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Cinco corazones, un destino

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Summary

Arianne es una joven humana aparentemente normal, criada en un orfanato en una ciudad aislada por montañas. Al cumplir 18, recibe una carta misteriosa invitándola a la Academia Nocturna de Vhalderis, una escuela oculta para seres mitológicos. Cree que es un error... hasta que llega y descubre que no puede salir. Allí, conoce a un grupo de chicos poderosos y enigmáticos -cada uno perteneciente a una raza mitológica distinta- que, inexplicablemente, parecen sentir una fuerte atracción por ella. Al interactuar con cada uno, Arianne empieza a despertar habilidades que reflejan sus poderes... pero ella los supera a todos. Poco a poco, se revela que ella no es humana del todo: es la heredera de un linaje perdido, mezcla de todas las razas mitológicas, y su existencia amenaza el equilibrio del mundo.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
13+

La carta del destino

CAPITULO 1

La noche caía sobre el orfanato Saint Valora, el lugar era frío, sin amor, arianne se encontraba viendo por las ventanas rotas donde entraba un poco de luz, esa única luz, la luz de las estrellas su única compañia era esa linda vista del cielo lo único que la mantiene cuerda a esa edad. pasó toda su vida ahí, nunca pudo salir fuera de esos muros. mientras dibujaba una de las monjas llegó con una carta

Cuando la puerta se abrió, una figura apareció en el umbral: la madre Evelyn, directora del orfanato. Su rostro impasible y su andar severo eran el reflejo de un alma que había visto más tragedias de las que podía contar. Pero esta vez, algo en sus ojos era diferente. Había un destello de sorpresa y algo... más. Algo que Arianne no había visto nunca antes.

La madre Evelyn extendió una mano y dejó caer una carta sobre el escritorio de Arianne. No era una carta cualquiera. Estaba sellada con cera roja, marcada con un emblema que Arianne no había visto nunca. Un triángulo con líneas que formaban un ojo en su centro.

–esto.. es para mi?-- preguntó Arianne, confundida por la situación. En lo que ella llevaba en el orfanato jamas le habian escrito, nunca su familia la intento buscar, ella tomó la carta viendo el titulo que tenia "academia Akarnis"

Arianne rompió el sello,sacando la carta con sumo cuidado, un papel amarillento y un poco arrugado apareció ante sus ojos como si de esas cartas viejas se tratasen. La abrió y se dispuso a leer en voz baja para que la madre Evelyn también escuchara

"Querida Arianne Fersen,

En nombre del consejo de la Academia Arkanis, te convocamos a ser parte de nuestra institución. Un lugar donde aquellos como tú, que poseen dones más allá de la comprensión humana, pueden aprender a controlar sus habilidades y cumplir con su destino. Tu presencia es esperada con urgencia.**

El alma de tu linaje te ha llamado. El momento ha llegado."

El alma de tu linaje te ha llamado, el momento ha llegado, esas palabras no paraban de retumbar en la mente de Arianne, a que se refira con eso? qué linaje? capaz por fin podría conocer su pasado, podría conocerse a ella misma.

– tu momento llegó Arianne, tu destino te reclama

– pero, qué significa esto?-- pregunto Arianne, la confusión y el temor por lo que podría pasar la invadian

–olo que te esperaban, Arianne. En Arkanis sabrán qué hacer contigo. Pero esa es otra historia... una historia que has de vivir.

Arianne dejo la carta en la mesa, y aun sin entender lo que le decía la madre Evelyn se dispuso a guardar sus pertenencias ansiosa porque sabía que iba a salir de ese lugar que parecía como una cárcel, aunque para las monjas era un bellísimo lugar

termino de guardar las cosas en una maleta vieja y chica que tenia, total no tenia mucha ropa o cosa. Tenia lo justo y necesario para sobrevivir

– madre Evelyn– dijo Arianne en un pequeño susurro – porque ahora? porque yo? –dijo con confunsion–

La mujer, que nunca mostraba debilidad, dejó escapar un suspiro pesado. Un suspiro lleno de recuerdos y advertencias.

—Porque este es el momento. —Su voz era suave, pero firme—. No hay vuelta atrás, Arianne. La Academia Arkanis no te ha olvidado. Ellos te estaban esperando.

—¿Qué hay en Arkanis? ¿Quiénes son ellos? ¿Qué quieren de mí? —preguntó, su tono lleno de desesperación.

La madre Evelyn la miró fijamente. Arianne notó algo en sus ojos. Un destello de miedo. Miedo. ¿Era miedo de ella? O algo más grande, más oscuro. Evelyn nunca había mostrado nada que se asemejara a una emoción tan humana.

—Vas a aprender cosas que no puedes ni imaginar. Allí, no serás como todos los demás. No puedes volver, Arianne. La academia te cambiará. —La madre Evelyn hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Pero lo más importante es que... tú no eres quien crees ser.

Arianne sintió una sacudida en su pecho. No eres quien crees ser. Esa frase retumbó en su mente como un eco largo y creciente. La mujer estaba huyendo de algo. De ella.

Arianne abrió la boca para hacer otra pregunta, pero el sonido de un coche se escuchó en la distancia, cortando el aire tenso. La madre Evelyn dio un paso hacia atrás, su rostro recuperando la calma, como si todo hubiera estado planeado desde el principio.

—El transporte ya llego, agarra tu bolso y vamos. —Dijo la Evelyn con voz firme.

Arianne miró la carta una vez más, la luz de la lámpara reflejando en el papel. El emblema del triángulo con el ojo parecía brillar en la oscuridad. De alguna manera, el destino de Arianne había cambiado con esa carta, y no tenía idea de lo que la esperaba, pero en lo profundo de su ser, algo le decía que era demasiado tarde para rechazarlo.

Salí por la puerta de mi habitación siguiendo a la madre hasta la puerta de entrada recorriendo cada lugar de su niñez sabiendo que seria la ultima vez que veria ese viejo lugar, la ultima vez que vería a sus amigos de ahi no tenia muchos pero si tenia los mejores lamentablemente no se encontraban allí ahora mismo asi que la idea de no poder despedirse de ellos la atormentaba en todo momento

Llegamos a la puerta principal, saliendo por ella hoy el orfanato estaba rodeado de niebla esa tarde, como si la propia atmósfera quisiera ocultar el lugar. Los muros gastados, las ventanas empañadas, las puertas que nunca cerraban bien, todo parecía desmoronarse alrededor de Arianne mientras ella tomaba sus pocas pertenencias. No más "habitaciones", no más monjas ni cadenas invisibles

el aire frío y denso del exterior la envolvió. El sonido de las ruedas del coche que la esperaba era el único ruido que rompía la quietud. Con el corazón acelerado, Arianne se giró una vez más para mirar el orfanato. Un sentimiento extraño la recorrió, algo entre alivio y angustia. El lugar había sido su hogar, por extraño que fuera, pero ahora se desvanecía como un mal sueño

Subió al coche, el conductor sin decir una palabra. Solo un murmullido de la radio llenaba el silencio, como si todo estuviera bajo un hechizo. Las ruedas comenzaron a moverse, y Arianne vio, por la última vez, las paredes del orfanato desaparecer en la niebla que se alzaba. De repente, el mundo fuera de esas puertas parecía mucho más grande, mucho más aterrador

A lo lejos, al final del camino, una torre se erguía entre las sombras. La Academia Arkanis. Y Arianne sabía, en lo más profundo de su ser, que su vida nunca volvería a ser la misma

El coche avanzaba lentamente por un camino rodeado de árboles altos y frondosos, cuya copa parecía devorar el cielo gris. Cuanto más se adentraban en el bosque, más espesa se volvía la niebla, como si el mundo real fuera desvaneciéndose detrás de ella. El aire frío se colaba por las rendijas de las ventanas, y Arianne no pudo evitar un escalofrío

El conductor, un hombre alto y de rostro inexpresivo, nunca miró hacia atrás. Los únicos sonidos que llenaban el espacio eran el suave crujir de las ruedas sobre el adoquinado y el eco lejano de los truenos. Pero no era la tormenta lo que inquietaba a Arianne. Era el silencio, una quietud que parecía anticipar algo, como si todo estuviera contenido, esperando que ella diera el siguiente paso

Después de lo que pareció una eternidad, el coche comenzó a subir una pendiente empinada. De repente, las sombras comenzaron a despejarse, y allí, en la cima de la colina, apareció ante sus ojos una gran mansión de piedra, cubierta por una capa de niebla oscura que la hacía parecer aún más imponente. Era como un castillo sacado de una vieja leyenda, cuyas torres se alzaban hacia el cielo nublado, con las paredes grises cubiertas de musgo y enredaderas

La Academia Arkanis

Arianne tragó saliva mientras el coche avanzaba por la puerta de hierro forjado, que se abrió sin un sonido, como si la entrada misma estuviera esperando su llegada. La puerta se cerró tras ellos con un golpe sordo, y el coche se detuvo frente a un patio rodeado de estatuas de piedra, cuyos rostros de ángeles caídos observaban desde las sombras

—Es hora —dijo el conductor sin girarse, en un tono casi monótono—. Baja. El maestro te espera

Arianne no dijo nada. Se despidió del asiento con una última mirada hacia el paisaje que desaparecía. Con el corazón en la garganta, tomó una respiración profunda y salió del coche. El aire helado la recibió con un golpe, y cuando dio un paso hacia el suelo, la niebla comenzó a moverse a su alrededor, como si la estuviera embrujando, guiándola hacia la entrada principal

Caminó lentamente, sintiendo la presión en su pecho. Los muros de la academia parecían susurrar, casi llamándola por su nombre, pero las palabras eran incomprensibles, vacías, como una lengua muerta

Al llegar a la puerta, una gran figura se alzó en la entrada. Era un hombre alto, con el cabello oscuro y el rostro serio, cubierto por una capa negra que rozaba el suelo. Un vampiro. Arianne lo sabía sin tener que preguntar. Algo en sus ojos dorados, brillando con intensidad, le dio la respuesta inmediata. La fría presencia que emanaba de él no dejaba lugar a dudas

—Bienvenida, Arianne Fersen —dijo él, su voz baja y profunda, casi como un susurro que se perdía en el viento

Arianne lo observó con cautela. Sus ojos se encontraron con los del hombre y, por un momento, una extraña conexión la atravesó. Algo antiguo y poderoso brillaba en su mirada, y Arianne sintió una oleada de emociones desconocidas: miedo, deseo y una especie de intriga indescriptible

—Soy Cédrik Valmore, uno de los guardianes de la academia. —Se presentó con una leve inclinación de cabeza.

—¿Guardian? —preguntó Arianne, sin dejar de mirarlo.

—Sí. Mi deber es asegurarme de que los nuevos estudiantes lleguen con seguridad. La academia puede ser... intimidante al principio.

—¿Intimidante? —Arianne levantó una ceja, un atisbo de sarcasmo en su tono—. Este lugar parece sacado de una pesadilla.

—Lo será —respondió él, con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos—. Pero una pesadilla que vale la pena. Aquí descubrirás lo que realmente eres.

Lo que realmente soy. Las palabras le quedaron flotando en la cabeza, como un eco perturbador. ¿Quién era ella realmente? ¿Qué clase de destino le esperaba en este lugar?

Cédrik hizo un gesto hacia la gran puerta de madera que se abrió ante ellos con un crujido profundo, y Arianne, aunque con una mezcla de curiosidad y temor, dio un paso dentro. La Academia Arkanis era mucho más grande de lo que había imaginado. El vestíbulo era vasto, con paredes de piedra adornadas con tapices antiguos y candelabros de hierro que emitían una luz tenue y cálida. La arquitectura estaba llena de detalles góticos, con columnas talladas y figuras mitológicas esculpidas en las paredes. La atmósfera estaba cargada, como si el lugar mismo estuviera impregnado con magia

El murmullido de voces lejanas llenaba el aire, y Arianne se dio cuenta de que no estaba sola. Otros estudiantes, vestidos con uniformes oscuros, pasaban de un lado a otro, algunos hablando en susurros, otros simplemente observando a la recién llegada

—Acompáñame —dijo Cédrik sin volverse a mirar—. La dirección general te espera

Arianne caminó a su lado, con la sensación de que todo se volvía cada vez más extraño. No era solo la majestuosidad del lugar lo que la inquietaba, sino la presencia de aquellos que la rodeaban: algo en el aire les hacía parecer diferentes, más allá de humanos. Como si estuvieran observando cada uno de sus movimientos

Cédrik la condujo por un largo pasillo, hasta llegar a una gran puerta al final. Cuando la abrió, Arianne vio a varias personas sentadas alrededor de una mesa larga, sus ojos fijos en ella. La más cercana era una mujer de piel extremadamente pálida, con ojos rojos que casi brillaban a la luz de las velas. A su lado, un hombre de cabello plateado y con una mirada feroz la observaba con un interés palpable

Todos callaron cuando ella entró

—Arianne Fersen —dijo el hombre de cabello plateado—, hemos estado esperando mucho tiempo tu llegada

Arianne no tenía tiempo de procesar lo que estaba sucediendo, no cuando la mirada de la mujer de ojos rojos la perforaba como una espada afilada. Esa mirada no era curiosa ni cálida, sino intensa, como si la mujer estuviera estudiando cada uno de sus movimientos, buscando algo que Arianne no comprendía

La sala era aún más oscura que el pasillo, iluminada solo por un par de candelabros en las esquinas que arrojaban luces bailando en las paredes de piedra. La mesa en el centro, grande y de madera oscura, tenía una serie de símbolos tallados en ella que parecían pulsar con una luz propia, como si vivieran y respiraran

La mujer con los ojos rojos fue la primera en hablar. Su voz era suave, pero cortante, como si cada palabra estuviera impregnada de poder antiguo

—Bienvenida, Arianne Fersen. Has llegado finalmente. —El sonido de su voz resonó en la sala, cargado de un tono que parecía leerle el alma

Arianne tragó saliva, incómoda bajo la intensidad de su mirada. No sabía si debía responder o simplemente mantenerse en silencio. Sin embargo, algo en la mujer la hizo sentir como si ya la conociera, como si la estuviera esperando

Cédrik, que había permanecido en un rincón sin hablar, finalmente dio un paso adelante. Arianne no podía evitar mirarlo, su presencia tan imponente que era difícil concentrarse en algo más. Sus ojos dorados brillaban suavemente, como si estuvieran llenos de secretos, pero aún así, había algo en su rostro que no era completamente humano

—Arianne —dijo Cédrik con voz profunda—, esto no es solo una bienvenida. Es una llamada al destino. Tú no eres un simple ser humano. La carta que recibiste no es un simple invitación. Es una marca. La marca de los elegidos

Arianne dio un paso atrás, como si las palabras de Cédrik fueran un golpe físico. ¿Elegida? ¿Para qué? ¿Qué era todo esto?

Antes de que pudiera formular una respuesta, el hombre de cabello plateado se levantó de su silla, su rostro cubierto por una sonrisa misteriosa. Su piel pálida brillaba en la tenue luz de las velas, y Arianne notó que sus ojos tenían un matiz que, si bien hermoso, estaba lleno de desconfianza

—Mi nombre es Lysander Valeris —dijo con tono calculador, mirándola con una mezcla de interés y desdén. —Y, para ser clara, Arianne, no todo el mundo en esta academia te verá como una bendición. Algunos de nosotros preferiríamosque no estuvieras aquí

La tensión en la sala aumentó, y Arianne sintió cómo sus manos se volvían frías. No era bienvenida. Esa simple verdad estaba clara ahora. No solo porque la academia estuviera llena de seres poderosos, como Cédrik o Lysander, sino porque había algo más. Algo que se sentía como un secreto prohibido

La mujer de ojos rojos se acercó lentamente, sin hacer ruido, hasta quedar justo frente a Arianne. La observó por un largo momento, y cuando habló, su voz fue apenas un susurro, pero tan potente que pareció llenar toda la habitación

—Tú y yo tenemos más en común de lo que te imaginas, Arianne. Pero, antes de hablar, debemos asegurarnos de que comprendas qué significa estar aquí. —Pausó un instante, y luego añadió con una sonrisa fría—. El poder no viene sin precio

Arianne sintió el peso de sus palabras, como si la mujer estuviera advirtiéndole sobre algo que estaba a punto de romperse. Pero antes de que pudiera preguntar más, Cédrik intervino, su tono volviendo a ser implacable

—No temáis, todos. —Dijo mirando a Lysander y a la mujer de ojos rojos, que se tensaron ligeramente. —Arianne es parte de nuestro destino ahora. Y en Arkanis, todos tienen un propósito. Ya lo descubrirás

Sin embargo, no se sentía como una promesa tranquilizadora. El aire estaba cargado, y aunque las palabras de Cédrik sonaban como una afirmación, Arianne pudo sentir que no era bienvenida, ni en este lugar ni en la vida que se le estaba mostrando

De repente, una puerta secreta que Arianne no había notado antes se abrió, y una figura apareció en el umbral. Era un joven, de cabello oscuro y piel ligeramente bronceada, con ojos de un amarillo brillante, como si estuvieran reflejando una luz propia. Su porte era imponente, pero había algo que lo hacía parecer tan humano y tan desconcertante al mismo tiempo

—Lucian. —La mujer de ojos rojos lo reconoció de inmediato, su voz bajando de tono, casi reverente

—Soy Lucian Drakov —dijo el joven, sus ojos clavándose en Arianne con una intensidad que hizo que su piel se erizara. No podía apartar la mirada de él. Parecía... familiar, aunque nunca lo hubiera visto antes

Lucian se acercó y, al igual que Cédrik, su presencia era dominante. Sin embargo, había algo en su manera de moverse, algo que hacía que la atmósfera cambiara cuando él se acercaba

—La Academia Arkanis es un lugar donde aprenderás, Arianne. Aprenderás quién eres realmente. Pero también aprenderás que, en este lugar, nada es lo que parece. Ni siquiera los que te rodean

Arianne se sintió atrapada entre las palabras y las miradas que caían sobre ella. ¿Quién era realmente? ¿Qué se esperaba de ella? ¿Cómo podía creer en lo que sus ojos le mostraban si todo lo que veía parecía estar diseñado para cambiarla?

╭┉┈◦ೋHola mis nuevos lectores, como les puedo decir? dejenmelo en los comentario… que les pareció el primer capítulo? Espero que el libro les guste y les interese!! ojalá tener apoyo los amo, nos vemos en unos días cuando actualice! Voy a intentar actualizar dos veces a la semana

╭┉┈◦ೋ

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