Mi amada esposa

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Summary

Alguna vez alguien me preguntó: ¿Cómo puedes estar tan segura de que el amor de tu vida es una mujer y no un hombre? A lo que yo respondí, y seguiré respondiendo cada vez que alguien me pregunte lo mismo: Lo he sabido desde siempre. Nací con la convicción de reencontrarme con ella, en esta vida, y poner el mundo a sus pies.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1



Mi casi esposa.

El fuego en mi corazón calienta mi pecho como la calefacción calma el frío de mi cuerpo en invierno. No es la primera vez que lo siento, pero si es la primera vez que no puedo contener lo caliente de mis manos y el calor del vaho saliendo de mi boca mientras la beso. Sus labios se abren para mí llamando mi nombre desesperada. Ella están suave que con cada roce de sus manos siento que mi piel es acariciada con plumas de seda caliente.

No estoy conforme, quiero quedarme en su habitación y sumergir mi cabeza entre sus piernas. Lamer sus labios bajos, esos que tanto ansían mi toque, mis dedos, mi lengua.

Juro que si esto es ilegal la única capaz de acusarnos sería la Luna.

De reojo miro mi reloj, el tiempo se agota, despacio bajo mi mano hasta su mentón y con un suave tirón desenredo nuestras lenguas. Sus parpados se abren lentamente, dejándome apreciar esos ojos coquetos que me miran con ternura. Acaricio su mejilla izquierda sonrosada por el beso, y aparto el largo gajo negro de cabello suelto.

—Ya me tengo que ir —Le digo en un susurro rosando sus labios hinchados. Su mirada me pide que me quede. —Tus padres se molestarán si me ven.

—No me importa. Ya soy una adulta que sabe lo que hace. —Me dice mientras toma mi mano que descansa sobre su mejilla. Trazando pequeños círculos con su índice sobre el tatuaje de la misma, me reclama.—Prometiste que estarías conmigo siempre. Me dijiste que no importaría las circunstancias, siempre estaríamos juntas.

Ella suelta mi mano y camina hacia atrás sin dejar de mirarme. ¡Dios!, la conozco también que puedo leer sus intenciones de un vistazo. El brillo en sus ojos acaramelados me lo dicen todo.

Los tirantes de la bata satinada caen al piso y con ellos todo el conjunto de ropa interior.

—¿No quieres? —Susurra llevando una mano a su cadera y otra a sus pechos para sostenerlos. El viento mese las cortinas mostrando y ocultando su delicado cuerpo tras ellas. A la vez puedo jurar que el piso del balcón bajo mis pies se inclina levemente queriendo empujarme hacia dentro.

Verla desnuda y desesperada por mi me hace salivar tanto que mis ropas se mojan tanto de arriba como abajo.

¡Oh, Dios mio!, ella están terca.

Desechando mi decisión de querer irme lo más rápido posible me dejo llevar por la fuerza invisible que me empuja hacia ella. Sobre la marcha me deshago de mi ropa pieza por pieza hasta quedar tan descubierta como ella.

En lo que parece una secuencia en cámara lenta nuestros cuerpos se unen en una perfecta sincronización, donde nuestros pezones, vientres y entrepierna se rozan sin timidez.

No sé qué clase de magia haya en ella que me hace querer ser el aire que respira, el agua que la moja, la luz que la ilumina y el corazón que la anima. Quiero ser su todo.

Mirando su expresión de anhelo sé que ella también quiere lo mismo.

Usando mi lengua trazo una línea de saliva marcando su mandíbula. Ella tiembla, y yo la sostengo.

Impaciente me pide —Quiero que me hagas el amor. —De nuevo sus ojos brillan con picardía. —Quiero que me marqués de nuevo.

Sonrío expulsando aire por mi nariz, mientras beso su mano para posteriormente lamerle cada uno de sus dedos. —No podrás callar tu boca en toda la noche, ¿y si tus padres te escuchan?

Mostrándome las bellas piezas dentales que adornan su boca, ella ríe. —Cariño, mis padre no estan. Puedo gritar cuántas veces quiera y nadie sabrá que eres tú quien me provoca. ——continúa sonriendo mientras se sube a la cama.

De verdad, ella están terca.

Yo la sigo y me posiciono de tras de ella.

—En ese caso..—Mis manos recorren su cuerpo hasta llegar a su pezón izquierdo el cual se endurece al acariciarlo con mi uña, y la otra se detiene a peinar los bellos públicos que resguardan su lugar de placer.

Ella gime.

—Estan tan grandes que puedo hacer una trenza y ponerle un moñito —Me burlo.

—A ti te gusta así —Me recuerda entre transpiraciones lentas—. Te gusta hacer eso siempre, y a mi no me molesta ni un poco.

—Muy cierto —Le digo al oído. Mi mano deja de juguetear con sus bellos, y escarba un poco más abajo provocando más micro-gemidos—. Me gusta ver los empapados que quedan después de que tu vagina expulse todo los orgasmos posibles sobre mi.

—~ah~ah~ah.

Sus gemidos se hacen más audibles en cuanto froto la bolita escondida entre sus labios bajos. —~ah~ah~ah—. Yo también me siento así, si la necesidad de su toque, solo con su voz.

Ella arquea su cuerpo. No me gusta hacerla esperar así que agito con más rapidez los dedos entre sus piernas.

Voltea sus ojos, sacando la lengua y dejando escapar un hilo de saliva que cae de su boca hasta su mentón. No pierdo el tiempo, le lamo la lengua un par de veces hasta introducírsela hasta el fondo de la garganta ahogando sus gemidos. En un parpadeo siento chorros de agua calientes fluyendo hacia mi mano, mientras su pelvis se contrae, el flujo y la presión de los mismos aumenta en cuanto apreto, chupo y suelto su lengua en mi boca.

—¡ufff!,eso fue rápido —Resoplo acomodando mi cabello suelto hacia atrás. Busco su mirada. Ella aún transpira agitada. —No me podes negar que no me extrañabas.

La risa que escapa de ese par de labios me deja hinmnotizada. Amo la dulzura emanando de su voz.

—¿Cómo podría hacerlo? Sabes que sin ti estoy pérdida. —Su voz post-orgasmo estan seductora. Me aturde. — Cuándo regresaste a China me hundí en la tristeza.

—Fue una lástima que no pudieras acompañarme. —Le confieso volviendo a peinar su desordenado cabello lacio. —Pero ya estoy aquí, y no pienso ir me a ningún lado si no es contigo.

Yo también sufrí mucho en ese entonces. Imaginarla llorando desesperada por no volver a vernos era mi pan de cada día. Afortunadamente puede solucionar los problemas con mi familia o más bien deslindarme de ellos para así poder estar con la razón de mi existencia.

Mi corazón tiembla al sentir su mano entrelazándose con la suya.

—Lo sé.

Sin aguantar un segundo más, cambio de posición. Ahora quiero tragar y saborear ese torrente dulce que escapa de su vagina con cada orgasmo.

Viendo de cerca me quedo maravillada, ¿Cómo es posible que alguien tenga tan rosa esa zona?, ¿es eso posible?

Clavo mis uñas en sus caderas e introduzco mi lengua en la abertura, la cual se dilata y contrae con avidez. Mi Amada arquea la espalda restregando su vagina contra mi boca. El olor y el sabor quedan impregnados en mi cara. Están raro y excitante a la vez que no puedo detener ni un segundo más mi inminente orgasmo, que cae con fuerza en el suelo.

—Me encanta. —La oigo decir en un grito desesperado soltando todo su excitación sobre mí.

“Lo sé, a mi también me encanta”, pienso, obstruyendo el orificio por donde el líquido escapa. Lo trago todo.

Las horas pasan y aún ninguna de las dos piensa parar. Ella tiembla, pero no se detiene. Si no que sigue frotando su vagina contra la mía. Yo por mi parte inhalo y exhaló el humo del cigarrillo que ella me dio. Es un poco difícil debido a la excitación, pero es reconfortante exhalar el humo directamente a su boca. A ella le encanta.

—~ha~ha~ha—Son su gemidos avisándome de su orgasmo, el cual no está muy lejos del mío. Una secuencia de chillidos los remplazan al ser electrocutada por la sincronización de nuestros climax. —Duele, Duele, pero se siente ~Rico~~.

Le creo, los chorros de mis orgasmo siempre tiene mucha presión. Y sé que a ella le encanta recibirlos directo en su clítoris.




No sé cuanto tiempo pasó para que el sol estuviera tan ardiente al despertar.

Después de frotarme los ojos, me detengo a observar mi alrededor. Ella no está, mi ropa y las sábanas mojadas tampoco.

Solo después de bañarme y sentarme en la cama con la bata puesta, ella aparece con una bandeja de comida.

—Amor, preparé el desayuno. Come. —Me sonríe. —Espero no haberte molestado cuando quite las sábanas para lavarlas.

—Jamás me molestaría contigo por algo tan trivial. —Le digo abrazándola por la espalda y tomando un trozo del huevo estrellado con el tenedor.

Su comida está deliciosa. Como siempre, en menos de cinco minutos dejé limpio el plato.

—Ten tu ropa. La lavé y la sequé.

Tomo mi ropa de sus delicadas manos y sin querer rozo sus dedos. Mi corazón se siente enérgico de nuevo, y ambas sonreímos anonadas.

Me apresuro a vestirme, mientras sus ojos me observan detenidamente desde la cama.

Tengo la corazonada de que sus padres no tardan en llegar. Subo el cierre de mi pantalón en inevitablemente pienso en lo difícil que me será tratar con sus padres y convencerlos de nuestra relación. Ya lo hice con mi familia, pero aún me falta la suya.

—Tengo que irme, hoy tengo una reunión con un agente inmobiliario—Le aviso después de acercarme y darle un beso en la mejilla. Ella lo recibe gustosa.

—Esta bien, pero no tardes en avisarme donde vivirás.

—Viviremos —Le corrijo—. Quiero elegir una casa para mudarnos juntas.

Su canino izquierdo presiona su labio inferior. —Viviremos —Repite.

Ambas bajamos a la primera planta, y cuando estoy por tomar el pomo de la puerta, alguien ya lo ha echo desde afuera. “Carajo” pienso.

La sonrisa en la cara de mi suegro se desvanece en cuanto me ve, y mi suegra se queda estática intercalando su mirada entre mi chica y yo.

Definitivamente este no era el encuentro que tenía planeado para hablar con mis suegros.