eso era al inicio, Gareth. —Me sonrió. —Eres un muchacho maravilloso, disciplinado, increíblemente inteligente y un poco obsesivo… pero esa es tu chispa.
—Las lagrimas volvieron a aflorar en mis ojos. —Tienes un futuro increíble, Vincent. Abre bien los ojos y no dejes que los demás lo arruinen. —Me señalo el sofá con el rostro, y sin pensarlo mucho volví a sentarme. —Las personas hablan solo porque tienen boca… nada mas… y hablan aun mas cuando el protagonista es alguien con un futuro tan brillante, que les causa envidia. —Me lanzo un Kiss dorado de chocolate. —Son como polillas, tratan de empaparse de la calidez y brillo que generas…
—No creo ser muy cálido —Rei un poco, llevando el chocolate a mi boca.
—No es lo que piensan las personas que te conocen.
—¿Crees que algún día me perdone?
—¿Dayane?
—Dany… —Baje la vista a mis manos.
—¿No lo has visitado?
—La ultima vez que lo intente su madre me corrió… Después Daven me llevo por pizza y cerveza a Peter’s. —Una sonrisa tiro de mis labios con el puro recuerdo.
—¿Bebiste? —Dijo divertida. Odiaba beber, te ponía estúpido, todo se sentía suave y amanecías con una resaca de puta madre, además de que no iba bien con mi dieta. —Podrías intentarlo una vez mas.
—¿Beber o visitar a Dany?
—Ambos —Sonrió divertida. —Las cosas en exceso son malas… en tu caso el exceso de disciplina que manejas, tomate un par de horas, sal con tus amigos, coman… —Meneo las cejas. —Una hamburguesa con extra queso y cerveza podrían ayudarte.
—La dieta…
—La dieta no importa mucho ahora, porque se que no tienes peleas pronto. —Me sonrío victoriosa. —¿Te veré la próxima semana a la misma hora? —Se puso de pie para caminar a su escritorio.
—Me encantaría decirle que no… —Sali del consultorio para ver la melena rubia platinada de Daven en la sala de espera; el color resaltaba de forma inmediata contra el tono azul profundo de las paredes, estaba recostado contra el respaldo del sofá, mientras hojeaba sin parar la revista que tenia en las manos.
—Nos vemos, Mel.
—Hasta la próxima semana, Vincent. —La morena me sonrió con amabilidad antes de volver su atención al computador, mientras caminaba a Daven podía escuchar el teclado sonar sin parar.
Justo en el momento en el que Daven estuvo a mi alcance le di un puntapié, alzo la vista de inmediato y sonrió, esa enorme sonrisa que parecía nunca desaparecer.
—Un “Hola, Daven, el mas guapo e increíble de los dos, gracias por pasar por mi y llevarme a mi entrenamiento”… —La malísima imitación de mi voz me hizo sonreír sin esfuerzo.
—Creí que estarías en el entrenamiento.
—Comencé a caminar al ascensor, sabiendo que ya venia detrás de mi.
—Le dije a Callaghan que te acompañaría al gimnasio esta tarde.
—No necesito que vengas… —Dije apenas en un murmuro, distraído, viendo el color de las paredes del pasillo, los ventanales que daban al exterior, y las plantas decorativas.
Me sentía tan fuera de lugar haciendo todo esto.
Me sentía como una maldita figura de colección dentro de un paquete, mi padre insistiendo en acompañarme cuando esta libre, mi madre obligándome a pasar tiempo con ella en el taller y Daven sacrificando su tiempo en esto.
No necesitaba terapia, en lo absoluto.
Sabia que había sido un imbécil, se que lo soy y se que posiblemente seguiré siéndolo. Pero, ¿saben que?, me estoy esforzando, carajo, a mi ritmo, no pretendo lanzarme de un maldito edificio, solo quiero mi espacio, mi tiempo para procesar todo.
Quizás uno o dos meses mas antes de tomar el valor suficiente para visitar a Dany.
—La cosa es que quería venir. —Dijo entrando al ascensor detrás de mi. —Ayer Thomson me tacleo tan mal, que me duele el tobillo, Vince, tengo que cuidarlo, ¿sabes?. —Suspiro y esa sonrisita de siempre desapareció. —Te esta jodiendo mas de lo que debería…—tomo aire. —Hable con Dany hace unos días. —Mi corazón se detuvo, sentí la sangre caer al piso, fije los ojos en los de él. —Dice que no le contestas y que espera que sepas que seguirás siendo su rival, Vinc. También dice que te apiades de él y te alejes de Harper. —Una sonrisilla volvió a tirar de sus labios. —Espera que vayas a verlo pronto. —La campanita del ascensor nos devolvió al momento.
—Harper no me gusta. —sonreí apenas, recordando como en el gimnasio me hablaba de ella mientras los ojos le brillaban como cachorro a punto de ser alimentado.
El viaje al gimnasio fue silencioso, para mi sorpresa Daven se había mantenido callado la mayor parte del trayecto, claro, hasta que llegamos a una de las calles que conectaban con el NRG Stadium.
justo en una de las calles había un inmenso tráiler con la leyenda "Redwood Ranch" , un chico de piel tostada y melena castaña estaba debajo, hablando por un radio mientras movía la mano.
En verdad era enorme, el conductor debía tener una habilidad magistral para conducir como para que aun no haya golpeado algo.
Con el sol de la tarde cayendo con fuerza sobre el techo de los autos, los claxon no se hicieron esperar.
—¿Pero que mierda? —Daven bajo la ventanilla, con el entrecejo fruncido saco la cabeza por la ventana.
—Vuelve adentro, baboso. —Lo jale del brazo sin mucha fuerza, después de la sesión con Susan estaba agotado mentalmente.
Daven se paso el cabello por la melena, echándoselo hacia atrás.
—¡¿Te va a tomar mucho?! —El chico frunció el entrecejo cuando se giro para verlo.
—¡Mas si sigues jodiendo! —No pude evitar sonreír al ver la expresión de ofensa en el rostro de Daven.
—¡¿Sabes quien es mi hermano, imbécil?!
—¡Me importa un carajo si tu hermano es DeMeco Ryans o la reina de Inglaterra!
Daven se giro para verme, aparentemente ofendido. —¿Puedes creerlo?
—Te lo estas buscando, Dav —No pude evitar reír, volvió a sacar la cabeza por la ventanilla.
—¡Pues para que lo sepas, idiota, puede bajar del auto y romperte el culo de una y mil formas diferentes!
El muchacho se subió las mangas. —¡Pues que venga y lo intente!
—¡Es Vincent "The bloody Anders", Amigo!
—¡Tú y tu hermano pueden besarme el culo, pendejo!
Después de la discusión de Daven con aquel muchacho fuimos directo al gimnasio, Mark estuvo parloteando sin parar sobre que eso no había sido mi culpa, que había estado perfecto y mas mierda como esa, pero, para ser honesto, no le preste atención.
Estaba centrado en el dolor en mis nudillos cada vez que golpeaban el saco.
Mi mente estaba en una especie de bucle, uno infinito. Uno que sabes que puedes quitar, pero que estas seguro de dejar porque así aprendes, aprendes a no ser un idiota arriba del octágono, a pensar antes de golpear…
Así no olvidas.
Nada.
El crujir de su espalda.
La inmovilidad de su cuerpo.
Su mirada confundida.
Y el llanto de su madre que me seguía día y noche sin parar.
Y para terminar de joder, los noticieros deportivos habían estado detrás de mi desde ese día, me esperaban fuera de la academia, fuera del gimnasio.
Me seguían a todas partes esperando arrancar un pedazo de la noticia del mes. “Joven luchador le jode la vida a su rival” buenísimo para titulares.