SATURNO

All Rights Reserved ©

Summary

Mucho antes de que existiera la humanidad, los planetas no eran un conjunto de esferas silenciosas flotando en la oscuridad. Eran entidades vivas, Dioses ocultos bajo capas de luz, gases y piedra. Illianis, una mujer que desde niña reviviría todo un pasado enorme que esconden los planetas y el astro rey. Saturno, el guardián de los anillos, siempre deseó más poder del que le correspondía. Júpiter, rey de las tormentas, amó demasiado y destruyó aún más. Marte guardó secretos que podrían romper mundos. La Tierra… la más peligrosa de todas, no por su fuerza, sino por lo que sentía. Hubo un tiempo en que los planetas caminaban juntos, cuando el Sol aún hablaba y no se ocultaba tras siglos de silencio. Un tiempo en que las lunas eran reinas, no presas. Hasta que un acto de venganza lo cambió todo. Lo que los humanos llaman “órbitas” son solo las distancias pactadas después del desastre. Lo que conocen como “fenómenos naturales” son ecos de guerras que nadie recuerda. Lo que creen que es cielo… es solo un velo. Porque entre los planetas existe una historia enterrada, demasiado peligrosa para revelar. Una historia que empieza con un crimen celestial, continúa con un amor prohibido, y termina con la caída de uno de ellos. Y el universo guarda silencio. Porque hay secretos que incluso las estrellas temen nombrar.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Un sueño imposible.

Un día despertaré y te veré en el cielo, tan resplandeciente como sales en los libros, te veré tan imponente con tus anillos, brillando como me imagino que serías.

—Hija sabes que solo lo puedes ver por telescopio. —Dice mi padre mientras reímos, el es un fanático de los planetas al igual que yo.

—Cuando sea grande viajare al espacio lo conoceré y te traeré fotografías para que veas de cerca lo lindo que es Saturno.—Mi padre me carga y ríe.

—Lograras cosas grandes mi pequeña.

Pero despierto de mi sueño a la realidad, sabiendo que verte sería imposible y me lamento pensar en que todo lo que le prometí a papá nunca lo cumplí. Me case joven sin estudiar la universidad, decepcionándolo, nunca iré al espacio ni mucho menos conoceré a Saturno, solo viven en mis sueños.

Me conformo con saber que existes y que siempre serás mi planeta favorito.

Mi nombre es Illianis, soy la mayor de dos hermanos, me case muy joven pero el destino me arrebato a mi esposo y mi padre el mismo día en un accidente, ahora vivo con mi madre Amara, mi hermano Taren y mi hijo Aurelio, somos felices dentro de lo que cabe, trabajo como cajera en un supermercado, no me quejo al contrario doy gracias que por lo menos tengo trabajo, aunque no es lo que realmente me gusta, pero doy todo con tal de hacerlos felices, mi hermano tiene 20 años, es soñador como lo somos todos a esa edad, estudia y trabaja mucho para ayudarme con los gastos de la casa, mi mamá cuida de mi hijo ya que no puede trabajar

Cuando era niña siempre le decía a mi papá que viajaría al espacio, eran mis sueños más profundos, pero entendí que no todo suele suceder como lo deseamos. A mis 30 años debería haber aterrizado y pensar que esas cosas nunca sucederán, que solo eran sueños que todos tenemos en nuestra niñez, al contrario, no hay día que deje de pensar o soñar con ese planeta, es como una conexión que nos une.

.

Es de noche y siempre tengo mi mente en otro lado, mientras mi hermano me habla.

—¿Qué tanto piensas? Espero que no sea en un hombre. — Mi hermano pequeño, ya es todo un hombre, pero para mí siempre será mi hermano pequeño, nos llevamos muy bien, a él no le gusta hablar de los planetas como a mí, salió parecido a mi madre, siempre me dice que soy loca por interesarme esas cosas, sabiendo que verlos sería imposible para nosotros porque somos simples mortales sin dinero, aunque duele es la verdad.

—Te imaginas, despertar un día y ver a Saturno en el cielo brillando con sus anillos hermosos, tan imponente como se lo ve en los libros, verlo ahí, así como se ven las nubes, así como se ve la luna en la noche, sería impresionante, una experiencia mágica, una noticia que despertaría la curiosidad mundial, Ahhh. —Puedo notar la cara de impresionado que tiene Taren, veo que se sonríe burlonamente, hasta que suelta una carcajada tan fuerte que los vecinos escuchan.

—Hay Illianis, no seas loca, eso no pasará, sabes que, si Saturno se pone a esa distancia de la tierra, nos pulveriza ¿verdad?, la gravedad no lo soportaría. —Lo sé perfectamente, pero, es un sueño que solo yo entiendo.

—Si, lo sé, pero no te burles, es un sueño, una ilusión en mi imaginación que siempre he tenido, acaso tú nunca has tenido alguno — Literalmente desde niña he deseado ver a Saturno en el cielo.

—Hay tú y tus ilusiones, por eso sigues sola y cuando te casas nuevamente, enamorada de Saturno, un planeta que nunca vas a poder ver, solo en los libros. — Duele, pero es verdad, nunca lo veré.

—No es amor, es solo admiración, verlo sería mi más profundo deseo.

—No vaya hacer que se te cumpla, mejor cállate, siempre tienes boca de profeta a veces todo lo que dices se cumple, claro en cuestiones normales, como el otro día que dijiste que querías que llueva y justamente llovió, pero eso de ver a Saturno no pasará y si pasa, nos morimos todos, la Tierra es muy pequeña para semejante planeta.

—Lo sé, solo es una ilusión que tengo, no digo que se hará realidad, tampoco digo que quiero que pase, Taren sabes que siempre me ha gustado Saturno, conocer sobre él, verlo en fotografías.

—Si desde que tengo uso de razón me hablabas de tus planetas, pero ya eres una adulta, tienes 30 años y un hijo, mejor ya deja de hablar cosas sin sentido y vamos a dormir ya es tarde mañana es jueves y toca trabajar.

Mi hermano entró a su habitación, debería hacer lo mismo en lugar de imaginarme cosas que nunca ocurrirán, así que eso hice, revise si mi hijo dormía, él tiene 3 añitos, como quisiera que la vida sea mucho más larga, veo como personas mueren, quedé viuda cuando Aurelio tenía 1 año, es tan pequeño, lo que menos deseo es dejarlo solo, la vida es bella y cruel.

Me acuesto a dormir, empieza a caer la lluvia, arrulla mi sueño, me encanta el invierno, aunque es algo extraño que llueva es verano.

Veo a mi hijo que duerme a mi lado, para protegerlo haría cualquier cosa, el nació prematuro, siento que debo protegerlo a toda costa, doy mi vida por él, lo abrazo y siento su calor, quiero vivir toda la vida para protegerte.

En mis sueños veo a un hombre, alto cabello plateado que se acerca, su piel es perfecta, siempre he soñado con él, desde que era niña, nunca recuerdo que es lo que hace, siempre veo que está ahí mirándome.

Veo que se acerca a mí, tanto que puedo sentir su respiración, mi piel se eriza, quiero correr, pero no puedo, su aroma es tan extraño, siempre su boca cerca de mi oído y susurra:

—¡Nuestro momento ha llegado!

Despierto sobresaltada y veo a mi hijo a mi lado, sentado como asustado.

—Te pusiste fría mami. —Lo miro y lo abrazo.

—No pasa nada cariño.

Le dije eso para tranquilizarlo, en realidad me sentía extraña, siempre he visto a ese hombre en mis sueños y es la primera vez que me habla, sentí frio cuando se acercó, creo que el pensar tanto en el espacio me está volviendo loca.

El clima está bastante frío y no debería, es verano, en esta época siempre hace calor, además es temporada de clases, así que alisto mi hijo para que desayune con nosotros, lo visto con ropa abrigada, que me toca buscar porque no las tengo a la mano.

En las noticias dicen que el planeta está experimentado cambios de clima drásticos, que debemos tener precaución, al estar en la mesa la maestra dice que no habrá asistencia debido al clima, solo espero que en mi trabajo si vayan abrir el dinero siempre hace falta.

—El cielo está extraño, las nubes no están, será que se viene algún fenómeno. — Mi madre comenta un poco preocupada.

—No pasará nada mami, debemos cuidarnos, nada malo pasará, ¿Taren hoy vas a trabajar?

—Si, saldré temprano para ir a jugar fútbol con mis amigos, no pases por mí al trabajo, regresare cuando termine el juego.

—De acuerdo solo no vayas a llegar muy tarde ni borracho.

—Mami, dile que no me regañe, se cómo comportarme.

—Solo te estoy aconsejando muchacho majadero. —Le digo mientras le doy un leve golpe en el brazo y se queja como si lo hubiera golpeado fuerte.

—Cuídense mucho, yo estaré aquí cuidando a mi pequeño Aurelio.

—Si mami, cuídalo mucho, me tengo que ir antes de que llegue a llover, nos vemos luego.

Nos despedimos de mi madre y de Aurelio, salimos de casa rumbo al trabajo en un pequeño auto que nos dejó papá, de camino veo el cielo despejado, pero con un tono gris, en esta época el Sol no deja de brillar en el cielo azul y el calor es casi insoportable, un escalofrío recorre mi cuerpo y no entiendo porque, dejo a mi hermano, continuo mi camino

Llego a mi trabajo y todos miran el cielo con asombro, “Debería salir el sol”; dicen todos, el frio se siente mas cada minuto que pasa.

Llame por teléfono a mi madre y están bien en casa, ella al igual que muchos están preocupados por la situación, mi hermano me escribe avisándome que ya salió del trabajo y que se va a jugar, eso me tranquiliza, con lo que esta pasando no hay como estar incomunicados.

Ya al regresar a casa pienso en mi sueño en lo que dijo ese hombre, he tratado de olvidarlo, pero mi curiosidad me hace mirar al cielo, como si algo me llamara, como si algo me esperara.

Una bocina de un auto me saca de mis pensamientos.

—Fíjate bien por donde andas, por poco te atropello.

Un señor muy enojado me grita, reacciono y veo que estoy al borde de la carretera, no se porque no sentí que me baje de mi auto, vuelvo a sentirme extraña y regreso al carro y condujo directo a casa.

Al llegar mi hijo me recibe con una hermosa sonrisa y mi madre ya tiene la cena lista, subo me baño y bajo par cenar.

—¿Qué pasará? las noticias no dicen nada claro. — Mi madre preocupada por la situación.

—No lo sé mamá, tal vez es solo un cambio en las corrientes marítimas. — Eso sería raro, pero lo que quiero es tranquilizar a mi madre.

—Nunca había pasado nada igual, las nubes no aparecieron en todo el día y el sol tampoco. — No me había fijado, pero tenía razón el día paso despejado, no hubo nubes y el sol tampoco salió, estuvo el día de un color gris bastante extraño, me daba miedo el solo pensar que algo malo ocurriría, no me imagino la vida sin mi familia.

—No te preocupes mami, todo estará bien. — Digo tratando de transmitir tranquilidad, pero en realidad yo también estaba inquieta.

Eran las 10 de la noche y mi hermano no llegaba, le escribí, pero solo respondió que estaba bien y que pronto llegaría. Una hora después llegó y fue ahí que me pude dormir, porque esos cambios de clima se me hacen muy extraños tenemos que estar juntos por cualquier cosa que suceda, mañana lo voy a regañar.

Estaba sentada en una silla dorada, frente a mi estaba un hombre sentado se notaba que era alto, no se le veía el rostro, empezó a acercarse hacia la luz y se empezaba a ver su cara, era el mismo hombre de siempre.

—Te estoy esperando, conocerás lo que más deseas. —Me toma de la mano y siento un piel fría, no me puedo mover.

Mi hermano me despierta y Aurelio está llorando.

—¿Qué paso? —Pregunto asustada.

—Eso mismo quiero saber, estas helada y…. te estabas quejando.

—Fue una pesadilla, es todo. —Me acerco y abrazo a mi hijo.

—El planeta y tu están igual de raros. —El siempre se ha reído de mis ilusiones si le cuento seguro que me regaña.

—Acaso tu nunca has tenido pesadillas.

—Si, pero no me pongo helado, o eso creo bueno no nos vuelvas asustar de esa forma, quiero dormir, hasta mañana.

Mi hermano se fue y mi hijo volvió a dormir, en cambio yo me asome por la ventana a mirar hacían el cielo, me siento tan extraña.

Trato de volver a dormir, pero no puedo amanece y veo que el frio es peor casi insoportable, llega un comunicado que no trabajaremos por lo menos no hoy, me quedo un rato mas en la cama hasta que mi madre nos llamó, desayunamos y todo iba normal.

El día paso rápido, vimos algunas películas, pero mi mente no estaba aquí, esos sueños se sentían tan reales, sentía que ese hombre me necesitaba, que me llamaba que simplemente tenía que estar a su lado.

Ya era casi la hora de dormir voy a acostar a mi hijo y estaba por bañarme y escucho unos gritos, salgo a mi cuarto y veo un reflejo por mi ventana, miro mi reloj, son las 10:30 de la noche exactamente, no hay manera para que el sol salga, me acerco despacio, por la ventana trasera observo como muchos vecinos miran hacia el cielo, mi hijo se levanta asustado, siento que algo no anda bien, salgo del habitación con mi hijo en brazos, Taren está afuera, veo su cara de asombro, hace demasiado frío y el aire se siente pesado, mi mamá sale de su cuarto pero el rostro de Taren es diferente, no hay manera de descifrarlo.

—¿Hermano, que sucede? — Su rostro sin expresiones junto a la ventana, como asombrado, me acerco lentamente, mi madre toma a mi hijo en brazos mientras lo cubre con una manta, escucho que los vecinos gritan de desesperación por la cara de Taren siento que el cambio de clima es el responsable de todo esto, no me quiero imaginar que está sucediendo.

Mi corazón se acelera, el frío se adentra en mi huesos, no entiendo porque me siento así, llegó justo detrás de mi hermano junto a la ventana, logro observar en cielo, claro pero gris, no se ven nubes ni estrellas, camino más y puedo notar algo, unos anillos hermosos, tal como me lo había imaginado, una parte de él se veía por detrás de la casa de los vecinos, mi corazón se aceleró con más fuerza, es como me lo imaginé creí que estaba en un sueño, los vecinos corren diciendo que es el fin de nosotros y no era para menos, Saturno está ahí, en el cielo claro no lo podía ver por completo pero se ve lo suficiente como para saber que es él como se ve en los libros, con un brillo incomparable, su color gris precioso.

—Lo lograste loca, tu deseo se cumplió ahí está tu gran amor. — Taren sabía lo que esto significaba para mí, moriré después de haber cumplido mí sueño, verlo en el cielo.

—Si, es tal y como lo imaginé, enorme, brillante mi hermoso Gigante Gaseoso.

Mi madre que nos había escuchado por poco y se desmaya, pero algo es extraño a esa distancia ya no deberíamos existir, somos tan pequeños que la gravedad y la presión ya es para que hubiera acabado con nosotros.

—Vamos afuera, tenemos que verlo bien. —Taren, toma mi mano y vamos hacia la puerta, no sé cómo reaccionar he deseado esto toda mi vida que ahora no sé qué pensar, mi hermano se notaba más emocionado que yo. Algo dentro de mi me dice que cumplí mi promesa.

Papá, lo estoy viendo con mis propios ojos, estoy observando a Saturno.