Prefacio
Si hay tantas opiniones como cabezas, debe haber también tantas clases de amor como corazones.
Anna Karenina
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Es inicio de Otoño, las luces de Zipolite resplandecen, hace una noche calurosa. Nado en la piscina de la casa que mi familia tiene en este paradisíaco lugar. He decidido venir esta semana, sabía que mi hermana y su familia estarían aquí, quise pasar estos días con ellos y huir de la ciudad húmeda. Estar con mi sobrina me llena de alegría, es increíble que, una pequeña bebé de casi dos años pueda doblegarme, incluso más rápido que un juez de alto criterio. La amo con todo mi corazón.
Recuerdo el día que Emma me citó alarmada en su casa, apenas bajé del avión, llegué lo más rápido que pude. No la había visto desde el día de su boda, se fueron por largo tiempo de luna de miel. Cuando me dijo que era urgente, sentí que el estómago se me revolvía, todo desencadenado gracias a los traumas. En cuanto pasé la puerta de su casa, vi que mi cuñado estaba sonriente y mi hermana un mar de lágrimas, de las que sabes que no son malas. No supe cómo reaccionar, qué decir, solo pude preguntar; ¿qué es lo qué pasaba?
Mi hermana se levantó y fue directo a mí, me abrazó y me dio dos besos, dijo que no podía irme de viaje en los próximos meses, ya que me iba a necesitar. La sujeté y le pedí que me dijera, qué es lo que estaba sucediendo y es ahí cuando me miró fijamente y me respondió; "Vas a ser tía". En mi vida han existido palabras muy significativas, pero estas, vaya que me dejaron más impactada que cuando gané el premio master en abogacía siendo tan joven. No supe en qué momento comencé a llorar con ellos, los tres parecíamos magdalenas, ahí abrazados y por Dios santo que fueron meses en los que si a caso tenía que viajar, solo era por un par de días. Estuve con mi hermana durante todo su proceso de embarazo, si de por si es bella, con esa barriga se veía fantástica, mi cuñado como siempre de desesperado, inquieto y demasiado meloso, la cuidaba como si fuera un cristal y yo me llenaba de orgullo, pues así, deben ser las relaciones; nunca hay que esperar menos. El tiempo se fue como agua, me la pasaba comprando cosas en los centros comerciales, Omar solo movía la cabeza cuando me ayudaba a llevar a la camioneta todos los regalos para el nuevo integrante de mi familia.
Estaba en una reunión con un político que era acusado de enriquecimiento ilícito, mi equipo le explicaba todo el proceso, cuando Chema me llamó para decirme que Emma estaba en labor de parto. Ni me despedí del cliente, salí como bala al hospital y ahí estuve el tiempo que tardó en nacer ese pedacito de cielo. Cuando Chema salió de la sala de parto, lloraba mares, lo sujeté y abracé. Los dos sabíamos que lo que acababa de nacer no solo era un bebé, significaba nuestra felicidad lograda.
Fue niña. Me picaban las manos por conocerla, por cargarla y mimarla hasta saber Dios cuánto. Por fin pude entrar al cuarto de mi hermana, ahí estaban las dos mujeres más importantes de mi vida. Emma cargaba a ese pedacito de carne, besé la frente de mi hermana y comprendí que mi bebé, había tenido a su bebé. Me la dio en brazos y todo se volvió increíble, es tan hermosa, mi hermana en ese momento me pidió que fuera su madrina, la madrina de; Elizabeth. Al escuchar cómo la llamarían, no pude más que llorar, llorar y llorar de nuevo. Mi sobrina, mi amor chiquito se llamaría como el amor de mi vida.
Qué recuerdos tan hermosos. Mi hermana y su familia, se han ido a la ciudad y yo he decidido quedarme un poco más, alejándome de todo. Observo el cielo estrellado con la luna brillante, mientras floto boca arriba. Me encanta verla como si tuviera la esperanza de que en algún momento aparecerá en ella su rostro. A lo lejos escucho mi celular, no tengo intenciones de responder, que se arreglen como puedan. Hay días en los que decido desconectarme y ningún caso puede ser más importante que mi estabilidad. Eso lo he comprendido gracias a mi terapia.
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Otro día de mis vacaciones express, salgo a pasear por la ciudad, compro algunas cositas que encuentro por los puestos de artesanos, mientras platico con alguno de ellos. Me detengo a comer unas papitas, es muy difícil que alguien me haga probar este tipo de comida llena de grasa, sin embargo, me las ha vendido una niña, que me ha dado mucha ternura y al final no estaban tan mal. Me siento en una de las tumbonas libres, donde encuentro a unos turistas estadounidenses, platicamos sobre el lugar, me preguntan varias dudas, se las respondo y me invitan a cenar con ellos, estaba apunto de decirles que no, pero al no tener un mejor plan, acepto. Me han caído muy bien, son una pareja de esposos que se han jubilado y ahora viajan por el mundo. Les pago la cena y se van agradecidos invitándome a pasar unos días en su casa de Florida; Imposible, dice mi cerebro. Simplemente hay lugares que después de un amor tan grande, jamás serán lo mismo. Ya es muy noche cuando llego a la casa, prendo el reproductor, escucho música dejándome llevar por el tiempo y mi soledad, a la que yo le llamo tranquilidad, pues al llegar a la Ciudad de México no hay más que trabajo y demasiada; ansiedad.
Nota;
¡Hola!
Bienvenidos a la historia de Sara, bilogía del libro el paraíso. Le debía a este personaje su protagonismo, su historia personal, sus luchas constantes del pasado y por su puesto lo que se desencadenó en ella después de todo lo que vivió en la historia anterior. Nada mejor que puntualizar el derecho que todos tenemos a amar, sin importar el color. Es momento de visibilizar historias que realmente muestren a la persona, antes que su orientación, fomentemos respeto, admiración, energías positivas, dejemos la mentalidad retrógrada ahí, donde debe quedarse; en el siglo pasado. Estoy segura de que les encantará, si Sara se ganó su corazón, cuando conozcan a quién le dará su luz, no sabrán a quién amar y apoyar más.
El amor siempre gana, todo lo demás sale sobrando.
¡Bienvenidos!
❤️🧡💛💚💙💜
Inkit +18








