Introducción
Para todas las personas que como Kelly
Nunca se dieron cuenta de lo valioso que tenían
Hasta que fue muy tarde
Y para los que como Jonny siguen adelante
A pesar de perder lo que más querían
Cuando hablamos de almas gemelas, solemos pensar en esa persona que amamos, en alguien con quien imaginamos un futuro entero. Pero ¿es realmente así? ¿Es necesario que tu alma gemela sea la persona con la que planeas pasar toda tu vida? No lo sé. Quiero creer que un alma gemela puede ser muchas cosas: tu pareja, tu amigo, tu mascota… incluso tú mismo.
Si lo vemos de esa manera, entonces estoy seguro de que todos tenemos un alma gemela. El problema es que nos pasamos la vida buscándola con tanta desesperación que terminamos ignorando a quienes ya están ahí. Pero no funciona así. El alma gemela llega cuando menos la esperas: como un rayo de sol asomándose en plena tormenta, como la calma en medio de un mundo lleno de caos.
Yo encontré a la mía.
Me tomó tiempo darme cuenta de que era ella; no sé por qué tardé tanto si desde que la conocí había una conexión imposible de explicar. Incluso después de alejarnos durante años, cuando volví a verla sentí como si ese tiempo separados hubiera sido apenas unos segundos. Ella me conoce de una forma que nadie más podría, y yo la conozco mejor que a mí mismo.
La conozco como si fuéramos hermanos. Con ella descubrí que podía ser libre, ser yo mismo, sin miedo a nada. Creo que a ella le pasó lo mismo. Siempre lloró en mi hombro, siempre me confió sus emociones, siempre fuimos dos: el sol y la luna.
Y nunca olvidaré eso.