Prologo
En el vasto continente de Inbrum, donde los vientos arrastran el eco de antiguas guerras y las montañas guardan secretos que jamás debieron ser revelados, he visto razas enteras levantarse y caer bajo la sombra de poderes ocultos. He caminado entre ruinas ennegrecidas por el fuego, he sentido el crujir de los huesos bajo mis botas, y he cargado en mis hombros el peso de batallas que nunca fueron del todo justas.
Durante décadas, mi espada se alzó contra criaturas hostiles y hombres cegados por la ambición. En cada choque de acero descubrí que la verdadera lucha no era contra el enemigo frente a mí, sino contra las dudas que me desgarraban por dentro. Porque en Inbrum, cada victoria trae consigo un dilema moral, cada decisión deja cicatrices más profundas que las heridas de guerra, y cada paso que damos nos recuerda que sobrevivir es un arte más difícil que dominar cualquier poder.
Hoy, ya en los últimos tramos de mi camino, comprendo que la aventura nunca estuvo en la gloria ni en el dominio de la fuerza, sino en resistir el peso de un mundo que exige pagar un precio por cada elección. Y mientras el ocaso tiñe de rojo los cielos de Inbrum, sé que mi legado no será el filo de mi espada, sino las marcas invisibles que llevo en el alma: las cicatrices de un guerrero que aprendió que vivir es la batalla más ardua de todas.
-Escrito encontrado en un diario abandonado.