Parte 1: El ascenso
La sala subterránea está bien iluminada, los asesinos encapuchados formaban un círculo donde estaba un iniciado listo para ser nombrado. La única parte despejada de la pared mostraba un balcón donde tres asesinos miraban al iniciado.
A la izquierda de los tres se encontraba Eduardo Abaroa Hidalgo. Mentor de Bolivia, encargado de mantener el sustento y economía de los futuros proyectos de los asesinos.
A la derecha de los tres se distinguía a Miguel Grau. Mentor de Perú y almirante de la marina peruana, su aporte, además de mentor, era proporcionar barcos y ayuda de soldados para los futuros proyectos de los asesinos.
Y finalmente, al medio de los dos, se encontraba Francisco Cliff. Gran mentor de los asesinos de Latinoamérica, encargado de todos los proyectos de los asesinos y de destruir la capital templaria de Latinoamérica. Los tres se acercaron al balcón, listo para comenzar la iniciación.
—Aunque otros hombres sigan ciegamente la verdad, recuerda.- Pronuncio Hidalgo.
—Nada es verdad...- Respondió Andrés mirando hacia los mentores.
—Aunque otros hombres se dejen coartar por la ley o la moral, recuerda.- Pronuncio Grau.
—Todo está permitido.- Respondió Andrés.
—Actuamos entre las sombras para servir a la luz. Somos asesinos. -Finalizo el mentor Francisco
—Nada es verdad, todo está permitido.- Andrés responde poniéndose de pie.
—Es la hora, miembro asesino Andrés —señaló Francisco para que Andrés se ponga de pie.
Extendiendo su mano y abriendo sus dedos, ve cómo otro asesino se acerca con un anillo ardiendo al rojo vivo. El anillo se quema y adhiere al dedo anular, sellando su lealtad y unión al credo de los asesinos.
—Has superado las pruebas con valor y lealtad, eres bienvenido a nuestro credo y secretos eternos, ahora puedes tomar tu lugar merecido como asesino y continuar ayudando a traer paz y libertad en este mundo —Francisco dijo y los asesinos de la iniciación se fueron yendo; cuando solo quedaba Andrés, el mentor Francisco le hizo una señal para que camine con él.
Francisco iba guiando mientras que Andrés le seguía detrás de él; intentaba evitar mostrar dolor por la quemadura del anillo en su dedo anular. Aunque no es que pudiera hacer mucho más que masajear su dedo.
—El dolor se irá en unas horas; es mejor sufrir una quemadura que perder el dedo —Francisco dijo mientras caminaba, también enseñando su dedo anular a Andrés, demostrando que con el paso del tiempo no se notaba una diferencia.
—Mis maestros me dijeron lo mismo, que perder el dedo fue la forma de iniciación creada por el primer maestro y mentor asesino Bayek de Siwa.- Dijo Andrés hacia francisco.
—Aunque tienes razón, pero al igual equivocado estás —girando para ver al asesino recién iniciado—. Aunque el primer asesino, que en esos tiempos se llamaban ocultos, el maestro Bayek sí se cortó el dedo anular, pero jamás creó esa tradición; fueron sus aprendices que, para mostrar lealtad, decidieron cortar su dedo anular y, obviamente, al paso del tiempo, fue una tradición para todos los recién iniciados.- Respondió Francisco al joven iniciado
—Eso fue hasta que el mentor Altaïr Ibn-La’Ahad modificó la tradición para que solo se use un anillo. ¿Estoy en lo cierto?.- Respondió Andrés.
—Puedo ver que no solo eres fuerte en técnica, sino también en nuestra historia. —Francisco se detuvo para ver a Andrés de frente. —Cuando mencioné la idea de nombrarte asesino, los mentores Grau e Hidalgo no apoyaron la idea. Tu edad mostraba inmadurez para la responsabilidad, pero tus ideas y lealtad decían otra cosa.-
El mentor Francisco puso su mano en el hombro de Andrés.
—Estoy orgulloso de que hayas demostrado lo contrario, Andrés. La orden y yo esperamos grandes cosas de ti. —La sonrisa y el respeto que sentía el mentor Francisco eran muy visibles. -Ahora sigamos, que los demás nos esperan para tu próxima misión.-
Al caminar por los pasillos de la guarida hasta llegar a la sala principal, los mentores Hidalgo y Grau esperaban alrededor de la mesa.
—¿Estamos listos para comenzar? —preguntó el mentor Grau al mentor Francisco.
—Todavía no, me tomé la libertad de mandar a llamar a Krassy y Carlete para esta reunión —respondió el mentor Francisco con calma a los mentores presentes. —Te aconsejo tomar asiento, Andrés; tu hermano y Krassy pueden demorar un poco.
Carlete Garrillo, el hermano de Andrés. Fue quien introdujo a Andrés al credo después de la muerte de su padre a manos de templarios; aunque Carlete era solo 3 años mayor, ya era conocido en varias partes del credo de asesinos, por su persistencia y dedicación en la caza de templarios.
En otra parte también se notaba la joven asesina, Krassy Lyones. Con 25 años ya se le reconocía por su ayuda en la exterminación de templarios en Bolivia; aunque mantenía su vida en secreto, confiaba su amistad con Andrés para contarle varias cosas. Una de ellas era que fue aprendiz del mentor Hidalgo; eso podría explicar su dedicación y habilidad al credo.
—Lamentamos la demora, mentor. Vinimos lo más rápido que pudimos —dijo Krassy al mentor Francisco mientras que Carlete agachaba la cabeza para demostrar respeto.
—No se preocupen, demoraron menos de lo que esperaba. Por favor, tomen asiento —señaló el mentor Francisco las sillas vacías en la mesa.
Los tres mentores tomaron asiento al igual que los tres asesinos.
—Maestro Higaldo, ¿alguna información de los templarios?
—Mis espías me han dado información del gobierno; el presidente está recibiendo dinero de Chile por la extracción de salitre; los templarios no pueden salir del país sin los fondos suficientes. —Al terminar la frase Higaldo soltó varias cartas robadas del presidente bolivianos.
—Si me permite hablar —interrumpió el maestro Grau—, mis soldados han interceptado cartas templarías dirigidas hacia Inglaterra, por lo que sabemos, los templarios no están usando Chile como una base temporal. Lamento decir que están planeando instalar la última defensa templaría en Chile.
—Eso será un problema a futuro. —Interrumpió Francisco para después desviar la mirada a los mapas y cartas. —¿Sabemos de quién fue la orden?.-
—Del actual maestre templario Daniel Cárceles —deslizó una carta el maestro Grau hacia el mentor Francisco. - Fue elegido hace 5 meses.-
—Esto es estúpido —argumentó Krassy, interrumpiendo a Grau. —Su último maestre fue asesinado por mi mano hace 4 meses, ¿acaso lo maté y al día siguiente eligieron otro?
—Esa es la naturaleza templaría, señorita Lyones. Ellos no lloran la muerte de un miembro o mentor, solo buscan a otro que se siente en la silla —dijo el maestro Higaldo hacia la asesina Krassy.
—Aunque sigan eligiendo maestre, debemos actuar ahora —dijo el mentor Francisco. —¿Sabemos la ubicación del maestre templario?-
—Solo que vive en la capital de Chile, mentor, en Santiago —respondió Grau.
—Si me permitieran hablar, mentor. —Levantando la mano, Andrés miraba al mentor.-
—Dinos, Andrés.- Francisco mirada con duda.
—Yo soy de nacionalidad chilena; si el consejo está de acuerdo, me gustaría que me permitieran encargarme del maestre templario.- Hablo Andrés a los miembros presentes.
-Sin ofender niño, pero dudo que puedas siquiera puedas hacer- las palabras de Krassy fueron interrumpidas por la señal del mentor Francisco.
—Asesino Andrés, puse mi confianza en ti al iniciarte y lo volveré a hacer. —El mentor Francisco miró al consejo, pero nadie estuvo en contra. —Tu misión es simple, ve a Santiago y busca al maestre templario. Que tu hoja sea lo último que sienta en vida.-
—Entendido, mentor — Andrés agacho la cabeza en forma de aceptación.
—Ahora la reunión finalizó para ti, prepara tu equipo y busca a la maestra asesina, Joselin Bravo de Villalba en Santiago; ella será tu única ayuda allá. — Menciono francisco hacia Andrés
—Recuerde, joven asesino, estamos poniendo un peso demasiado grande en usted, esperamos un trabajo limpio y rápido- Menciono Francisco.
—No lo haré, mentor.- Respondió Andrés antes de salí de la sala de juntas.








