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𝐋UCERØS - 𝐎ba𝐌itsu

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Summary

🐍 𝐎𝐁𝐀𝐍𝐀𝐈 𝐈𝐆𝐔𝐑𝐎 𝐗 𝐌𝐈𝐓𝐒𝐔𝐑𝐈 𝐊𝐀𝐍𝐑𝐎𝐉𝐈🍡 Todo comenzó cuando te conocí. . . . -"I'm not ready to say goodbye yet, please stay with me, Mitsuri". − Créditos de los personajes; Koyoharu Gotoūge. − Anime: Kimetsu No Yaiba [鬼滅の刃]. 𝐈𝐧𝐢𝐜𝐢𝐚𝐝𝐚: 01/06/25 𝐏𝐮𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚𝐝𝐚: 02/11/25 𝐓𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐝𝐚: 01/11/25 - One-shot. - +2000 palabras. ¡No se aceptan copias, plagios o adaptaciones! Si es que van a usar alguna idea de este fanfic, dar créditos, por favor. 🎐: Luisana_p1h29

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Te amaré, nunca olvidaré tu gran resplandor.



Aquel día, lo recuerdo con claridad.


Yo era un nuevo alumno que fue trasladado en la escuela dónde tú ibas. Yo no conocía a nadie, sólo a mi amigo Sanemi que iba en la institución, no sé si fue por obra del destino o fue por pura casualidad, pero me había tocado contigo, en tu ruidoso salón.


Estaba parado impaciente en la pura entrada al salón, escuchaba el tan largo discurso y explicación que dio el profesor que el sueño me estaba ganando.

Antes de que yo cayera en mi sueño escuché al maestro decir: "Adelante, pasa."


Y el profesor por fin me presentó ante ustedes, pude ver el cómo se te iluminaba tu linda carita al verme por primera vez, aquello me causó un poco de ternura.


Obanai Iguro, 17 años.


Me presenté. No tenía mucho interés en conocer a alguien nuevo, pero tú, tú eras diferente entre todos los demás.


Tú eras alguien completamente diferente.

Eras única.


Bien joven Iguro, tome asiento al lado de la señorita Kanroji.


Mire el cómo levantabas tu mano llamando mi atención, con tanta alegría y carisma. Me acerqué y me senté sin decir alguna palabra, tu fuiste la primera en hablar y romper el silencio que se había formado entre ambos.


Yo solo te ignoraba, y parecía que eso no te importaba en lo más mínimo.

Estabas tan decidida en ganarte mi amistad, pero yo no te la dejaba tan fácil tú meta.


Me preguntabas cosas tan tontas y otras sin sentido, pero yo solo te seguía el juego, siempre pasabas tiempo conmigo durante la hora de receso, aunque yo te lo negará las cuantas veces que quisiera, pero tú, tú seguías ahí.


Queriendo ser merecedora de mi amistad.

Había escuchado a tus amigas diciéndote que ya dejarás de insistirme tanto, pero tú les respondiste tan decidida.


"Iguro-san será futura mente mi amigo, y no me rendiré hasta obtener su amistad".


Te despediste de ellas, para luego irte a buscarme, lo supe con tan sólo verlo en tu hermoso rostro. No paso mucho tiempo para que me encontrarás y me arrastraras en dirección a la cafetería.


Ahí, tú me invitaste un café y postres.


Siendo sincero me sorprendí ante la gran cantidad de comida que pediste, pero no mencioné nada al respeto. Solo me entretuve revolviendo mi bebida.


¡Kyaa! Iguro-san, ¡Pruebe esto! ¡Está realmente delicioso! —comentaste, dirigiendo un tayaki a mi boca.


Yo te mire con confusión, tú sonreías cerrando tus ojos, esperando con paciencia para que yo abriera mi boca.


No es necesario hacer esto. —me cruce de brazos dejando mi café a un lado.


¡Vamos Iguro-san! —me insistías, yo con pena y vergüenza abrí mi boca dándote la oportunidad de meter aquel tayaki a mi cavidad bocal.


Tú sonreíste contenta.

E hiciste lo que querías.


No está malo, ¿Verdad? —yo masticaba, saboreando el dulce, sentí un gran popurrí de sabor, realmente tenías razón. Mucha razón.


Uju. —asentí con un cabeceó, disfrutando del sabor. Tú sonreíste alegremente, mientras dabas pequeños saltitos de felicidad.


Y volviste a centrarte en tu aperitivo.


Supuse que a ti te encantaba los sakura mochi; por la simple razón de que pediste tres platos hasta el tope de ese dulce. Nunca mencioné nada al respecto.


Solo emanaba el silencio impregnado entre tú y yo.




Siempre creí que te ibas a rendir, que ibas a dejarme de insistir e ibas a buscar a alguien más con quien conversar. Después de todo, yo soy pésimo para las conversaciones y soy un chico de carácter serio, frío y calculador.


Pero, tú, ahí seguías a mi lado.

Siempre con tu carismática sonrisa, siempre tan contagiosa.


Después de un año de pasar las clases juntos y recreos nos convertimos en mejores amigos. Tú siempre me tratabas de sacar una sonrisa detrás de mi cubrebocas y yo siempre trataba de sacarte una de tus melódicas risas.


Éramos como la uña y la mugre.

Sin duda alguna nunca me arrepentiré en a verte aceptado como una amiga.


Tú eras mi pilar, cada vez que yo no entendía algo tú siempre me explicabas con alegría. Gracias a ti yo era el mejor de la clase.


¡Te voy a hacer sincero! No sé desde cuando sentí este sentimiento. Aquel revoloteo en mí estomago no era normal.


Éramos un dúo de amigos espectacular, éramos la gran envidia en la preparatoria. Pero, ese sentimiento que había pensado que nunca iba a sentir había comenzado a florecer. Aquello me preocupaba demasiado, temía perder nuestra amistad, así que, al respecto de eso no dije nada.


Ni lo más mínimo.


Siempre sentía una opresión cuando andabas con tu novio, que me lo habías presentado hace dos meses atrás, aquel chico que a simple vista era alguien de corazón noble y gentil, pero que equivocado estaba.


Cada mañana, cada que nos mirábamos siempre llegabas con un nuevo moretón que tú siempre querías ocultar al ojo público, pero a mí no me podías engañar fácilmente.


Oh, esto... Me caí en el baño. —me respondías, pero realmente, ¿aquello dicho de tu boca era verdad?


Yo solo me limitaba en asentir, aunque me moría por dentro al verte así. ¿Acaso tu novio te maltrataba, te golpeaba, te insultaba? ¿O algo mucho peor?


Mitsuri, por favor dime la verdad, ¿Tú novio te maltrata? —te pedía recurrentemente. Y tú siempre negabas.


Todo está bien, Obanai.


No sabía si creerte o no, pero ¿Qué me quedaba?


No podía decir nada sin evidencias, no podía reaccionar sin saber realmente que te sucedía, temía por tu salud. ¿Pero que se hace en estos casos?


No podía acusar a tu pareja por maltrato y abuso físico. Solo me quedaba quedarme callado y observar desde lejos... y eso me carcomía por dentro.


¿Acaso no podía ayudarte?


↩️↪️


Después de ya, varios meses comenzaste a enfermarte recurrentemente y eso me preocupaba. Comenzaste a deteriorarte poco a poco.


Era rara vez que no faltabas a la escuela, pero ahora...


Tú rostro estaba demasiado pálido, juraría que un día te mire los huesos de la cara. Has enflaquecido a montones, ya no comías como antes.


¿Mitsuri todo bien? —te preguntaba cada vez que podía y te veía.


Obanai-san... yo... —y pronto comenzabas a llorar, pronto te consolaba. Sentía que tú me querías decir algo, pero algo te impedía.


¿Qué te sucedía Mitsuri?


Y ese presentimiento mío, tenía razón, demasiada para mi desgracia.


Era un día demasiado pacífico, para mi gusto. El cielo estaba completamente despejado sin ninguna nube como invasora.


Obanai-san, iré de viaje a Florida con mi familia. —me avisaste aquel día, durante el receso.


Claro, disfruta tu viaje y cuídate mucho. —había dicho.


Pero desgraciadamente, la vida es dura. Demasiado.


Tú te fuiste de viaje, y yo ya no supe nada más de ti, durante los meses que transcurrieron. Y yo no podía meterme en un bucle gracias a la institución.


No me podía concentrar en ti por las tareas, proyectos y trabajos que nos dejaban a montones en la institución. Lo único que me podía cuestionar era; ¿Cómo estarás? ¿Estarías disfrutando tus vacaciones en familia? ¿Te las estarías pasando bien?


Quería contactarte, pero era mejor no molestarte.


No quisiera que me dijeras que estabas dormida cuando yo te estuviera llamando o mandando un mensaje.




Después de un mes más, finalmente regresaste con un nuevo aspecto. Ya no te veías tan demacrada, te veías mucho mejor. Y eso me alegraba.


¡Obanai-san, hola! ¿Cómo ha estado? —me abrazaste tan fuerte que casi me asfixiabas, tu sonreías y reías tiernamente.


Me alegra volverte a ver Mitsuri, bien ¿y tú? —correspondí con suavidad, tú comenzaste a practicarme sobre todo lo que habías hecho, yo solo te dejaba fluir.


Me daba alegría de que tú brillo haya vuelto a florecer. Y pareciera que tú habías llegado al ultimátum de tu relación con tu novio, por lo que habías dicho en la larga conversación.


¿Era cierto aquello? ¿Me estabas diciendo la verdad?


Ah, que equivocado estaba.

Mitsuri tú eres una estrella y él un lobo disfrazado de borrego. Él solo te mentía y tú en tu clara inocencia no te percatabas de aquello.


Si tan solo... si tan solo... yo...


Un día, estábamos en biología, la maestra nos había dejado un trabajo en equipo, y tú y yo nos unimos.

Pero, durante el transcurso de la clase te mire mal, temblabas y balanceabas suavemente, tus párpados se miraban pesados a cierta distancia y tu nariz pronto comenzó a sangrar.


Obanai-san, no me siento bien. —me dijiste, pero ya era tarde, terminaste desmayada, tirada en el piso. Rápidamente te auxilie con la ayuda de la profesora y de algunos de nuestros compañeros.


Pronto le marcaron a una ambulancia.


↩️↪️


Y yo, ahí estaba en la sala de espera del hospital, mirando el cómo entraban y salían los enfermeros y enfermeras, con caras llenas de angustia.


Suspiraba con pesar, ¿acaso era una señal que algo anda pésimamente mal?


Tus padres ahí estaban, con rostros preocupados y lágrimas al borde de derramar. Yo solo estaba ahí para que supieras que no estabas sola, que tenías a un amigo que velaba por tu salud y que no te dejaba de lado.


No quería que pensaras eso, y mucho menos de mi.


Familiares de la paciente; Mitsuri Kanroji. —salió una enfermera de tu habitación, nombrándote con voz suave.


Pronto tus padres contestaron y se acercaron a la enfermera, yo solo me acerqué, de lejos. Ni tan cerca ni tan lejos.


Solo quería escuchar que te había sucedido.


Su hija tiene cáncer de corazón y ya está en la etapa final. —había dicho, yo sentí que el mundo se me desmoronaba lentamente. — El cáncer a avanzado demasiado ante el plazo de los años. Lastimosamente ya no se puede hacer nada, el trasplanté es la única solución, pero no hemos encontrado a alguien que sea compatible.


Tú madre se tapó la boca horrorizada y tú padre comenzó a hablar con la enfermera. Yo mire el suelo, las lágrimas pronto se deslizaron por mis mejillas. ¿En qué momento te habías enfermado? Antes de que conocieras a tu novio te veías bien y después también, nunca habías demostrado ningún síntoma o algo por el estilo.


Disculpe. —mire a la enfermera y luego a tu padre quienes me regresaron la mirada. — ¿La puedo ver?




Mitsuri. —me acerqué a ti, tomando con delicadeza tu mano, me senté a un lado, a la orilla de la camilla, observándote con suavidad. — ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no me dijiste que te dolía algo? —tu seguías inconsciente, cables y demás estaban conectados a tu brazo y nariz.


Me preguntaba si la ibas a librar, que si lo lograrías y si se diera la oportunidad pudiéramos intentarlo. Aunque... creo que aquello no iba a poder ser posible.


Me quede ahí, impasible, derramando lágrimas silenciosas y apretando suavemente mi agarre en tu mano, que estaba un poco fría.


Apenas sonríe, no podía. Me dolía, me carcomía la culpa y la incertidumbre.


Dure ahí, acompañándote hasta el atardecer, ya ahí me di cuenta de que era momento de regresar a mi hogar, pero te prometí que regresaría, cada que pudiera vendría a visitarte.


Antes de irme del hospital, le dije a tus padres que cualquier cosa me podían marcar, y aclarando que no importaba en qué circunstancias estaban, pero que aquí me tenían, en alguien que podían confiar plenamente.


No te dejaría sola. Y mucho menos en tu estado actual.


No eras débil, no, eras fuerte, pero, ahora estabas luchando contra una enfermedad.


↩️↪️


Tú, despertaste después de una larga semana, estabas más flaca, sin tu característico brillo. Y aquello me entristecía, no me gustaba verte así. Tan apagada...


Siempre intentaba mostrar la mejor sonrisa, tratando de ocultar mi creciente angustia, que cada vez crecía al escuchar el procedimiento de tu cáncer. Todavía no encontraban un donador, podía sentir la desesperación de tus padres quienes intentaban mantener la calma por ti, solo por ti.


Su rayo de esperanza. A su hija mayor, a su resplandeciente sol.


Dijiste que te gustaban los peluches, ¿verdad? —dije con una media sonrisa, teniendo detrás mío un regalo para ti. Iba llegando de la institución, dirigiéndose directamente al hospital llevando consigo un regalo para su amiga.


Tus ojos brillaron con curiosidad, yo solo sonreí enternecido.


Sí. —dijiste con entusiasmó, esperando mi próximo movimiento.


Ten. —te extendí una bolsa de regalo con estampados de gatitos y estrellas fugaces, tu sonreíste alegremente, creyendo que era un regalo simple. Tal vez si era simple... pero sabía que te iba a encantar.


¿¡Enserio!? —gritaste de la emoción, yo solo asentí con suavidad, sentándome cerca de tu cama observándote.


De la bolsa sacaste un hermoso peluche grande de gato acompañado con un collar y una pulsera de plata, el peluche era del mismo color de tu cabello, me había llamado la atención, recordándote cada vez que lo miraba.


¿Enserio esto es para mí? —me miraste con aquellos deslumbrantes ojos, cuestionándome, claro que eran para ti.


Si, es un regalo por tu cumpleaños. —admití con vergüenza, desviando mi mirada.


¡Muchas gracias! —me agradeciste, yo solo murmure un: "no es nada".


Pronto me pediste ayuda para ponerte el collar de plata que tenía tallado tu nombre con brillantes diamantes, tú me sonreíste agradecida, abrazando el peluche, juntándolo contra tu pecho.


Tus amigos mueren por venir a verte y saludarte, me dijeron que te mandan muchos saludos y bendiciones. —dije, algunos de tus amigos me habían contactado, diciéndome que te dijera aquello y que les reportara sobre tu estado.


Tú solo reíste con suavidad, negando con suaves movimientos.




Pasaron algunas semanas donde te seguía visitando sin falta alguna, y durante una de mis tantas visitas, el doctor había anunciado que finalmente habían encontrado a un donante. Aquello lleno de felicidad a todos, me alegraba demasiado aquello.


Un día antes de tu cirugía, te fui a visitar, era una mañana lluviosa, tu estabas mirando por la ventana, el cómo las gotas agua caían por el vidrio de la ventana.


¿Lista? —te pregunte.


Tú me miraste, tus ojos mostrando un torbellino de emociones, sabía que algo te carcomía por dentro, tal vez era el miedo sobre la cirugía que mañana se llevaría a cabo o la felicidad de que te salvarías de la muerte.


Obanai-san.... —susurraste en un hilo de voz. — Tengo miedo... —admitiste, tus ojos cristalizándose, casi, automáticamente, estiraste tu brazo hacia mí, yo me acerque tomando con una delicadeza irreal tu suave pero pálida mano.


Todo estará bien, Mitsuri. Todo saldrá bien. —dije con confianza, tu solo sonreíste débilmente, asintiendo con un suave cabeceó.


↩️↪️


Era de madrugada, a ti te metieron a la sala de cirugías, ya anestesiada lista para el trasplante de corazón, y yo, dormía con pesar, pensando en ti, inconscientemente velando que todo saliera bien, que no hubiera fallas en la cirugía.


Justo cuando caía profundamente dormido sonó mi teléfono, ¿Quién podía ser a estas horas?


Me quite la almohada de mi rostro y tome mi teléfono que estaba en un mueble cercano, ahí, en la pantalla decía con claras letras que era un numero desconocido, con desconfianza e inercia conteste con voz adormilada.


¿Hola?


¿Obanai?


Si, soy yo, ¿Quién habla? —me levanté y me senté en mi cama, tallándome un ojo con pereza.


Soy la madre de Mitsuri —escuche el cómo se le quebraba la voz al decir tú nombre, ¿Qué estaba sucediendo?


Dígame, ¿sucedió algo malo?, ¿todo está bien? —en ese momento me pude imaginar todos los escenarios más dolorosos, pero nunca se me cruzo por la mente aquello....


Mitsuri... — tartamudeó tu madre, escuchando sus sollozos llenos de lamentos y un dolor inmundo.


¿Qué sucede con ella?, ¿todo salió bien?


Ella... ella no resistió la cirugía... murió. —al terminar de escuchar las palabras de tu madre, deje caer mi teléfono, impactado.


Mis lagrimas pronto resbalaron por mis mejillas, incapaz de poder creerlo.


No, no, no ¡nooo! no puede ser —sollocé negando, caí de rodillas incapaz de creer las palabras de tu madre, no podía ser posible, mi mundo se fue desmoronando a mi alrededor, yo seguía sin poder creerlo.


Cubrí mi rostro con mis manos, todavía sollozando, no podía creerlo. Era imposible que tú ya no estuvieras aquí... los doctores habían dicho que no había riesgos y que eras 100% compatible con el dotante, ¿entonces que había sucedido para que eso sucediera?


Grite de la desesperación, un huracán de emociones me envolvió, como un manto suave pero repleto de puntiagudas espinas.


Quería creer que era una mentira, que tu habías salido de tu cirugía sana y salva, pero... ¡ah! ¿Por qué la vida era tan cruel?, ¿Por qué te habías ido?


Desvié mi mirada a un mueble cercano a mí, ahí, arriba, estaba un cuadro con una foto que hizo que mis lagrimas brotaran aún más. Mi vista nublándose, con manos temblorosas tome el cuadro, ahí, en la foto estábamos tú y yo. Abrazados con unas paletas en mano, ambos hechos un desastre, sonríe, a pesar de que mi visión se nublaba.


No lo podía procesar, no lo podía creer.




Miraba el cómo te sepultaban, la tierra cayendo en tu cajón y después el cemento. Lloraba en silencio, callando mis penas.

Me dolía, mucho. No me pude despedir de ti, no te pude decir que te amaba hasta morir.


¡Te amaba tanto!


La vida era demasiado injusta. Acaso, ¿nuestro destino era ser nunca felices juntos?


No paso mucho, cuando todos se terminaron yendo y yo, ahí me quede, impasible mirando tu tumba, releyendo tu nombre cada minúsculo momento, toda incapaz de creerlo.


Mitsuri... —susurre con un ápice de tristeza, mi voz ronca por tanto llanto. — Si es posible, si yo muero, y nos reencontramos de nuevo... juro que te encontrare y te haré la mujer más feliz de este mundo. —solloce, las lágrimas resbalándose nuevamente, salpicando tu impecable y lisa tumba.


Tal vez en esta vida no pudimos ser felices juntos, pero te juro que en la próxima vida te encontraré y te haré mi esposa, y si encontraste a alguien más y te hace verdaderamente feliz y aunque no sea yo esa persona, te dejaré ir.


Y solo seré un amigo para ti, aunque no recuerdes nada, no importa, lo importante para mí es tu felicidad.


Mitsuri, yo enserió te amé, en esta, en nuestra anterior vida y la próxima, no me importa cuantas vidas pasen, yo siempre te seguiré amando, no importa cuantos años pasen, ese sentimiento nunca cambiara para mí.


Porque yo siempre seré tu sombra, alguien ajeno y desconocido, cuidándote desde lejos, y tú serás mi hermoso lucero que siempre iluminará mi camino cada vez que me pierda en él, porque tu gran resplandor nunca lo podre olvidar...







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