Prologo
La noche antes de mi primer día en Fresno, no pude dormir.
Me quedé mirando el techo, escuchando el sonido extraño del silencio. No era el mismo silencio de mi cuarto de antes. Este era diferente. Más grande. Como si el espacio entre las paredes no me conociera todavía.
Pensé en todo lo que no sabía decir.En las palabras que se me atoraban en la boca.En las frases que solo existían en mi cabeza porque decirlas en otro idioma me daba miedo.
Mi mamá dormía en el cuarto de al lado. Para ella, este cambio era esperanza. Un nuevo trabajo, una nueva oportunidad. Yo quería sentir lo mismo, pero lo único que sentía era un nudo en el pecho.
Me pregunté cuántas veces tendría que sonreír fingiendo que entendía.Cuántas veces asentiría con la cabeza solo para no pedir que repitieran.Cuántas partes de mí se quedarían calladas por no saber cómo decirlas.
Antes de apagar la luz, pensé algo que no le dije a nadie:
Ojalá no perderme en el idioma.Ojalá no olvidar quién soy solo por no saber cómo explicarlo.
Al día siguiente, crucé las puertas de una escuela que no me conocía. crucé las puertas de una escuela que no escuela que no me conocía.Y sin saberlo, empecé a escribir una historia que no estaba en ningún diccionario.