Chapter 1
Adoptamos acciones y costumbres cuando dejamos un lugar y nos establecemos en otro para luego volver al lugar principal. Peter sabía esto, pero no se le puede culpar cuando olvida comportarse como un niño ante sus padres y no como el hombre que es.
Le tomo largos meses en Narnia acostumbrarse a llevar la corona de gran rey, unos otros tantos en evitar corregir a los Narnianos cuando se dirigían a él como 'majestad' y no como Peter. Probablemente habría olvidado su nombre de no ser por sus hermanos llamándole ‘Peter’ o ‘Pete’ cada 30 minutos. Una vez que se acostumbró a ser rey, lo que siguió después fue un poco más fácil de digerir y en gran parte se debe a qué el peso de la corona era compartido por los 4.
Narnia era un país pequeño, sin embargo, le tomo largas semanas de caminata junto al sr. Castor y Orius para recorrer el país que estaba en sus manos, sus piernas lo lamentaron al final o ‘eso te haces creer a ti mismo’, le había dicho Edmund en una ocasión mientras escuchaban la radio y hablaban sobre el movimiento de la guerra. Habían estado recordando sus días como reyes en Narnia cuando el tema salió a la luz. “Es raro escuchar tu queja sobre eso cuando a diario salías a recorrer algunos de esos lugares. Susan decía o bueno, dice que tu lugar favorito es el bosque cerca del dique del sr. Y la Sra. Castor, pero sé que visitabas dos veces al día, por lo menos, las costas con Archenland”
Peter tenía una razón para eso. Las costas con Archenland era de las más transitadas, ir ahí no era solo su lugar de reposo era también el lugar donde podía ver qué ser Rey valía la pena cuando en el rostro de su pueblo se posaba una alegría inmensa al ser libres de moverse a donde quiera que desearan y entonces el peso del cansancio se iría de su cuerpo, querría volver al trabajo con entusiasmo pensando en cada Narniano siendo feliz porque junto a sus hermanos estaban haciendo un buen trabajo como reyes. Pero antes de mencionar algo al respecto el Sr. Pevensie cruzaba la puerta de la sala y el silencio, que desde su regreso era algo común, se posaba en el ambiente.
Peter no pretendía usurpar el lugar que como tal pertenecía a su padre, sin embargo, fue él quien lo dejo a cargo cuando se marchó y luego un león parlante le entrego un reino enteró cuál dirigió, y de muy buena manera, durante 15 años. Cuando volvió nada parecía haber cambiado más allá de su partida, las disputas silenciosas por la valía de quién era la autoridad en casa comenzaron el día en que Edmund se peleó con sus antiguos ex amigos en la escuela, el sr. Pevensie se acercó a su hijo para preguntarle cuando lo vio con el labio roto, pero este ignoró por completo su pregunta y levanto su mirada para ver a Peter y pedir disculpas, “Lo siento Pete, no volverá a suceder”, “Se que no hermano mío, pero no es conmigo con quién debes disculparte. Ve a hacerlo y hablaremos luego” y sin rechistar, su pequeño Ed acato la orden y se marchó. Desde entonces el Sr. Pevensie lucha por la atención del resto de sus hijos con su hijo mayor y Peter sabía esto. No podemos inculparlo cuando fue la única figura parte a que vieron sus hermanos en tantos años.
Mientras está en la oficina de su padre mirando por la ventana recuerda muchas de esas cosas. Siente su boca algo seca y sabe lo que puede calmar esa sed ahora, sin pensar demás en donde se encuentra, se acerca a la estantería unos pasos más allá del escritorio para tomar la botella. Hay un rock glass en la mesa y lo toma. En Narnia habría usado una copa, pero es lo que hay. Empina un poco la botella mirando el líquido llenar de a poco el fondo, su color no se parece en nada a la abrumadora bebida que Baco llevaba consigo como regalo para él y sus hermanos en cada festival primaveral que se realizó en Narnia mientras reino ahí, un rojo intenso medio oscuro. Incluso los momentos como estos dónde solo quiere beber algo para aliviar su sed recuerda su hogar.
El silencio reina a su alrededor, no es molesto. Habían ocasiones en las que así se sentía Cair Paravel cuando sus hermanos tomaban caminos por separados para visitar otros países, es por eso que ahora olvida que no está en Cair Paravel sino en la oficina de su padre, olvida que sus hermanos no están en otros países sino fuera de casa, olvida que está tomando en el vaso de su padre y no en una copa, olvida que es un niño y no un adulto, olvida que su padre está abajo hablando con su madre sobre los comportamientos extraños de él y sus hermanos, olvida que no está en Narnia sino en Inglaterra.
Vuelve a su lugar en la ventana mirando a la nada, está mirando en sus recuerdos y no escucha los pasos.
Se sienta en el estrechó espacio que le brinda la ventana abierta, levanta su pierna derecha para acomodarla y estira la izquierda para recostarse un poco. Solía hacer eso con frecuencia en Narnia, otra de esas costumbres que adoptó, tiene muchas, pero de enumerarlas probablemente serían: el recorrer Narnia, dormirse sobre los pergaminos en su escritorio y beber una copa antes, durante y después de trabajar. No es algo que haya descubierto por sí mismo, las discusiones por cualquier cuestión en el desayuno eran normales y no le sorprendía levantarse y escuchar a Susan discutir con Edmund o Lucy. En una de esas tantas discusiones mañaneras se enteró de esas costumbres a las que dio negativa de inmediato, pero que cada uno de sus súbditos cerca se encargó de confirmar con asentimientos de cabeza cuando Lucy apareció con su corona mal acomodada preguntando a todos si eran ciertas o no.
Respira con profundidad esperando sentir el polen de las flores molestando su nariz como solía hacer en Narnia en cada despertar, pero no hay nada de eso, vuelve en sí y se recuerda que no está allá sino en Inglaterra. Demasiado tarde para despertar de los recuerdos, la puerta se ha abierto en silencio y sintiendo la presencia de alguien reacciona buscando con su mano izquierda a Rhindon, pero no hay nada. “Es de cobardes atacar a un rey desarmado” fueron solo segundos y deseo retractarse de inmediato. Susan lo matará.
No tiene escapatoria. Sin importar si es su padre se gira para mirarle directamente a los ojos. Su espalda ahora adopta su postura recta y levanta su mandíbula, la actitud de rey no fue algo que adoptó en Narnia sino algo que nació con él y no va a cambiar, aquí o en Narnia es rey mientras tenga súbditos. “14 años Pete… no participo en los juegos que haces con tus hermanos. Relaja tu postura que la autoridad en casa soy yo” No ha elevado el tono de su voz, pero Peter conoce cada tono y este es uno que pretende retarlo. ¿Qué busca su padre con eso? No lo sabe, pero no caerá.
Cualquiera que entrará en el estrechó cuarto notaría el tenso ambiente y no sería nada raro, desde la llegada del sr. Pevensie es así como se siente el ambiente entre él y su hijo mayor. En un principio culparon a la guerra, luego a el peso que dejo su padre en sus hombros al marcharse, nunca sabrían con certeza a qué se debía aquello. Lo cierto y raro del asunto sería la autoridad que expresaba Peter con su cuerpo, incluso podría asegurar que parecía un hombre mucho mayor de lo que es su propio padre.
Sin emitir respuesta alguna deja el corto vaso en la ventana y se levanta sin apartar la mirada de sus ojos tratando de transmitirle un mensaje silencioso. Una sonrisa sosa aparece en la cara de su padre mientras se cruza de brazos, inclinándose busca recostarse en el marco de la puerta y cruza la pierna derecha sobre la izquierda. “Realmente quiero saber cómo es que el profesor les enseño a jugar eso sí es demasiado para su edad” frunce su ceño buscando expresar curiosidad con su postura “pero ahora estoy más interesado en saber cuándo y cómo aprendiste beber coñac.”
“Lo siento padre, solo estaba curioso por su sabor” Susan le ha mencionado en múltiples ocasiones que es malo mintiendo, cosa que no creyó, pero ahora está aquí viendo a su padre apretar sus labios en señal de disgusto porque le está mintiendo “No soy idiota Pete’.”
‘Por supuesto que no padre, pero yo tampoco soy tu hijo de 13 años que dejaste antes de ir a la guerra’ o eso habría querido decirle.
No necesita una excusa para escapar, pero con su padre ocupando todo el marco de la puerta no ve cómo salir. Es sofocante guardarse quien es realmente, es sofocante que solo el profesor y la Sr. Polly les traten como los adultos que son. Un segundo más en el mismo espacio con su padre y no habrá retornó para el evidente duelo de autoridad que se regirá con su padre en ese cuarto. “No pretendo ofenderte padre, no he mentido en absoluto” toma el vaso de nuevo y lo posa sobre sus labios para beber simulando una mueca de disgustó. Se imagina a Edmund riendo a costa suya por esa pésima actuación. Pone la copa vacía sobre el escritorio de nuevo y se encamina a la puerta.
Cuatro pasos y está frente al hombre que le dio la vida. Se toma unos segundos antes de hablar para apreciar el rostro con el ceño fruncido del hombre que está frente a él, se ve así mismo y se pregunta cuál sería la reacción de su progenitor si le revelará que es unos pocos años más joven que él, que el hijo que dejó a cargo de casa antes de ir a la guerra ya no tiene 14 años sino 30, que es un rey hace 15 años que conoce los horrores de la guerra, esa misma de la que pretendió alejarlo todo el tiempo.
“Meses pete, fueron meses, sin embargo, no reconozco a mis hijos. ¿Estás aquí bebiendo coñac e imponiéndote ante mí, tu hermano leyendo libros demasiado avanzados para su edad, Susan ocupando el lugar que le pertenece a tu madre mientras plática sobre la guerra cuando mi pequeña Susan no le gustaba nada de eso y luego está Lucy recurriendo a ti… Dónde quedamos nosotros Pete?” Siente pena y quiere gritarle que no es el único frustrado por perder su hogar, no lo culpa.
“Seguimos siendo nosotros, papá” las palabras salen forzadas. Miente de nuevo, pero su padre no pretende insistir, su adorado hijo no negó ni afirmo nada y es esa incertidumbre que lo atormenta junto a su esposa, ¿Quiénes son estás personas que viven con ellos y se hacen pasar por sus hijos?
Hace un poco de espacio en el marco de la puerta y su hijo cruza, “Se que sin importar lo que diga no dejaras de hacerlo…” de espaldas a él detiene sus pasos para hacerle saber qué le está escuchando “no lo hagas frente a tu madre, consumir alcohol o ejercer tu papel de líder sea un juego o no. Por frustrante que sea para mí puedo soportarlo y no sé cómo tienes esa espiritualidad que transmite autoridad que incluso yo me veo flaqueando ante ella porque soy un soldado, pero tú madre no.” y por primera vez desde los últimos 5 minutos su hijo relaja su espalda y toma eso como una respuesta.
. . .
Unos cuantos minutos han pasado desde que su hijo salió del estrechó lugar y solo hasta hace segundos se movió para poner la botella devuelta a su lugar. Toma el vaso de la ventana y ahí está él recostado bajo la sombra en el jardín, mira unos cuantos segundos más y está confundido al verlo mover sus labios, no sabe si está cantando o murmurando para sí mismo.
“Está rezando, padre. Necesita algo de espacio solo” sus hijos se volvieron tan sigilosos que llegaba a ser aterrador, “Volví hace un rato con Lucy, está en la cocina con Ed. Escuché un poco y me disculpó contigo en nombre de Peter, padre. Está algo estresado, hablaré con él”
Está atónito por la seguridad en la voz de su hija “No… no tien… no tienes que...” ella se acerca a él para darle un abrazo, “Lo siento mucho papá, seguimos siendo nosotros y perdona a Pete”
Se aleja dejándolo ahí con sentimientos agridulces y pensando en cómo cada día entiende menos. ¿Estuvo mal dejar sola a Helen mientras el peleaba por el bienestar de su familia? No duda de que sus hijos los aman, pero lo sabe y lo siento, algo más o alguien más se llevó parte del amor de sus hijos y en sus ojos se puede ver el extrañan ese algo.
Se gira para sostenerse sobre la ventana abierta y los ve a los dos hablar, quiere saber qué es lo que Susan dice para que una sonrisa sincera se pose sobre su rostro. Siente el suyo propio algo húmedo y al poner su mano siente las lágrimas que no sabía que estaba dejando caer, no sabe por qué llora, pero no le importa. No importa quien esté robando el amor y atención de sus hijos mientras ellos sean felices.