Quédate por mi || Kookmin

Summary

Reto #5 2025 Temática: Inspiración músical MV elegido: Don't Wanna Cry by seventeen inspiración extra: Carol no dejes la ciudad de Airbag; Cosas del amor de Ana Gabriel y Vikki Carr. ⛧ ⋆ ˖ ⁺ ‧ ₊ ☽ ◯ ☾ ₊ ‧ ⁺ ˖ ⋆ ⛧ En un mundo arrasado por la sed y las guerras por el agua, Jungkook emprende un último viaje hacia la granja de los Park, para poder pasar su cumpleaños al lado de él. Allí lo espera Jimin, su mejor amigo y el amor callado de su vida, a punto de partir con los suyos hacia una tierra prometida reservada para pocos. Entre risas, recuerdos y un beso robado, comparten unas horas que saben fugaces.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
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16+

Capítulo Único

La ciudad estaba moribunda, aferrándose al último hálito de vida que podía producir, mientras los humanos siguen redoblando sus esfuerzos por quitarle cuánto podían. 


Desde hacía muchos años las grandes urbes habían empezado a vaciarse al no poder ser proveídas con el alimento que necesitan sus habitantes. Primero había sido de a poco, algunos cuantos afortunados se mudaban a campos propiedad de sus familias para producir algo más de alimento con el cual asegurar su supervivencia y ganar dinero vendiendo el excedente de su producción.


El equilibrio social que solía existir en la época húmeda se perdió cuando llegó la sequía. Primero fueron las guerras por el agua qué diezmaron la población y después la deshidratación hizo su parte. Las personas pobres empezaron a vivir en las grandes ciudades, edificios altos y espaciosos. Lugares que antes significaban lujo ahora eran sitios sin agua, sin comida, donde se corría el riesgo de gastar mucha energía corporal y morir. Al no haber electricidad, también era difícil calefaccionar o refrescar esos ambientes. Las personas que no tenían para pagar comida, no podían gastar energía corporal por tanto eran sedentarias.


Caso contrario la gente rica que buscaba tener cosas más pequeñas en el campo y dedicarse a la agricultura y unos cuantos en extremo afortunados podían dedicarse a la ganadería. Se podían permitir hacer esfuerzos trabajando en los campos y quemar calorías que podían recuperar al comer. Algo que antes no se tenía en cuenta ya que era natural se había vuelto la base de la vida. Quien no tiene para comer, es mejor que no se mueva o va a darle hambre más rápido.


Jungkook caminaba por el suelo receso mientras la tierra crujía bajo sus pies al partirse. Lo que estaba haciendo era estúpido y absurdo, caminar tres kilómetros hasta el campo de los padre de Jimin solo para verlo.


Ellos se habían conocido hacía cinco años, mientras los padres de Jungkook aún vivían y su familia tenía un departamento en el primer piso de un edificio, de los lugares más codiciados ya que no debían gastar tanta energía subiendo escaleras.


Todo eso había cambiado y Jungkook había perdido a su familia. Por suerte Jimin había seguido a su lado, el chófer de la familia lo llevaba para que pudieran verse seguido. Pero está era la primera vez que Jungkook hacía ese camino a casa de su amigo, pero la situación desesperada lo ameritaba. Necesitaba verlo.


Aunque estaba atardeciendo el calor era sofocante y Jungkook no disponía de agua, no recordaba cuándo había sido la última vez que bebió un vaso de agua en lugar de contentarse solo con sorbos. Pero lo peor fue llegar al campo de la familia Park y ver cómo cargaban todas sus provisiones y suministros básicos en camiones. Cada vez era más común que gente con dinero se fuera a terrenos más alejados de las ciudades para evitar robos de alimentos.


Está vez era más que eso, el Gobierno de Asia Unida había creado una reserva natural para la humanidad en algunas de las islas de Japón. Se podría pagar para limpiar el agua de mar y hacerla potable, tendrían comida y energías renovables. Tendrían a Jimin, que para Jungkook era un tesoro más valioso que cualquier otro sobre la tierra.


El sol se estaba terminando de ocultar cuando llegó a la entrada y un guardia lo miró de arriba a abajo, como si no lo conociera, como si no lo hubiera visto cientos de veces cuando llevaba a Jimin a la ciudad.


—¿Permiso? —preguntó el guardia frío.


Jungkook por dentro entendía que está medida de seguridad era necesaria por la cantidad de alimento que se estaba moviendo y que algún indeseable podría infiltrarse a robar.


—Soy Jeon Jungkook, vengo a ver a Jimin —respondió Jungkook sin apartar los ojos del guardia.


—¿Por qué viene a verlo? —Fue la siguiente pregunta que hizo que las piernas de Jungkook se sintieran como gelatina por qué debía pronunciar en voz alta eso que lo atormentaba.


—Por qué se va —dijo pero en verdad hubiera querido decir "se me va, lo estoy perdiendo".


Jungkook tuvo que tomar aire mientras pestañeaba varias veces para disipar las lágrimas y el nudo en su garganta. Hubiera deseado poder seguir ignorando el elefante en la habitación un poco más, tal vez hasta el momento en que tuviera que decir adiós.


—El Joven Park está en el cultivo de zanahorias —El guardia indicó la dirección mientras lo dejaba pasar.


Y otra vez Jungkook hizo una tontería y corrió hasta él, cada momento que pasara sería uno que no podría estar junto a él. Qué importaba si el mundo moría o la gente se iba, todo esto pasaba a segundo plano al estar con él.


—¿¡Jungkook!? —exclamó Jimin preocupado al verlo sudado, cubierto de la tierra del camino y corriendo.


Este no le dio tiempo a nada y lo abrazó con fuerza, como si deseara hacerse uno o evitar que le arrancarán una parte vital.


—Lo siento, no podía... no podía. Se que... fuiste a verme en la mañana y eso, pero... —No sabía cómo poner en palabras toda esa desesperación que sentía—. Quería estar contigo. Dijiste que no te dejarían ayudar con la mudanza y pensé que estarías aburrido.


—Eres un tonto —susurro de forma cariñosa Jimin mientras apoyaba su cara en el pecho de Jungkook para escuchar lo acelerado que estaba su corazón—. Pero gracias. Voy a pedir que te traigan agua y...


—No hace falta, tomé antes de salir —Lo abrazo con un poco más de fuerza para que no se fuera—. Podemos sentarnos, no puedo negar que necesito un descanso. Hacía demasiado que no caminaba tanto.


—Eres de terror, Jeon Jungkook.


Se sentaron debajo de un árbol y Jungkook no perdió el tiempo en tomarle la mano. Ambos solían hacerlo de vez en cuando, les daba seguridad y calma. Cómo una barrera que resiste los embates del tiempo y evita la desgracia. Aprovecharon de hablar de todo un poco entre ellas sus vidas antes de la sequía ya que ambos tenían unos diez o doce años cuando dejó de llover y las fuentes de agua dulce empezaron a agotarse. La familia de Jungkook tenía una florería que rápido se fue a la quiebra y la familia de Jimin que se había dedicado a la minería hizo uso de sus contactos para conseguir un mejor emplazamiento y provisionarse para lo que venía. Cómo esos mismos contactos habían sido de nexo para que la familia de Jimin fuera la encargada de enviar alimentos al Gobierno de Asia Unida (GAU) y de allí conseguir su plaza en la reserva.


Mientras pasaban las horas seguían repasando anécdotas del pasado, empezando por la primera vez que se vieron cuando Jimin tuvo que ir con su padre a llevar provisiones al comedor comunitario y la familia de Jungkook estaba allí. La conexión fue inmediata y luego de unas averiguaciones el señor Park aceptó que la amistad no sería perjudicial para Jimin y que tampoco lo llevaría por mal camino.


Si habían hecho sus fechorías, como cambiar agua por alcohol o una manzana por un cigarrillo, pero nunca nada tan grave como para ser un delito a la supervivencia.


Cuando ambos quieren darse cuenta ya era bien entrada la noche y solo estaban iluminados por los faroles que estaban cargados con la energía solar. Pero ninguno hizo el menor amago de levantarse, estaba bien así. Juntos.


—Joven Park —interrumpió el guardia—, el primer viaje está por salir, pregunta su madre si quiere ir con ella.


Jungkook apretó la mano de Jimin para llamar su atención y evitar que responda.


—Quédate por mí, solo unas horas más. Dijo que es el primer viaje, puedes ir en el segundo —suplico Jungkook sin poder evitarlo—. Por favor. En... en unas horas ya será primero de septiembre y es mí cumpleaños. Quiero estar contigo.


No hicieron falta más palabras y el guardia se retiró como si entendiera más de lo que Jungkook quería a dar a entender, como si supiera en lo profundo de su ser las verdaderas respuestas a preguntas que solo oirían mentiras.


Al estar una vez más solos, con la noche como único testigo Jungkook se acercó a Jimin y besó sus labios. No sabía si este recordaba todo lo que había pasado esa noche en que bebieron hasta perder el control de sus actos. Por la forma en que su beso fue respondido parecía que sí.


Entre beso y beso soltaban risitas nerviosas por lo que estaban haciendo. Ya eran adultos, pero eso no quitaba la emoción del momento, donde sentimientos tanto tiempo callados al fin podían salir.


—Pensé que habías bebido tanto que no lo recordabas —confesó Jimin mientras se sentaba sobre las piernas de Jungkook—. Por qué recuerdo cada detalle.


Jungkook pasó sus brazos por debajo de la remera de Jimin y lo abrazó por la cintura para pegarlo más a él.


—También recuerdo cada detalle. Jamás podría haber olvidado una noche tan especial.


Esa noche estuvieron en el dormitorio de Jimin demostrando una y otra vez todo el amor, cariño y devoción que se tenían. Aunque tuvieron que ser cuidadosos de que nadie más en la pequeña casa los oyera. No querían pasar por una situación tan vergonzosa como ser encontrados en medio de esa actividad tan privada.


Despertaron abrazados al amanecer cuando el sol daba directo sobre sus caras. Jungkook empezó a sentir que le daban muchos besitos en la cara y sonrió embobado.


—Feliz cumpleaños, dormilón —murmuró Jimin acariciando su cara.


—Gracias, mí dulce mochi —respondió con la voz ronca por el sueño.


Al salir de la cama fueron a asearse y Jimin después fue por algo para desayunar. Había logrado sacar algunas frutas dulces para compartir ya que hacía años habían dejado de prepararse pasteles o productos de pastelería, se consideraba que eran innecesarios. Pero lo que importaba no era lo que comieran, sino estar juntos. Se habían sentado en la cama para hablar mientras tomaban el desayuno.


—Cuentame como es el lugar a dónde van a ir —pidió Jungkook solo para buscar un motivo de conversación.


—Bueno, mí padre no dijo mucho —divagó un poco mientras se notaba que trataba de hacer memoria—. Hace años se ha empezado un proyecto para tratar de volver habitables islas desiertas o que no hubieran tenido mucha presencia humana. Así no hay riesgo que la tierra tuviera restos de los químicos usados en las guerras del agua. Además de poner plantas potabilizadoras de agua y así. Mí padre ha viajado y dijo que todo se siente como antes. Hay aves, animales domésticos, vegetación. Ojalá pudiera mostrarte imágenes.


—No importan las imágenes —dijo tratando de hacerlo seguir hablando y evitar que se desanime. Aunque la verdad sería que quería dejar su voz grabada a fuego en sus recuerdos—. ¿Qué harás al llegar allí? O mejor aún, ¿qué te hubiera gustado hacer si nada de esto hubiera pasado?


—No lo sé. Me gustaría ser maestro de niños, hay tan pocos que nacen hoy en día que siento que hubiera sido lindo enseñarles cuando se podía reunir un grupo de ellos. Tengo entendido que ahora nace un niño cada dos años o más. Además la tasa de mortalidad...


—O podrías haber sido modelo —interrumpió Jungkook para frenar ese hilo de pensamiento—. ¿Te imaginas que te hubieran pagado por andar en ropa interior?


Jungkook le dedicó una mirada pícara que hizo que se gane un golpe en el pecho.


—No seas tonto. También podrías haber sido tu a quien llamen para modelar en calzones. Pero seguro que cuando te vieran se asustaban y te hacían poner ropa —bromeo Jimin mientras le sacaba la lengua.


—¿Y por qué se habrían asustado? Por mí graaan belleza.


A ese comentario con doble sentido desato miradas descaradas a las que le siguieron una ronda de besos. Hubieran seguido si no fuera porque a media mañana les avisaron que ya estaba por partir el segundo y último viaje con pasajeros. Las demás cosas serían llevadas a su debido momento.


La casa tenía un más que excelente sistema de seguridad que evitaría el ingreso de cualquier intruso mientras ellos estuvieran ausentes.


El padre de Jimin al verlo lo saludo con afecto.


—¡Vaya! Cuando Jimin me dijo lo mucho que habías crecido pensé que era una exageración. Aún recuerdo cuando tenían la misma estatura y ahora le sacas una cabeza —bromeó el señor Park mientras le daba palmadas en el hombro—. ¿Listo para el gran día? He oído que en una semana el GAU abrirá puestos para dejar que todos puedan ir a la nueva reserva. Podré conseguir un buen descuento en tu pasaje, solo deberás decir tu nombre a quien sea que manden como encargado de ayudar con los trámites y demás. Mientras les dejo diez minutos más para que hablen y ya nos vamos. Antes de irte te voy a dar las señas de la nueva dirección.


—Muchas gracias por tenerme en cuenta —agradeció al tiempo que hacía una reverencia. Se notaba que estaba bastante ocupado ultimando detalles, así que después de esas pocas palabras se fue dejándolos parados en el pasillo, los dos jóvenes al verse solos se abrazaron por la emoción.


Jungkook dejó su cara escondida en el cuello de Jimin un poco más del tiempo que habría sido correcto.


—En una semana más vamos a estar juntos de nuevo —canturreo Jimin con una gran sonrisa—. Y yo que pensaba en escaparme para quedarme junto a ti.


Jamás le hubiera permitido hacer esa estupidez y poner su vida en riesgo. Verlo morir lentamente o peor aún ver qué mientras esto pasaba también se perdía el amor que había caracterizado todos esos años que estuvieron juntos como amigos.


—Eres todo un travieso o un peligro, como se lo mire mejor —río Jungkook mientras lo despeinaba.


Otra vez Jungkook tenía un nudo en la garganta mientras se le juntaban las palabras que no podía decir o más bien no debía. Pero se obligó a sonreír por qué no se sentía lo suficientemente malvado para romper un corazón tan puro como el de Jimin.


Para aprovechar sus últimos momentos se fueron a sentar en un rincón del jardín donde tenían vista del camión que cargaba las últimas cosas y al mismo tiempo la suficiente privacidad para poder hablar.


—Ya cumples veintiocho años. Todavía no lo puedo creer. Estás tan... tan... joder estás tan guapo. Ni siquiera sé por qué le gusta decirlo —tartamudeo Jimin mientras su cara se tenía de calor rojo—. Uf, se ve que va a dar un día caluroso, como que la temperatura subió de golpe.


—O deberías admitir que te calentaste de solo pensar en mí —El único objetivo de Jungkook era hacerlo poner aún más rojo, cosa que logró con mucho éxito—. Aunque si mal no recuerdo anoche no te costaba tanto hablar, ¿o si? Mmm... no recuerdo que hayas dicho nada con mucho sentido solo era una sinfonía de...


Se vio interrumpido cuando Jimin le tapó la boca con las dos manos.


—Podrían oírnos. Así que mejor no digas nada —exclamó mientras miraba alrededor para asegurarse de que nadie los estuviera oyendo.


Jungkook como respuesta sacó las manos que cubrían su boca y empezó a besarlo. Las palabras estaban de más y el tiempo voló hasta que sintieron ruido cerca. Se separaron justo a tiempo para ver al guardia llegar y avisar que ya era de subir al camión. Lo siguieron en silencio y después de darse un fuerte abrazo en el que quisieron condensar todos los buenos momentos y emociones Jimin subió.


—Nos vemos en una semana, Kookie. Promete que vas a cuidarte y comer bien —dijo Jimin sin poder evitar llorar un poco.


—Nos vemos en una semana, amor. Promete ser bueno y antes de hacer una locura hablar con tu padre. También que vas a seguir sus consejos por más que tu mente y corazón digan que debes hacer lo contrario —susurro Jungkook pegado a la puerta del pasajero para que nadie más los oyera—. Te amo.


La confesión no recibió respuesta al ser interrumpidos por la llegada del señor Park, pero los ojos de Jimin eran respuesta más que suficiente. En presencia de Jimin, Jungkook se mantuvo tranquilo pero mientras el camión se alejaba dejando una estela de polvo Jungkook se permitió llorar. Había mentido y de la forma más cruel posible. No había forma ni en un millón de años que siquiera pudiera conseguir algo de dinero para comprar el pasaje, por más descuento que tuviera. No tenía en su mano ni un solo centavo de won. Con el trabajo que tenía de gracia le alcanzaba para un poco de agua o comida al día, nunca las dos cosas.


Aún si pudiera vivir para ver más cumpleaños sabría que jamás habría otro tan especial y doloroso. Había confesado sus sentimientos al amor de su vida y estos habían sido correspondidos y después lo había perdido para siempre.


—Que la vida siempre te cuide y nunca te falte nada, Park Jimin. Ojalá que... algún día deje de doler en tu corazón y que ya no me esperes, pero ten por seguro que nunca voy a olvidarte. Gracias por este y por todos los años que cumplí a tu lado, amor mío —murmuró mientras el viento se llevaba sus palabras.