CAMPBELL CENTER

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Summary

Ella es su psiquiatra. Él es su paciente problema. Él la odia. Ella lo evita. ¿Cuánto tiempo se escapa del deseo? Peor aún, del amor? ... Un centro, verdades ocultas, jugar limpio nunca pudo costar tanto. ¿Quién es Jayden? ... -El centro tiene sus propias normas Ruby, tienes que aprender a jugar con ellas.

Status
Complete
Chapters
50
Rating
n/a
Age Rating
18+

C.D.S.M.C

Fecha:01/10/2023

Ubicación: Alaska(Juneau)

Hora/ 09:02PM.

RUBY

La solitaria calle que conduce a las afueras de Juneau, solo es alumbrada por los focos delanteros del taxi que alquilé en el aeropuerto para que me dejara en mi próximo destino.

El taxista había dudado en traerme hasta tan apartado lugar, pero con unos billetes de más logré que accediera a hacer el viaje completo.

“El Psico-Vital Campbell” ese es mi nuevo destino, uno de los centros de salud mental más prestigiosos de toda Alaska.

Ahí trabajan los mejores profesionales de mi carrera, cosa que me será de mucha ayuda si quiero lograr mis planes de futuro.

Necesito empaparme con mi profesión y con colegas de la misma si pretendo llegar a ser la mejor en mi área.

—Señorita, ya llegamos.—Me dice el taxista estacionándose frente a las grandes rejas que encierran el enorme centro.

Que lugar tan frío, tan solitario.—Pienso de inmediato al ver por la ventana.

—Muy bien.—Miro al taxista y me bajo del coche, aguardo fuera un segundo, hace frío y me apretujo el abrigo a la espera de que el hombre rellenito saque mi equipaje de la parte trasera del taxi.

—¿Segura que es el lugar correcto?

El hombre le da un vistazo receloso al centro, al mismo tiempo, un búho gris se posa sobre la enorme verja principal y se nos queda viendo, dudoso, el taxista me pasa las maletas y yo las agarro.

—No se preocupe, verá, es que soy psiquiatra. —Le sonrío, el taxista no me devuelve el gesto.

—Entiendo.—Se limita a decir.—En ese caso que tenga suerte.

El hombre no se molesta en alargar la charla y rodea su taxi, con firmeza cierra la puerta del maletero y el ruido sobresalta al búho de la entrada, que en un segundo echa a volar lejos con un torpe batir de alas.

—Tenga mi número por si decide que este no es lugar para usted.

Dejo que el taxista me extienda su tarjeta de trabajo por la ventanilla aunque sé no la voy a ocupar demasiado pronto.

Hasta entonces me giro hacia las puertas de metal, el motor del taxi arranca detrás de mi, hace ruido y se pone en marcha, y el auto se aleja veloz por la oscura carretera desierta.

Y, ahí está por fin después de meses de incertidumbre.

Reparo lo que durante los próximos años se convertirá en mi hogar y lugar de trabajo.

La fachada no decepciona, la verdad es justo como sale en las fotos de la página web del centro.

Un edificio de tres plantas con construcciones aledañas que si no me equivoco son las residencias para el personal del lugar.

El sitio cuenta con buenos terrenos y con un bosque enorme que se alza detrás, admito que tiene un aire ambiguo ya que se encuentra algo aislado de la ciudad pero no deja de ser imponente.

Tras un respiro hondo me encamino hasta la entrada a varios metros de la reja principal, como dije, buenos terrenos y el jardín delantero es solo una pequeña muestra de ello con sus lindos arreglos florales.

El jardinero del lugar sin duda hace un gran trabajo.

Me pregunto cómo se las arregla para mantener tan bien la gran extensión del jardín, no parece trabajo para una sola persona.

Bajo las escaleras de concreto después de dejar al vigía atrás, arrastrando mis maletas en el proceso.

El enorme jardín da paso a una zona más amplia, adornada por modernas y enigmáticas estatuas de mármol oscuro sobre un suelo pulcro cubierto de adoquines.

Frente al edificio distingo las figuras de varias personas, charlando, supongo es mi comitiva de bienvenida ya que di aviso de que llegaría hoy en la noche.

—¿La señorita Brown imagino?

Me aborda una mujer de cabello negro y rasgos finos extendiendo una mano que acepto de buena gana. El hombre y la mujer que tiene a sus espaldas me reparan con atención.

—Así es, usted debe de ser la señora Campbell.

—Oh por favor, puedes llamarme Martha.

—Es un gusto señora Martha.

—Bueno Ruby, bienvenida al centro Campbell. Ven, deja que te presente a Raimon, mi asistente y amigo.—Le ofrezco la mano al hombre mayor y bajito y este me dedica un saludo, serio.

—Un placer.

—Y esta de aquí es Amelia, jefa del personal y encargada de las áreas comunes del centro.—Repito el proceso con la señora devolviendo el saludo que me ofrece.

—Bueno querida, imagino que debes estar agotada por el largo viaje.

—Un poco.

—En ese caso Amelia te mostrará tú nueva residencia, por mi parte te espero mañana temprano en mi oficina para darte las indicaciones sobre tus nuevas obligaciones.

—Por supuesto.

—Entonces que descanses, ya verás, aquí todos somos una gran familia.

—Gracias nuevamente por la oportunidad.—Me despido de momento de la señora Campbell y su hermosa sonrisa y sigo a Amelia hasta mi nuevo lugar de estadía.

La verdad, ya no veo la hora para soltar todo mi equipaje el cual por cierto pesa más que un matrimonio mal llevado.

Ahora que lo pienso, debí de viajar un poco más ligera pero me había dejado llevar por mi loca amiga Raquel y su entusiasmo. Insistió mucho en que lo empacara todo recalcando que sería un viaje largo.

Solo espero que todo resulte bien, si lo logro pronto podré dirigir mi propio centro o clínica, de esas que ofrecen un gran servicio y cuidan de la salud de todos sus pacientes.