Chip: Camino a la leyenda

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Summary

En el vacío blanco del laboratorio de Godalchi, un dios de naturaleza caprichosa, nace Chip: una pequeña masa de energía sin forma pero con un potencial infinito. Creado con un único propósito -convertirse en el ser más poderoso del Mundo Sonmua-, Chip es lanzado a una realidad donde la fuerza lo es todo. ​Sin embargo, Chip no es una herramienta obediente. A medida que evoluciona de una esfera insignificante a un humanoide capaz de moldear la materia con su mente, una duda empieza a germinar en su interior: ¿Es su destino algo impuesto por un creador o algo que él debe reclamar por sí mismo? ​Acompañado por los "Homs", una serie de creaciones previas que enfrentan sus propias tragedias y limitaciones, Chip deberá perfeccionar su propio estilo de pelea y su dominio sobre sus habilidades. Pero el camino a la leyenda es sangriento. Entre entrenamientos brutales y el sacrificio de sus compañeros, surge una amenaza imponente: Hero, un devastador de fuerza aterradora que ve en Chip la amenaza que siempre ha buscado. ​Bajo la mirada de las estrellas y el peso de una profecía divina, Chip se prepara para un duelo que definirá su existencia. No solo se trata de ganar una batalla, sino de descubrir si un alienígena creado para la guerra puede encontrar su propia voluntad en un mundo que solo espera de él poder absoluto.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1: “EL AUTOCONOCIMIENTO”

En un vacío blanco, se oía el resonar de unos martillazos. En aquel lugar, una pequeña masa esférica y nívea, al percibir el sonido, decidió acercarse. Al llegar, divisó una enorme figura humanoide de aspecto cósmico que estaba manipulando un mazo sobre una mesa de trabajo. La masa intentó aproximarse, pero...

—¿Qué haces en mi laboratorio?

La masa permaneció en silencio y se mostró insegura. El humanoide continuó hablando:

—Vamos, no te quedes callado… sé que puedes hablar. Yo soy Godalchi, un dios.

La masa comenzó a comunicarse telepáticamente:

—¿Dónde estoy?

—Mm… en mi laboratorio.

—Está casi vacío. (Miró a su alrededor)

—¡Jajaja! (Dejó de martillar y se dirigió hacia la masa) No está mal para alguien que apenas empieza a existir.

—¿Existir? ¿Eso soy yo? ¿Quién soy realmente? ¿Tú sabes? ¿Por qué estoy aquí?

—¿Te golpeaste la cabeza? Bueno… aunque, de hecho, no tienes cabeza. ¡Jajaja! Bah, no importa; acabas de nacer. Y sí, sé quién eres. Eres mi creación más perfecta, concebida para un único destino: ¡convertirte en el ser más fuerte del mundo!

—¿Nacer? ¿Qué significa nacer? ¿Y por qué la fuerza? ¿Soy solo una creación tuya? ¿Por qué me creaste?

—Escucha: nacer es ser creado, y tú eres mi obra definitiva. Y te llamarás ¡Chip! Tu propósito es demostrar que alguien como tú puede llegar a desafiarme.

—¿Me llamo Chip? Con que ese es mi nombre.

—Exacto. Tu destino es ser fuerte, crecer hasta poder enfrentarte incluso a mí.

—¿Enfrentarte? ¿Y qué obtengo a cambio? ¿Fuerza? ¿Poder? Aún no lo entiendo del todo…

—Hmm, ¿con que no entiendes bien, eh? (Se agarró el mentón). ¡Eso es un fastidio! ¿Cómo se me ocurre olvidar hacer que mi creación más perfecta no entienda bien las palabras? (Se llevó las manos a la cabeza con un gesto de exaltación).

—(¿Hmm?)

—¡Ya sé! Para subsanar este pequeño error, te daré el don de comprender cualquier idioma, escritura y la palabra que necesites. No todas, claro... eso sería aburrido.

Godalchi se agachó y, con un toque a Chip, le otorgó el significado del habla, la comprensión de los idiomas y las escrituras, lo cual llevó a Chip a cesar sus preguntas (por ahora).

Godalchi comenzó a hablar consigo mismo, murmurando varias palabras al azar, como: "Recuerda que te di esa habilidad para remediar mi error por tu falta de entendimiento", "¿Está bien darle a mi creación esa gran habilidad?", "¿Eso no le quitará esfuerzo, verdad?", "¿Fue buena idea darle esa habilidad?". Hasta que fue interrumpido por Chip.

—Dijiste que soy tu última creación, ¿hay más que yo? ¿Dónde están los demás?

—Hm. Si hablamos de que somos los únicos seres aquí, en este espacio fuera del universo, donde yo me encuentro, diría que sí, pero si hablamos de los incontables seres que pueblan el universo, entonces no.

—¿En el universo? ¿Hay más seres en el universo? ¿Cómo los encuentro?

—El universo es vasto; hay millones de planetas y seres que se encuentran en las incontables galaxias que lo componen.

—¿Planetas? ¿Galaxias? ¿Puedes decirme cómo puedo llegar hasta allí?

—Eso está muy lejos de aquí.

—Entonces buscaré la forma de alcanzarlos.

El ser cósmico se rio.

—¡Jajaja! Estoy seguro de ello, pero por ahora explora el lugar en donde estás realmente y conócete a ti mismo.

—¿Y mi propósito? ¿Por qué debo ser fuerte? ¿Por qué estoy… solo aquí?

—Ya te lo dije: tu propósito es ser fuerte.

—¿Solo eso? Parece… demasiado simple.

—¿Simple? ¡Jajaja! Si supieras lo que implica la fuerza, no lo dirías.

—Entonces explícamelo.

—Nah, llevas ya doce horas soñando. Es hora de despertar. Tu cuerpo ha comenzado a formarse; ahora tienes una forma de "T", como un fantasma sin cabeza. ¡Jajaja! ¡Digno de mi creación!

—Pero aún no entiendo… ¿por qué yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué soy en realidad? Y... ¿¿Despertar??

—Demasiadas preguntas, pequeño filósofo. Ya hablaremos de eso después. Ahora… despierta. (Godalchi comenzó a desvanecerse) . Al despertar, Chip era un ser de tonalidad blanca con forma de "T" y medía 3 cm. Se encontraba sobre un árbol gigantesco cuyas raíces estaban expuestas. Lo primero que hizo Chip fue observar su alrededor y también a sí mismo. Observó sus extremidades sin manos y notó que puede crear muchísimas formas con ellas (sin cambiar su color). Intentó estirarlas (hasta conocer sus límites) y crear formas, imitando las manos humanoides de Godalchi, pero solo consiguió unas manos que parecen globos, así que decidió dejarlas como estaban antes. Comenzó a examinar sus habilidades y lo que podía hacer, percatándose de que podía levitar. Tras descubrir lo suficiente, partió a explorar (levitando). En el camino, miró hacia arriba y notó las inmensas alturas de los árboles circundantes, por lo que decidió ascender a uno. Al intentar ascender, descubrió que podía adherirse. Se percató de que su cuerpo secretaba una especie de sustancia o sudor pegajoso, por lo que utilizó esto para escalar el gigantesco árbol. Al principio, escaló con lentitud, pero, una vez acostumbrado, su ascenso fue veloz. Cuando llegó a la cima del árbol, observó más árboles gigantes y muchas montañas; lo que le llamó la atención fue un lugar que parecía ser un pantano brilloso de color dorado, al que decidió ir a ver. Se balanceó de árbol en árbol estirando sus brazos y, al llegar a dicho lugar, se sumergió en lo que parecía ser un estanque de lodo, por lo cual se ensució y su tonalidad se tornó mostaza. Esto pareció no afectarle al principio. El tiempo transcurrió y la criatura avanzó levitando, explorando el lugar, pero le desagradó la poca visión que tenía, así que decidió subir a la punta de un árbol otra vez. Cuando intentó escalar, no pudo sujetarse, se resbaló, y lo intentó varias veces hasta frustrarse. Su cuerpo comenzó a arrugarse y no podía regenerarse. (Chip, frustrado, no se percataba de que la suciedad le impedía adherirse y regenerarse) . Tras varios intentos, y sin saber por qué no podía hacerlo ahora, empezó a hacer un arrebato de impotencia, golpeando el suelo como si de un bebé se tratase. Chip se desplomó, estresado por no encontrar la razón ni lograr ascender al árbol. El tiempo transcurrió y el sol comenzó a ocultarse. La criatura seguía en la base del tronco. Pensando en la razón y sin conseguir respuestas, la criatura decidió jugar con su forma para lograr subir a la punta del árbol. Primero, optó por hacerse una forma esférica, pero sin éxito. Su segunda forma fue larga y delgada como la de una serpiente, pero tampoco tuvo éxito. Su tercera forma, que parecía ser plana como si de una mantarraya se tratase, igualmente tuvo el mismo resultado. Cansado de ello, decidió volver a su forma natural “T” e intentó saltar hasta llegar a una rama, pero tampoco lo logró, porque estaba muy alta. Intentó estirar sus extremidades hasta alcanzar otra vez una rama o adherirse al árbol, pero tampoco tuvo éxito. Todo desfigurado, se volvió a hacer esférico para recuperar su forma natural. Tras intentarlo por última vez, decidió trepar el árbol nuevamente, y al fin logró adherirse al tronco. Contento y eufórico, lo escaló velozmente hasta la punta, donde finalmente tuvo una vista maravillosa, aunque ya estaba oscuro, pues la noche había caído. Un poco decepcionado, sus hombros se aflojaron. Se acostó y se percató de que el cielo estaba estrellado. A Chip le agradó la vista y empezó a disfrutarla; sin darse cuenta, se durmió, agotado. Y así Chip pasó su primer día explorando el gran bosque que lo rodeaba. Mientras tanto, el dios Godalchi había quedado absorto en las preguntas que le hizo Chip, una de ellas: «¿Por qué estoy solo?». Pensaba en cómo responder a tales inquietudes. Al segundo día, Chip despertó y, mientras exploraba, halló un gran estanque de agua, y en su mente se formuló preguntas: «¿Qué es esto? ¿Es líquido?». Chip se zambulló en el estanque y empezó a experimentar la sensación de estar mojado por primera vez. Era una sensación que le agradó, pero con el tiempo su cuerpo comenzó a volverse más blando y a secretar el sudor pegajoso (notó que se volvía pegajoso si permanecía demasiado tiempo en el agua). Chip de inmediato salió del agua y notó cómo su cuerpo se había vuelto pegajoso. También notó que se había vuelto menos flexible y que no podía regenerarse: —¡¿Qué me está pasando?! ¡Mi cuerpo se está volviendo raro! Chip, preocupado, pero sin mostrar ninguna expresión, se posó sobre una roca para ver si aquella sensación se disipaba. Bajo el sol por un largo tiempo, la sensación de rareza había cedido, pero ahora su cuerpo estaba reaccionando de otro modo: se estaba volviendo más flexible, blando y elástico (se estaba derritiendo por la prolongada exposición al sol). Chip, percatándose de esto, se retiró a la sombra de los árboles, donde permaneció acostado un buen rato. Sin embargo, en ese ambiente fresco y sin moverse, se estaba endureciendo. Por lo que rápidamente se empezó a mover para salirse de ahí. En ese mismo día, Chip ya había explorado gran parte del bosque, pero aún no le hallaba sentido a todo lo que hacía; seguía cuestionándose. Por la noche, cuando Chip se fue a dormir, en sus sueños se le volvió a aparecer ese ser cósmico de forma humanoide llamado “Godalchi”, que le empezó a hablar: —Hola, ¿cómo estás, pequeñín? Chip, molesto porque no le había hablado últimamente, le reclamó: —¿Por qué ahora te apareces como si nada? ¿Qué quieres ahora? El dios se disculpó, explicando que se había ido a analizar sus preguntas para poder darles respuesta. Chip, todavía irritado, le exigió que, si era verdad, se las respondiera de inmediato. El dios empezó a responder a sus preguntas que le hizo la última vez: —Muy bien, Chip. Es hora de responder a tu primera pregunta: “¿Cuál es mi propósito?” Escucha con atención, Chip. Sé que tal vez no desees que tu propósito sea ser el más poderoso del universo. Lo entiendo. Es una carga inmensa, y una que anhelas negar. Pero, te guste o no, fuiste creado para ello. No importa cuánto te resistas, tu destino ya está trazado, y es una verdad que te espera. —Aunque fuese cierto —replicó Chip con un tono cortante—, me negaría a ese destino escrito. No acepto que mi vida sea una fórmula predeterminada. El dios soltó una carcajada, un sonido que retumbó con una resonancia profunda. —¡Vaya! Qué desafío tan audaz. Pero para oponerte a un destino de esta magnitud, necesitarás una voluntad y una fuerza que no tienen igual. Una simple respuesta negativa no bastará. Incluso el destino más férreo puede ceder si la voluntad de uno es lo suficientemente poderosa. Y eso nos lleva a la segunda pregunta… “¿Por qué debo ser fuerte?” Como te dije, tu fuerza es la llave, Chip. No solo la necesitas para cumplir tu propósito si es que al final te rindes a él, sino que ser fuerte es lo único que te permitirá forjar tu propia senda y hacer lo que realmente desees. Es la única forma de tener verdadero control. Chip se quedó pensativo por un momento, asimilando el peso de esas palabras. Levantó la mirada, el dilema resonando en su voz. —Entonces… ¿no hay escapatoria? ¿Mi única opción es volverme tan fuerte que pueda elegir mi propio camino? —Así es, mi predilecta creación. La libertad tiene un precio. Ahora, pasemos a tu última inquietud. “¿Por qué estoy solo?” Verás, hasta ahora… la idea de crear más seres inteligentes no se me había cruzado por la mente. Pero puedo notar que la soledad te incomoda. Ya que te ofrezco una opción, te daré algo más. Dentro de una semana, crearé entre cuatro y seis individuos más. Así que prepárate, porque tu entorno está a punto de cambiar drásticamente. Chip, con un atisbo de duda que disimuló con rapidez, cruzó los brazos. —Si estoy solo o no, me resulta indiferente. Solo haz que me vuelva más fuerte. Eso es lo único que importa ahora. El dios se detuvo en seco, y luego su expresión se iluminó con una alegría genuina y una sorpresa orgullosa. —¡Un nuevo propósito! Me parece excelente. Bien, bien. Haz lo que debas hacer. Y ya que te has marcado un objetivo, permíteme ayudarte con tu “entrenamiento”. Los seres que crearé en una semana serán sumamente fuertes. Y mi ayuda, para ti, consistirá en telequinesis sin control. Cualquier objeto, al azar, comenzará a moverse, a levitar y te atacará. Esto te obligará a depurar tus reflejos hasta un nivel instintivo. Chip le respondió que estaba bien y que le daba igual. Con esto el dios alegre se despidió y el sueño acabó.

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