Cap 1– Lily
Había una vez una pequeña princesa llamada Lily. Su cabello dorado caía en suaves ondas que brillaban como una cascada líquida bajo el sol. Sus ojos, dos perlas azules, reflejaban el cielo despejado en todo su esplendor, y su piel, blanca como la nieve recién caída, parecía guardar la pureza de un mundo inmaculado.
Todo el pueblo la amaba, y su sonrisa iluminaba incluso los días más grises. Pero en el corazón de Lily habitaba una pregunta que subía como un susurro inquietante en las noches silenciosas.
—¿Por qué? —se preguntaba mientras observaba, desde su ventana, los muros que dividían la luz de la sombra.
Su madre, con voz grave y ojos llenos de cuidado, le advirtió sobre el bosque sombrío que se extendía más allá de aquellos muros.
—Nunca cruces hacia el bosque sombrío —le dijo—. Allí habita una sombra negra, hambrienta de pequeños inocentes. Nadie que penetra más allá de sus límites vuelve a contar lo que vio.
Las palabras de su madre eran un muro invisible que protegía a Lily, pero también un llamado escondido a lo prohibido.
Una noche, cuando la luna llena bañaba la tierra en plata líquida, Lily escuchó una voz suave y melodiosa que flotaba con el viento. Era un canto encantador, un susurro que acariciaba su piel y despertaba una frescura desconocida en su pecho.
Sin pensarlo, sus pequeños pies comenzaron a moverse por voluntad propia hacia los imponentes muros que protegían el bosque.
Al cruzar la frontera, el aire cambió. Un frío cortante la envolvió, mientras la nieve caía silenciosa, cubriendo la tierra como un manto de misterio.
—¿Nieve? —susurró, sus ojos recorriendo aquel paisaje de blanco infinito.
Siguiendo la curiosidad que latía en su interior, avanzó hasta que una figura apareció entre los árboles, emergiendo de las sombras. Sin miedo, la criatura habló con voz dulce como la brisa.
—No temas, princesa. Estoy aquí para ayudarte.
—¿Quién eres? —preguntó Lily, con el corazón latiendo fuerte.
—Tu aliado, tu compañero, tu servidor leal. Confía en mí y todos tus deseos se harán realidad.
La figura la condujo por senderos cubiertos de flores resplandecientes y luciérnagas que danzaban como delicadas lámparas en la noche. Su sencilla bata blanca se transformó en un vestido magnífico, adornado con finos bordados que brillaban bajo el cielo estrellado. Su cabello dorado resplandecía con más fuerza que nunca.
Un banquete espléndido apareció para celebrarla, acompañado por animales que, como invitados mágicos, compartían la alegría de la bienvenida.
—¡Qué maravilloso! —exclamó Lily, jugando entre risas y bailes, con una sonrisa que iluminaba la noche—. Ojalá pudiera quedarme aquí para siempre.
Pero la magia comenzó a desvanecerse. La nieve, antes tan pura y suave, se tiñó de un rojo intenso que manchó cada paso.
Un frío terror llenó a Lily, que comenzó a correr, llamando desesperada:
—¡Ayúdenme!
La voz dulce de la figura volvió a cantar, pero esta vez con un tono oscuro y siniestro. La sombra se acercó lentamente, orgullosa y malévola, con una sonrisa que helaba la sangre.
—Tus deseos se cumplirán, princesa —susurró—. Soy fiel a mi palabra y cumpliré mi parte.
Desde entonces, se dice que el cuerpo de Lily nunca fue encontrado. Su madre cayó en una tristeza profunda que parecía abrazar todo el reino en una penumbra eterna. Y en el bosque sombrío, bajo la oscura nevada, una sonrisa pequeña y siniestra acecha, esperando el momento adecuado para darle la bienvenida al próximo viajero....
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—Fin —dijo mi abuela Lucrecia, cerrando el libro con un suspiro mientras se levantaba de la cama—. ¿Cuál crees que es la moraleja de este cuento?
—Que nunca debes desear quedarte en un bosque extraño —respondí, con orgullo, cruzándome de brazos.
Mi abuela alzó una ceja y soltó una suave risa.
—No, Keila, no. La verdadera moraleja es que debes escuchar a tus padres y no confiar en extraños —me explicó en voz baja, acercándose a apagar la lámpara—. Y ahora, a dormir. Mañana es tu primer día en la secundaria y necesitas todas tus fuerzas.
Se inclinó para besarme la frente con ternura y salió de la habitación.
—Abuela... —llamé, acurrucándome entre las sábanas con estampado de mariposas.
Ella detuvo la mano en la puerta, se volvió y me miró con una sonrisa llena de misterio.
—¿Y qué pasó con Lily? —pregunté, con una voz temblorosa
El silencio llenó el cuarto antes de que su susurro respondiera:
—Ella nunca pudo volver, hijita...
Wuenas, wuenas!!
Gente sabrosona
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