EL REY
NARRADOR OMNISCIENTE
El cielo nublado se ilumina gracias al relámpago acompañado del trueno que hace un estruendoso ruido provocando que Lili brinque del susto al escuchar tal cosa, el miedo la abarca así que termina corriendo para entrar al gran castillo que todos los días miraba con anhelo, el anhelo de poder entrar algún día y que hoy se le está cumpliendo.
Lili Sallow, una joven de dieciocho años, aprendiz de la servidumbre real, inocente, tierna, algo despistada y sobre todo hermosa, de ojos mieles, cabello castaño claro y ondulado, pero lo que más sobresale es su sonrisa perfecta, esa que siempre tiene a pesar de todo.
La pequeña joven pasea sus ojos por toda la cocina, una gran cocina con caldero, un horno en donde podría aprender a hacer pasteles y galletas, todo tallado perfectamente con la mejor piedra y con detalles de oro hermosos.
—¡Apresúrense que los reyes ya bajarán a desayunar!— grita desesperada la señora regordeta que entra a la cocina apresurada.
La señora se ósea por la cocina, moviendo y acomodando frutas en los platos mientras balbucea maldiciones y reza un padre nuestro, la joven de ojos mieles la observa divertida y emocionada.
—Hola— habla entusiasmada.
—¡Ah Dios mío!— grita con exageración la mujer vestida con el uniforme de servicio real, aunque este es diferente, es de un verde fuerte, pero lo demás es normal, el mandil blanco y lo que parece una cofia pero de tela menos dura.
—Yo...
—¿Que haces aquí?, ¿cómo te llamas?, ¿quien eres?, si los reyes te miran aquí y vestida así, te enviarán al calabozo niña— el corazón de la castaña se acelera al escuchar eso.
—¿Que?, no, no soy ladrona ni nada, soy Lili.
—¿Lili?
—La hija de Livia— dice con un tono de tristeza al recordar a su madre la cual acaba de fallecer hace tres semanas.
La expresión de la señora cambia a una más relajada pero igual triste.
—Claro...yo...soy Susan, la nueva ama de llaves.
—Mucho gusto Sussy— la chica vuelve a sonreír y el apodo hace que la ama de llaves alce una ceja.
—Susan Linda— vuelve a su postura sería —Entonces tú eres la nueva aprendiz.
—Si, ¿Le dijeron que vendría?
—Si, yo el encargo de todo eso, ven.
Ambas comienzan a caminar hasta el dormitorio de las sirvientes, llegan a un pasillo y comienzan a bajar las escaleras para después llegar al área con forma de círculo en dos e hay varias puertas de madera, cada una con el nombre de cada sirvienta real, la ama de llaves abre la que no tiene nombre, la habitación que próximamente puede ser de Lili.
La chica al entrar aguanta su grito de emoción, aunque aún es aún aprendiz, ella confía en que lograra quedar como servidumbre real.
—Toma— Susan saca el atuendo de Lili —Si no te queda hay otro más chico, y si tampoco te queda pues has milagro que te necesito lista, te espero en la cocina.
—Si...— Susan sale de la habitación Sind dejarla hablar —Señora.
Lili detalla el vestido que le causa emoción, da pequeños saltos con el en sus manos, lo pone sobre la cama y luego se quita el que tiene puesto, un vestido sucio de la parte de abajo gracias al lado del camino.
Con gran emoción se pone el vestido azul cobalto, lo acomoda bien y aunque le queda un poco flojo ya que los vestidos de la servidumbre no llevan corset, ella lo ajusta cuando amarra el moño en su espalda que sostiene el mandil blanco.
El cabello se lo ata en un moño bajo y se pone el gorrito blanco que la hace reír, este queda en la parte alta de la cabeza.
Ya lista sale de la habitación casi corriendo, llega a la cocina como le ordenó la ama de llaves, de inmediato la pone a limpiar toda la cocina, rincón por rincón, no es una cocina pequeña, Lili termina exhausta, nos guantanamera y se sienta en una esquina de la habitación.
—Niña, arriba, ¿que es lo que sabes hacer?
—Se limpiar, lavar ropa, coser, cocinar y...solo no se hornear, galletas, pasteles y todo eso.
—Okay, entonces te traeré la ropa sucia para que la laves, luego te enseño a hornear— la chica sonríe emocionada.
—¿La ropa de los reyes?— Susan sonríe con diversions
—La de los guardias— La sonrisa de Lili no se borra, lo que sea para ella es bueno.
Enseguida Susan la lleva afuera, un poco lejos del castillo en donde se lava la ropa de los guardias reales, la ama de llaves le da tres baldés llenos de ropa, le explica todo y luego se va dejándola sola para que lave.
Lili tatarea una canción que le cantaba su padre cuando era niña, mientras lava piensa en el, ¿que estará haciendo ahora?, él se dedica a la herrería, es un muy buen herrero, ambos viven en una cabaña cerca de un hermoso río, el padre tiene su negocio en el centro del pueblo, a veces les va bien, a veces mal, pero ella siempre piensa que todo pasa por algo.
Después de unas extensas horas Lili termina de lavar todo, lo único que le falta es tender, así se lleva el primer balde hasta los tendederos, no tarda tanto en terminar con ese primero, sigue el segundo y cuando está llevando el tercero, este s ele resbala de las manos provocando que la ropa caiga en el lodo.
—No, no— suelta la chica angustiada —¿Por que tengo que ser tan torpe?
Esa pregunta se la hacía cada vez que le pasaba algo así, cuando se tropezaba con sus mismos pies, cuando hablaba de más, cuando se le caían las cosas de la mano e incluso cuando chocaba con las paredes que se le atraviesan, así es ella, despistada y algo torpe.
Con prisa recoge la ropa para que Susan no se de cuenta, vuelve a lavarla lo más rápido posible y después de una hora por fin termina, esta vez se la lleva hasta el tendedero con cuidado.
Con su ropa algo mojada, la chica regresa al castillo, en el camino mira a algunos guardas los cuales llegan en sus caballos, unos caballos hermosos que le encantaría montar, pero ella no sabe montar, aún siendo una plebeya y considerando que todos en el reino saben montar, ella no, siempre ha pensando que su torpeza no la deja aprender.
La castaña aprovecha que Susan no está en la cocina para irse a cambiar el uniforme, se pone el otro que le menciono la ama de llaves, este le queda más apretado, pero esta bien para ella.
Antes de volver a la cocina mira la hora en el reloj de bolsillo que es de su padre, son las cinco de la tarde, se tardo demasiado lavando esa ropa, eso la hace ponerse nerviosa, ¿que tal si para Susan no le sirve?
Sacudiendo la cabeza deja sus pensamientos de lado y sube para ir a la cocina, una vez ahí Susan le indica que limpie el comedor ya que los monarcas bajarán a cenar en una hora, todo debe de estar listo, también la manda a asegurarse de que él carruaje de la reina esté listo para partir.
—¿Ha donde irá la reina?— de atreve a preguntar cuando regresa del comedor.
—Aquí no se hacen preguntas niñas— contesta la ama de llaves —Pero bueno, irá al reino de sus padres, la reina Galicia enfermó.
—Pobrecita— murmura —Me imagino cómo se siente.
—Aja, ¿ya esta limpia la mesa?
—Si, rechinando de limpia.
—Bien, le ordenaré a Aurora que me ayude a ponerla.
—Puedo hacerlo yo— se ofrece sin problema.
—Todavía eso no te corresponde, tu quédate aquí, ahora te digo que hacer.
La chica no reprocha, hace caso, ella siempre obedece.
Después de que la cena termina todas las sirvientas se juntan en la cocina ya que el turno terminó, claro que están a disposición a cualquier hora que los reyes se lo pidan.
Susan las deja irse a sus habitaciones para descansar, a Lili le toca irse a su casa ya que todavía es aprendiz, así será por al menos dos meses.
Antes de que la castaña baje para cambiarse, las campanas de la habitación del Rey se escuchan sonar, Susan suspira frustrada.
—¿Que pasa?
—Olvide que el rey siempre pide una tasa de té y sus galletas media hora después de la cena— saca de una caja las galletas que horneo esta tarde.
—¿Es exigente?
—Es el Rey— acomoda todo en una charola de plata, el agua no tarda en hervir, la pone en la tetera junto con las hierbas del té, luego acomoda la taza.
—Huele bien— halaga la chica y la ama de llaves sonríe.
Su expresión de felicidad cambia a una de molestia cuando otra campana suena como si no hubiera un mañana, ahora suelta un grito de frustración.
—¡Ag!, odio a estos inservibles— Lili ríe.
—¿Que pasa Sussy?— la mira mal.
—Susan niña, Susan, tengo que llevarle la cena a los guardias para que sigan con sus rondas— suelta un suspiro —Ya se, llévale esto al rey.
—¿Yo?
—Si, con cuidado por favor, ya vengo.
—Pero yo no...— se va —Ay dios.
El temor de la linda chica es perderse en el gran castillo ya que no lo conoce.
LILI
No se en donde queda la habitación del Rey, se supone que el tour por el castillo me lo dan el otro lunes, tendré que adivinar con mis poderes psíquicos, no puedo evitar reír al pensar eso, si lo sigo en voz alta probablemente piensen que soy bruja y me quemen.
Despejó esos pensamientos de mi cabeza y tomo la charola con cuidado para llevársela al rey.
Subir las escaleras con la charola en mis manos no es para nada fácil, pero lo logro, quiero desaparecer al ver los cuatro pasillos que me quedan por recorrer, elijo ir primero por el de la izquierda pero no tengo éxito, esto es demasiado grande.
Sigo con el otro pasillo y tampoco, mi estómago comienza a rugir de hambre, no he comido nada desde la mañana ya que no he parado de limpiar y lavar, aún así trato de concentrarme.
Pero no puedo, mi estómago vuelve a quejarse, miro las cuatro galletas que están en el plato de porcelana, paso mi lengua por mis labios saboreándolas, alzo la mirada para asegurarme de que esté sola y...mientras sigo buscando me como una galleta, no creo que el Rey se de cuenta, seguro pensará que Susan le mando tres.
Continuó por mi búsqueda por los Grandes pasillos, al estar en el tercero puedo visualizar al fondo una puerta de madera con diseños dorados de pequeñas hojas, seguro esa es la habitación de los reyes, me apresuro para llegar, Roco tres veces las puertas con cuidado de no tirar la charola, enseguida la voz del Rey me dice que puedo pasar.
Cierro con cuidado y mi sonrisa se ensancha al ver tal habitación, es muy grande, las puertas de cristal que dan al balcón están cerradas pero apesto a que tiene buena vista, la cama está gigante y el tocador de la reina es un sueño.
Al rey lo encuentro sentado frente a un escritorio de madera, está dándome la espalda pero puedo notar que impone mucho, no tenia la dicha de concomerlo en persona.
Me acerco y dejo la charola sobre la madera del escritorio.
—Su alteza— hago una reverencia, enseguida el me mira y...
Mi corazón late muy rápido al ver sus increíbles ojos azules, me enderezo lentamente detallando su rostro, es Perfecto, es como si el mejor escultor de Inglaterra hubiera tallado su rostro, su nariz perfilada, sus labios, su mandíbula bien marcada, todo es perfecto.
Con los nervios a mil me alejo poco a poco, Dios, que mal educada, estoy mirándolo a los ojos.
—¿Quien eres tú?— su voz varonil combinado con el tono interrogante que usa hace que me sienta intimidada, más de lo que ya estaba.
—Eh...soy...yo, Lilibeth Sallow su alteza— suelto una risa y ahora maldigo que siempre tengo que reír cuando estoy nerviosa —La señora Susan estaba ocupada así que me envió con su te y galletas.
Mira la charola con las cosas, se queda viendo fijamente el plato con las galletas, nerviosa, trago saliva pensando que se dio cuenta de que falta una, pero me tranquilizo cuando vuelve a mirarme.
—Claro...— su voz me devuelve a la realidad.
—Oh, lo lamento, servirte su té— mi sonrisa vuelve a mi rostro, con cuidado vierto el té sobre la taza blanca, tengo que inclinarme un poco así que estoy más cerca del Rey.
El es uno de los reyes más importantes de este lugar, y a sus treinta y nueva años uno de los más jóvenes. Sus tierras son las más grandes, según me contó mi mamá, todas las princesas querían desposar al gran príncipe Tyler, solo lo logró la mas hermosa de todas, Leonor de Campbell.
A la reina si la conozco, ella suele salir más que el rey, ella es hermosa en todos los sentidos, con ese cabello dorado y sus ojos esmeralda, ni hablar de sus facciones refinadas, ahora veo que ambos son el uno para el otro, igual de bellos.
Bajo la mirada intimidante del rey, terminó de servir el té, cuando ya está todo en su lugar me enderezo entrelazando mis manos.
—¿Desea algo más su alteza?— no deja de mirarme.
—Claro— trato de no temblar cuando me detalla de arriba a abajo —Desvísteme.
Mi sonrisa se borra automáticamente.
—¿Que?— inquiero con sorpresa.
—¿No sabes que tienes que ayudarle al rey a desvestirse?— parpadeo un par de veces.
—No, es que apenas soy una aprendiz mi rey.
Retrocedo cuando arrastra la silla hacia atrás y luego se pone de pie dejándome ver lo alto que es, tengo que alzar la cabeza para mirarlo a la cara.
—Pues ya lo sabes, comienza— no puedo creer que esto sea verdad.
Debe de ser broma, no se supone que una simple aprendiz mire al rey como dios lo trajo al mundo, es inmoral, demasiado inmoral e impropio, aún así no repelo, con mis manos temblorosas comienzo a desabotonar los botones de oro, son varios.
Al términos puedo tocar la fina tela de terciopelo azul, es tan suave, le quito el gran saco que pesa un poco y lo dejo sobre la cama, regreso a él para seguir con la camisa blanca que al desencajar se le nota que le queda holgada.
Dudo en si quitarla también, aunque no podría, es más alto y tengo que quitársela por encima de la cabeza.
—¿Está también?— ma atreví a preguntar.
—No— ya puedo respirar —Prepara la bañera y luego regresa para que me cortes la barba.
Hago lo que me pide, voy al baño para prepararle la tina como lo ordenó, me aseguro de que el agua esté a una buena temperatura, después tomo lo necesario para cortar la barba y regreso con el, ya está bebiendo el té y comienzo la galletas.
Está sentado en la silla así que cuando me acerco para comenzar con mi trabajo el abre sus piernas para que me meta entre ellas, trato de disimular mis nervios, tenerlo así de cerca me provoca algo que no puedo explicar, es extraño.
—¿Preparaste bien la tina?— pregunta mientras comienzo a perfilar su perfecta barba.
—Si señor— mi voz sale firme o al menos lo intento —Es una tina muy grande, y linda, el agua está en su punto, debe de relajarse mucho al ducharse ahí— mis nervios me traicionan así que yo solo comienzo a hablar.
—Lo disfruto— murmura sin dejar de mirar mi rostro.
Me giro un poco para tomar el pañuelo con agua para limpiarlo, cuando lo miro de nuevo pierdo el equilibrio, con sus manos grandes sostiene mi cintura para que no caiga sobre el.
Dios, ¿por que tengo que pasar estas vergüenzas?
—Lo lamento mi rey, soy muy torpe, lo siento de verdad...
—Continúa Lilibeth— Que diga mi nombre me hace obedecer como hipnotizada.
Su mano continua en mi cintura.
—Yo me baño en el río que está por la cabaña en donde vivo— continuo hablando, ni siquiera se porque —A mi papá no le gusta ya que dice que alguien puede verme, pero a mi me gusta, me relaja aunque el agua está fría a veces, más en invierno, con el aire frío y desnuda, tengo que...
Guardo silencio al percatarme de lo que acabo d e decir, ¿que va a pensar de mi?, ¿por que le digo estas cosas al rey?
—Lamento mi imprudencia, hablo mucho cuando estoy nerviosa— vuelvo a limpiarlo con el pañuelo húmedo.
—Aja— me mira a los ojos —Susan siempre me manda cuatro galletas— dice helándome.
—¿Si?— finjo que no se nada —Seguro se le olvidó, la pobre está muy atareada.
Medio sonríe con sutileza, sus ojos se posan en mis labios, siento una corriente eléctrica por todo mi cuerpo cuando pasa su pulgar por la comisura de mis labios, estoy muerta, no seré una sirvienta real y seguro...
—Seguro que fue eso— suelta sereno.
En lo que resta de mi trabajo no vuelvo a hablar, en cuanto termino pongo todo en su lugar, limpio bien, el Rey termina con su merienda así que me llevo todo, salgo huyendo de la habitación.
No se que me paso, sentí varias cosas que jamás había sentido.
NARRADOR OMNISCIENTE
Después de ese extraño encuentro con el rey, ninguno de los dos volvió a verse, pero aún así tanto la joven sirviente como el maduro Rey, pensaban uno en el otro, claro que con distintos motivos.
Lo único que podía pensar la joven era en lo apuesto, lo intimidante y los bellos ojos que tenía el Rey Tyler, se castigaba mentalmente pro pensar en su rey, sentía que traicionaba la moral con la que la habían criado, pero es que dejar osar a un hombre así era imposible.
Por otro lado, el apuesto Rey pensaba en la chica de manera lasciva, de su mente no salían esos ojos inocentes, sus manos suaves y temblorosas que se sentirían tan bien haciendo otras cosas que no fueran desabotonar un saco o definir su barba, también deseaba esos labios carnosos que no podía dejar de ver, pero sobre todo, lo que más pensaba y anhelaba era tener a la chica solo para el, estar dentro de ella y sentirla.
Que fuera casado y que la chica sea la servidumbre no lo iba a detener, nada es imposible para el Rey.
La semana pasó, el domingo llegó y con el su mañana, a las cinco, antes de que saliera el sol pero no a total oscuridad, Lili se bañaba en el río como le había dicho al rey, se preparaba para seguir con su aprendizaje.
Mientras la chica gallaba su cuerpo, en el camino retumbaban los pasos de un caballo imponente, de pelaje negro azabache y con montadura de oro, digno de la realeza, digno del rey.
Esta mañana salió decidido a buscar a la chica y quitarse las ganas de tenerla, salió sin guardias, solo, el jamás había salido sin protección, pero el deseo era más fuerte.
Antes de que la chica pudiera verlo, bajo del caballo que ató a un árbol, quito su capa dejándola sobre el lomo del animal y mientras caminaba contemplando a la chica desnuda, desabotonaba su hermoso saco de terciopelo.
La chica dejo de tararear cuando escucho unos pasos en el agua, asustada miro en la dirección e dónde provenía, allí miro al rey solo en el pantalón negro que se ciñe a sus piernas y deja notar el gran bulto de su erección.
—Mi rey— suelta la chica excitándolo más.
Le prendía que llamara así.
Lili, asustada e indefensa, trata de taparse los pechos y su intimidad con sus brazos, mira de reojo a las piedras en donde estaba la toalla y sus prendas, piensa en ir hasta ellas para taparse, pero la mirada cazadora del rey la tenía inmóvil.
—¿Que...Que hace aquí?, yo...¿podría voltearse?
—¿Crees que puedes hablarme de cómo te duchas desnuda en el rio y pretender que no despertaras nada en mi?— los ojos mieles de la chica se abren como platos.
—No...esa no era mi intención— su voz tiembla nerviosa.
El rey se acerca más a ella, la joven trata de mirarlo a la cara y no sucumbir a los deseos de mirar su marcado abdomen y sus pectorales.
—Sabes que tienes que obedecerme, soy tu rey.
—Lo...lo se mi rey, pero si me deja vestirme...
—No, toda orden que yo te de debes de cumplirla Lilibeth— los ojos miles de la chica se encuentran con el azul del rey.
—Si— murmura intimidada.
—Y ahora tu rey te ordena que seas de él.
—¿Como dice?— el hombre se inclina para que su rostro quede cerca al de ella.
—Que te ordeno que seas mía— ni siquiera le da tiempo a Lili de responder.
Atrapa sus labios en un bezo voraz que a la chica le cuesta rebajar seguir, pero lo logra, su moral la hace querer apartar al Rey y darle una bofetada, pero sus ganas y lo que siente ahora mismo no se lo permites, le sigue el beso posando sus manos en los brazos fuertes del ojiazul, sus pechos quedan contra la piel caliente del Rey.
Sin separarse, como si la chica fuese una pluma la carga haciendo que ella envuelva sus piernas en la cintura de él, la lleva hasta la roca en donde esta la ropa de la castaña y ahí baja sus besos por el suave cuello de Lili, sigue por el pecho, entre sus los pechos que por unos segundos aprieta con sus manos desatando el gemido de la chica y luego deja un camino de besos hasta llegar a la intimidad intacta de la sirvienta.
—Espe...¡Dios!— gime ella al sentir la lengua del rey en su intimidad, en lugares que nadie más que ella había tocado y solo cuando se baña lo hacía.
El cuerpo de la chica tiembla con cada lengüetada tibia que siente y el falo del Rey cada vez se pone más duro, el jamás había hecho esto con la reina, era algo que definitivamente Leonor no se dejaría hacer ya que es “inapropiado”.
Lili sigue soltando gemidos sin preocupación de que nadie escuche, su padre salió las temprano que ella para trabajar y por aquí nadie anda solo, así que nadie los vería ni los escucharía.
Antes de que la chica pueda llegar a su extasis, el rey se detiene desconcertándola, pero los siguientes movimientos del Rey la hacen dudar de lo que está a punto de hacer, pues se quita las últimas prendas que cubrían la gran erección que proclamaba salir, dejando ver el falo grande que aterra a Lili.
<<Me va a destrozar>> piensa ella atemorizada, pero no lo dice, está tan excitada que solo quiere seguir, seguir sintiendo estas nuevas sensaciones que jamás había sentido.
—Serás solo del Rey— dice el con voz ronca posicionándose en la entrada de Lili.
Tyler sabe que su sirvienta jamás había estado en esta posición, que es totalmente virgen, y no necesita preguntarle pues el que ella tiemble un poco y su reacción se lo hace saber.
Es por eso que entra lentamente en ella, ni siquiera le importa que clave sus uñas en sus fuertes brazos, la chica no se queja pero su expresión de incomodidad lo hacen detenerse cuando está completamente adentro.
Lo siguiente que hace es besarla, besarla por un buen tiempo hasta que ella sola alza sus caderas incitándolo a moverse.
—Mi rey, ansió que se mueva— se lo pide con esa voz dulce que lo vuelve loco.
No lo dice dos veces, las grandes manos del hombre de la realeza la toman de la cintura y luego comienza el vaivén que se va llevando poco a poco el pequeño dolor y la incomodidad que ella sentía, ahora solo es placer.
Ella se siente llena teniéndolo dentro y el complacido al sentir como las paredes húmedas y calientes de Lili envuelven su falo, lo aprietan estrechamente como nadie jamás.
Ver a la joven así, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos gimiendo provocan que acelere sus movimientos y que lleve una mano a uno de los pechos perfectos de Lilibeth.
Los gemidos y jadeos del rey se vuelven más fuertes cuando siente la presión en su miembro y abdomen, esa presión que le avisan que llegará a su orgasmo.
Igual para Lili, no sabe que es lo que siente, es raro para ella sentir que algo se contrae dentro, que por su vientre recorre un cosquilleo ya ir ahora no puede dejar de sentirse bien, maravillosamente bien, tanto que no quiere que esto acabe.
Ambos llegan a su Preciado orgasmo, uno más para el Rey y el primero para Lili.
—¡Mi rey!— gime abrazando su espalda, agitada, con la respiración errática y el corazón a mil.
—Dios Lilibeth— musita el rey tratando de controlar su respiración.
Acaricia la cabeza de la chica ya que ella sigue abrazándolo, ahora que todo acabo, que ya no enceguece la excitación, se siente avergonzada por haber hecho esto, ni siquiera quiere ver a Tyler a la cara.
Acaba de estar íntimamente con el rey.
—Lo...lo lamento— se disculpa separándose de él.
—Ey— Tyler busca su mirada, cuando la tiene deja un beso en sus labios, claramente el nos e arrepiente de nada —Esta bien Lilibeth.
—Fue inapropiado su alteza, usted...
—Tu y yo queríamos, ahora eres mía y no podrás estar con nadie más— la voz del hombre sale firme.
—¿Suya?
—Si, ahora me perteneces, ahora eres del Rey, ¿no quieres?— es una pregunta muy tentadora para Lili.
Más porque está claro que lo desea, desea volver a hacer esto.
—Si— susurra casi para ella.
—Bien, entonces dilo— lo mira a los ojos —Di que eres mía.
—Soy suya, mi rey— el mayor no puede evitar sonreír con satisfacción.
Vuelve a unir sus labios con los de la sirvienta y ahí mismo vuelve a tomarla pero esta vez con una vista increíble del trasero de Lili.
Después de ese día, ambos se encuentran todas las mañanas en el río para desquitar las ganas que se siguen teniendo a pesar de ya haber estado juntos, en algunas ocasionas cuando la reina viaja y el rey se queda solo, tiene sexo en la cama de la habitación e incluso cuando Lili pasa todas las pruebas y queda como una nueva sirvienta real, el rey se escabulle por las noches a la habitación de la sirviente.
Y así fue como Lili, una simple sirvienta se convirtió en la amante del Rey Tyler.