Capitulo 1. ¡Saquense reptilianos!
Miro con atención la pantalla de mi celular, cosa que no debería hacer ya que me encuentro caminando a altas horas de la noche, tuve que regresar a la universidad por un informe que olvidé y sin el no podía terminar mi tarea. Ya es peligroso salir de clases pasando más de las diez. Cuando llegué a casa y abrí mi mochila me di cuenta de la información faltante, así que ahora estoy vagando por las calles de Nueva York sin transporte a la media noche. Vaya mi suerte.
En mi celular veo un video que parece interesante, se trata de un supuesto avistamiento de una nave alienígena.
—Claro, como si esas cosas pasaran. Qué estupidez. Como si los aliens nos quisieran visitar.
Busco entre mis contactos el número de mi mejor amigo. Marco y espero a escuchar su voz. Me recibe con un "¿Qué hay, linda"
—¿Estas libre? Podemos ir a cenar. —propongo. Ya tuve la dosis diaria de estrés que puedo manejar en un día, justo ahora quiero relajarme, comer algo y hablar con mi mejor amigo.
¿Estas despierta a esta hora? ¿Qué pasó con la chica responsable que tiene que trabajar en la mañana?
Menciona Casey en un tono juguetón aunque cargado de resentimiento. Le he cancelado cualquier actividad desde que estamos en la universidad, nuestros horarios no coinciden. Decidí estudiar en la noche y trabajar en las mañanas, mientras que Casey estudia en las mañanas, entrena por las tardes y no sé que diablos haga por las noches, se desaparece hasta la madrugada, lo sé ya que a esa hora suele contestar mis mensajes.
—¿Y tu qué haces despierto? Tienes clases por las mañanas.
Bien.
Antes de que pueda decir algo más escucho más voces acompañandolo, hablan a la vez así que no puedo saber bien lo que balbucean.
Dame unos veinte minutos en lo que me safo de algo. Dime en dónde nos vemos.
Así que si esta con más personas. No sabia que Casey tuviera amigos, creí que era más del tipo solitario.
—Si estas ocupado, esta bien. Podemos vernos otro día.
¿Y perder la oportunidad de ver a mi mejor amiga? ¿Hace cuánto no nos vemos? ¿Un mes? Estoy cansado de las llamadas y mensajes.
—Escuche más voces, creí que...
Dime el lugar, vamos a comer. Solo vine con unos amigos, estoy de paso.
Es tu novia. —menciona burlón una de las personas que está con Casey.
¡Cállate, Mikey! —regaña Casey.
Supongo que notó el desánimo en mi voz, de verdad tengo ganas de verlo después de tanto, ya lo dijo, en un mes no nos hemos visto en persona y nuestras conversaciones van de un mensaje que es respondido después de dos a cuatro horas, así que nunca tenemos una conversación real y las llamadas son de cinco minutos o menos.
—Veamonos en...
El celular me es arrebatado, un sujeto ha pasado a mi lado dándome un fuerte empujón llevándose mi celular ¡Me han robado!
—¡Devuelveme eso malnacido! —me giro en dirección al sujeto, trae una sudadera negra así que no logro verlo. Sin pensarlo mucho siguiendo mis pésimos instintos persigo al maleante.
Mi caminata se transforma en una carrera y el premio final mi celular. El hecho de que me haya cortado la llamada así me hace sentir impulsiva, mi ser arde en llamas de ira que me hacen correr con todas mis fuerzas.
Lo persigo hasta pasar tres calles, la persona se fija hacia atrás mientras sigue corriendo ya cansado. Cruzamos la calle y dobla en una esquina sin salida, al final de esta hay contenedores de basura y una malla. El tipo sube por un contenedor guardándose mi celular en el bolsillo de su sudadera y escala la malla, imito su acción cayendo del otro lado.
—¡Sólo es un teléfono! ¡Pierdete!
—¡Devuelvemelo, estaba a mitad de algo importante!
En mi estómago solo tengo el almuerzo de mi medio sándwich y un sorbo de jugo, lo demás ha sido agua que bebí durante el día y mi desayuno de una barra de granola. En nuestras voces se escucha lo cansado que esto ha sido. A medida que avanzamos las luces se desvanecen al igual que mis fuerzas. El ladrón da la vuelta en un oscuro callejón. Se detiene. Me detengo. Hay otros cuatro tipos que se sorprenden al vernos. Parece ser que habían estado esperando al sujeto que me robo.
Un escalofrío pasa por mi espina dorsal. Me he metido a la boca del lobo. Los sujetos clavan sus ojos en mi. Aquel sujeto que perseguía jadea exhageradamente apoyando sus manos en sus rodillas, por otra parte mi pecho sube y baja casi asfixiandome. Mis pies hechan raíces ahí mismo, se aferran por el pánico que siento. Uno de los sujetos se apresura a acercarse a mi, me toma del brazo y jala hacia a él haciendome reaccionar, con su otra mano toma mi barbilla con fuerza obligandome a mirarlo.
—Oye, deja algo para los demás. —menciona otro sujeto. Ahora los demás se acercan a nosotros.
—Te dije que lo olvidaras. —reconozco su voz, es el maleante que causo todo esto.
Piso con toda mi fuerza el pie del tipo que me sostiene, es lo suficientemente doloroso para hacer que me suelte, golpeo su estomágo con mi codo, mi puño da a su nariz y finalmente una patada en los bajos. Antes de que puedan agarrarme huyo por mi vida dejando al sujeto en el suelo retorciendose de dolor, agradezco esa película policiaca que vi el otro día aunque apenas y le preste atención. Salgo del callejón para darme cuenta que estoy pérdida, esas tres calles pudieron ser cinco o tal vez más, iba muy concentrada en recuperar lo que me pertenece.
—¡Ahí esta! —gritan. Mi tiempo de ventaja se ha acabado.
Me planteo la idea de gritar y pedir ayuda, pero ¿eso sería beneficioso para mi o para los maleantes? Me dirijo hacia la luz, busco una calle bien iluminada ya después sólo tengo que encontrar personas.
Estoy más que pérdida en varios sentidos, mis piernas ya no quieren responder, jadeo sin poder obtener el aire que me hace falta, ya estoy cansada. Pequeñas lágrimas se han acumulado en mis ojos del terror que siento al imaginar los posibles escenarios. Encontrarán mi cuerpo sin vida repartido en basureros.
La calle se hace más iluminada. Sonrio un segundo y giro mi cabeza al ver la luz. Me detengo. Mi cara es cegada por las luces de un auto que va a asesinarme, no parece querer detenerse, avanza más rápido que yo. Mi sonrisa se esfuma.
Buscaba la luz y ahora iré hacia ella, perfecto.
Cierro los ojos con fuerza.
El golpe no es lo que esperaba. Unos brazos me rodean protegiendome, intentando frenar el impacto de mi caída al suelo.
Escucho la bocina del auto mientras se aleja. ¿Estoy viva?
Tiemblo al abrir mis ojos, muchas emociones para tan pocos minutos. La calle sigue oscura, solo quiero ir a casa ya no me importa tanto mi celular.
La persona que me ha quitado del camino se queja por lo bajo, ha sido una caída dolorosa. Mis brazos estan aprisionadas en su pecho. Algo esta mal, su pecho se siente duro, deslizo mi mano un poco más arriba hacia su hombro. No se siente como ninguna piel humana. Estoy desorientada, pero, no tanto como para no notar eso.
Asustada, me siento alejándome del extraño. Mis ojos se han acostumbrado a la penumbra de la noche por lo que logro distinguir algunos de sus rasgos. Me levanto de un salto. Aquel extraño tiene una bandana roja cubriendo parte de su cara. Se levanta sin decir nada y me da la espalda mostrando un caparazón como el de una tortuga. Mi cabeza gira en dirección al sonido. Se ha desatado una pelea en medio de la calle. El de bandana roja contra tres de los sujetos del callejón. Pelea bien contra dos, pero tres son demasiados, me impulso y subo a la espalda de uno de los maleantes golpeandolo en la cabeza.
—¡No te metas! ¡Sólo estorbas! —ordena molesto ante mi acción.
—Intento ayudarte.
—No lo hagas.
—¡Pues tu y tus tenedores no pueden solos!
—¿Mis...
—También parecen adornos para el pelo, no lo sé.
—Se llaman sais, tarada.
—¿Me dijiste tarada? —digo ofendida. Si esto es un rescate y él es el bueno ¿qué clase de rescate es?
Antes de que pueda contestarme se suman dos extraños más que no tardan en dejar a los sujetos noqueados en el suelo. El de bandana morada arrastra a los sujetos hacia la acera dejandolos ahí.
El video que vi de la nave espacial se hace presente al ver su piel verde pasar bajo la luz de un foco descompuesto que parpadea.
Hay otros tres seres similares al que me apartó de la calle. Azul, morado y a lo lejos logro ver el color naranja que se acerca con rápidez.
Los cuatro extraños me miran. Vaya deja vú.
Me queda mi bolsa que pasa de mi hombro a mi cadera cruzando mi pecho. No veo que más pueda yo tener de valor, eso o quieren mis órganos.
—¡Saquense reptilianos! ¡No me abducirán! —me aferro a la correa de mi bolsa con una mano mientras con la otra pego manotazos al aire.
—Que manera de agradecer. —menciona el rojo guardando sus armas en su cinturón y cruzandose de brazos.
—¿Nos dijo reptilianos? —el de naranja parece tener la misma confusión que yo cuando me dijeron tarada hace un momento. Ladea la cabeza y entrecierra sus ojos, de los cuatro parece el más expresivo.
—Creo que piensa que somos alienígenas. —responde el de morado.
El naranja se acerca alzando sus brazos, camina como una mala imitación de un zombie.
—Venimos del espacio. —canturrea.
—Mikey, basta. —detiene el azul, colocando su mano en el pecho del naranja.
—¡Tn! —gritan a lo lejos. Todos volteamos aunque solo dijeron mi nombre. Un enmascarado llega corriendo deteniendose frente a mi, alterado —¿Estas bien? ¿Te hicieron algo?
—¿Casey? —pregunto con confusión. He visto esa máscara antes y sé que es la voz de mi amigo aunque algo apagada por la misma máscara.
Me abraza con fuerza. Parece aliviado. Voltea su máscara dejándome ver su rostro. Me quedo tiesa aferrada a la correa de mi bolso, aún proceso ese licuado de emociones.
—Esto es tuyo. —extiende sus manos, miro el dispositivo que sostiene sin comprender.
—¿Mi celular? —tomo el dispositivo. Me muevo ligeramente buscando a... ¿las tortugas–aliens? No hay nadie, solo Casey y yo —¿Quienes son ellos? ¿Los conoces? —interrogo.
—No lo dejarás pasar. —rasca su nuca desviando la mirada, parece incómodo.
—Sabes que no. Casey, me salvaron y yo me comporté como una idiota. Si los conoces dame la oportunidad de compensarlo, de disculparme.
—Bueno ellos aman la comida chatarra.
—Supongo que invitarlos a comer no es una idea factible.
—Tienes que llevar la comida a ellos, aman la pizza. Creo que puedes sobornarlos así.
—Es una disculpa no un soborno.
—A todo esto ¿qué hacías sola a esta hora en un callejón? ¿No sabes lo que le pasó a los padres de Batman?
—Tuve que regresar a la universidad por algo. ¿Podrías contestar a mis preguntas?
—¿Qué son y quienés son? ¿Esas eran tus preguntas? —Casey enumera mia preguntas contandolas con los dedos. Asiento con la cabeza.
—Era quiénes y si los conoces, pero comenzar por eso estaría bien.
—Bien, veamos... —coloca la mano en su barbilla pensando en como responder mis dudas —...ellos son tortugas mutantes, se llaman Leonardo, Raphael, Michelangelo y Donatello.
—¿Artistas renacentistas? No te creo, los acabas de inventar.
—Preguntáselos tu misma.
—Me guio por los colores. ¿Quién es cada quién?
—Azul es Leo, Raph el rojo, el morado es Donnie y Mikey el naranja.
—¿Nos vemos el fin de semana? Puedo mover varias cosas, compro la comida y me dices en dónde nos vemos.
—A claro para tu soborno. —sonrie burlón.