Harta de ti

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Summary

En una Isla aislada del mundo existe un reino perdido y caótico que alguna vez fue próspero y libre, pero que en algún punto de la historia fue envuelto por la desgracia. El cielo debía haberles mandado un castigo, ¿qué pecado estaban pagando para que los estuvieran castigando de tal manera? Su libertad les fue robada, obligándolos a alzar un muro que los protegiera de las maldiciones del cielo, de aquellos animales que mutaron en horribles monstruos acechando el exterior. Para fortuna del pueblo, el rey mandó a su más habilidoso equipo de guardias a buscar la solución a la maldición. Liderados por la capitana Grace emprendieron su búsquedas a las afueras del muro. Por supuesto, no esperaban que no serían los monstruos su único contratiempo. Quién diría que su misión se vería interrumpida por una intrépida ladrona con su propio objetivo. "-No puede ser...-Masculló Grace entre dientes al escuchar aquella voz, provocando que una sonrisa se formara en los labios de Lizbeth. -¿Me extrañaste?"

Genre
Fantasy
Author
Valeria
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1- Escape al otro lado

¿Alguna vez has considerado que la lluvia puede ser una gran compañera? Aunque a veces sea traicionera al igual que las personas, hay ciertas circunstancias en las que resulta de gran ayuda.

La lluvia es justa, te fastidia, pero te ayuda cuando lo necesitas.

Al menos la lluvia lo hace.

Aunque por su culpa sus pantalones se encontraban salpicados de lodo y sus zapatos estaban inundados por el agua de los charcos, no le pudo importar menos.

Sus pasos eran apresurados, agradeciendo el sonido del tormento que les estaba lanzando el cielo, pues gracias a este el impacto de sus pies contra el suelo pasaba desapercibido.

Escapando de las lámparas que se acercaban a lo lejos amenazando con atormentar la oscuridad y soledad de las calles.

No debían alcanzarla, eso era lo único que tenía por seguro.

Así que allí se encontraba de nuevo, huyendo.

Vaya mierda.

Al menos las otras veces no se sentía tan miserable.

Esas veces la lluvia no había tenido que ayudarla.

En aquellas ocasiones huía a pasos secos, a la luz del sol, aprovechándose de la multitud para no ser atrapada. Disfrutando de la sensación de adrenalina que le provocaba la persecución y del placer de reírse de la capitana de los guardias del reino por habérseles escapado de nuevo, imaginando su cara de frustración por nunca poder alcanzarla.

Así como esa vez antes de que todo ese desastre empezara…

_____

Estaba en problemas. Y sí, ella se los había buscado, lo cual no era nuevo para ser sinceros.

Quizás no debió robarle a esa señora, en ese momento y en ese lugar.

…Quizás.

—¡Deténgase ahí ahora mismo!

Sí, no debió hacerlo.

Si giraba la cabeza lo suficiente podría ver al grupo de oficiales seguirla como perros rabiosos, dirigidos por una mujer alta de mal carácter; Grace. Sin embargo, no se detendría ni un segundo a comprobar ese hecho.

Corría lo más rápido que sus piernas daban, las cuales ya estaban completamente acostumbradas y por lo tanto entrenadas para ello.

No le importó llevarse un par de cestos de frutas o carteles por delante. Ni siquiera se tomó la molestia de sacarle la vuelta a la gallina que cruzaba la calle, lo cual le estaba generando un cargo a su conciencia, esperando sinceramente que la pobre gallina estuviera bien.

—¡Novato, vaya al castillo y dígale al subcomandante que mande a alguno de los caballos!—Escuchó a la capitana ordenarle a uno de sus lacayos.

Y, está bien, eso se estaba poniendo serio.

Nunca antes la habían perseguido con uno de esos. Normalmente guardaban a los caballos para los patrullajes al rededor del muro o para casos especiales.

Aunque, es cierto que nunca antes había robado dinero. Tal vez eso era considerado un caso especial.

Sí… debió pensarlo mejor, pero esta vez estaba desesperada y su cabeza no tuvo tiempo para pensar antes de que sus manos actuaran por sí solas imprudentemente.

Aceleró el paso, buscando una calle concurrida para hacerles difícil perseguirla con aquel animal.

Se deslizó entre la gente sin importarle empujarles o tirarles algunas cosas. Ella tenía problemas más grandes que algunos tomates aplastados.

Justo cuando creyó que estaba perdiendo a los guardias, al doblar una esquina de la calle tuvo que chocar con alguien, que si no fuese quien era le habría importado muy poco dejarle ahí tirada.

Sin embargo, se detuvo a ayudarle, casi tropezando con las piedras por detenerse tan de repente.

—¡¿Qué te pasa muchacha?! ¡Casi terminas por descomponerme la cadera!—Una anciana de cabello canoso la regañó poniéndose de pie con su ayuda.

—Lo siento mucho, nana, no me fijé, perdona—Se disculpó rápidamente, preocupada por haberle causado algún daño a la mujer.

—No, si ya vi que llevas mucha prisa. ¿A dónde vas?—Preguntó curiosa alejándose de su agarre para mirarla de arriba a abajo, probablemente buscando algún signo de problemas en su cuerpo.

Rio nerviosa, echando un vistazo a la otra calle, viendo a los guardias acercarse cada vez más.

—Yo… lo siento mucho, me gustaría quedarme a platicar, pero ahora mismo estoy muy ocupada—Enfatizó el “muy”, empezando a retroceder pequeños pasos, preparándose para escapar de nuevo.

—Ay no, ¿en qué lío te metiste ahora?—La anciana le miró con reproche y ella solo pudo sonreír inocentemente, aunque la mujer supiera que era de todo menos eso.

—Yo nunca, jamás, me metería en un lío—Negó rotundamente, mirando de reojo a la otra calle, alcanzando a divisar a la capitana de los guardias con quien lamentablemente cruzó miradas—¿Qué le parece si luego nos tomamos un cafecito? ¡Nos vemos, nana, que tenga un bonito día!—Se despidió poniéndose en marcha de nuevo, escuchando los reclamos de la señora tras ella y los gritos de los guardias por tenerla en visión nuevamente.

Muy bien, solo tenía que despistarlos lo suficiente para llegar a la playa.

Fácil, ¿no? Pues no.

Cuando creyó que podría llegar al camino que le llevaba directo a la costa, su paso se vio obstruido por un imponente caballo que relinchó al verla, parándose en sus dos patas traseras. Casi se cae del susto al verlo elevarse repentinamente frente a ella, levantando algo de tierra al cambiar la dirección de sus pies hacia otro camino apresuradamente.

Escuchaba el galope del caballo pisándole los talones, por lo que -para no ser aplastada- se escabulló entre los árboles de las entradas de las casas, zigzagueando entre ellos para evitar que el caballo se la lleve entre las patas.

Escuchó la fuerte voz de la capitana dándole algunas órdenes a los guardias, órdenes que no se molestó en entender, lo suficientemente ocupada en su trabajo de correr y despistar al caballo.

Solo tenía que distraerlo un poco más hasta llegar a un lugar en específico por donde sabía que el animal no podría pasar.

De un momento a otro el caballo pasó de estar tras de ella, a estar frente a ella, galopando hasta el final de la calle para luego detenerse a mirarla fijamente. Su extraño comportamiento le hizo girar la cabeza un momento, viendo cómo la capitana y dos guardias más seguían sus pasos más de cerca, ambos guardias se dividieron para cubrir los costados de la calle y la capitana se detuvo entre medio de ambos.

Sus pasos dudaron por un segundo al verla sonreír con superioridad. Volteó rápidamente hacia el frente al escuchar al caballo galopar nuevamente, siendo ahora dos que iban directamente hacia ella.

¿En qué momento apareció otro?

Muy bien. Cambio de planes.

Nuevamente cambió de dirección, ahora corriendo despavorida de regreso.

—¡¿Te has vuelto loca?! ¡Van a aplastarme!—Vio como la sonrisa de la capitana se ensanchaba, entendiendo que no pararía hasta que se entregara o los caballos le pasaran por encima.

Así que tenía dos opciones, o se pudre en un calabozo o queda como tortilla…

Aunque nunca fue buena en eso de las decisiones. Entonces decidió improvisar.

Buscó la casa con el tejado más bajo y el árbol más cercano, corrió hacia ella, huyendo de los endemoniados caballos para treparse de un brinco a una de las ramas, temiendo con toda su alma que esta se rompiera, cosa que afortunadamente no pasó.

Maniobró entre las ramas más gruesas trepando lo suficiente para estar a la altura del techo, dando un salto de fe hacia este, casi resbalando con las tejas y escuchando cómo un par se rompían bajo sus pies.

Miró hacia abajo un momento, observando con suficiencia el ceño fruncido de la capitana, disfrutando haber borrado la arrogancia de sus facciones, y haber marcado la estupefacción en el rostro de los demás guardias.

La vio dando órdenes nuevamente, seguramente de que se dirigieran al otro lado para interceptarla, así que se apresuró a cruzar el techo de la casa, teniendo cuidado de no resbalar con ninguna teja.

Sinceramente nunca antes había huido a través de un techo, por lo que realmente estaba algo asustada de dar un paso en falso, caer, y romperse más de un hueso.

Teniendo cuidado logró cruzar al otro lado del techo. La brisa fresca de la playa envolvió su cuerpo mientras veía la arena clara extendiéndose a lo lejos.

Solo tenia que bajar.

Tomó aire y, sintiendo la adrenalina volviendo a su cuerpo optó por colgarse de la orilla del techo y dejarse caer lo que quedaba de espacio, pues no había nada más de lo que pudiera aferrarse de ese lado.

Al soltarse sintió el leve escozor en sus pies por el impacto contra el piso, siseando ante el escalofrío y la sensación de entumecimiento.

No tardó mucho en recomponerse, tomando carrera nuevamente, ahora sobre un suelo de arena.

Creyó haberlos perdido por un momento hasta que escuchó un golpe tras ella. Se dio la vuelta rápidamente, viendo a la capitana recomponerse de la caída.

Por un momento se había olvidado de lo obstinada que podría ser esa mujer. Por algo era quien dirigía la línea de guardias encargados de proteger al reino.

—No tenía constancia de que también eras medio mono—Dijo la capitana, burlándose de su hazaña de hace un momento.

—Que puedo decir… talentos ocultos—Contestó, retrocediendo a pasas lentos y cautelosos.

—Si ser una criminal es un talento, entonces sí, tienes un tipo de talento—Cuando la vio empuñar su espada y sacarla de la funda que la contenía, decidió que era momento de volver a huir.

—Por un momento creí que tendríamos una charla tranquila. Ya veo que no—Se apresuró a girarse en dirección a la costa, buscando la zona de los puestos de venta de los pescadores, lugar hacia el que empezó a correr nada más localizarlo.

—Claro que la tendremos, ¡cuando estés tras las rejas!—La escuchó responder junto a sus pasos sonando tras ella. Temiendo ahora que fuera realmente capaz de usar el arma en su contra.

Cuando estuvieron junto a los puestos se desvió para pasar a través de ellos, diciendo disculpas al aire para los vendedores por probablemente dañar sus cosas.

No se detuvo hasta que llegó al puesto que buscaba, ese que realmente, en lugar de un puesto, era más bien el lugar donde guardaban las herramientas de pesca, entre ellas las redes, las cuales colgaban mojadas de orilla a orilla, aprovechando esa característica para escabullirse estratégicamente entre ellas, marcando una barrera con la capitana. Imaginando que se detendría para no dañar el equipo de esas personas con su espada por alcanzarla.

Soltó una risa cuando al mirar sobre su hombro, efectivamente, la capitana se había detenido a guardar su arma y buscar el camino para cruzar entre las redes sin dañarlas.

Aprovechó esa ventaja para salir de la carpa y dirigirse a otro lado.

Allá donde el muelle se encontraba y solo los demasiado curiosos y los pescadores se animaban a pisar, temerosos de toparse con aquello que se encontraba tras el gran muro que rodeaba el reino.

Afortunadamente, eso nunca fue un impedimento para ella.

Se deslizó en la arena, e importándole poco mojarse con el agua se arrastró para escabullirse entre los soportes del puente hasta quedar completamente escondida en el oscuro lugar debajo del muelle, ese rincón donde las tablas de madera se separaban de la arena y gracias a los soportes se elevaba sobre el mar.

Ya que el puente se encontraba en un nivel bajo, tuvo que agacharse en cuclillas para caber en ese espacio. Intentaba regular su respiración, hundiéndose más en el agua que le llegaba hasta el pecho y pegándose lo más posible al inicio del puente, esperando haber perdido de vista a la capitana y que a ninguno de los guardias se le ocurriera pasar por la costa con la posibilidad de verla por los laterales del puente allí escondida.

Sentía el agua empapar su vestimenta, pegándola incómodamente a su piel y haciéndole más difícil la tarea de respirar sin complicaciones, esperando que no llegara una ola lo suficientemente alta y fuerte para llenar el poco espacio que tenía.

Escuchó a la capitana gritar algo a lo lejos, seguramente maldiciendo por haberla perdido de una manera tan patética.

Lo más probable es que en ese momento estuviera dando un vistazo a los alrededores para encontrarla, por lo que no debía moverse ni hacer el más mínimo ruido que pudiese captar su atención.

Bajó una de sus manos, buscando a tientas en su cintura aquel pequeño saco que debía estar lleno de monedas, monedas que claramente había robado. Suspiró aliviada al encontrarlo ahí fuertemente amarrado, temía que con todo el ajetreo pudiera haberse soltado y perdido aquello que inicialmente causó todo el alboroto.

Estaba desamarrando el saco de su pantalón para revisar las monedas cuando escuchó las tablas crujir sobre su cabeza.

Se congeló instantáneamente, todos sus músculos se tensaron y su respiración se detuvo.

Otro crujido hizo que se encogiera en su lugar, cerrando los ojos y hundiéndose más en el agua muy lentamente.

Para cuando el ruido estuvo justo sobre su cabeza, casi sintiendo la arena de la tabla cayendo en su cabello, los pasos se detuvieron y casi sintió su corazón pararse a la par.

—¡Capitana! ¡El rey la mandó a llamar!—Los cascos de un caballo golpeando contra la arena se escucharon cada vez más cerca—Dijo que necesita hablar con usted urgentemente, que se presente en el castillo lo antes posible.

Entonces el crujido volvió a aparecer, esta vez sonando de regreso por donde venían, alejándose poco a poco de ella.

—¿Encontraron a la fugitiva?—La oyó responder, su voz sonando ligeramente frustrada y tan autoritaria como siempre.

—Negativo, Capi. Buscamos en los alrededores, pero nada.

—De acuerdo—Resopló—Llévame al castillo.

Y así como llegó, el galope del caballo se fue.

En ese instante sintió el alma volverle al cuerpo, permitiéndose respirar y abrir los ojos nuevamente.

Eso estuvo cerca. Demasiado cerca.

Decidió esperar unos minutos por precaución antes de asomarse entre los soportes del puente, confirmando que estaba libre de guardias.

Salió del agua precavidamente, observando a lo lejos a los pescadores arreglando sus puestos del desastre que había causado.

Casi decide acercarse a ayudarles… casi, pero apreciaba su vida.

Se dio la vuelta, caminando hacia una de las orillas del muro, cuidando que nadie estuviese prestándole atención.

En un punto la arena era sustituida por un conjunto de rocas que se elevaban como una pequeña montaña y tan solo un poco después el muro atravesaba la costa y el mar, separándolos del otro lado.

Se escabulló entre las rocas, escalando y bajando entre ellas, teniendo precaución para no resbalarse, hasta llegar a una zona de piedras que se encontraba escondida y completamente cubierta con redes de pesca rotas e inservibles.

Bajó a ese lugar, necesitando de tan solo mover un par de redes para descubrir un hueco hacia abajo entre las piedras, lo suficientemente grande como para que una persona cupiese.

Se sostuvo de las rocas que rodeaban el agujero para adentrarse poco a poco, colgando en la oscuridad hasta que sus pies tocaron suelo nuevamente. Se dejó caer y volvió a acomodar las redes para cubrir el hueco.

La cueva estaba completamente oscura, con una sensación cálida y húmeda.

Apoyó una de las manos en la pared de su lado izquierdo para orientarse. Y caminó siguiendo esa misma pared, confiando ciegamente en el camino hacia el que llevaba.

No pasó mucho tiempo cuando finalmente logró vislumbrar una suave luz a lo lejos, se dirigió a ella sin dudarlo, abandonado poco a poco la oscuridad del lugar para ser recibida por la luz del exterior.

Observó las palmeras moviéndose libremente con el viento como si estuvieran bailando sin ninguna preocupación. Finalmente pudo respirar la fresca brisa de la playa sin ninguna persona a la vista, porque nadie se atrevería a ir hacia allí.

Volteó hacia atrás mirando la imponente muralla alzarse tras ella.

Una sonrisa apareció en su rostro. Había cruzado al otro lado del muro.

A esas alturas de su vida no significaba nada extraordinario para ella, ningún tipo de logro real; sin embargo, nunca dejaría de sentirse poderosa por ser la única persona “normal” con la capacidad de salir y volver a entrar completamente sana, sin importarle los peligros que se encontraban en el exterior.




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¡Hola! Soy Ayove, he pasado un tiempo organizando esta novela y finalmente he decidido empezar a publicarla. Eres bienvenida/o a acompañarme en este proceso de escritura y a disfrutar de esta historia. Si les gusta la fantasía, la aventura, la acción y el enemies to lovers, este es su lugar. Sígueme si no te quieres perder nada y por supuesto, tus comentarios siempre son bienvenidos💕

¡Que la disfruten!