Un Encuentro Improbable
Ethan Tyler soltó un suspiro profundo antes de cruzar las puertas del Café Solstice. Estudiar en UCLA era el sueño de muchos; para él, era una batalla diaria que mantenía gracias a una beca que dependía de cada centavo.
Antes de entrar, se detuvo y sacó su teléfono para capturar el campus bajo la luz dorada del atardecer. Era su forma de retener pedazos de una realidad en la que a veces sentía que no encajaba: un mundo de estudiantes que lo tenían todo, frente al suyo, donde cada paso era un esfuerzo por pertenecer. Guardó el dispositivo y tocó con cuidado el libro que llevaba en el bolso; su pequeño tesoro comprado esa mañana tras semanas de espera.
Ya dentro, se puso el delantal negro. Era su primer día.
—¿Eres el nuevo? —lo interrumpió una chica de cabello rosa—. Soy Sarah. No rompas nada y sobrevivirás —le soltó con un guiño burlón.
Ethan se puso a trabajar, intentando silenciar sus nervios, pero la puerta se abrió de golpe y la energía del lugar cambió. Un grupo de chicas entró, liderado por alguien que exigía atención sin siquiera intentarlo: Aylin Johnson. Su vestido blanco resaltaba su figura y su cabello negro, corto y perfectamente peinado, le daba un aire inalcanzable. Se sentaron en una mesa junto a la ventana, justo donde unos chicos acababan de dejar un charco de agua tras derramar una bebida.
Aylin, ajena al suelo mojado, sacó un libro de su bolso y comenzó a leer.
Ethan se acercó con una bandeja, repitiéndose “solo un poco más” como un mantra. Pero al pasar, sus ojos se desviaron hacia el libro de Aylin. Se quedó helado. Era la misma portada del suyo. Esa fracción de segundo fue fatal.
Su zapato pisó el charco. El mundo se inclinó. En un intento desesperado por no caer, Ethan chocó contra la mesa. La bandeja voló y el frappé de caramelo aterrizó de lleno sobre el vestido blanco de la chica, empapando también las páginas abiertas de su libro.
El silencio fue sepulcral.
—¡¿Qué demonios?! —estalló Aylin, levantándose de un salto.
—¡Ay, no puede ser! —exclamó una de sus amigas con puro sarcasmo—. Para ser el primero que le arruina el café, lo hiciste con estilo. —¿Tienes idea de lo que vale este vestido? —añadió la otra chica con tono severo.
Sarah apareció al rescate con su ironía habitual: —Relájate, novato. No eres el primero que arruina mi almuerzo... aunque sí, te pasaste un poco.
Ethan, con la garganta seca, solo pudo balbucear: —Eh... Ese libro... es mi favorito.
Aylin lo miró con unos ojos que parecían de hielo. —¿Me estás bromeando? ¿Eso es lo único que tienes que decir?
Sin esperar respuesta, ella y su grupo se levantaron. —Prometemos nunca volver a este lugar —sentenció Aylin en voz baja antes de irse.
El resto del turno fue una tortura. Al llegar a su habitación, su compañero Karl lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba su laptop.
—Oye, ¿viste que en el café donde trabajas le tiraron un frappé a Aylin Johnson? —Karl soltó una carcajada—. Es famosísima en la Facultad de Ciencias Sociales. El chisme está volando.
Ethan sintió un escalofrío. No quería responder, no quería admitir que él era el culpable de ese desastre. Se limitó a mirar el libro sobre su mesa y se dejó caer en la cama.
—Cállate, Karl. Quiero dormir —gruñó, cerrando los ojos mientras la imagen del vestido manchado y la mirada furiosa de Aylin se grababan en su mente.