La profecía del corazón de Cassandra

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Summary

"Los placeres violentos tienen fines violentos..." - William Shakespeare El amor no llega como una promesa, sino como una advertencia. Cassandra aprendió a desconfiar del deseo, a construir su corazón como un castillo de cartas sostenido por la razón, la ironía y el control. Cree en las reglas, en la distancia emocional, en no enamorarse jamás. Hasta que una presencia inesperada irrumpe en su mundo y desarma, pieza por pieza, todo aquello que juró no sentir. La profecía del corazón de Cassandra es una tragicomedia de tintes griegos donde el destino, las casualidades y el amor juegan a los dados, uniendo a dos personas no porque deban, sino porque no pueden evitarlo. Aquí, amar no es salvación: es elección, tentación y ruina. Porque algunos amores no están hechos para durar, sino para marcar. Y hay vínculos tan intensos que, incluso antes de comenzar, ya saben cómo terminarán.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Profecía – Conocerte

Me enamoré de ti. Lo acepto.

Hoy perdí todo el orgullo y la galantería que tanto cuidé al conocerte. Siempre me consideré racional, lista para lo peor, blindada contra sentimientos que pudieran destruirme. Jamás había sido amada de verdad. O, al menos, nunca de manera incondicional.

El amor que recibía, la atención que poseía siempre dependió de mi buen comportamiento. De lo que podía dar y ofrecer.

“Da más del cien por ciento y tendrás amor”, me decían.

Así viví. Hasta que te conocí.

No recuerdo la fecha exacta, pero sí el momento.

En un punto de mi vida me sentí como Atlas: el titán que sostiene el cielo, con un peso inmenso sobre los hombros día y noche. Lloré lágrimas de amargura, pero nadie me notaba. Jamás recibí aprobación ni validación. Era la que estaba en un pedestal cuando todo iba bien, pero al cometer un error, era el fracaso encarnado. Siempre escuché que debía pensar en todos menos en mí. Hablar de mis problemas era egoísta porque otros sufrían igual.

En medio de esa desesperación, te vi.

Mentí a mí misma pensando que hablar contigo solo sería para escuchar una opinión más. Pero fui débil.

Por primera vez quise ser la número uno para alguien.

Y lo fui. Aunque no como esperaba.

Tus palabras dulces, tu apoyo y compañía derrumbaron todas mis fortalezas. Lloré, fui vulnerable y, a cambio, recibí amor.

Un amor tan grande que me dio la luna, el mundo y más.

Pero todo amor tiene un costo.

El mío fue entender que estábamos destinadas a ser una tragedia griega. Un amor tan intenso que perderte sería el peor dolor que jamás conocería.

Poemas y palabras giran en mi cabeza cada vez que te escribo. Soy una amante de las pasiones, alguien que siempre jugó en el marco de la línea moral del amor. Pero hoy lloro lágrimas de sangre por mi amada.

Como Sísifo con su roca, reflejo nuestra historia en hojas de papel que un día serán llevadas por un vendaval.

Es tan esperado, profundo y distante que, a veces, en las noches más oscuras o en los días más bellos, puedo sentir el metálico sabor de la sangre. Un presagio de un destino sellado.

Amar es una bendición. La conciencia de la humanidad. El mayor signo de valor: entrega, sacrificio, escucha y comprensión.

Estos valores me recuerdan a ti.

Cada día que pasa me pregunto qué tan fácil sería perderte y qué difícil sería dejarte ir.

Me pregunto si la tinta en mis costillas podría llegar a mi corazón. Para que el día en que no pueda tocarte, ni verte, ni hablar contigo, aún estés en mi piel. En mi ser.

Siempre te amaré. De eso estoy segura.

Eres mi destino y quien más me ha enseñado.

Hoy no te pierdo. Te tengo a mi lado. Siento tu manto protector sobre mis hombros, dando calor a mi corazón.

Pero sé que tal vez haya un día —no tan distante como certero— que me destrozará el alma.

Ese día, aún entre el dolor, te amaré como tanto te lo prometí, Rosaline.