Capítulo 1
La estoy viendo sin mostrar emoción alguna, solo sé que me grita estupideces y no le he puesto atención desde hace más de diez minutos. No recuerdo ni por qué inició esta discusión; de hecho, yo nunca le discuto. Antes me preocupaba más por cómo se sentía, pero mientras veo cómo escupe saliva mientras me grita no puedo dejar de preguntarme por qué se me hizo atractiva en un principio. Si la ves bien puede que sea muy bonita, pero, conociéndola, no la soportas. ¿Qué tenía en mente? Es posible que me encontrara muy vulnerable cuando la conocí. Estaba sentado, sintiéndome un marginado social, cuando la vi pasar y me sonrió. ¿Por qué fui detrás de ella? Me hubiera quedado sentado y nada de esto pasaría; ella estaría gritándole a otro pobre imbécil y yo posiblemente me seguiría sintiendo miserable en alguna esquina.
La única verdad es que no sé cómo tener pareja; puedo contar con una mano mis acercamientos hacia el amor y algunos fueron durante la primaria. No puedo recordar nada de esa época. Recuerdo que los días para mí eran estar sentado, escribiendo lo que sea que había en la pizarra y emocionarme porque ya iba a ser el recreo y podría comerme la galleta que me empacó mi madre. Y al salir al recreo ahí estaba ella, tu primer amor, la niña nueva de segundo grado que te atrae porque es diferente a todas las personas que conoces, porque es un aire nuevo. ¿Al final qué importa? Nunca le hablaste y se fue al siguiente año. Así que la verdad no existe una definición para algo llamado “el primer amor”. Lo podrías considerar, más bien, tu primer acercamiento a la vida amorosa. Pero no estás preparado para eso, solo eres un niño que aún necesita ayuda para hacer tarea. Solo debés tener paciencia y en unos años verás cómo te va aún peor.
Dicen que las niñas maduran más rápido, siempre he creído que es verdad; la mayoría de niñas que he conocido son bastante ordenadas en comparación con todos los niños que he tenido la desgracia de conocer. Ellos, a pesar de tener años más, son tan inteligentes como un grano de maíz; no es que pensara en una buena comparación, estaba comiéndome un elote, llenándome la camisa de mayonesa, y es cuando me doy cuenta de lo diferente que somos desde muy temprana edad. Las chicas son complicadas, deben tener una vida muy atareada desde niñas; si tienen una familia muy tradicional, entonces deben aprender sus roles, como cocinar, limpiar y cuidar a sus hermanos menores, si es que tienen. Eso las hace madurar más rápido. El problema de ello es que, incluso desde niñas, ya buscan ese acercamiento hacia la familia y el amor. Por desgracia para ellas, los niños de su edad siguen siendo demasiado tontos e inmaduros. Tal vez por eso luego se fijan en chicos mayores.
Es una buena reflexión para mí: les atrae la idea de estar con alguien a su mismo nivel mental, y un hombre mayor es más maduro que la mayoría de niños con los que se encuentran en su día a día. Por desgracia para ellas, es lo mismo que buscan ellos, los cuales son tan idiotas que ninguna mujer de sus edades les haría caso; entonces buscan acercarse a niñas que, aunque parezca contradictorio, también siguen teniendo la misma inmadurez que nosotros. Entonces, al final, todos somos iguales: somos niños buscando cómo crecer. Sin embargo, la diferencia es que las niñas quieren crecer y los niños solo quieren ser dinosaurios, algunos astronautas, y hasta ahí. Debería volver a la realidad, odio cuando me voy demasiado por las ramas. Me sorprende mucho: tuve todo este extraño viaje y aun así me sigue gritando. Qué vergüenza, seguramente tuve esta cara de estúpido como por cinco minutos; igual debería tratar de decir algo. Vamos, abrí la boca y disculpate.
— Perdón.
— ¿No podés ni siquiera defenderte? —dice ella.
En realidad, no puedo, no sé ni de qué se trata ahora ni por qué lo hacemos siempre. Tampoco entiendo por qué simplemente no me voy. Es verdad, lo he hecho siempre. Ese día en cuarto año estaba conversando con mi amiga; me sorprende que en algún momento tuviera una. No la recuerdo para nada, no he visto su rostro en muchos años. Recuerdo que me atraía mucho, nunca quise decirle nada, no sabía cómo hacerlo. Pero siempre me contó cómo otros también se le habían declarado y cuántos había rechazado. Tal vez aquello me tenía condicionado a pensar en que ni debería intentarlo.
— Lo han hecho muchas personas —dice ella—, pero la persona que quiero nunca ha llegado.
— No te preocupés, en algún momento va a llegar.
Qué imbécil que fui, o tal vez no. Todo lo que pasaba por mi mente era que ojalá hablara de mí, pero para mí era muy obvio que no era yo. Siempre la veía caminar con personas y notaba lo feliz que parecía; conmigo se notaba mucho más tranquila, como si simplemente fuera alguien más. Y claro, todo me confirmó que no hablaba de mí cuando la persona que ella quería por fin llegó. Como siempre, veía todo desde lejos; me sentía como cuando estás haciendo las compras y ves en un estante un pastel tres leches, pero no podés comprarlo porque ya llevás todo lo necesario, y solo ves de lejos lo que te podrías estar comiendo. Mala comparación, estaba pensando en comida otra vez. No debería pensar en que ellas son comida. Estar aquí de pie me da hambre.
Entonces, me fui, me alejé. Posiblemente de las pocas amistades que pude llegar a tener, y simplemente desaparecí. Desaparecí cuando estaba feliz y quería hablar sobre lo bien que le iba, y desaparecí aún más cuando todo acabó y se sentía mal. Seguramente lloró mucho; me di cuenta de que la pasó muy mal. La habían terminado durante el recreo. Al final, para él, ella sí fue ese bocadillo que quería, pero no la apreciaba como ella a él. Vuelvo a mi punto: podría él parecer maduro porque ya estaba en la universidad y se veía muy trabajador, pero en el fondo seguía siendo un idiota, como cualquier otro hombre. Me arrepiento mucho; pude haber ido y acercado mi hombro, pero creo que pensé en cómo ya tenía amigos y amigas que la apoyaban, así que tampoco fui un buen amigo.
Creo que ahí empecé a alejarme de todo; me sentaba solo y comía solo, olvidé cómo ser una persona. Entonces, la conocí y, como el inexperto que era, me ilusioné. Entendí por qué las niñas se emocionaban tanto con el amor y conocer al indicado, porque en lo único que podía pensar era en cómo estuve tan solo todo el tiempo y lo hermoso que sería tener una familia, casarse y tener hijos; es posible que pudiera tener mascotas. Pero los días pasan y esa fantasía solo se vuelve más grande, porque en la vida real todo iba peor que como estaba. Pensé que la persona que conociera sería con la que estaría el resto de mi vida, pero, como alguien que no sabía cómo funcionaba la vida, no sabía lo poco que duraban este tipo de relaciones.
Siempre escuchaba cómo algunas parejas llevaban muchos años juntos, se regalaban flores y salían a cenar. La conocí a ella durante dos semanas y ya no la aguantaba. Nunca deja de hablar, tiene un sentido del humor muy estúpido, y, sin querer sonar mal, es la persona más estúpida que he conocido. Es realmente muy tonta, me repugna mucho lo poco que la entiendo. Sé que ha tenido muchas relaciones y puedo entender por qué: ha tenido más experiencia que yo, sabe cómo debe comportarse un novio y yo simplemente me metí a arreglar un motor dañado sin ver ni siquiera un manual.
Me sigo preguntando qué hago aquí, estamos a mitad del pasillo y la gente pasa, que vergüenza. Nunca tuve el valor de decirle nada; no me gusta discutir o tal vez simplemente me daba pereza. Sigue reclamándome como si supiera qué hacer. Esto realmente no es para mí; he estado fuera de lugar todo el tiempo. No soy la persona que pensé que podría ser y tampoco soy la que quiere. Por alguna razón me está dando una angustia muy extraña, realmente no la aguanto. ¿Es esa la verdad? Solo decime qué debería hacer.
— Entonces —dice ella—, ¿qué pensás hacer?, ¿vas a quedarte callado como un puto imbécil?, es lo que hacés siempre... Responde.
— Deberíamos terminar.
Al fin se calló.