EL MUCHACHO DE LOS OJOS TRISTES

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Summary

n un reino donde el amor ha sido erradicado y los sentimientos son un peligro, ella nunca esperó desafiar las reglas. Pero cuando cruza caminos con el guardia real-un hombre con ojos melancólicos y un destino ya escrito-su mundo comienza a tambalearse. Lo que empieza como encuentros furtivos y miradas robadas pronto se convierte en algo mucho más profundo... y prohibido. En un lugar donde los sentimientos pueden costarle la vida, amar es el mayor acto de rebelión.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1


Lo amé. Lo amé incluso cuando su espada estaba contra mi garganta.

El amor no tiene cabida en este reino. Aquí los matrimonios no se hacen por amor, sino por poder. Los sentimientos son vistos como una debilidad. La reina Vespera, lo dejó claro hace mucho tiempo: Aquellos que desafían sus reglas... desaparecen.

17 años antes...

Esa noche entré a la habitación y me acurruqué en el regazo de mi abuela, Amalia. Podía sentir el suave movimiento de sus manos mientras trenzaba mi cabello. Afuera, la noche cubría todo el reino con un manto silencioso, dentro de casa todo se era cálido y seguro.

— ¿Sabes por qué el amor es tan temido, pequeña? — La voz de mi abuela era arrulladora, sobre todo cuando empezaba a contar historias

Negué con mi cabeza, pero la miraba con los ojos grandes y atentos.

— Porque cuando es verdadero, no se puede controlar. Y lo que no se controla... asusta.

Fruncí el seño, porque claramente no podía entender. Sin embargo, me gustaba como sonaba. — Pero abuela... ¿no está prohibido?

Ella sonrió con tristeza.

— Lo prohibido no siempre es malo, mi niña. A veces, lo prohibido es simplemente algo que alguien no quiere que descubras.

Me quedé en silencio, pensé en que lo que mi abuela quería decir y aún no lograba comprenderlo.

Ella seguía enredando sus dedos en mi cabello, como si atrapara un hilo del destino mismo.

— Déjame contarte una historia — susurró, inclinándose un poco más hacia mi — Había una vez, un hombre y una mujer que no debían amarse. Sus familias eran enemigas, sus mundos estaban separados por murallas y leyes, pero sus corazones... sus corazones no conocían esas barreras.

Parpadeé fascinada — ¿Qué hicieron?

— Se encontraron en secreto — continuó — Cada noche, cuando el mundo dormía, ellos se escapaban a un viejo puente de piedra, donde nadie podía verlos. No hablaban de sus familias, ni de sus deberes. Solo se miraban y, con eso, era suficiente.

— ¿Fueron felices? —pregunté con bastante ilusión

La abuela se tardó en responder.

— Por un tiempo, si. Pero el amor, mi niña, no es algo que pueda esconderse para siempre. Una noche, alguien los descubrió...

Me tensé, por el miedo.

— ¿Qué pasó? — Le pregunté a mi abuela

Ella me acarició la mejilla con ternura y finalizó.

— Algunas historias no tienen un final feliz, pequeña. Pero eso no significa que no valgan la pena.

Bajé la mirada y sin comprender por qué, de repente comenzó a dolerme el pecho.

— ¿Y si ellos hubieran tenido otra opción? — susurré

Mi abuela, sonrió con dulzura y algo de melancolía en su mirada. Tomó mi mano y me contestó...

— Si hubieran tenido otra opción... la habrían tomado. Porque cuando amas de verdad, harías cualquier cosa por un segundo más con esa persona.

No respondí, pero esas palabras calaron hondo en mi corazón, como un tatuaje que no se ve, pero no se borra.

Esa noche mientras dormía, soñé con un viejo puente de piedra y con una risa que no conocía, pero que algún día en el futuro, sería capaz de reconocer.

20 años después

La mesa está lista, impecable y todo servido. Los candelabros iluminan los rostros de mi familiares, pero hay frialdad en el aire. La conversación a la mesa es educada y sin embargo, vacía.

— La reina ha organizado un baile real, pero no está abierto a todo el pueblo. — menciona mi padre, quien es ministro en la corte real.

Toda la familia lo mira atento, menos yo que estoy girando lentamente el liquido vertido en mi copa.

— La reina ha decretado que diez jovencitas serán elegidas para ser entrenadas y, eventualmente, desposadas con príncipes de otras provincias. Esto contribuirá a que el reino tenga más alcance y capacidad militar. — dice mi padre, con voz firme, pero con la mirada cansada.

Un silencio denso se apoderó de la habitación. El abuelo aprieta sus labios y aparta la vista. Mi madre, juguetea con su copa de vino como si buscara las palabras para amortiguar la noticia.

— Shalom... tú eres una de ellas. — continuó

Mi estomago se encogió. Me aferré al borde de la mesa porque al levantarme casi me caigo.

Sabia que la reina tomaba decisiones crueles. pero nunca me imaginé verme atrapada en una de ellas.

— No puede ser — susurré con la voz quebrada.

— Lo es — confirmó mi padre — no tienes otra opción

Mi madre toma mi mano, pero en lugar de sentir consuelo, lo sentí como una despedida.

— Entiendo que esto es difícil, hija. Es una oportunidad para asegurarte un futuro.

Alcé la mirada incrédula ante la actitud de mi propia madre.

— ¿Mi futuro? ¿O el futuro del reino? ¿Acaso no importa lo que yo quiera? — Miré a mi abuela en busca de ayuda, sin embargo la pobre solo podía ofrecerme lagrimas de dolor.

— No en la corte de Vespera — murmuró mi abuelo Ezra, por primera vez. — El amor es un lujo que ella no permite.

Me había llenado la cabeza de historias de amor, de luchar por lo que quería y ser libre. Sin embargo, mi destino ahora se ha convertido en todo lo contrario, seré una marioneta de la cruel reina Vespera.

Al pensar en todo eso, se formó un nudo en mi garganta. Me sentía como el vino que seguía meneando mi madre, atrapada.

En ese instante, volví a mirar a la mujer que me había enseñado todo lo que sé sobre el amor, mi abuela. De sus labios no salió ni un sonido, pero yo le entendí todo.

“A veces, lo prohibido es simplemente algo que alguien no quiere que descubras”.

Entonces lo entendí, no todas las reglas están destinadas a ser obedecidas.

Más tarde esa noche, mientras deambulaba por los pasillos llena de ansiedad, escuché voces provenientes del estudio de mi padre. Sé que es incorrecto, pero quiero saber de qué hablan. Me acerco y contengo mi respiración para que no me descubran.

— No podemos simplemente aceptarlo — dijo mi padre con frustración — ¿Cuántas familias más deberán sacrificar a sus hijas por las ambiciones de Vespera?

— Baja la voz, Cassian — suplica mi madre — Si alguien te escucha...

— ¿Y qué? ¿Acaso no tenemos derecho a cuestionar esto? No estoy diciendo que nos rebelemos abiertamente, pero debemos encontrar una manera de proteger a Shalom. ¿Lo entiendes Nahia?

— Si intentamos desafiar a la reina, podríamos perderlo todo — respondió con voz temblorosa — No solo nuestras tierras, sino nuestras vidas. Y la de ella.

Mi abuelo Ezra intervino con un susurro grave.

— Vespera no es invencible. Su reinado no será eterno. Pero debemos ser inteligentes... y pacientes.

Mi corazón latía con fuerza. No por el miedo, sino por una chispa de esperanza. Tal vez, después de todo no estaba completamente sola en esto.

Respiré hondo y reuniendo todo el valor que tenia, empujé la puerta y entré a la habitación. Mis padres y mis abuelos se sobresaltaron al verme.

— No tienen que pelear por esto — dije con voz firme, aunque estoy muerta de miedo — Haré lo que la reina quiere. Si esto asegura el linaje de nuestra familia, entonces lo aceptaré.

Mi madre me miró con los ojos vidriosos, mientras mi padre fruncia el seño, incapaz de ocultar lo frustrado que estaba. Mi abuelo, en cambio, me observaba con una mezcla entre orgullo y tristeza, mi abuela agachó su cabeza, en señal de derrota.

— Shalom... — murmuró mi padre, pero lo interrumpí

— No quiero que arriesguen sus vidas por mi. Si hay algo que puedo hacer para que estén a salvo, lo haré.

Un silencio pesado cayó sobre la familia. Mi madre entre sollozos me abrazó con fuerza, mientras mi padre cerraba los ojos con resignación.

Mi abuelo, asintió lentamente y dijo — Eres más fuerte de los que crees, mi niña.

— Ella lo es y sé que tendrá un futuro brillante, la hemos criado bien. — Dijo mi abuela.

Esa noche, me despedí de mi familia. El carruaje, junto a la guardia real vendrían por mi mañana.

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