Bajo un cielo azul

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Summary

Las personas tercas cambian de opinión, ya sea por algo o alguien que les promete un beneficio propio. Para Leo y Evren fue aquella noche en el callejón solitario y frio de Ciudad Capital, donde ocurrió un crimen, un castigo... y una marca que entrelazó sus caminos en una aventura con un final que ellos decidirán. No era destino. Fue necesidad. Fue deseo. Aunque aún no lo sabían.

Genre
Romance
Author
haruka968
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Evren siempre estuvo bajo la protección estricta de sus padres que lo colmaban de paciencia, amor y algo más que eso. Tras mucho insistir logró convencerlos de ir aún más lejos, porque él no era objeto de colección, más no pudo prever los obstáculos que se presentarán en el camino amenazando con revelar la verdad. Su verdad. Como ese alfa idiota que siempre ponía su paciencia en juicio.

Tras la jornada del medio día en uno de los salones de conferencia más grandes del segundo piso justo en el rincón más alejado de la puerta, Evren dormía sobre su escritorio de madera, bajo los rayos primaverales del sol y cerca de la ventana. En los escalones inferiores sus compañeros de clase charlaban acerca de temas populares que veían en internet y lo aterradores que se volvían los exámenes de la carrera. Guardaron silencio cuando Aslan ingresó al salón liberando indiscriminadamente sus feromonas, ahuyentando a todos los presentes por lo asfixiante que eran. Pero huían más por el miedo de enfrentarse a él. Sus ideologías arraigadas a la superioridad alfa lo hacían tan peligroso como una bestia enjaulada y con sed de sangre, para desgracia de Evren lo tenía como objetivo de todo su odio. En cuanto el aroma atravesó su cubrebocas, Evren se levantó con ojos soñolientos, guardó sus cosas y bajó las escaleras. Su cabello cenizo se balanceaba suavemente a cada paso. Antes de llegar a la mitad del camino fue acorralado por Aslan y sus dos secuaces, siendo rodeados por el sonido de las personas transitando en el pasillo y al otro lado de las ventanas.

Evren arrugó la nariz casi al mismo tiempo que entornaba los ojos por el aumento de las feromonas en el aire, apenas trato de rodearlo él mismo lo jalo de vuelta con una fuerza tremenda, al alzar la mirada noto como el azabache sostenía su cabello cenizo con una sonrisa de oreja a oreja. El aroma era roñoso; le estrujaba con fuerza sus pulmones. Cualquier omega habría tenido un celo repentino, para él aquello era un tormento silencioso que constaba de soportar algo tan desagradable todo el tiempo sin mostrar algo más que muecas. Ni siquiera sus propias feromonas.

— ¿A quién crees que le viras los ojos, fenómeno? —cuestiono enterrando sus dedos en la quijada de Evren.

Evren mordió el interior de sus labios sintiendo el ácido del estómago subir hasta su garganta. Lo observo como aquel que mira algo horrendo que merece ser odiado y así era. Odiaba a aquel alfa desde la primera vez que se encontraron en los pasillos, justo ahora tenía la misma expresión de desagrado que puso al enterarse que Evren era un omega. Uno defectuoso con las palabras del alfa. Trato de zafarse del agarre. El alfa lo noto y lo atrajo con brusquedad. Lo vio alzar su mano a la altura de su cabeza, luego la dejó caer. El viento cortante lo obligó a cerrar sus ojos.

Entonces lo sintió.

La gran mano de Aslan era como una brasa ardiente que lo hizo mirar a otro lado, seguido de un sonido seco al chocar sus pieles. Evren cayó sobre los escalones de madera pulida arrebatándole un leve quejido. Apenas logró levantar la mirada, los secuaces de Aslan se acercaron y lo sujetaron de los brazos para colocarlo frente al castaño. Golpe tras golpe, Aslan exigía una respuesta. Una reacción. Bajo insultos y gritos, Evren solo podía soportar con los dientes apretados a que en algún momento se cansara.

Necesito resistir.

No lo puedo perder todo por culpa de un idiota.

Se repetía cada vez que era golpeado. Acosado. Humillado.

No puedo dejar que se enteren.

Los golpes se detuvieron dejando una sensación de escozor en el rostro de Evren. Su antes pálido rostro se tornó de un rojo intenso cubierto de cabellos rubio cenizo que se le pegaban a la cara por el sudor, respiraba profundo y descontroladamente hasta que noto lo fácil que era llenar sus pulmones con el aire contaminado por el aroma de Aslan. Apenas se formulaba la pregunta en su cabeza cuando las palabras de Aslan le hicieron abrir los ojos.

— Eres más horrible de lo que pensé que eras, solo mira esos malditos colmillos asquerosos que sobresalen de tu boca. No eres un omega, eres un monstruo deforme —dijo tirando hacia un lado la mascarilla de Evren— Es tan divertido saber que jamás sabrás lo que es un omega de verdad, ni que un alfa te tome o que tan siquiera te mire. Patético.

— Lo siento —masculló Evren bajando la cabeza ante Aslan regalándole esa falsa sensación de superioridad— lamento existir. Por favor déjame en paz ahora.

— No, quiero saber que se siente que tu amigo sea un omega perfecto a comparación de ti. Se ve tan delicioso que no puedo evitar pensar en clavar mis colmillos mientras me lo cojo y luego botarlo a la basura, después de todo los vírgenes son los mejores.

A pesar de que la sumisión ante Aslan era falsa, las palabras escupidas con esa crueldad disfrazada de verdad hicieron aún más real la furia contenida en su interior. Le carcomía las entrañas, desgarraba su pecho amenazando con poder salir y su lengua se trastabillaba siguiendo las palabras vagas atrapadas en su mente. No dijo nada.

Solo pensaba y pensar le costaba poco, pero mucho a la vez porque no eran sus pensamientos los que querían salir. No era un diálogo y mucho menos su raciocinio. Era algo más oscuro, surgido a partir de su imagen ficticia de Lucas -uno de sus mejores amigos- siendo tratado de la misma forma que él en ese momento, forzado a estar con alguien como Aslan para luego ser desechado. Lucas no era tonto, mucho menos débil para caer en las patrañas de un abusivo como Aslan, aunque eso no evitaba que de alguna forma lo imaginara. Soltó leves lágrimas al incrustar sus uñas en la palma de sus manos, preferiría mil veces lastimarse que sucumbir a la impulsividad que llevaría su plan al fracaso y de vuelta a los brazos sofocantes de sus padres. Lucas valía la pena de su enojo, pero no de las consecuencias.

— ¡Evren! —grito Lucas rompiendo su enmarañada burbuja de pensamientos y sentimientos.

Lucas había entrado haciendo el mayor ruido posible acompañado de uno de los profesores favoritos de la facultad. El profesor Blade.

— ¿Qué es lo que le están haciendo a mi estudiante? —preguntó Blade, en tono tranquilo, pero severo mientras destrozaba con su colmillo la paleta de limón, el crujido del caramelo les erizaba la piel. Avanzó hacia ellos y su gabardina verde hondeo por la brusquedad de sus movimientos, en cuanto estuvo frente, los secuaces de Aslan soltaron a Evren que tosió por el aire que llevaba conteniendo todo este tiempo— ¿Estás bien?

— Si —respondió con dificultad bajando la cabeza para ocultar la sonrisa en su rostro.

— Lucas lleva a tu amigo a la enfermería, podría entrar en celo en cualquier momento —ordenó recibiendo una señal afirmativa del omega de cabello rosado.

— ¿Qué es lo que cree que hace profesor? —preguntó Aslan plantándose frente a él, soltando un gruñido que Blade no respondió— No se meta.

Durante el encuentro de los dos alfas, Lucas se coló hasta llegar a Evren, sorprendiendo a los secuaces de Aslan por su aparición repentina. No obstante, les dirigió una sonrisa acompañada de un guiño. Levantó la bolsa de Evren del suelo para después colocar uno de los brazos de su amigo por encima de sus hombros, pero no pudo levantarlo. Evren se negaba a caminar por el pasillo repleto de estudiantes, sin su cubrebocas. Lucas lo entendió y del bolsillo de su pantalón sacó un repuesto, se lo coloco y salieron de ahí lo más rápido que se les permitiera.

En el trayecto del pasillo a la enfermería, muchos de los estudiantes evitaron mirarlos. Algunos incluso se sintieron intimidados por el fuerte aroma de Aslan impregnado en el cuerpo de Evren y otros solo se alejaron temiendo que el omega entrara en celo. No podían estar más equivocados. Una vez en la enfermería Evren se soltó de lucas, rápidamente se acercó al escritorio de la enfermera tomando una bolsa para vomitar. La abrió y vació todo el contenido de su estómago, el aroma de Aslan solo le daba asco. Tiró la bolsa a la basura, llevó la mano a su rostro. Su risa llenó cada rincón de la habitación blanca bajo la atenta mirada de Lucas.

— Pensé que me volvería loco por culpa de ese idiota, a veces quisiera solo matarlo —dijo tomando asiento en la camilla más cercana sin mostrar efectos secundarios por el baño de feromonas— ahora apesto a estúpido. Gracias lulu por sacarme de ahí.

— No hay problema —respondió Lucas buscando un desodorante antiferomonas y un inhibidor en los cajones de la enfermera— fue un golpe de suerte encontrar a ese profesor.

Evren se acurruco en la camilla en una posición casi fetal. Sus ojos acaramelados se perdieron en el exterior, como si allá afuera estuvieran las respuestas que tanto buscaba. Abrazo sus piernas y recostó su rostro al mismo tiempo que dejaba salir un pesado suspiro.

— Claro, es el único que vale la pena de la universidad. Lástima que sea veinte años mayor ¿no es así? —Evren miró en dirección a Lucas después de que le rociara el desodorante encima. Noto como las piernas de su amigo castañeaban. Lucas se sentó antes de caer al suelo con una respiración agitada y las mejillas aún más sonrojadas que él— ¿Te sientes bien Lulu?

— Todo bien, no cedería ante un idiota tan fácilmente —respondió clavando la larga aguja en su pierna sin pensarlo dos veces— Prefiero a los chicos lindos y amables, alguien que me trate bien.

— Que poco pides amigo.

— Tu eres el que tiene estándares demasiados altos Evren.

— Claro que no. Solo quiero a alguien joven, rico, alto, inteligente, bien parecido que vea a los omegas como iguales, no sea racista, quiera cachorros, sea protector, cariñoso y su ideología sea inquebrantable —explicó recostándose sobre la camilla. Inconscientemente llevó su mano a su boca y la dejó ahí durante un tiempo, el mismo tiempo que pasó observando el techo quebradizo de la enfermería- quiero a alguien que vea más allá de lo superficial.

— Tú solo quieres un príncipe azul y esos no existen.

— Te apuesto a que en alguna parte del mundo existe alguien así.

Evren cerró sus ojos dejando que la brisa cálida de la tarde acariciaba su cabello. Se imaginó al alfa de sus sueños dándole una paliza a Aslan, luego lo apoyaría con su sueño de ser un maestro de preescolar y tendrían una vida más tranquila juntos. Y se durmió nuevamente, respirando con profundidad el suave aroma de Lucas.