War Blood: escuadrón 7

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Summary

Un mundo donde existen razas, pero esta primera entrega se centra en el escuadrón 7 y su líder Tony un alfa lycan buscando estabilidad en el nuevo mundo. La historia se centra en el año 2670 un mundo destruido casi en escombros pero los Lycans (hombres lobos) buscan una tregua entre razas, los Valpuris (vampiros) buscando poder, ser lideres en el nuevo mundo y los Humanos que no confían en las criaturas, basados en la fé buscan volver a un mundo donde ellos sean de nuevo líderes de su mundo. Grandes enfrentamientos se aproximan por supervivencia, ¿Qué raza te representa? Es hora de que tu instinto decida.

Genre
Fantasy
Author
Tony
Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1 - LEGIONES

Capítulo 1

​Legiones

​El mundo era un campo de ruinas que nunca cicatrizaban. En este planeta arrasado por una antigua guerra entre razas, el equilibrio no residía en la paz, sino en la fuerza bruta. La existencia de Lycans y Vampiros no tenía un propósito noble, solo el de la supervivencia, en un caos que llamaban su hogar.

​Tony, el alfa de los Lycans, estaba sentado en un imponente trono forjado con restos de metal y huesos, la sala de guerra sumida en un silencio tenso. Su mirada no se centraba en los soldados que esperaban sus órdenes, sino en el inmenso vacío glacial que lo habitaba, un precio pagado por el liderazgo. Su aura, sin embargo, era pura autoridad, un dominio que imponía silencio.

​Un sonido de botas bien pulidas resonó, y un soldado se acercó, rompiendo la inercia.

​—¡Señor! Noticias críticas. Se ha detectado un rescate de Lycans en Inglaterra, en el corazón de un territorio Valpuri, y, más preocupante, hay mercenarios humanos involucrados —respondió el soldado con la respiración entrecortada.

​—¿Humanos? ¿En medio de nuestra carnicería? —respondió Tony, levantando por primera vez la vista. La mención despertó un eco persistente en su mente: la imagen borrosa del sueño que lo había perseguido noches enteras, un rostro humano que no podía identificar.

​—Señor, ¿enviamos un grupo de reconocimiento pequeño para su ayuda? —preguntó el soldado.

​La prioridad de Tony siempre fue la seguridad de los suyos, pero esta vez, su instinto Lycan se fundía con la necesidad impuesta por sus proyecciones nocturnas.

​—Iré con ustedes. Preparen todo para partir esta misma noche. Avísale a Luka que partiremos al anochecer —respondió Tony, sintiendo una conexión ineludible con ese rescate en el caos. Luka, su mano derecha y mejor amigo, debía estar listo. Proteger a los Lycans era la capa, pero la subtrama de ese humano desconocido era la llama que lo impulsaba.

​El escenario cambiaba a la base secundaria, situada en Francia. Allí estaban la hermana de Tony, Lía, y su amada, Maira, esperando la confirmación de la misión.

​—Bzz ~ Bzzz ~ Me copian…

—Aquí Lía, te copio —respondió Lía.

Bzz ~ Bzz ~ El jefe va a Inglaterra. Bzz ~ Quiere que se movilice el Escuadrón Oro. Bzz~ Bzz~ Saldremos esta noche —informó el Comandante Garra, mentor de Tony.

Bzz ~ Copiado, Garra —terminó Lía la comunicación.

​—Al parecer, viene mi hermano —dijo Lía a Maira con una voz que contenía una mezcla de alegría y tensión.

​Maira sonrió con serenidad, ese rostro cálido que era el único ancla de Tony. —Creo que al fin juntará a todos.

​—Esos malditos Valpuris no han dejado de atacar nuestras bases —masculló Lía con el puño cerrado, su rabia siempre a flor de piel.

​—Quisiera que todo esto acabe —suspiró Maira—. Pero los Valpuris nos tienen a tope con los ataques.

​—Tienes razón, pero es imposible. Los Valpuris hacen más de ellos, cazando humanos por deporte y reclutando nuevas filas —respondió Lía con la vista perdida.

​Maira se acercó y la abrazó con una fuerza reconfortante. —Solo queda tener paciencia y luchar con honor.

​Base de Operaciones Valpuri.

​Sergey Viloska, el frío líder Ruso de los Valpuris, estaba en una videollamada de comunicación holográfica con sus tres lugartenientes más poderosos, las almas más oscuras de su ejército. El aire en la sala se sentía denso, contaminado por el aura maligna y la sed de sangre de los participantes.

​Ivanov: Segundo al mando, un vampiro de temperamento volátil y amante de las armas pesadas.

​Mateo: Tercero al mando, un sudamericano de Argentina. Su rostro angelical y su sonrisa meliflua ocultaban la naturaleza de un completo asesino con gustos retorcidos en la tortura.

​Charlotte: Cuarta al mando, una Canadiense cuya belleza era una trampa mortal; experta en combate mano a mano.

​—Entonces, dime Mateo, ¿crees que puedas acabar con estos perros rabiosos? —preguntó Sergey con la calma de un depredador.

​Mateo sonrió, el gesto no alcanzando sus ojos helados. —Yo me encargaré de ellos, Sergey. Y traeré conmigo un gran botín para la reserva. Me encantan los Lycans enojados.

​—¡Ivanov, déjame ir con Mateo! —gritó Ivanov, su voz áspera—. ¡Necesito explotar todo esto que llevo guardado!

​—¡Espera, vampiro estúpido! —dijo Charlotte, su voz como hielo al aire—. Los Lycans han destruido la base que estaba a tu cuidado. No has demostrado la eficacia para esta misión.

​—¡Maldita! No me eches en cara la incompetencia de los demás —respondió Ivanov, con la vena del cuello hinchada.

​—¡¡SILENCIO!! —La voz de Sergey fue un látigo autoritario que congeló la discusión—. Ivanov, te dejaré ir con Mateo. Pero si cometen otro error, el castigo será ejemplar.

​La reunión de los Valpuris terminó, dejando una promesa de violencia en el aire.

​Llegada a Inglaterra.

​Tony viajaba con su escuadrón hacia la ubicación de los refugiados.

​—Llamen a Lía, estamos cerca. ¿Los demás se comunicaron?

​—Sí, señor. Dijeron que nos darían el encuentro en Inglaterra.

​Ambos bandos, las Legiones Lycan y Valpuri, convergían hacia lo que sería una guerra encarnizada. Tony buscaba respuestas a su sueño y la forma de proteger a su raza; su Escuadrón 7 se reunía para el rescate:

​El líder Tony

​Comandante Garra

​Lía (Impulsiva y audaz)

​Maira (El ancla emocional de Tony)

​Luka (Mano derecha y mejor amigo)

​Darío (El francotirador/observador)

​Sofia (La curandera/logística)

​Conocidos por su efectividad, esta misión era solo otra tarea. Llegaron al lugar, un laberinto de edificios derruidos, buscando la ubicación de los refugiados. Sabían que los Valpuris acechaban, pero no sabían que Mateo e Ivanov ya habían localizado el lugar y esperaban una emboscada.

​—Detecto movimiento a las ocho, Tony —respondió Darío, desde una posición elevada en un tejado.

​—Vamos a movernos con cuidado. Dame visión de lo que ves, Darío —dijo Tony, enérgicamente.

​Darío divisó una sombra a lo lejos y luego vio un grupo pequeño de Valpuris corriendo hacia la posición. —¡Jefe, tenemos compañía! Tengo a esos malditos chupasangre pasando entre edificios. —Soltó tres disparos precisos con su francotirador—. Me muevo de mi punto —dijo Darío.

​—En posición, empieza la cacería, equipo. Lía, te quiero atrás y concentrada —respondió Tony.

​Tony conocía la impulsividad de Lía; le costaba contenerse y, en batalla, solía ver solo por ella, lo que quebrantaba la formación.

​Se formaron para esperar la embestida, listos para disparar. De pronto, los Valpuris salieron en gran número, superándolos. Desde lo alto, Mateo e Ivanov observaban con carcajadas el inicio de la masacre.

​—Lía, ¡retrocede, te estás adelantando mucho! —advirtió Tony con voz de enojo.

​—¡Déjame divertirme, hermanito! Esto no tendría diversión si no... —respondió Lía entre risas agitadas, su euforia de batalla consumiéndola.

​Mateo vio la Lycan adelantarse. Saltó desde el tejado, desenvainando una espada larga en dirección a Lía. Ivanov se mantuvo en su posición, esperando el momento de la ventaja.

​Tony vio la amenaza, sintió la inminente pérdida y se lanzó, desenvainando su espada justo a tiempo. Un impacto metálico ensordecedor resonó frente a Lía, quien quedó paralizada.

​—Te dije que te quedaras atrás —dijo Tony con un tono seco y peligroso.

​Comenzó una batalla frenética entre Tony (con sus dos espadas) contra Mateo e Ivanov, que había descendido. Las balas de los otros Lycans eran inútiles contra los Valpuris de rango alto. Ivanov se unió al asalto, inclinando la balanza.

​Lía reaccionó, pero el Comandante Garra la detuvo. —Ya hiciste suficiente, pequeña.

​—Mi hermano puede perder así, ¡son dos! —dijo Lía, forcejeando.

​—Tu hermano no es como los otros Lycans. Por algo es el líder —respondió Garra con total confianza.

​Mateo e Ivanov lograron hacer retroceder a Tony, que estudiaba sus movimientos. Un golpe combinado hizo que Tony saliera embestido, estrellándose contra una pared. Tony, enardecido y humillado, salió de los escombros. Su mirada había cambiado: sus ojos brillaron con un oro intenso, los músculos se tensaron bajo la piel; había entrado en un estado de pre-transformación. Su velocidad se disparó. En un movimiento, cortó el antebrazo de Mateo, quien dejó escapar un grito de dolor.

​El enfrentamiento había cambiado. La balanza estaba a favor de Tony. Ivanov se transformó en su forma vampírica y niveló el encuentro. Mateo, herido, se escabulló cerca. Vio a Lía distraída y, en un destello de malicia, cambió de víctima. Se pre-transformó, corriendo hacia Lía para clavar su espada en su corazón.

​Lía, sin darse cuenta, solo tuvo tiempo de girar y mirar, quedando en shock. Cerró los ojos, esperando el dolor.

​...

​Un sonido de espadas chocando violentamente se escuchó. Lía abrió los ojos con terror, sin sentir dolor, observando una escena devastadora.

​Gotas de sangre caliente caían al suelo. Delante de ella, su amada, Maira, la sujetaba con un abrazo protector. Maira la miró con una sonrisa cálida y agonizante.

​—Tra-tranquila, pequeña... yo... yo te protegeré —dijo Maira, el sonido de su voz quebrando en un susurro, mientras la sangre escurría de sus labios, empapando el rostro de Lía.

​Lía soltó un grito que venía desde lo más profundo de su corazón, un rugido de dolor y horror.

​—¡¡MAIRAA...!! —gritó Lía con lágrimas que cegaban su vista.

​Mateo había muerto, la segunda espada de Tony estaba clavada en su pecho. Pero él se había llevado consigo la vida de Maira.

​Tony giró la cabeza, su mente tardó un segundo en procesar el horror. Ese instante de dolor puro lo consumió. Se lanzó hacia Ivanov, empujándolo lejos, y corrió hacia Maira. Luka se acercó, sin poder hacer más, y Garra sujetó a Lía. Tony perdió el control, desatando un rugido desenfrenado, que no era humano ni Lycan, sino pura frustración.

​—¡¡SOFIA!!! ¡¡VEN AHORA!!! —gritó Tony con una voz profunda de dolor e ira.

​Sofía fue a socorrerla. Ivanov, viendo la oportunidad, huyó con los vampiros restantes.

​Entre sangre y ternura, Maira balbuceaba.

​—Mi amor... p-perdóname... —decía Maira, su mano débil acariciando el rostro de Tony, quien estaba arrodillado.

​—No, por favor, Maira... No me dejes así, te lo ruego... —decía Tony, rendido, las lágrimas ardientes cayendo sobre la herida.

​Maira cerró los ojos lentamente, su sonrisa de ancla se apagó.

​—Tony... ya es tarde —dijo Sofía, su propia voz quebrándose por la angustia.

​—¡¡NO...!! ¡¡NO ES POSIBLE!! ¡¡¡AAAAAHHHH.....!!! —El grito de frustración de Tony sacudió el edificio, una manifestación de que el vacío en su corazón se había roto y ahora estaba siendo inundado por la ira.

​La misión de rescate había fracasado. Había perdido a su amor y a su cordura. Pero su misión... el recuerdo del humano en su sueño se sintió más urgente que nunca. La guerra acababa de cambiar.