El Peso De Las Palabras

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Summary

Cuando Noah (Nuestro protagonista) llega a la Academia Winterhold, intenta adaptarse. Pero muy rápido descubre que este lugar respira secretos.. pasillos ocultos, miradas que pesan y un heredero silencioso, Elias Winterhold, que parece saber más de lo que dice. Entre clases, tensiones y pasados que nadie se atreve a mencionar para no quedar mal. Noah se da cuenta de que en esta academia, nada ni nadie son lo que parecen ser... y él ya esta en el precipicio...

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

CAPITULO 1 (el inicio de algo nuevo)

El sonido metálico de la cafetera se mezclaba con el murmullo de las personas que pasaban por la calle. Eran las seis y media de la mañana, y como todos los días a la misma hora, Noah -un chico de quince años, delgado, con ojos cansados y algo desatento- el limpiaba las mesas de la cafetería con un trapo húmedo mientras su madre organizaba las tazas detrás del mostrador.

—Pásame el frasco del azúcar, cariño —dijo Victoria, la mamá de Noah, con una voz suave y delicada.

Noah no respondió. Solo asintió y lo puso frente a ella en la mesa con cuidado, La cafetería aunque pequeña era linda y acogedora, tenia faroles colgando en la entrada junto a una puerta de madera, y una ventana de cristal junto con plantas y materas decorándola, dándole un toque de naturaleza al lugar.

Las personas entraban con frio, ya que era de los últimos días de la época de invierno, el frio andaba en el ambiente por las calles, suena la campanita y las personas entran sentándose y sintiendo el calor de la cafetería recorriendo el olor a pan recién hecho saliendo del horno de la cocina.

En la cocina quien allí se encontraba Victoria quien tenía el cabello recogido en un moño con una flor de Eléboro blanca en el pelo, que le había dado Noah recolectando flores de distintos tipos en un jardín de esa pequeña ciudad, la camisa color café claro y en las manos usaba unos guantes de polietileno mientras amasaba pan con ambas manos, presionando la masa y doblándola con ritmo constante.

—Hoy no tienes clase en la tarde, ¿cierto? —preguntó su madre mientras dejaba la masa a un lado, se quitaba los guantes y se lavó las manos luego servir un café.

—No mamá, el profe canceló la clase para hoy—respondió Noah, acomodando las sillas junto a la mesa con una precisión exagerada.

Él no estudiaba mucho. No tenía tiempo ni lugar ni dinero para permitirse lujos como apuntes nuevos o tardes de descanso. Pero lo poco que hacía, lo hacía con una dedicación casi obsesiva. Prestaba mucha atención en las clases. Recordaba todo lo que le decían con precisión. Entendía las cosas rápido, y si no entendía algo de alguna materia se enfocaba a aprenderlo y analizarlo detalladamente. Los profesores siempre lo alagaban por ser tan enfocado e inteligente. Aunque el nunca estuvo seguro de su inteligencia, ya que dudaba mucho de casi todo.

A medio día, cuando el sol choca plenamente con la ventana de la cafetería, la campanita sobre la puerta sonó. Entró un hombre que no pertenecía a ese barrio. Sus zapatos estaban tan limpios que parecían nuevos, y llevaba un abrigo largo azul oscuro llegándole casi hasta los pies. Tenía el cabello peinado hacia atrás y una expresión seria, como alguien que no le gusta que lo dejen esperando.

Victoria lo miró con algo de incomodidad, pero con una sonrisa abierta y cálida, dispuesta a recibir a cualquier persona, mientras se secaba las manos en el delantal.

—¿Desea algo en especial? —preguntó, con una voz tranquila.

El hombre no respondió de inmediato. Observó el lugar, tan organizado y limpió y luego fijó su vista en Noah, quien se quedó quieto con el trapo en la mano.

—Busco a Noah Clynford—dijo el hombre después de unos cuantos minutos, con una voz profunda pero cortés.

Victoria frunció el ceño, algo sorprendida.

—Él es mi hijo. ¿Sucede algo con el?.

El hombre sacó de su bolsillo un sobre sellado con cera roja y un emblema dorado en el centro: una corona y una figura de ramas entrelazadas. Lo colocó sobre el mostrador como si fuera algo muy valioso.

—Es una invitación oficial de la Academia Eleonor —anunció con un tono serio pero algo agradable.

Noah observó confundido y algo sorprendido —¿Una academia? —susurró sin darse cuenta.

Su madre lo miró de inmediato, como si temiera haber escuchado mal.

—Debe haber un error…. —murmuró en voz baja, dudando incluso de sus propias palabras.

El hombre negó con la cabeza lentamente, observándolos a ambos con una mirada neutral.

—No hay ningún error. Ha sido seleccionado por rendimiento excepcional. La Academia Eleonor ofrece una beca completa. El carruaje llegará por él mañana a las 5:30 sin retraso.

Hubo un profundo silencio en el lugar, lo único que se escuchaba eran las gotas de agua del grifo casi cerrado cayendo. Noah sintió una presión en el pecho. No sabía si hablar, reír, esconderse, sorprenderse, llorar, o dormirse. (Tenia sueño por madrugar constantemente)

—Yo… eh.. yo.. —balbuceó— Por qué… ¿Por qué yo..?

El mensajero no sonrió, pero su tono se suavizó apenas lo escuchó.

—Porque alguien ha visto lo que tú aún no sabes que eres.

Dejó una tarjeta pequeña junto al sobre, se inclinó ligeramente a modo de despedida y salió por la puerta de la cafetería sin decir nada más.

Victoria tomó el sobre con manos temblorosas. Lo abrió con cuidado empezó a leer rapidamente.

—Noah… —su voz se quebró—. Es verdad.

Noah tomó la carta de las manos de su madre y la leyó detalladamente.

“Academia Eleonor

Para Noah Clynford:

Por medio de la presente, nos complace informarle que ha sido seleccionado como candidato becado para formar parte de la Academia Eleonor, una institución dedicada a la formación de jóvenes con talentos excepcionales y potencial destacado.

Su nombre fue considerado tras una evaluación confidencial de desempeño académico, conducta, capacidad de razonamiento y proyección futura.

La beca que se le otorga cubre en su totalidad:

-Estadía dentro del recinto académico.

-Alimentación y vestimenta reglamentaria.

-Materiales de estudio y tutorías especiales.

-Traslados oficiales autorizados por la institución.

Su presentación es obligatoria en un plazo máximo de tres días a partir de la fecha de la entrega del sello. Un carruaje oficial será enviado a su domicilio para su traslado. No es necesario responder a esta carta; su presencia confirmará su aceptación.

La Academia Eleonor no admite rechazos injustificados. De no asistir, su lugar será entregado a otro candidato y el acceso futuro le será denegado de manera permanente.

Confiamos en que sabrá reconocer el valor de esta oportunidad. No todos son llamados. Muy pocos son los elegidos.

Atentamente:

Consejo de Admisión Superior

Academia Eleonor

Sello Real Nº 42-A”

Él se quedó inmóvil unos segundos después de leer la carta. Luego, sin decir nada, subió las escaleras de la cafetería que llevaban al pequeño cuarto donde vivían. Sacó una maleta vieja del armario, la misma que usaban cuando cambiaban de barrio o cuando el alquiler subía demasiado y tenían que mudarse.

No metió ropa en la maleta. Se sentó en la cama. Miró sus manos y respiró hondo.

Abajo, su madre lo llamó en voz baja:

—Hijo…

Él no bajó ni dijo nada. Pero sonrió levemente, empezando a creer en algo que le era casi imposible.

La tarde cayó lentamente sobre el barrio. Victoria había cerrado la cafetería más temprano de lo habitual. No habló mucho durante el resto del día, pero miraba a Noah con una mezcla extraña entre orgullo y algo de miedo.

Noah apenas cenó. No se le apetecía comer. Su mente iba y venía entre millones de pensamientos que no podía ordenar. Había puesto la maleta en una esquina del cuarto en ella habían dos camisas blancas, un par de pantalones, una libreta y un abrigo azul oscuro que estaba entre sus favoritos

La noche llegó rápidamente con una luna muy grande e luminosa que recorría por las calles.

Victoria subió las escaleras despacio y lo encontró sentado en la cama, mirando sus propias manos como si recién viera en toda su vida

—Deberías dormir, cielo.. —dijo ella en voz baja.

Noah asintió levemente, aunque no se movió de inmediato. Su madre se sentó a su lado sin decir nada más. Solo le acomodó el cabello detrás de la oreja, como cuando era pequeño.

—Mañana… cuando te vayas —murmuró ella, con una sonrisa triste—, llévate esto contigo.

Sacó de su bolsillo una cadenita de plata, con un pequeño colgante en forma de gota. No era nueva ni elegante, pero estaba cuidada como algo irremplazable.

—Era de mi madre —explicó con una sonrisa—. No quiero que te vayas sin algo que te recuerde que tienes un lugar al que volver si lo necesitas.

Noah no respondió con palabras. Solo tomó el collar con delicadeza, lo observó unos segundos y luego la abrazó sin hacer ningún ruido. Victoria cerró los ojos como si temiera que, al abrirlos, su hijo ya no estuviera a su lado.. Temía que le pasara algo a su hijo.

Ella se aparto un poco y se levanto de la cama para salir del cuarto, él se quedó a oscuras unos minutos, oyendo el pulso de su corazón. Después se recostó en la cama. No estaba seguro de si quería que llegara la mañana… o que se detuviera el tiempo para siempre.

El cansancio le ganó y se quedo dormido.

Al día siguiente.

Un golpeteo firme retumbó en la puerta principal de la cafetería antes de que el sol saliera. Victoria, que llevaba un rato despierta sin levantarse, bajó al primer piso con el corazón acelerado y le abrió la puerta.

Noah cuando oyó el sonido se vistió rápido. No tenía uniforme ni ropa especial, así que se puso lo mejor que tenía: una camisa blanca, pantalón oscuro y un abrigo negro de los mejores que tenia. Puso la cadena de plata que su madre le había dado en uno de los bolsillos de su pantalón.

Al bajar las escaleras, escuchó voces.

—Estamos aquí por él —dijo el tipo con un tono formal.

Frente a la puerta había dos personas: una mujer de postura rígida, cabello blanco recogido y guantes negros, y un joven alto con un uniforme azul oscuro impecable, que sostenía un pequeño libro y una pluma metálica.

Detrás de ellos, en la calle, esperaba un carruaje largo de madera oscura, con detalles dorados y un emblema brillante en los laterales: las mismas ramas entrelazadas con una corona, igual que el sello de la carta. Los caballos, negros y enormes, resoplaban pequeñas nubes de vapor en el aire frío de la mañana.

—¿Eres Noah Clynford? —preguntó la mujer, sin nada de rodeos.

Noah asintió algo nervioso.

El joven del uniforme bajó la mirada a su libro, pasó una página y marcó algo con la pluma sin decir ni una palabra.

Victoria se quedó detrás del mostrador, sin moverse sosteniendo un paño con fuerza entre los dedos. Noah se acercó a ella y bajó ligeramente la cabeza.

—Voy a volver mamá.. —susurró él.

Ella lo abrazó rápido, como si alguien pudiera quitárselo si tardaba más de un segundo.

—No olvides quién eres, Noah, no olvides el gran valor que cargas en tu corazón.. No dejes que nadie te quite eso… No dejes de soñar..—le dijo al oído—

Él asintió, aunque no sabía si realmente entendía lo que su madre le decía.

La mujer del cabello blanco hizo un gesto seco con la mano.

—No hay tiempo que perder.

El joven tomó la maleta de Noah sin pedir permiso y salió de la cafetería hacia el caruaje, la acomodó en el y subió primero. Noah dio un último vistazo al interior de la cafetería, las sillas, las tazas alineadas, las luces apagadas, las manos de su madre temblando sin soltar el trapo.

Subió al carruaje después de una ultima despedida a su madre.

Noah: (Esto es algo nuevo para mi.. No podré estar más con mi madre..Y no se cuando la podré volver a ver de nuevo…)

La puerta se cerró, haciendo eco dentro de la cafetería. Afuera, los cascos de los caballos golpearon el suelo y el carruaje comenzó a avanzar lentamente. Noah apoyó la cabeza en la ventana. Victoria lo siguió con la mirada desde la puerta hasta que el carruaje desapareció entre las calles todavía húmedas del amanecer.

Noah pensó: (Es un nuevo camino.. una oportunidad que no debo desaprovechar.. Tengo que enforcarme…)

Dijo mientras miraba por la ventana los edificios pasar uno por uno, mientras poco a poco se alejaba más de la cafetería, ese lugar que estaba lleno de recuerdos y momentos lindos junto a su madre.