Capítulo 1: La Primera Dama de Tartus
Y aconteció en aquel día, cuando la tarde caía sobre Alatar, que las alarmas sonaron. Y la guerra comenzó, no con una declaración formal, sino con fuego y furia sobre la ciudad de Tartus. Y el cielo se llenó de bengalas que cegaban la vista.
Géminis: ¡Necesitamos contención en el muelle este!
Géminis: Logos, ¿cuánta munición nos queda en la reserva B?
Y mi corazón, el de Alejandro (Diego), latía desbocado, pues la promesa de que algo peorse acercaba se había cumplido.
Y aconteció que un mortero impactó cerca de las posiciones enemigas en la playa. Y en medio del humo, una figura se tambaleó. Corrí hacia ella.
Alejandro (Diego): Es una de ellos.
Alejandro (Diego): Sola y herida.
Me acerqué y la vi. No era una soldado raso, su atuendo, aunque camuflado, tenía un aire de distinción. Sus ojos eran los de alguien que nunca había conocido el verdadero miedo.
Oficial Estadounidense (Elena): No... no dispares.
Alejandro (Diego): Suelta el arma. Ahora.
Oficial Estadounidense (Elena): Está descargada... por favor.
Y vi su rostro bajo la luz intermitente del fuegoY supe en mi corazón que ella era importante.
Alejandro (Diego): ¿Quién eres?
Elena: Me llamo Elena.
Y en ese instante, en medio de la guerra, sembré la semilla de un amor prohibido. La llevé a la línea defensiva.
Géminis: ¿Qué haces, Alejandro? ¡Es una enemiga!
Alejandro (Diego): Es una prisionera.
Y la guerra continuaba rugiendo, pero el primer acto de nuestro drama había comenzado con la llegada de la esposa del presidente enemigo a nuestra costa.