Relatos +18

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Summary

Relatos cortos donde dejo volar mi imaginación; además es un ejercicio de escritura. Disfrútalo 🌙

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Papá soltero - parte 1


Ser niñera de Aiden es lo mejor que me ha podido pasar. Es un niño divertido e inteligente; no bromeo cuando digo que el tiempo se pasa volando cuando estoy jugando con él.

Hoy es uno de esos días en los que me toca quedarme a dormir en su casa porque su padre llegará tarde del trabajo.

Su padre, Alexander... Dios, cómo explicarles: es un dios griego. El hombre sabe que está bueno y eso lo hace aún más excitante. Si no fuera por el pequeño detalle de que es mi jefe, saltaría encima de él en este instante.

Intento mantenerme al margen. Realmente amo mi trabajo y no me perdonaría si por una calentura, no puedo volver a ver a Aiden. En serio, es el niño más mono que he conocido.

El reloj marcaba las 9:00; ya era hora de que Aiden fuera a la cama si no quería que su padre me mandara a mejor vida. Y eso hice: le leí un pequeño cuento y le di su beso de buenas noches. Luego me dispuse a esperar a su padre, o más bien tomé eso como excusa para ver The Tonight Show; realmente era adicta a esa mierda.

Escucho el sonido de la puerta, un claro indicador de que su padre ha llegado, pero también logro escuchar la torpeza con la que intenta abrir la puerta de su casa.

-Hey -dice con una sonrisa torcida y un frágil intento de parecer normal-. Lo siento, Hanna, creo que me pasé un poco con la bebida.

-JAJA, ¿solo un poco? -pregunto con una risa burlona y mi ceja claramente arqueada-. Ven aquí, te ayudaré a que llegues a tu habitación.

-Gracias, en serio.

Los siguientes cinco minutos intento llevar a Alexander a su habitación en una sola pieza, una tarea bastante complicada, para ser honesta.

-Bien, hora de dormir.

-Hanna...

-¿Qué sucede?

-Eres tan hermosa... -lo dice con una mirada tan intensa que por un segundo mi lado racional flaquea y casi es reemplazado por esa chica que en serio necesita un poco de acción.

Y sucede. Antes de que pueda reaccionar, me roba un beso, el cual rechazo por obvias razones.

-Alexander... duerme un poco -le digo sonriendo y saliendo disparada de su habitación a la mía.

Si había un poco de raciocinio en este cuerpo de un metro setenta, había desaparecido por completo con ese beso. Es más que obvio que me gusta Alexander, pero no puedo pretender que esto no saldría muy mal.

Y cuando hablo de que saldría muy mal, me refiero a ese momento en el que Alexander decide despedirme y no dejar que me acerque más a Aiden. Y es en serio me rompería el corazón, y ahora de doble manera.

Así que lo mejor será olvidar esto y no tocar más el tema.

Mentiría si digo que dormí como una bebé. La sombra bajo mis ojos no miente no dormí nada, pero debo levantarme y hacer el desayuno para todos. Hoy es el día especial de Aiden con su abuela y bajo ninguna circunstancia puedo arruinarlo.

Así que tomé la mejor decisión: me levanté de mi cama a preparar el desayuno y ahogué mis penas en un vaso de café bien helado.

-¿Hanna, ya está el desayuno? -pregunta el pequeño con su voz aún ronca; en serio, es tan adorable.

-Cariño, estará en un momento. Mientras, ¿podrías pedirle a tu padre que te bañe?

-No está; fue a su habitación y había desaparecido.

-Vale, seguro está en el gimnasio, no te preocupes. En un segundo te baño.

Y eso hago sirvo los tres desayunos, alisto a Aiden y espero pacientemente la llegada de su abuela.

-Buenos días.

-¡Papá! -grita Aiden mientras se abalanza sobre su padre, que por cierto tiene toda la camisa pegada a su cuerpo por el sudor. Eso es algo que realmente no puedo ignorar por más que me esfuerce.

-Buenos días -dice Alexander con una mirada de perrito regañado.

Espero... realmente espero que no recuerde nada de anoche, que su memoria haya borrado todo y que simplemente volvamos a la normalidad.

Y antes de que pudiera contar, el timbre suena.

-¡Llegó mi abuelita, llegó mi abuela!

Y en efecto, había llegado la madre de Alexander por Aiden, algo que me aterra porque eso supone que ahora debo enfrentar lo que sea que quiera decir Alexander.

-¿Todo bien? -pregunta de manera tímida.

-Sí, todo bien -excepto por el hecho de que devoraste mi boca ayer, todo está estupendo.

-Hanna, debemos hablar de eso.

Y ahí estaba la conversación que quería evitar a toda costa. ¿Por qué todo tenemos que hablarlo ahora? ¿No sería más fácil ignorar lo que nos incomoda?

-Bien, oye, no tienes que decir nada.

-No, sí debo. Realmente siento haberme comportado como un imbécil y robarte ese beso. En serio, lo siento, pero entenderé si quieres renunciar. Te pagaré todo el mes y una indemnización.

-No fue tan grave, no te preocupes... además, no me desagradó -y ahí está mi bocota. ¿Cuándo aprenderé a no hablar de más?

-¿Sí?

El silencio hizo acto de presencia en la cocina, pero era un silencio cómodo, como si nos estuviéramos diciendo todo sin palabras.

Por mi parte, mi mirada decía: "lánzate sobre mí Alexander, y haz lo que quieras conmigo".

La de él... no tengo ni la más mínima idea yo no sé descifrar miradas.

¿Recuerdan que dije que no saltaría encima de él? Me retracto, porque eso es justo lo que haré ahora.

Y ahora estoy yo encima de su boca, besándolo. Mentiría si dijera que el miedo no me carcomía, pero ese beso lo valía por completo.

Sus dedos... cielos, son la gloria. Cómo los mueve en mi humedad me enloquece. Realmente llegué al punto en el cual no puedo reprimirme; soy por completo un manojo de nervios sin control. Es que, ¿quién no lo sería cuando tienes a un hombre como Alexander trabajando tan fuerte en tu zona sensible?

-Estás tan mojada, Hanna -dice con la voz más ronca que le he escuchado.

-Lo... lo sé -quisiera poder decir más que eso, pero es lo único que mi cerebro logra formular con semejante presión formándose en mi vientre-. Alexander, quiero más.

Y lo hace. Y demonios, cómo lo hace.

Puedo sentir la presión de su entrepierna en mi muslo derecho, cómo palpita en busca de placer y cómo crece cada vez más.

Y puedo afirmar, sin ver, que Alexander vino muy bien equipado al mundo.

Y pensar en eso me hace querer conocer a su amigo de inmediato.

-Creo que ya deberíamos, ya sabes...

-Ajá. En lo que a mí concierne, no puedo soportar un minuto más sin clavarme en ti.

Y eso es justo lo que hace, clavarse duro y de manera rápida en mi interior. La sensación me sobrepasa; si antes no podía hablar bien, ahora mis capacidades lingüísticas son nulas.

Puedo sentir su tamaño, la fricción y la manera en la que palpita su miembro en mi interior. Cada embestida es la gloria; siento cómo mis paredes se aprietan alrededor de él, señal de que cada vez estoy más cerca de alcanzar ese dulce orgasmo.

-Si sigues apretando así, no creo poder aguantar más, Hanna.

Y ese es el detonante. Verlo tan excitado, al borde del abismo al igual que yo, me da ese empujón para alcanzar mi orgasmo, y sin duda él no tarda mucho en llegar al suyo.

-Sin duda debemos repetir esto más -digo con mi voz agitada, tratando de retomar un ritmo normal.

-Concuerdo -dice mientras me abraza, para así ambos abrazar a Morfeo.

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Hola chicas, ¿cómo han estado? está es mi primera vez escribiendo en esta plataforma después de que Wattpad borrara mi historia. Espero que les guste mucho y les deseo un excelente diciembre.