Chapter 1
El sonido de los pasos sobre el pasillo se hizo notorio. Mantenía la mano en la correa de la mochila, mirando un poco el lugar mientras recordaba las palabras de alguien en su mente. Al llegar, mantuvo aquella hoja en la mano y con la otra tocó la puerta con leve fuerza, haciendo que la voz de la persona que estaba dentro se detuviera.
—Supongo que solo será por poco tiempo —suspiró, cerrando los ojos para así tocar la puerta.
El sonido de aquel toque llamó la atención de la profesora, quien hizo una breve pausa y se acercó a la puerta, cerrando su libro de texto. —¿Qué raro? —dijo la profesora, acercándose al pomo para girarlo.
—¿Cuál es tu asunto? —preguntó, algo curiosa pero con un tono leve de seriedad. Notó que aquella persona era un chico de unos 18 años, algo delgado, con cabello oscuro y algo largo. Su mirada se mantuvo inexpresiva, pero se desvió al ver detrás de la maestra hacia los demás alumnos.
—Ah... perdón pero.... —Antes de poder completar su frase, la maestra tomó su hoja y la leyó con algo de rapidez. —Oh, ya veo. Es raro pero... bueno, ya que —dijo, doblando la hoja. Dio media vuelta y caminó a su escritorio. —Entra y preséntate con los demás.
Al tomar asiento, se cruzó de brazos y dejó su libro junto con la hoja del chico nuevo. Al entrar, este avanzó con paso normal: lo miraron con curiosidad y se preguntaron ¿quién era él? Al avanzar, se puso casi en medio y suspiró un poco al mirar a los demás.
—Soy Gaél Thorne y me mudé apenas una semana con mi padre —dijo sin problemas. De ahí hubo un silencio algo corto, pero se sintió largo.
—Simple y directo al punto, vaya chico —dijo, aplaudiendo, seguido de los demás. En eso tomó su bolígrafo. —Hay un lugar libre al lado de la ventana, junto a Emma.
Él miró en aquella dirección, fijándose en la chica. Asintió sin más y caminó al lugar libre. Al avanzar entre las filas, seguía sintiendo las miradas, pero aun así solo se sentó, abriendo su mochila y dejando sobre el pupitre su libreta.
Aquella joven lo miró durante su presentación y notó lo descuidado y algo callado
—"¿Qué es esto que se siente?" —pensó.
La clase avanzó. Él mostró una mirada fría, pero aun así, en algunas ocasiones levantó la mano y acertó en las respuestas. Al final de la clase, la maestra tomó sus cosas, pero antes de salir:
—¡Hey, chico nuevo! Pasa a mi cubículo —le dijo—. Aún debes saber sobre el temario. Adiós.
Y con eso, salió del salón.
Gaél suspiró suavemente, cerrando su libreta y guardándola en la mochila. Los demás alumnos empezaban a salir del salón, charlando y riéndose, pero él se quedó un momento, mirando la puerta por donde se había ido la maestra —su mirada fría ahora tenía un toque de precaución. Emma lo miró de reojo antes de levantarse no dijo nada, pero su mirada era algo curiosa.
Al fin, él se puso de pie y caminó hacia el pasillo. Recordaba haber visto el cubículo de la "maestra Acacia" al llegar: estaba al final, con una pequeña placa que decía su nombre falso. Pero él sabía la verdad —ella era Brunilda, una Valkiria que llevaba años fingiendo ser humana. Y él era un mestizo: mitad humano, mitad lobo. Y se conocían desde mucho antes.
Llegó y tocó con leve fuerza la puerta.
—Adelante —oyó su voz desde adentro, pero esta vez no era la voz amable de la profesora, sino la de Brunilda: más firme, más antigua.
Al entrar, vio a la maestra sentada detrás de un escritorio desordenado de libros y hojas —pero había cerrado la puerta con llave. Ella levantó la mirada y su sonrisa ligeramente era diferente, más acertada.
—Ven, siéntate —dijo, pero sus ojos brillaban con un brillo dorado que solo él podía ver en ese momento—. El temario es una excusa. Necesitamos hablar de por qué volviste, Gaél. Sé que es difícil llegar en medio del semestre, pero eso no es lo que te trajo aquí... ¿verdad, mestizo?
Gaél se sentó en la silla de enfrente, y su mirada dejó de ser solo fría: apareció un destello de su naturaleza loba en sus ojos oscuros. Sabía que no podía mentirle a ella.
Al salir del cubículo de Brunilda, Gaél suspiró suavemente, su rostro aún impasible y su mirada fría. Cerró la puerta con cuidado y empezó a avanzar por el pasillo, pensando en lo que la Valkiria le había dicho sobre las cosas oscuras que se avecinaban.
De repente, notó que alguien estaba de pie en un rincón, apoyada en la pared. Al verla mejor, era Emma —su compañera de clase. Ella parecía curiosa, con los ojos fijos en él por un instante, pero en el momento en que él la miró, disimuló rápidamente girando la cabeza y mirando hacia el final del pasillo.
Gaél siguió caminando hacia ella sin detenerse, pero cuando estaba a punto de pasar de largo, ella habló con una voz tensa:
—Oye... nuevo —dijo, tratando de sonar ruda pero sus manos se agarraban de la manga de su chaqueta—. Estuviste ahí mucho tiempo. ¿La maestra te estaba interrogando o qué?
Él se detuvo por un segundo, mirándola sin expresión.
—Solo tareas —respondió con voz seca.
Pero Emma se movió para bloquearle el paso sin darse cuenta, su mirada volviendo a él antes de desviarse:
—Bueno... tu presentación fue super corta. Dijiste que te mudaste con tu padre hace una semana —susurró, y su cara se ruborizó un poco—. ¿Por qué se mudaron? ¿De lejos venís?
Gaél tenso un poco —nunca le gustaba hablar de su vida personal, menos con alguien que no sabía nada de su verdadera naturaleza.
—No es importante —dijo, intentando pasar de nuevo.
Pero Emma no se movió:
—Vale, vale, no te enojes —dijo con un toque más suave—. Solo... eres nuevo, y aquí todos conocen a todos. Es normal preguntar.
Mientras hablaban, su olfato lobo captó el aroma de otro mestizo acercándose... pero se contuvo, no quería que ella se asustara.
Mientras Emma le hablaba con voz más suave, Gaél sintió cómo el aroma de otro mestizo se hacía más fuerte... y no era uno solo. Alzó la mirada y vio llegar a tres chicas por el pasillo: en el centro, una de cabello rubio brillante y ropa elegante —Scarlet, la chica popular de la escuela. Sus dos amigas la seguían de cerca, riendo de algo.
Cuando se acercaron, Scarlet detuvo la mirada en Emma, y su sonrisa se volvió irónica:
—Oye, Emma la nerd —dijo con un tono sarcástico—. ¿Estás aquí entrevistando al nuevo? No te creas que con tus lentes de grueso y tus libros vas a hacer amistad con alguien interesante.
Sus amigas se rieron, y Emma se puso roja de vergüenza, agachando la cabeza.
Gaél, que había estado frío hasta entonces, sintió una rabia loba levantarse en él. Se movió un poco para ponerse entre Emma y Scarlet.
—Deja de molestarla —dijo con voz baja pero firme.
Scarlet alzó una ceja, sorprendida por su intervención. Pero entonces, su mirada se desvió a su muñeca izquierda —donde, bajo la manga de su camisa, se veía un pequeño símbolo rúnico tatuado: el sello que identificaba a los mestizos lobo. Su expresión de presumida cambió por un instante a una de curiosidad acerada.
—Vaya... ¿quién eres realmente, chico nuevo? —preguntó, mirándolo a los ojos con una mirada que no pasaba desapercibida para él.
Sus amigas no entendieron qué pasaba, siguen riéndose sin saber de qué se trataba. Emma, por su parte, miró a Gaél con extrañeza —no sabía qué estaba pasando entre él y Scarlet.
Gaél bajó la manga de su camisa rápidamente, cubriendo el símbolo.
—Nada de tu interés —respondió, y tomó a Emma del brazo suavemente para llevarla de ahí—. Vamos.
Scarlet se quedó atrás, con una sonrisa maliciosa en los labios. Ya tenía su nuevo objetivo.
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