Capítulo 1
Capítulo 1: Una pérdida muy grande
Perspectiva de Lucía
Qué dolor de cabeza tengo, porque, ¡oh, diablos!, ¿dónde están mis medicamentos para dormir? Tendré que revisar mi cómoda, pero antes iré a la cantina por un poco de vino tinto…
Tener que levantarme de la cama y bajar estas escaleras tan largas es demasiado molesto; tardaré una eternidad. Únicamente requiero un poco de vino para administrar mis medicamentos; siempre me agrada que el vino se encuentre a la vista. Esta cantina situada en las proximidades de la cocina resulta sumamente confortable al momento de seleccionar.
Bueno, voy arriba rápido para tomar mi medicina de migraña para así poder dormir. Agh, qué dolor de cabeza. Iré de prisa a mi habitación con un poco de vino y mi medicamento; dejaré esta absurda migraña… Por fin, hora de dormir…
—Bostezo.
—Qué sueño, mmm, iré a dormir…
La Intrusión (04:30 PM)
—Oye, apúrate a abrir, tenemos que ser rápidos. Solo tenemos que ingresar a esta casa, hacer que [bxxxxx], es un robo, ¿entiendes? Así que apúrate.
—Ya lo sé, Jell, ¡pero joder, está dura! ¿No sería más fácil romper esta puerta de mierda? —¡¡¡PLAS!!!— Sí, lo logré. Esta puerta se abrió por fin; es demasiado dura. Oye, Jell, sin evidencia de cualquier manipulación del entorno.
—¡Qué imbécil! No la rompiste si te preguntan; solo forzaste la puerta, ¿entiendes? Dices que eso era. Y lo de no dejar evidencia de nada... fracasaste totalmente —Jell chasqueó la lengua de manera indignada—, solo era abrir con ganzúas y si se entera ese tipo, estamos acabados, y más porque hiciste más ruido del necesario; si alguien nos ve, estamos jodidos, Ron.
—Vamos, Jell, no seas tan aguafiestas; además, con esto no será más creíble para lo que nos encargaron que hiciéramos. Vamos, hombre, solo es una puerta, no estamos matando a nadie.
—A ver, Ron, ya cállate y entremos; entre más rápido lo hagamos, mejor, ¿lo entiendes? Son las 4:30 PM; a esta hora Lucía se duerme por la medicación. Por suerte, Luciana ya estará entreteniendo a la chica, como se llamaba... Ni…vea…Leiv…a, lo que sea, la va a entretener un buen tiempo, así que apúrate.
—Ya, ya está bien, ya voy, Jell, vamos…
... (sonido estrepitoso fuerte)...
—¡¡¡HHHHHAAAAA, ayúdenme!!!
—¡¡¡No, por favor!!!
... (sonidos estridentes)...
—HHHHHAAAA...
... (sonido estrepitoso e inaudible)...
...
... (silencio total)...
Perspectiva de Leiva
Un 10 de diciembre decidí salir; había quedado con Luciana a las 06:15 PM de la tarde. Por otra parte, mi mamá Lucía decidió quedarse en casa. Estas últimas tres semanas no sé a qué se deba el ya no querer salir últimamente. —Suspiro.
Antes tenía un horario diferente: mi padre salía a las 8:15 AM y, a veces, por estar conmigo y mamá, a las 8:45 AM. Pero desde hace cuatro semanas adquirió un nuevo hábito: mi padre se dispone a ir al trabajo de manera temprana, a las 06:30 AM, ya que yo misma le organicé ese nuevo horario.
Por otra parte, mi madre últimamente no ha estado bien desde que Rodrigo, el doctor de cabecera, le prescribió a mamá unas nuevas pastillas para la migraña. Mi mamá cambió mucho y ya no quiere salir ni aunque sean fechas navideñas.
Recuerdo regresar a las 11:30 PM aproximadamente de la noche porque me quedé mucho tiempo con mis amigas. Estuvimos comprando regalos y Luciana, mi mejor amiga, me ayudó a elegir una cartera para mi mamá.
Cuando por fin llego a casa, decido bajar del auto y me dirijo a la puerta; esta estaba abierta. —Desconcierto. ¿Por qué está… abierta…?
Y el picaporte estaba roto, por lo que entré rápidamente a la casa; entré en pánico. Todo era un desastre: jarrones rotos, muebles volteados, sin más que decir… estaba todo hecho un desastre… Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Comencé a llamar con desespero a mi mamá; no estaba en la planta de abajo ni en la de arriba. Revisé toda la casa; no había pizca de su presencia.
Con lágrimas en los ojos, tomé mi celular y llamé primero a la policía, después a mi padre.
—Llamaron sobre un robo y una desaparición en esta dirección xxxxx en la calle xxx y manzana xxx. Oye, compañero, ¿no es donde vive el jefe? —interrupción— Vamos para allá enseguida, conduce rápido.
La policía llegó rápidamente; no sé, pero no podría decir cuándo llegaron, ya que estaba en pánico. Cuando llegaron, buscaron en toda la casa; no estaba mi mamá.
Policía: —Lei…va… Mi compañero avisará que empiecen a buscar en los alrededores y le den búsqueda; no te preocupes, nosotros nos encargamos.
—¿Y mi padre por qué no ha venido? ¿Dónde está, tío Carl?
—En este momento está teniendo una reunión con el alcalde; no puede venir —respondió Carl, visiblemente incómodo, está evitando la mirada de Leiva. Sabía que mentía; el jefe no podía estar en una reunión si su esposa desaparecía.
—Deja, busco, reviso la casa y dime, Leiva, a qué hora llegaste y si tocaste algo. Sabes que no debes manipular cualquier lugar, y más si encontraste la casa en este estado.
—¡Entré en pánico y empecé a buscarla! Tan solo al llegar encontré la puerta abierta y el picaporte roto. No pensé mucho, corrí por toda la casa; después decidí llamarles, ya que no encontré a mi madre… ¡Carl, mi madre no aparece! Ella se quedó sola; es tu hermana y no está aquí... ¡Siento que a ti no te preocupa! —grité en un estallido de desespero.
—Leiva, estoy en ello junto con mi compañero Gustavo. Estate tranquila, Leiva —el tono en que lo dijo Carl era esquivo, evitando mi mirada—. Podría ser... ya sabes, a tu madre le gusta salir bastante de compras, y más con que es Navidad; siempre lo hace, eso lo sé porque soy tu tío.
Policía Gustavo: —Señorita, quizás fue a ver a alguien que conozca o se fue de compras; estamos en fechas navideñas.
—¡¡¡QUE MI MADRE NO HABÍA QUERIDO SALIR ESTAS ÚLTIMAS 3 SEMANAS!!!
Policía Gustavo: —Tranquilícese, piense, ¿quedó con alguien? Sé que es un momento de desconcierto, pero debe pensar; será más fácil saber dónde está su mamá si usted se calma.
—¡¡¡CÓMO QUIERE QUE ME CALME!!!
—Leiva, deja de gritar, no es momento de exaltarse de esta forma. Yo quiero encontrarla, pero sabes que primero se debe hacer este protocolo; tenemos que esperar 24 horas, pero como eres familia, podemos adelantarlo, así que, por favor, tranquilízate y coopera, ¿sí?.
Carl había mentido porque es bien sabido que, aunque lo deseara, no podía saltarse el procedimiento; para tranquilizar a Leiva, debía mentir. Por esa razón debía avisar y ganar algo de tiempo para poder trabajar. Yo no me tomé para nada bien los comentarios de mi tío Carl y no me quedó más que resignarme; solo respondió con un: “Está bien, cooperaré como deseas”.
Policía Gustavo(mirando a Carl, que asiente con la cabeza): —Señorita, por favor, no es momento de exaltarse ni de perder tiempo. Le voy a hacer otra pregunta: ¿A qué hora exactamente vio a su madre por última vez y a qué hora salió usted?
—Por el nuevo horario de mi padre, él se fue a las 06:30 AM en punto —al responder sentí una gota de sudor frío caer en mi sien—.
Intenté mantener la compostura porque no deseaba ser vista como una niña asustada, sino que quería aparentar tener todo bajo mi control.
—Yo salí de casa a eso de las 03:12 PM exactamente. Soy alguien muy puntual, es algo muy característico de mí. Y hablando un poco del día de hoy, estuve a las 04:00 PM en el centro, en la Plaza Mayor de Arcadia; fue justo cuando empezaron a sonar las campanas del reloj del ayuntamiento. Me detuve a oírlas sonar —respondí con absoluta confianza.
Oficial Gustavoanotó el dato y de reojo me miró por encima de sus lentes.
Oficial Gustavo: —¿Las cuatro en punto en la Plaza Mayor? Es una caminata de cuarenta y cinco minutos desde aquí, señorita. Y usted dice que salió a las tres y doce. Si caminó, los tiempos no cuadran con su velocidad habitual.
—Soy rápida —sentencié, molesta porque cuestionara mi inteligencia.
Oficial Gustavo: —¿Había alguien más en casa además de usted? —preguntó con duda en sus ojos.
—No había nadie más que mi mamá. Mi hermana gemela Renata está en el hospital por haberse caído y fracturado el brazo, y mi papá se fue temprano a trabajar, como siempre, a las 6:30. No había nadie más que ella en casa, oficial…
Oficial Gustavo: —¿06:30 AM en punto? ¿Ese es su horario habitual?
Ante esta pregunta, sin ser consciente, comencé a sudar; se veían gotas de sudor en mi frente nuevamente.
—Sí, siempre... es su nuevo horario, lo adquirió hace poco... Siempre ha sido así últimamente.
Oficial Gustavo(anotando algo en su libreta, Carl lo nota): —De acuerdo, 06:30 AM... Señorita, es curioso. El GPS de la patrulla de su padre indica que encendió el motor a las 06:05 AM, no a las seis y media. Y la cámara del vecino de enfrente registró que su auto no salió de esta calle hasta las 03:37 PM, no a las tres y doce.
Me quedé helada.
Oficial Gustavo: —Si salió a las 03:37 PM, es físicamente imposible que estuviera en el centro escuchando las campanas a la hora que dice. Y su regreso fue a las 11:55 PM, según el registro, no a las 11:30 PM. Hay una discrepancia constante de 25 minutos en todo su relato, Leiva. ¿Por qué una chica tan inteligente siente la necesidad de “corregirle” el reloj a la policía?.
Mi propia soberbia me había tendido una trampa física que no podía explicar. Carl, en ese instante, comenzó a contactar al hospital. Pasaron dos largas horas de búsqueda que luego se convirtieron en seis. Carl recibió el primer reporte: le avisaron que mi madre no había salido de casa según las cámaras de la avenida, por ende no fue de compras, ni al hospital a ver a Renata.
Policía Gustavo: —Señorita, ¿podría quedarse en otro lugar por los próximos días en lo que su tío Carl y yo nos encargamos? (Gustavo mira a Carl con seriedad; sabe que la coartada de Leiva no cuadra).
De pronto, Carl recibió una llamada que le heló la sangre; una voz conocida, la cual no debía volver.
—¡Carl, compañero!, ¿te encuentras bien? ¡Oye!
—Tío, oye, ¿estás bien? Te ves demasiado pálido… ¡¡¡TÍOOOO!!!