El Príncipe de Cabellos Bicolor

Summary

Criado con amor por su padre consorte, Haruka vivió una infancia feliz, hasta que las tradiciones del reino exigieron su matrimonio arreglado con el hijo del Duque. A pesar de su deseo de casarse por amor, Haruka se encontró atrapado en los intrincados hilos del deber y la tradición. Entre confrontaciones familiares y decisiones difíciles, Haruka deberá descubrir si es posible encontrar el amor verdadero dentro de las rígidas normas de su mundo.

Status
Complete
Chapters
9
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n/a
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18+

Chapter 1

Érase una vez, hace 40 años, existió un reino donde había un rey de cabellos oscuros que desposaba mujeres a diestra y siniestra. Este rey era conocido por su carácter gruñón y poco amable; las mujeres que desposaba siempre eran infértiles, hasta que un día una persona de cabellos blancos y ojos color dorados llegó a sus puertas. El reino de al lado había enviado a una de sus hijas para que se uniera en matrimonio al rey, lo que este no sabría es la sorpresa que se llevaría en la noche de bodas: la hija del reino vecino resultaría ser un hombre. Su piel era tan blanca y hermosa, su cabello largo, lacio y sedoso, y sus ojos eran tan encantadores y brillantes, que al rey no le importó y a primera vista se enamoró del príncipe del reino de al lado. Lo que el rey no sabría, además de llevarse una sorpresa, es que un hombre resultaría ser más fértil que las dichosas mujeres que había desposado. De esa noche, llena de besos y pasión, donde dos hombres que por primera vez se veían y conocían en la intimidad, nació Haruka, un bello bebé que tenía el cabello bicolor y un problema de heterocromía en los ojos, pero eso no le quitaba lo bello al ser de luz.

El padre de cabellos blancos quería que su hijo creciera con amor, y eso hizo. Al rey le gustaba observar a su consorte junto a su hijo.

Como en todos los reinos siempre tenían que haber uniones, y Haruka no se salvó de esto. El consorte, asustado de que su esposo fuera a unir en matrimonio a su adorado hijo, fue a confrontar al rey.

El rey, molesto de que su consorte se metiera en asuntos de tradiciones reales, lo echó de su despacho; ni siquiera lo miró. El consorte agachó la mirada y se fue; con los ojos llenos de lágrimas, corrió hacia donde estaba su hijo y lloró en los brazos de su niño. Haruka no sabía qué le pasaba a su papá, pero lo abrazó.

Muchos años después supo la razón por la que su papá lloraba esa tarde.

—Padre, no quiero desposar al duque, no quiero casarme y mucho menos unir mi vida a un hombre que no conozco.

—Haruka, tienes que hacerlo, y no te casarás con el duque D actual, sino con su hijo. Es un hombre bueno para ti, hijo mío, no es cualquiera.

—Papá dice que debería enamorarme para casarme.

—Tu papá tiene razón, pero ¿quién es él para decirte eso? Nosotros no nos conocíamos y mucho menos nos casamos por amor, pero sí me enamoré a primera vista de él, a pesar de que no sabía que era hombre.

—Pero, padre, yo no conozco al hijo del duque D. ¿Cómo es que yo…?

—Hijo mío, para eso son las citas. Ustedes se van a conocer; él vendrá a verte esta tarde.

Haruka quería negarse, pero su padre lo miró con ese gesto de “aquí se termina esta plática”.

En el palacio del duque D

Su excelencia se encontraba discutiendo, como todos los días, con su esposo. El despacho era un mar de gritos y lágrimas: el hombre de la familia, la cabeza de dicha familia, había cometido adulterio. Los Woolfwood eran reconocidos; después de todo, él era la mano derecha del rey, pero eso no quitaba el hecho de que el hombre era un mujeriego en los bajos barrios. Los señores discutían de nuevo porque su esposo había descubierto la infidelidad, otra de tantas; él, como ingenuo y esposo abnegado, siempre le creía a su esposo que cambiaría.

El hijo, Wolfwood Togame Jou, era la viva imagen de su padre físicamente, pero en lo demás era igual a su madre: esa personalidad juguetona y alegre que se fue apagando con el paso del tiempo. Su madre era hermoso, de piel nívea, cabello rubio que brillaba como el sol mismo, ojos azules como el mar y una sonrisa que siempre lo hacía feliz.

Togame tenía cabellos oscuros que normalmente llevaba atados en una trenza pequeña, pero ahora los traía sueltos, arreglados y ondulados. Su piel era color canela, y sus ojos verdes podían hacer que te hundieras en ellos. Iba vestido con un traje a conjunto: pantalones beige, acompañados de una camisa ceñida, un chaleco del mismo color del pantalón y su saco. Como accesorios, llevaba un anillo en su mano derecha, un reloj de bolsillo y unos zapatos color café.

Dicho ser se encontraba saliendo de su casa, azotando la puerta, harto de siempre escuchar a sus padres pelear. Él no quería casarse si así iba a ser su vida.

Togame se encontraba dentro de su coche; su chofer lo conducía a ver a su prometido. Conocería finalmente al príncipe Haruka; solo sabía su nombre. Solo esperaba que no fuera el típico princesito de papi o algo parecido.

El camino era tranquilo. Togame tenía una personalidad gentil; siempre trataba bien a sus sirvientes. Era un chico lindo y tranquilo, pero cuando se enojaba era el diablo; no te gustaría ver lo que hacía cuando estaba de mal humor.

Llegaron al palacio. Se bajó del coche y se dirigió a su chofer para decirle a qué hora tendría que pasar por él. Togame fue recibido por los sirvientes, y estos lo llevaron donde se encontraba su cita: un jardín lo recibió y, en medio de este, un quiosco donde había una mesa decorada. Y ahí, sentado, se encontraba él. Cuando el sirviente lo presentó ante él, Togame se inclinó, pero al subir la mirada lo vio: unos ojos tan hermosos y un cabello único. Dos colores, como sus ojos, lacio y un poco desordenado, pero bello y hermoso. Haruka era lindo.

—Su alteza, el príncipe Haruka.

—Su excelencia,el príncipe Togame.

Togame se inclinó y besó la mano del príncipe. Este se sonrojó por el gesto y quitó su mano de los labios del otro. El de pelo negro, al ver tal acción, sonrió.

—Sus altezas, me retiro. —El sirviente se fue, y estos, al quedarse solos, se miraron. Por un momento, todo quedó en silencio.

—Príncipe…

Haruka no lo dejó terminar y habló.

—Haruka,solo dime así. No necesito que alguien más en este castillo me hable con honoríficos.

—Haruka será entonces.¿Te parece si pasamos al quiosco y merendamos?

—Claro.

Ambos pasaron a tomar el té y a conocerse. La cita era agradable, aunque Haru aún no sentía agrado hacia el príncipe, o bueno, hacia Togame. Togame sabía que Haruka se contenía de ser grosero, pero verlo de esa manera era un poco encantador.

—Dime, Haruka, ¿qué te gusta hacer en tus tiempos libres?

Haru pensó la respuesta. Tal vez, si le decía que le gustaba practicar pelea cuerpo a cuerpo, lo espantaría. Después de todo, los príncipes como él no podían hacerlo; tenían que aprender las artes de la música, pintura, cocina, tejido, etc.

—Práctico pelea cuerpo a cuerpo.

—Vaya,¿alguien como tú sabe pelear?

—¿Eh?—Haruka no sabía cómo reaccionar.

—Pues…sí. —Haruka empezó a enrojecerse y a cubrir su rostro con la palma de la mano—. Soy… soy el mejor entre todos mis subordinados.

—Wow,Haru, eso es impresionante. Me gustas; eres diferente a todos los príncipes y princesas que he conocido.

Haruka, al escuchar eso, cambió su gesto a uno serio.

Así que no fui el primero.

Togame sonrió al ver que el gesto del bicolor cambió; sabía que lo que había dicho no le había gustado.

—Me refería a que, en los eventos que he asistido junto a mis padres o mi padre, he conocido a mucha gente, y entre ellos a los hijos o hijas de los nobles. Eres el primero con el que tengo una cita, Haruka.

Los ojos de Haruka brillaron con sus palabras, pero ¿por qué?, si apenas era la primera vez que lo conocía.

—No tenías que explicarte.

Ambos la pasaron hablando sobre sus gustos, sus sueños y lo que harían cuando llegaran a cierta edad.

Ambos la pasaron bien. Togame se sintió a gusto, y Haruka no se arrepintió de hacerle caso a su padre por primera vez.

A sus 15 años, ambos chicos se gustaron, pero en ambos se sembró la duda de haberse visto antes.

Tres años después

El duque del país se encontraba postrado en cama; había caído enfermo y no tenía posibilidad de vida. El duque consorte, al enterarse de tal noticia, lloró. Todos en la mansión cuchicheaban sobre si serían lágrimas falsas o reales, ya que la pareja siempre discutía. Togame siguió sus estudios fervientemente; iba a tomar el lugar de su padre a los 19. Quedaban meses para que sustituyera el puesto de duque, pero nadie en esa casa tomaba en cuenta sus sentimientos, y su papá quería que tomara pronto tal lugar antes de que a alguien más se le ocurriera quitárselo, aunque eso sería imposible; nadie se atrevería, si les gustaba vivir. Su lugar le pertenecía por derecho.

Tres meses después

La ceremonia de cambio de título se realizaba; el rey le entregaba el nuevo título. Ahora todos conocerían al nuevo duque del reino y la nueva mano derecha del rey, aunque tal vez pronto suegro.

Dos años después

Un Haruka de 20 años se encontraba caminando por las calles de su reino para así conseguir el encargo que su papá le había conferido, y él aprovecharía para conseguir nuevos estambres para sus confecciones y así poder terminar el pañuelo que le había estado haciendo a Jou. Pronto cumpliría 21 años y quería hacerle un obsequio. Después de su primer encuentro, siguieron viéndose y visitándose; eso a ambos padres les había gustado. El papá de Haru también se sintió orgulloso al ver a su hijo feliz; tal vez si así hubiera sido con su esposo, igualmente ambos hubieran terminado enamorados y él no hubiera sufrido tantos maltratos de las mujeres del rey cuando llegó al castillo. Y la madre de Togame, bueno, ella al inicio no quería que su hijo se uniera a un hombre, sino a una mujer, así su hijo podría tomar un título más alto; pero cuando se enteró que Togame tomaría el papel de rey, le gustó la idea de que su hijo se casara con el príncipe Haruka. Ya que Haruka, al ser especial y poder procrear, no podía tener el título de rey, le correspondería a su esposo. Togame, a una temprana edad, fue educado para tomar el título de duque y, al mismo tiempo, el papel de rey. Togame estaba preparado para tomar el título a Haruka.

Después de todo, no había nadie que se interpusiera, ¿cierto?

Togame se ganó el apodo de “Duque Carmesí” porque a su paso siempre terminaba todo lleno del líquido carmesí de sus enemigos.

Nadie le ganaba en combate cuerpo a cuerpo y mucho menos en espada; todos terminaban masacrados bajo su yugo. Woolfwood Togame Jou era sanguinario.