Chapter 1❤️🔥

La casa estaba sumida en un silencio extraño, apenas interrumpido por el zumbido lejano del refrigerador y el crujido ocasional de la madera en las escaleras. Taehyung llevaba rato acostado de lado, el celular entre las manos, intentando distraerse con videos sin sentido. El resplandor de la pantalla iluminaba sus facciones delicadas, los labios gruesos entreabiertos y el cabello castaño cayendo sobre su frente.
Un portazo resonó abajo. No necesitó pensar demasiado para adivinar quién era.
—Otra vez… —susurró, rodando los ojos y dejando el celular a un lado.
Los pasos pesados subieron las escaleras, desacompasados, como si cada uno costara un mundo. Taehyung contuvo el aliento cuando escuchó que se detenían justo frente a su puerta. Un giro torpe en la manija y, sin previo aviso, la puerta se abrió.
El aroma fuerte del alcohol entró con él, mezclado con ese perfume tan suyo: notas amaderadas, toques de menta y un calor masculino que parecía impregnarlo todo. Jungkook apareció en el umbral con el cabello negro despeinado, la camisa medio desabrochada y los labios curvados en una sonrisa ladeada.
—Tae… —su voz sonó ronca, arrastrada por el alcohol.
—Estás borracho —replicó el mayor, incorporándose de golpe—. Vete a tu cuarto.
Pero Jungkook no obedeció. Nunca lo hacía. Avanzó tambaleante hasta dejarse caer al borde de la cama, demasiado cerca. Taehyung pudo sentir su calor, su olor, la vibra peligrosa que siempre lo envolvía.
—No quiero dormir solo. —El menor apoyó una mano sobre la colcha, los dedos rozando la pierna del mayor.
Taehyung retrocedió apenas, frunciendo el ceño.
—Kook… estás mal. No sabes lo que haces.
Jungkook rió bajo, una risa que vibró en su garganta y que Taehyung sintió en los huesos.
—Sé perfectamente lo que hago. Solo que hoy no voy a callarme.
El silencio que siguió fue denso, eléctrico. Taehyung abrió la boca para replicar, pero lo que encontró fue un beso.
Los labios de Jungkook cayeron sobre los suyos con torpeza, húmedos por el alcohol y cargados de una urgencia que lo desarmó al instante. Taehyung empujó su pecho, murmurando en protesta, pero los dedos firmes del menor se enredaron en su muñeca, sujetándolo con fuerza.
—No… —susurró contra su boca, aunque el temblor en su voz lo traicionó.
Jungkook bajó la mano libre hasta su cintura, delineando la curva suave que contrastaba con la rigidez de su cuerpo. Taehyung se estremeció. No era un secreto que, aunque era un chico, su figura tenía líneas que a veces lo hacían sentir expuesto: la cintura estrecha, la cadera redondeada, las piernas bien formadas. Jungkook lo sabía, siempre lo había sabido, y ahora lo palpaba con descaro.
—Eres perfecto… —murmuró, hundiendo el rostro en su cuello y respirando hondo, como si quisiera grabar ese aroma en su memoria.
Taehyung se mordió el labio con fuerza, luchando contra la oleada de calor que le recorría el cuerpo. Debería apartarlo, debería empujarlo y poner un límite claro. Pero cuando los dientes de Jungkook atraparon su piel, arrancándole un gemido ahogado, supo que estaba perdiendo la batalla.
Las caricias se volvieron más osadas. Manos firmes explorando su pecho por encima de la camiseta, subiéndola poco a poco hasta dejar expuesta la piel tersa. Jungkook lo miró con los ojos entrecerrados, oscuros, brillantes.
—Déjame, aunque sea esta noche… —pidió, su voz cargada de alcohol y deseo.
El corazón de Taehyung golpeaba tan fuerte que dolía. La cordura le decía que no, que debía detenerlo. Pero sus manos temblorosas no lo empujaron esta vez; se aferraron a los hombros de Jungkook, como si necesitaran sostenerse de algo.
El beso siguiente fue distinto: más profundo, más certero. Jungkook lamió el borde de sus labios antes de invadir su boca, y Taehyung se dejó arrastrar, jadeando cuando la lengua del menor se encontró con la suya. El sabor a alcohol se mezcló con el suyo propio, creando una mezcla embriagadora que le nubló los sentidos.
Su cuerpo empezó a reaccionar antes que su mente. La respiración entrecortada, el calor acumulándose bajo el vientre, el roce de la pierna de Jungkook contra la suya haciéndolo arquearse apenas. El pulgar del menor se coló bajo el elástico de su pantalón deportivo, apenas un roce, pero suficiente para arrancarle un jadeo que se perdió entre los besos.
Taehyung estaba atrapado, sí, pero no quería escapar.

El aire se volvió sofocante dentro de la habitación. La luz tenue de la lámpara en la mesa de noche apenas delineaba sus siluetas, pero bastaba para mostrar lo evidente: Jungkook no pensaba detenerse, y Taehyung ya no estaba rechazando con la misma fuerza.
El beso ardía. Sus lenguas chocaban en un ritmo húmedo, desesperado, mientras las manos grandes del menor subían con descaro por debajo de su camiseta. Los dedos recorrieron su abdomen plano, subieron por su torso hasta pellizcar con rudeza uno de sus pezones. Taehyung gimió contra su boca, apartándola apenas para jadear.
—Jung… kook… basta…
—No. —El tono fue bajo, firme, casi amenazante.
La camiseta salió de un tirón, dejándolo expuesto a la mirada hambrienta de su hermanastro. Jungkook bajó la vista, devorándolo con los ojos como si fuera un festín prohibido. Taehyung sintió cómo el rubor le cubría las mejillas y el pecho, pero no apartó la mirada.
El más joven se inclinó de nuevo, besando su cuello, bajando por la clavícula, lamiendo el camino hasta su pecho. Su lengua jugaba con los pezones erectos mientras sus manos bajaban a la cintura, desabrochando el pantalón con torpeza pero con determinación.
—Eres mío… aunque no quieras admitirlo —murmuró contra su piel.
Taehyung tembló, atrapado entre el deseo y el miedo. Sus piernas se cerraron de instinto, pero Jungkook se abrió paso entre ellas, imponiendo su peso y obligándolo a rendirse.
Entonces, con una sonrisa torcida, sacó algo del bolsillo trasero de su pantalón. Un pequeño sobre plateado que brilló bajo la luz tenue.
Taehyung lo reconoció de inmediato. Su estómago se contrajo.
—¿Qué… qué haces con eso?
Jungkook rompió el sobre con los dientes y lo sostuvo entre los dedos.
—Siempre estoy listo. —Su voz ronca arrastraba la seguridad del que sabe que ya ha ganado.
El olor del lubricante artificial se mezcló con el aroma de su perfume, creando una nube espesa que llenó el espacio entre ambos. Jungkook apretó el sobre, vertiendo el gel transparente en sus dedos, y lo frotó con calma, mirándolo fijamente a los ojos.
—Kook… —Taehyung intentó hablar, pero el contacto frío lo hizo arquear la espalda bruscamente cuando la mano del menor bajó entre sus piernas, metiéndose por debajo de la ropa interior.
Un jadeo escapó de su garganta, tembloroso, traicionero. Jungkook sonrió satisfecho, inclinándose a lamerle el cuello mientras sus dedos deslizaban el lubricante con movimientos lentos y calculados.
—Tranquilo… —susurró con la voz cargada de deseo—. Te voy a hacer sentir bien.
Taehyung apretó los dientes, sus manos aferrándose a las sábanas arrugadas. El frío inicial se transformó en calor cuando los dedos se movieron más profundo, más íntimos, estirando la entrada con firmeza. Su cuerpo lo traicionaba, relajándose poco a poco, respondiendo con un ardor que lo hacía gemir bajito contra el oído de Jungkook.
El menor besaba cada sonido que arrancaba, como si se alimentara de ellos. Su respiración pesada rozaba la piel de Taehyung, mezclándose con el sudor que ya empezaba a perlárseles en la frente.
—Estás temblando… —murmuró, deslizando un dedo más dentro de él, provocando que Taehyung soltara un gemido más alto, ahogado contra la almohada.
Las caderas del mayor se movieron sin que lo pensara, buscando más fricción, más contacto. El placer prohibido lo estaba consumiendo, derrumbando todas las barreras que había intentado mantener.
Jungkook se apartó apenas, lamiéndose los labios, y bajó la vista hacia el bulto evidente en los pantalones de su hermanastro.
—Mírate… —susurró con una sonrisa torcida—. Y decías que no querías.
Taehyung quiso replicar, pero lo único que salió fue un gemido ahogado cuando Jungkook apretó con la mano libre sobre la tela, frotando con rudeza. El roce era húmedo, sucio, desesperante.
—Ah… Jungkook… —escapó su voz quebrada, mientras su espalda se arqueaba buscando más.
El menor no perdió tiempo. Bajó la ropa interior de un tirón y liberó lo que había estado palpitando contra la tela. Taehyung se cubrió la cara con un brazo, avergonzado, pero Jungkook apartó su mano con brusquedad.
—No te escondas de mí —gruñó, inclinándose para morderle el labio inferior mientras lo masturbaba con la misma mano que aún brillaba con el lubricante.
La mezcla de sensaciones lo desbordó. El ardor en su interior, los dedos invadiendo sin piedad, y el movimiento firme de la palma de Jungkook sobre su erección lo hicieron gemir sin poder detenerse. Cada sonido parecía encender más al menor, que ahora lo miraba con los ojos inyectados de deseo, respirando entrecortado contra su boca.
—Te necesito ya, Tae… —jadeó, sacando los dedos lentamente y dejando un vacío ardiente que lo hizo estremecerse—. No aguanto más.
El susurro fue un golpe directo a lo poco de cordura que quedaba. Taehyung lo miró, los labios hinchados, los ojos vidriosos, el pecho agitado. Sabía que ya no había vuelta atrás.
El ambiente estaba cargado. El calor entre sus cuerpos era insoportable, y cada respiración se mezclaba con la del otro en jadeos irregulares. Taehyung tenía los labios hinchados de tanto besarlo, la piel ardiendo y los ojos vidriosos por la mezcla de alcohol ajeno y deseo propio.
Jungkook, en cambio, parecía más lúcido a pesar del estado en el que había llegado. Había una determinación peligrosa en sus movimientos: torpes por la bebida, pero firmes en intención. No estaba pidiendo permiso, estaba reclamando algo que, en su cabeza, ya le pertenecía.
El lubricante resbalaba entre sus dedos, entrando y saliendo con un ritmo que hacía temblar a Taehyung bajo su cuerpo. Cada gemido ahogado lo enloquecía más, cada arqueo de caderas lo empujaba a perder la paciencia.
—Ya estás listo —murmuró Jungkook, retirando los dedos lentamente, observando cómo el cuerpo del mayor reaccionaba al vacío repentino.
Taehyung apretó los ojos con fuerza, mordiéndose el labio hasta casi sangrar.
—Esto… esto está mal…
—Silencio hyung. —El tono de Jungkook fue tan grave, tan cargado de deseo, que más que una orden fue una condena.
Con un movimiento rápido, se deshizo del pantalón y la ropa interior, dejando al descubierto su erección dura, palpitante, húmeda en la punta por la ansiedad acumulada. El contraste con el cuerpo más delicado de Taehyung era brutal: la figura más pequeña, las curvas sutiles, esa piel suave que parecía pedir ser marcada.
Taehyung abrió los ojos justo a tiempo para verlo frotarse con lo que quedaba del lubricante, y la visión lo hizo estremecerse. Sus manos buscaron las sábanas de nuevo, los dedos aferrándose como si fueran su única defensa.
—Jungkook, espera…
El menor se inclinó hasta rozar sus labios en un beso lento, húmedo, lleno de promesas oscuras.
—Voy a entrar…
Sin más, acomodó su cuerpo entre sus piernas, empujándolas hacia atrás con fuerza hasta abrirlo por completo. El mayor se resistió un segundo, pero su cuerpo cedió al instante, temblando bajo el peso de su hermanastro.
El primer contacto fue un choque de fuego. La punta empujando contra la entrada preparada, resbalando con dificultad al inicio, arrancando un jadeo entrecortado de ambos. Taehyung arqueó la espalda, apretando los ojos, sintiendo cómo la presión lo abría poco a poco.
—Dios… Tae… —Jungkook soltó un gruñido gutural al hundirse lentamente, sintiendo cada centímetro estrecho apretarlo con fuerza.
Taehyung lloró un gemido bajo, ahogado contra la almohada. El dolor inicial se mezclaba con un calor insoportable, un cosquilleo que lo hacía estremecerse entero.
Cuando Jungkook se hundió por completo, quedó quieto, temblando sobre él, respirando agitado en su cuello. La sensación era abrumadora: llenándolo, estirándolo hasta el límite.
—Mírame… —pidió con voz ronca.
Taehyung abrió los ojos despacio, encontrándose con la mirada oscura, cargada de deseo y posesión de Jungkook. No pudo sostenerla demasiado; el rubor le quemaba la cara.
El movimiento comenzó. Lento al principio, apenas retirándose unos centímetros antes de volver a entrar, marcando un ritmo que hacía gemir al mayor en cada embestida. El sonido húmedo del lubricante y la fricción llenaba la habitación, mezclado con los jadeos cada vez más fuertes.
—Ah… Jungkook… —Taehyung se arqueó, el sudor resbalando por su pecho desnudo.
El menor gruñó contra su oído, acelerando el ritmo, embistiéndolo con fuerza, como si quisiera grabar su existencia dentro de él. Cada golpe lo hacía hundirse más en el colchón, cada embestida le arrancaba un gemido más alto, imposible de contener.
Las manos de Jungkook lo sujetaban con rudeza, una en la cadera, la otra en su muslo, manteniéndolo abierto para él, reclamando cada rincón de su cuerpo. La cama crujía bajo sus movimientos frenéticos, acompañando la sinfonía de gemidos, jadeos y golpes sordos de piel contra piel.
—Eres mío… solo mío… —Jungkook repetía entre dientes, marcando su cuello con mordidas húmedas, dejando rastros rojos en la piel pálida.
Taehyung gimió más fuerte, ya incapaz de pensar en nada más que en la sensación de ser llenado una y otra vez, el placer creciendo sin control en su interior. Su miembro palpitaba entre sus cuerpos, rozándose con el abdomen firme de Jungkook, goteando sin piedad.
El clímax se acercaba. Se notaba en la manera desesperada en que Taehyung arqueaba las caderas buscando más, en la forma en que sus dedos se aferraban a la espalda del menor, dejando marcas rojas con las uñas.
Jungkook jadeaba contra su cuello, gruñendo bajo con cada embestida más profunda, más salvaje. El sudor recorría su frente, cayendo sobre la piel del mayor, mezclándose con el de él.
—Voy a… —Taehyung apenas pudo pronunciar entre gemidos.
Jungkook lo tomó de la mandíbula, obligándolo a mirarlo mientras aceleraba hasta perder el control.
—Hazlo conmigo.
El grito entrecortado de Taehyung llenó la habitación cuando alcanzó el orgasmo, su cuerpo temblando, contrayéndose alrededor de Jungkook, que no tardó en seguirlo. Un gruñido profundo salió de su garganta mientras se hundía hasta el fondo, derramándose en él con violencia, sintiendo cómo lo apretaba aún más en esos segundos de clímax compartido.
El tiempo se detuvo. Solo quedaron jadeos, el eco de sus respiraciones y la sensación pegajosa del sudor y los fluidos entre ambos. Jungkook cayó pesadamente sobre el pecho del mayor, aún dentro, aferrado como si temiera que desapareciera.
Taehyung cerró los ojos, intentando recuperar el aliento, pero lo único que sentía era el peso prohibido de su hermanastro, el calor de su piel y el eco de lo que acababan de hacer.
Sabía que estaba mal. Sabía que no había vuelta atrás.
Pero en ese instante, lo único que pudo hacer fue rodearlo con los brazos y dejarse caer junto con él.