Capítulo 1: El Príncipe Cautivo
El eco de los pasos de Jimin resonaba en el enorme salón del palacio de Plutón. Su padre, el Rey Siu, se encontraba de pie al final de la gran sala, con una expresión severa. A su alrededor, la guardia real esperaba en silencio, lista para escoltarlo a la nave que lo llevaría a Saturno.
Jimin sabía que este día llegaría. Su destino había estado sellado desde el momento en que nació, encadenado a un tratado que él nunca aceptó. Pero saberlo no hacía que la realidad fuera menos amarga.
—Jimin, es hora —anunció el Rey Siu con voz firme.
El joven príncipe sintió un nudo formarse en su garganta.
—No tienes que hacer esto padre —susurró, con una última súplica.
El rey suspiró, con una mirada que reflejaba tanto determinación como pesar por su joven hijo.
—No hay elección. Saturno y Plutón dependen de este matrimonio, romper un acuerdo así, podría implicar la destrucción de nuestro planeta Jimin y eso lo sabes perfectamente.
Jimin cerró los ojos, conteniendo la ira que amenazaba con desbordarse. No era justo. Nada de esto lo era. No solo estaba siendo obligado a casarse con un hombre al que no amaba... Lo estaban obligando, quizás con el hombre más insoportable que existía en el universo, él hubiera aceptado el matrimonio con cualquier otro gobernante, pero no con él...porque ese hombre era Jeon Jungkook.
Y si había alguien en toda la galaxia a quien Jimin detestaba con cada fibra de su ser, era a él.
Tomó la dignidad que le quedaba y pidió a los sirvientes que llevaran sus maletas a la nave que esperaba por él, los viajes entre ambos planetas no demoraban más de 2 horas, así que tan pronto subió, se encerró en su camarote a dormitar, quería por una última vez dormir con paz, no sabía si de ese día en adelante el podría siquiera volver a experimentar nuevamente la Paz, no era una certeza, tampoco era una posibilidad.
Ni bien su cabeza tocó los finos almohadones se permitió viajar entre el mundo de los sueños.
Hacía más de media década que no veía a Jeon Jungkook, la última vez que lo vio, era un joven adulto de apenas unos veintidós soles, alto, de cabello largo hasta las mejillas, con la mandíbula perfectamente perfilada, tanto que podía cortar una hoja de papel con ella.
Jimin recuerda, haber soñado más tarde con esa mandíbula, imaginándome clavándose sin piedad entre sus suaves muslos, mientras la boca del hombre le jodía sin piedad su virginal entrada.
Se despertó entre jadeos, con las mejillas calientes y sus pantalones mojados, el no solo estaba recordando, el estaba soñando de nuevo con el hombre.
¿Por qué demonios su cuerpo lo traicionaba así?, estaba a minutos de volver a ver a aquel a quien odiaba y deseaba en la misma proporción, no sabía cómo lucía Jungkook en ese momento, pero si de algo estaba seguro, era de que los años no le sentarían mal al hombre y eso le daba miedo.
Mucho miedo, porque el hombre en cuestión de semanas sería su esposo, y su enemigo a muerte también.
(….)
Cuando la nave aterrizó en Saturno, la sensación de déjà vu fue inmediata. Había estado ahí antes, cuando era niño. Su padre solía traerlo en visitas diplomáticas, asegurándose de que se familiarizara con su “futuro hogar”.
Jimin nunca había sentido este planeta como suyo, ni el clima cálido de ese lugar, ni la atmósfera se sentía como un “hogar”, él pertenecía a Plutón donde sí podía sentirse cómodo y plácido.
Pero esa tierra ajena que sus pies tocaban, jamás podría sentirla como su hogar.
Y menos aún cuando la persona que lo esperaba al final de la escalera era Jungkook.
El futuro rey de Saturno se mantenía firme, con su porte imponente y su mirada oscura, la boca de Jimin se secó al ver la apariencia madura del hombre, quien con 28 soles, parecía haberse tornado más alto, de hombros anchos y cabello negro perfectamente recortado a los lados, y peinando perfectamente hacia atrás, no había dulzura en su expresión. Ni siquiera un atisbo de cortesía.
Solo una frialdad cortante que era visible a plena vista.
Los ojos de Jungkook se encontraron con los suyos, enviándole una peligrosa corriente eléctrica que le recorría la columna vertebral y le aflojaba las piernas.
Pero no se dejó intimidar, guardó sus emociones lo mejor que pudo y solo se limitó a ver fijamente a Jungkook, con el mismo atisbo de desprecio que el hombre le daba.
En ese instante, ambos supieron que nada había cambiado.
Seguían odiándose de forma infundada, seguían sin poder verse con claridad el uno al otro.
—Vaya... —Musitó Jungkook con una sonrisa burlona—. Pero si es el pequeño príncipe de Plutón.
Jimin sintió un ardor de rabia en el pecho quemándole como si las llamaradas del sol se le hubieran impregnado por dentro.
—Jungkook —respondió con voz seca—. Veo que sigues siendo tan encantador y amable como siempre.— Dijo con sarcasmo.
Jungkook descendió un escalón, observándolo de arriba abajo con una expresión crítica, mirándole con lentitud como si su sola presencia le causara placer.
—No puedo creer que tenga que verte nuevamente y peor aun que tenga que casarme contigo— susurró una vez estuvo frente al rubio.
Jimin dejó escapar una risa sarcástica.
Ese hijo de puta seguía siendo tan odioso como lo recordaba.
—Créeme, la idea me repugna tanto como a ti.
La tensión era insoportable. Desde niños, nunca se habían llevado bien. Jungkook lo encontraba irritante, demasiado correcto, demasiado perfecto a ojos de los demás. Jimin, por otro lado, siempre había considerado a Jungkook arrogante y presuntuoso, un príncipe que creía que todo le pertenecía solo porque nació para gobernar.
Pero en el presente ya no eran niños. Ahora, el odio tenía otro matiz. Uno más peligroso y siniestro.
Jimin sintió un escalofrío recorrer su piel cuando su habilidad de empatía sensorial captó lo que Jungkook estaba sintiendo en ese momento.
Desprecio y algo más que Jimin no podía identificar claramente aún.
Jungkook ni siquiera intentaba ocultarlo, era como si quisiera que Jimin tuviera claro su desprecio por él.
Jimin alzó la barbilla con dignidad, negándose a darle la satisfacción de verlo afectado.
—¿No vas a darme un tour por mi “nuevo hogar”? —preguntó con fingida dulzura.
Jungkook sonrió con burla.
—No es tu hogar, Jimin y nunca lo será.— Afirmó terminando con el indeseado encuentro.
Luego, se giró con indiferencia marchándose sin ver atrás.
—Sigue a los sirvientes. Te mostrarán tu habitación. — Se escucho vagamente.
Jimin sintió cómo la rabia lo consumía, pero se obligó a mantenerse en control.
Si Jungkook quería jugar sucio, él también podía hacerlo.
Esto apenas comenzaba.