Sin Lugar Para Cobardes [Fredway] by lucifer at Inkitt
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Sin lugar para cobardes [Fredway]

Summary

Jack Conway huele a violencia: ceniza, sangre y sudor. Mantiene alejados a los débiles y en tensión a aquellos que creen llegar a su mismo nivel de violencia. Freddy está encantado. Picrew de la portada: 1245627

Genre
Lgbtq
Author
lucifer
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sin lugar para cobardes

Freddy Trucazo jamás se interesaría en un omega.

Demasiado problema, en su humilde opinión. No puede tener a su lado a un ser vivo incapaz de regular sus emociones, con la mentalidad pobre y una necesidad insaciable de recordar que es amado y aceptado. Él tiene su propia vida, sus propias necesidades, y sabe que una persona así solo lo estresa, y eso no terminaría bien para nadie, mucho menos para el omega. No es que todos sean así, por supuesto, pero por algún motivo, es el tipo de omega al que atrae, y preferiría pegarse un tiro antes que tener que tomar de compañero para toda la vida a una persona tan inestable, rozando lo inservible.

Entonces, conoce a Jack Conway, y de repente lo único que puede pensar es en hacerlo suyo.

El omega más desquiciado capaz de convivir con la sociedad que conoció jamás. Alfa, beta u omega, mujer u hombre, no son cosas que tiene en cuenta cuando reparte golpes y porrazos a cualquiera que lo moleste lo suficiente, y el respeto, miedo y odio que impone en los demás con su sola presencia es casi mágico. No hay palabras dulces para los alfas, no hay cordialidad con los betas y no hay simpatía con los omegas. Todos son unos imbéciles inservibles, y si no tuviera a gente vigilando cada movimiento suyo y teniéndolo atado, Jack Conway ya sería un asesino en serie impecable e intocable, uno de los tipos más peligrosos de la isla por el simple hecho de que está más que conectado con todo su entorno mientras descuartiza a su pobre víctima de turno tira por tira, encantado con los gritos agonizantes y la sangre fresca en sus manos.

Puede ser cordial, respetuoso y hasta amable cuando la situación lo requiere, cuando se despertó de buen humor por la mañana o cuando quiere algo a cambio. Tiene una paciencia casi infinita, aunque le gusta gritar e insultar en cualquier oportunidad, y es más buena gente de lo que nadie jamás imaginaría. Tiene más vehículos que cualquiera en la ciudad que ni usa, le gusta patrullar en moto y le encanta hablar por radio y que lo escuche toda la malla aunque solo le hable a una persona en específico. Odia a los novatos aunque no le molesta enseñarles, le molesta tratar con la gente el mismo problema una y otra vez aunque lo resuelve con rapidez, y por más que grite a los cuatro vientos su deseo de abandonar su puesto de trabajo, encontró algo que le gusta limpiando las calles, a pesar de que está obligado a estar donde está.

Nadie, jamás, podría decir que conoce a Jack Conway. Freddy es posiblemente lo más cercano a un amigo que el hombre pueda tener, y a veces, muy pocas veces y en tiempos muy alejados, se siente un poco culpable por la necesidad animal que ruge en su pecho de follarlo y marcarlo, reclamarlo hasta que se olvide su propio nombre y hacerle saber a todo el mundo que le pertenece. No puede culpar totalmente a sus instintos alfa, porque cree que si él no fuera un alfa y Conway no fuera un omega, esa necesidad aún existiría.

Pero sobre todas estas cosas, es el olor del omega lo que mantiene a Freddy debilitado. Jack Conway huele a violencia: ceniza, sangre y sudor. Mantiene alejados a los débiles y en tensión a aquellos que creen llegar a su mismo nivel de violencia. Grita a cualquiera que lo huela y comprenda que es peligroso y para nada seguro acercarse. No sabe qué fue lo que vio la esposa fallecida de Conway en el omega, pero Freddy cree que lo mismo que él.

Algo hermoso. Algo que vale la pena conocer, estudiar y adorar como debe ser.

Torturar al abogado de mierda fue el punto de quiebre para Freddy. Su propio disfrute en la tortura al imbécil fue opacada completamente por las feromonas de Conway; si fuera otro hombre, hubiese escapado apenas su cerebro hubiese registrado la excitación que había en el aire. Un hombre torturando es una cosa, un hombre torturando y excitándose por eso es algo de una liga de tocado mental muy por encima de cualquier límite que algunas personas de dudosa moral pueden hasta soportar.

Freddy siempre ha estado un poco alejado de las éticas y morales generales.

Sabe que la excitación del omega no se debe exactamente a los gustos del mismo, sino más a una respuesta inconsciente a un estímulo. El adiestramiento y las drogas que trastocaron a Jack Conway tanto física como mentalmente son los principales y únicos motivos por los cuales el omega pareciera a punto de entrar en calor mientras escucha las arcadas del abogado. Freddy no tiene las mismas excusas.

Freddy no fue entrenado para cazar, torturar y matar, a Freddy solo le gusta la adrenalina y evitar el aburrimiento de la rutina. Le gusta Jack Conway, pasar su tiempo con él y disfrutar del día a día. Pasar tiempo con Jack Conway convierte cada segundo en una constante intriga sobre qué será lo siguiente que pasará. Así como persigue a unos imbéciles que decidieron robar un badulaque, puede haber un secuestro múltiple que tomará horas, o simplemente Conway se hartó de todo y decidió matar a todos y cada uno de los imbéciles que están al mando, con un cuchillo y una sonrisa demente.

No le interesa mucho la tortura a menos que sea por algún motivo que se acomode en sus propios intereses. Los gritos, lloriqueos y súplicas suelen darle dolor de cabeza y le molesta toda la limpieza que tiene que hacer luego para evitar molestias a futuro. Es un hombre simple que prefiere pegar tiros limpios entre ceja y ceja para evitar problemas en caso de ser necesario, y en su momento se burlaba de las torturas innecesarias teniéndolo como una forma de que las personas pudieran demostrar su poder de forma estúpida.

Le interesa Jack Conway y todo lo relacionado a él. Si Conway lo hace, es posible que Freddy esté a su lado, ya sea ayudándolo o apoyándolo o simplemente disfrutando las vistas. Tal vez esa es su excusa de por qué él también está excitado, por qué su polla está hinchándose en sus pantalones y apretando incómodamente mientras la víctima de ambos está sudando y gimiendo de dolor sobre su propio vómito.

Jack apenas le dirige una mirada cuando se toma un pequeño descanso en su tarea y sale a respirar un poco de aire fresco, pero Freddy no necesita nada más para confirmar que el hombre lo sabe.

No pensó que sería algo que cambiaría la rutina entre ambos, y mucho menos la relación. Dios sabe que se han visto en casi todos los momentos posibles, buenos, malos o incómodos. Demasiados años juntos como para que no hayan sucedido algunos descuidos, aunque tal vez la gran mayoría fueron por parte de Freddy, pero ahí estaban, así que realmente no creía que esto de todas las cosas marcaría alguna diferencia.

No esperaba la llamada, semanas después de eso y tarde en la noche, que lo despierta.

—¿Sabes qué hora es, pavo?

—¿Quieres follarme, putita?

Freddy frunce el ceño, aleja el móvil para ver el identificador de llamadas y entrecierra los ojos con sospecha.

—¿Quién es?

—No tengo paciencia, Trucazo— un suspiro molesto llena la línea durante unos segundos, que Freddy aprovecha para encender la luz de su mesa de noche y sentarse en la cama con pereza—. Estoy jodidamente borracho y entré en celo. ¿Quieres ser un buen alfa y venir a follarme? ¿O tengo que llamar a Henry, Freddy? Dímelo tú.

—¿Williams te folló?

Escuchando la risita de Jack, Freddy ya está poniéndose los zapatos mientras sostiene el teléfono entre su hombro y su oreja. Apenas es capaz de controlar la molestia que siente con la simple idea de Conway y Williams pasando demasiado tiempo juntos, en especial con cualquier tipo de acto sexual de por medio. Pensar que Williams, ese viejo de mierda que es un peligro solo porque es un estúpido con un arma, tuvo el privilegio de tener a Jack Conway bajo él, hace que Freddy quiera matarlo, lenta y dolorosamente.

Me folléa Williams— hay un pequeño ruido ahogado y Jack gruñe—. ¿Vamos a hablar de él toda la puta noche o qué?

—Estoy en camino, neno, estoy en camino.

—Ve más rápido. Tengo cinco contactos en el móvil a los cuales podría llamar ahora mismo, y gracias a que un soplapollas está fingiendo ser yo en el Tinder de mierda, hay unos cuántos que también estarían aquí si lo tuisteo.

—¡Voy a llamar a Inteligencia para que borren esa cuenta! ¿Oíste?— Freddy suelta el móvil un momento para ponerse la camiseta, con una pequeña sonrisa en su rostro cuando vuelve a tomarlo y trota hacia la puerta—. Qué puta vergüenza, robando tu identidad…

—Gilipollas. Tienes cinco minutos, en el Eclipse.

—En tres minutiños estoy.


Ha estado aquí un total de tres veces, y jamás había pasado más allá de la sala de estar. Ahora, sin embargo, no puede entender cómo logra Jack levantarse de la cama cada día: jamás estuvo acostado en un lugar tan cómodo. Ahora mismo, no hay un nido ni en la cama o en ningún otro lugar visible en el piso donde Freddy pudo ver, y cree que no es porque Conway se lo esté ocultando, sino que simplemente no existe uno. Al alfa en él, ese instinto al que apenas presta atención, le molesta la idea de que su omega no tenga un lugar cómodo y seguro dónde esperar su celo.

Tampoco entiende por qué está pensando en eso cuando todo lo que lo rodea es el olor a omega en celo, el olor a Jack Conway en celo. El olor metálico de la sangre pica en su nariz mientras Conway entra en la habitación, descalzo y vestido solo con sus pantalones de trabajo con el botón abierto. Tiene la mirada más nublada de lo que Freddy recuerda haberlo visto alguna vez y la piel cubierta de sudor, pero camina con el equilibrio suficiente y cuando le habló, fue con tanta normalidad como lo haría estando sobrio, por lo que Freddy duda seriamente de qué tan borracho está.

Freddy se había quitado la camiseta y los zapatos cuando se metió en la habitación, y como vino con sus pantalones de dormir, no hay absolutamente nada que pueda aunque sea disimular el contorno de su polla dura cuando Jack se sienta a su lado en la cama y lo mira con una ceja alzada.

—¿Has venido a seguir durmiendo, entonces?

—No voy a negarte que estoy un poco, eh, confundido—. Freddy mira hacia el techo—. Ni siquiera sabía que podías seguir teniendo calores, ¿oíste?

—¿Cuántos años crees que tengo, subnormal?

—Mira, espero que más de dieciocho neno.

—Confía en que sí— Conway lo mira por unos momentos más y sin decir palabras se sube sobre él, su trasero quedando justo sobre la polla de Freddy y moviendo sus caderas de atrás hacia adelante lentamente, sacándole un gemido sorprendido. Freddy mira al omega y encuentra su mirada tranquila, casi burlona—. Puedes dormir, si quieres. Si te tomas una pastillita para mantenerte feliz, puedo hacer el trabajo solo.

—Joder— Freddy lleva sus manos a las caderas de Jack y las sostiene con fuerza, recordando fugazmente que no necesita controlar su propia fuerza con este omega, que es cualquier cosa menos débil y delicado. La fricción se siente muy bien, en especial cuando las manos de Conway encuentran su lugar sobre su pecho y araña con las uñas sus pectorales—. No puedo negarte que me interesa la idea, ya sabes.

—Puto enfermo de mierda.

—¿Tú das la idea y yo soy el enfermo?— Freddy comienza a levantar sus caderas para provocar más presión, comenzando a impacientarse por la cantidad de ropa que hay entre su polla y el culo del omega. Jack cierra los ojos ante eso, y joder si no hizo algo en el orgullo del alfa verlo con placer—. ¿Estás seguro que quieres esto?

—¿Tu polla gorda en mi culo?

Freddy empuja a Jack hacia la cama, y piensa que solo pudo hacerlo porque el omega lo permitió al ver la sonrisa divertida en su cara. Duda un solo segundo cuando sus manos se encuentran tirando de los pantalones del hombre, pero se los quita con rapidez sin encontrar oposición, junto con su ropa interior.

Lleva, aproximadamente, tres décadas sin follar con omegas, pero su impacto ante la cantidad de humedad que hay entre las piernas de Jack sabe que es más por quién es el omega que por otra cosa. La polla del hombre está goteando sobre su estómago y abre las piernas sin vergüenza, mostrándole a Freddy lo desesperado que está su cuerpo.

El aroma de Jack está comenzando a confundirlo mientras se quita los pantalones descuidadamente y los arroja a un lado. No suele ser afectado por el olor de los omegas en celo, a veces hasta encontrando empalagoso el de algunos, pero es el de Jack es genuinamente una droga de la que jamás podrá salir. Si luego de esto Conway no lo llama más para ayudarlo con su celo, Freddy se suicidará sin dudarlo.

—Tranquilo— murmura el omega cuando Freddy se pone entre sus piernas—. ¿Muy desesperado, Freddy?

—No sé qué me pasa neno— confiesa, frotando su polla contra la de Jack mientras se acomoda sobre él sin aplastarlo, sosteniendo su peso con sus brazos a cada lado de la cabeza del otro. Mira los ojos de Jack cuando él rodea su cuello con los brazos, encontrándolo serio y pareciendo completamente sobrio, ya sea de alcohol o del calor. Hay algo en su mirada que Freddy no entiende del todo, pero se olvida por completo en el momento en que siente presión en su nuca y de repente está besando al jodido Jack Conway.

Sabe a café, es lo primero en lo que se da cuenta. No whisky ni menta, café negro y del bueno. Lo segundo que se da cuenta es que no va a recuperarse jamás de esto. Va a necesitar sentir la lengua de Jack contra la suya por el resto de la eternidad para poder vivir bien, sentir sus manos enredándose en su cabello y su boca suspirando contra la suya. Necesitará sentir al hombre temblar bajo él cuando baja su boca y comienza a besar su cuello, trazando con la lengua las cicatrices que encuentra a su paso y disfrutando del sabor salado de su piel.

No dicen nada mientras Freddy se mueve hacia el pecho de Jack y lame uno de los pezones, encantado con el leve gemido que logra sacarle al omega. Baja una de sus manos hasta el trasero de Conway y tantea su entrada, metiendo un dedo con cuidado y sin sorprenderse de no encontrar resistencia. Jack mueve sus caderas hacia él y Freddy corresponde, metiéndole tres dedos rápidamente y buscando el punto de placer del hombre.

—Mierda— gruñe Jack—. Trucazo, tienes exactamente cinco segundos para follarme o llamo al puto dueño del Tequila si es necesario.

—No quiero lastimarte— explica, metiendo y sacando sus dedos lentamente, casi hipnotizado con la sensación del calor del otro apretándolo y tratando de mantenerlo dentro—. No sé si sabes, neno, pero los alfas solemos tener la pichuliña un poco más grandes que el promedio, ¿lo entiendes?

—Joder— Freddy se ríe por la molestia del otro hasta que siente que sus dedos son apretados con fuerza—. No puede ser— gime Jack, tapando sus ojos con uno de sus brazos mientras el otro se mantiene a su lado, agarrando las sábanas debajo de él en un puño—. No digas una puta palabra, Trucazo, ¿me entiendes? Porque como digas una sola puta palabra, como se te cruce un solo pensamiento sobre lo que acaba de pasar, lo último que verás será a Henry follándome. ¿Capisce, alfa de mierda?

—No sé de qué me hablas neno.

—Perfecto.

Freddy aprieta los labios para evitar una sonrisa mientras saca sus dedos, acercándolos a su rostro y observando la sustancia transparente que los cubre. Mira hacia Jack, que sigue con los ojos escondidos que poco hace para cubrir la forma en la que su piel está sonrojada por la excitación.

Ha visto al hombre en sus peores momentos, tanto como al borde del suicidio como al borde de convertirse en un asesino en masa violento. Sabe que son imágenes que se quedarán con él hasta el día que se muera, pero desde ese mismo momento, también sabe que cada vez que piense en Jack Conway, lo primero que le vendrá a la cabeza será esto: el olor a sangre, su pecho lleno de cicatrices agitado, su piel sudorosa y sonrojada, sus labios entreabiertos y la mancha producto de su excitación mojando sus muslos y humedeciendo las sábanas debajo de él. Lo recordará abierto para él, queriendo su polla y reteniendo sus dedos con necesidad.

Cuando Jack descubre sus ojos para verlo con molestia, Freddy se mete los tres dedos a su boca y los lame, el sabor dulce haciéndolo salivar con la necesidad de lamer directamente la fuente de tal manjar mientras mira fijamente los ojos del otro.

—Asqueroso.

Freddy libera sus dedos cuando piensa que ya no queda nada del sabor de Jack con un pequeño ‘plop’ para molestar al hombre.

—Riquísimo, si me preguntas— una de sus manos se dirige a la cadera de Conway y la otra la usa para alinearse contra la entrada del mismo, incapaz de no frotarse contra él—. ¿Listo?

—Estoy llamando a Hen-¡Joder!

Freddy tiene que detenerse cuando está completamente enterrado en Jack.

—Me siento como en casa, neno, joder— Freddy se inclina y besa a Jack, mordiéndole el labio inferior con fuerza hasta sentir la sangre en su boca y escuchar el gemido del otro. Está completamente decidido a arrancarle cada sonido y gemido posible a este hombre—. La cantidad de veces que he querido follarte…

—No eres sutil— responde el omega, agarrando los hombros de Freddy y clavándole las uñas con saña—. Muévete.

No le molesta seguir órdenes. Escondiendo su rostro en el cuello de Jack, justo donde está la glándula de olor, comienza a embestir con fuerza. Normalmente, sabe que los alfas suelen preocuparse más por el placer de sus parejas antes que el propio, pero él no puede controlarse, y en especial sabiendo que buscar su propio placer provoca placer a Jack. Freddy comienza a chupar y marcar el cuello de Conway descuidadamente, tratando de mantenerse lo suficientemente lúcido como para recordar que no puede marcarlo si quiere salir con vida de esto.

Aunque no le molestaría que lo último que viviera fuera hacer suyo a Jack Conway.

Jack le rodea la cintura con las piernas, coloca una de sus manos en su cabello y lo mantiene contra sí. Freddy puede escuchar la respiración entrecortada contra su oído y sentir la polla atrapada entre sus estómagos frotándose y haciendo un desastre con el presemen, de la misma forma en la que siente su propia polla siendo casi asfixiada por el calor más placentero que jamás sintió.

—Freddy— gime bajo Jack cuando Freddy arrastra los dientes contra su manzana de Adán.

No responde, sino que busca los labios del omega y mantiene su boca ocupada mientras Freddy siente la ola de calor en su vientre. No quiere que esto termine tan rápido y aún no quiere hacer el camino de la vergüenza hasta su propia cama, pero tampoco puede obligarse a sí mismo a bajar la velocidad teniendo a Jack de esta forma.

Mierda.

—Neno— Freddy se esfuerza en detenerse, pero solo logra bajar la velocidad hasta que se convierte en un suave vaivén—, Conway, Jack-

—Sí, joder, ¿qué quieres?— el hombre le permite alejarse hasta que sus ojos vuelven a encontrarse. Freddy está encantado de ver el placer claro y sin vergüenza en los ojos oscuros.

—¿Puedes-? Quiero decir— el comisario se sienta sobre sus talones y pone sus manos sobre el vientre plano del otro, sus ojos bajando y centrándose en la forma en la que su polla se encuentra dentro del omega. Cierra los ojos un momento y se balancea nuevamente, echando la cabeza hacia atrás y disfrutando de la sensación antes de volver a concentrarse—. No hay nada más que quiera ahora mismo que darte cachorriños, neno, pero-

—No te preocupes por eso, solo fóllame.

—Conway-

—Trucazo— Freddy mira a Jack—. ¿Por qué no lo averiguas por tu cuenta, eh? ¿Por qué no intentas llenarme una y otra, y otra vez hasta que puedas ver las consecuencias de tus acciones con tus propios ojos?— Conway comienza a levantar sus caderas, follándose lentamente la polla dentro suyo y mordiéndose el labio con fuerza, en un claro intento de no emitir algún sonido—. ¿No quieres reclamarme? Oleré a tí durante días si haces bien tu trabajo…

Freddy se desconecta completamente de cualquier pizca de razón que le sobraba. Si Jack no está preocupado, él muchísimo menos. Alza a Conway de la cintura y se mueve para quedar sentado sobre la cama con el omega encima de él, deleitándose con el quejido que se le escapa cuando su polla sale por un momento. Besa a Jack en la clavícula para calmarlo mientras vuelve a entrar y lo rodea con los brazos, manteniéndolo pegado a él.

Como si Freddy no estuviera al borde del orgasmo, Jack comienza a moverse sobre él sin prisas, preocupado solo por su propio disfrute, teniendo al alfa como un juguete perfecto y adecuado para sus necesidades. Sin tener nada más con qué distraerse sin volverse loco, Freddy comienza a chupar y morder el pecho de Jack, rozando con sus dientes los pezones sensibles mientras siente las manos de Conway estirando su cabello.

De repente, Jack se aferra con fuerza a él, exhibiendo su cuello e instando a Freddy a acercarse empujándolo con la mano. Siente cómo el hombre se aferra a su polla como si su vida dependiera de ello y, segundos después, el semen goteando por su estómago. Escuchando a Jack jadear, Freddy parpadea hacia la pared detrás de ellos con confusión.

—Joder— murmura Conway, alejándose de Freddy y mirando hacia su polla ablandándose con una mueca. Mueve sus caderas de un lado a otro con cuidado y mira hacia el comisario—. Puedes irte ya.

—Eh…

Conway se levanta de su regazo y sale de la cama, tomando la camiseta que Freddy arrojó antes y limpiándose el estómago, la entrepierna y los muslos. Freddy mira hacia su polla, rojiza y mojada por la esencia del omega, todavía necesitando una liberación con urgencia.

—Venga— Jack está a su lado nuevamente, solo que ahora se está arrodillando en el suelo y mirándolo con una sonrisa pequeña y benevolente—. Ven aquí, alfa, y córrete en mi boca.

Aún un poco confundido, Freddy se mueve hasta el borde de la cama y abre las piernas para permitirle a Jack acomodarse entre ellas, viendo en silencio cómo el omega se hace cargo de llevarse su polla a la boca y comenzar a chupar. No puede evitar gemir cuando el calor húmedo vuelve a rodearlo, y aunque no se compara el cielo que era el culo de Conway, el hombre definitivamente sabe cómo hacer sentir bien a un chico.

No se siente tan atrevido como para comenzar a follarle la boca a Jack, definitivamente no, pero se siente más que satisfecho dejando que el hombre marque su propio ritmo, que es perfecto. Freddy mira los labios de Conway alrededor de su polla, la forma en la que apenas puede llevarse poco más de la mitad dentro de su boca y cómo usa sus manos para estimular lo restante. Viendo las mejillas llenas y sonrojadas del hombre a sus pies, Freddy comienza a creer que Dios no sabe lo que hace o es él que no sabe qué hizo para merecer tal bendición divina.

Cuando está por correrse, empuja a Jack y comienza a masturbarse con rapidez, soltando un gemido cuando ve su semen pintando el rostro de su jefe. Jack mantiene sus ojos cerrados y el ceño fruncido, pero abre la boca y lame cualquier gota que le llegue.

Sí, Freddy definitivamente le cae bien al tipo de arriba.

—Gilipollas— gruñe Conway, abriendo un ojo con precaución y mirando con molestia al comisario.

—No pude evitarlo, neno.

—¿No pudiste evitarlo, eh?

Freddy solo mira a Jack con una sonrisa mientras este se reincorpora y se limpia la cara mientras sale de la habitación. Debería limpiarse él también, pero si el celo de Jack vuelve a comenzar en unos minutos, lo ve como una pérdida de tiempo. Ambos tienen que beber y comer algo, porque aunque esto fue rápido, Freddy sabe que los omegas suelen volverse cada vez más necesitados y difíciles de complacer conforme pase el tiempo, y duda que, una vez metido completamente en eso, Jack pueda detenerse a recuperar fuerzas.

Se levanta de la cama y busca a Conway por el lugar, encontrándolo en la cocina apoyado contra la encimera y mirando hacia la ventana.

—¿Ya te arrepientes, neno?— pregunta, sin ningún tipo de burla. No sabe cómo tratar con omegas viudos que aún aman y respetan a su pareja, pero sabe cómo tratar con Conway.

—Hay cosas inevitables, lamentablemente— Jack cruza los brazos sobre su pecho y lo mira con calma. Aunque ver el cuerpo desnudo del hombre despierta cosas en él, Freddy sabe que ninguno de los dos es siquiera un poco tímido como para intentar cubrirse, y por las próximas horas, la ropa sería solo un estorbo—. Ella lo entendería, si es tu pregunta.

—Puedo irme cuando quieras, lo sabes.

—... No quiero que te vayas.

Freddy asiente, mira alrededor de la cocina y vuelve a observar a Jack. No se ve frágil ni necesitado, pero no puede negar que se ve, tal vez, debilitado. No es por él, lo entiende y no piensa hablar sobre eso por sí mismo, pero guardará silencio y se mantendrá preparado para cuando Conway, si quiere, lo diga. No está aquí para reemplazar a nadie, sino para ayudar a un amigo, y cree que Jack lo sabe. Tampoco tiene intenciones de alejarse. No cree que pueda, alguna vez.

—Entonces, ¿qué tal tu café, neno?

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