CAPÍTULO 1: El Eco de los Pasillos de Piedra
El aire de la ciudad era distinto: una mezcla densa de asfalto frío y una incertidumbre que se colaba por las rendijas del auto, erizándole la piel a Jimin. Se quedó apoyado contra el cristal, observando cómo el paisaje urbano se transformaba en un borrón de luces y sombras. Los edificios amontonados del centro, con sus fachadas gastadas y su ruido incesante, quedaron atrás, reemplazados gradualmente por una zona residencial exclusiva donde la naturaleza parecía haber sido domesticada por el poder del dinero.
Cuando el vehículo finalmente se detuvo frente a la nueva propiedad, Jimin sintió un peso en el estómago, pero no era miedo; era la anticipación de quien sabe que está entrando en una jaula de oro. La estructura de dos niveles se alzaba ante él como un monumento al éxito implacable de sus padres. Construida con piedra gris y enormes ventanales que reflejaban el cielo plomizo, la casa emanaba una frialdad arquitectónica que intimidaría a cualquiera. Era un lugar diseñado para que el silencio fuera el protagonista, y donde cada rincón parecía planeado para ocultar verdades que no soportarían la luz del día.
—Llegamos, Jimin —dijo su madre, apagando el motor. El silencio repentino fue casi violento—. Es el lugar que necesitamos. Un nuevo comienzo.
Jimin bajó del auto con una parsimonia elegante. El frío de la tarde le mordió las mejillas, pero él no se inmutó. Con su constitución delgada y su cabello rubio natural cayendo con suavidad sobre su frente, se movía con la gracia de quien sabe que siempre hay ojos vigilando. Subió los escalones de piedra con la frente en alto, analizando la estructura con una mezcla de audacia y cautela. Sabía que cada paso lo adentraba más en una red de secretos, pero estaba listo para ser el arquitecto de su propia mentira.
Al cruzar el umbral, el aroma a madera nueva y barniz caro lo envolvió. No se detuvo a admirar el lujo minimalista del vestíbulo; subió directamente al segundo nivel. Al final del pasillo, encontró la puerta entreabierta y entró sin llamar.
Allí, sentado frente a un ventanal, se encontraba Jamie.
Jamie no estaba encogido ni temblando. Estaba sentado con la espalda recta, observando el jardín con una serenidad que rozaba lo gélido. Eran el reflejo exacto el uno del otro: la misma piel de porcelana, el mismo rubio ceniza y los mismos ojos color miel. Sin embargo, mientras Jimin vibraba con una energía extrovertida, Jamie poseía una presencia estoica. Era el tipo de calma que precede a la tormenta, una fuerza contenida que no necesitaba gritos para hacerse notar.
—Es una casa diseñada para esconder cosas —dijo Jamie sin girarse. Su voz era firme, madura, con un matiz aterciopelado que Jimin siempre había respetado.
Jimin se acercó y se apoyó contra el marco del ventanal, mirando a su gemelo.
—Es perfecta para nosotros, entonces. Aquí nadie sabe que compartimos el mismo rostro. Podemos turnarnos, Jamie. Mi brillo será tu escudo ante el mundo, y tu sensatez será mi brújula cuando el ruido me aturda.
Jamie finalmente lo miró. No había miedo en sus ojos, solo una inteligencia analítica que parecía ver a través de las paredes de piedra.
—No necesito un escudo, Jimin. Necesito un aliado. Si vamos a hacer esto, si vamos a ser una sola persona ante los ojos de los demás, no podemos permitirnos ni una sola grieta. El mundo verá a "Park Jimin", pero nosotros sabremos que somos una fuerza dual.
Jimin sonrió, una expresión cargada de complicidad. En esa casa perfecta, ellos eran el secreto más peligroso, dos almas valientes dispuestas a jugar un juego que nadie más comprendía.
A la mañana siguiente, la quietud de la casa fue reemplazada por el caos vibrante de la universidad. Jimin caminaba por el campus con la seguridad de un rey regresando a su trono. Como Omega, su olfato era su sentido más agudo, pero nada lo preparó para el impacto sensorial que recibió al cruzar el arco principal de la facultad.
El aire fue invadido por una fragancia que golpeó a Jimin con la fuerza de una colisión: sándalo oscuro y madera quemada. Era un aroma dominante, primitivo y tan potente que sus instintos se tensaron de inmediato.
Levantó la mirada y, apoyado contra una columna de mármol, lo vio. Jungkook. Era un Alfa de mirada azabache y hombros anchos que parecía controlar el oxígeno del lugar. Tenía el cabello negro azabache y tatuajes que subían por sus brazos como advertencias visuales. Sus ojos se clavaron en los de Jimin con una intensidad depredadora. No era curiosidad; era un desafío abierto.
Haciendo gala de su valor, Jimin no bajó la vista. Sostuvo el contacto visual, dejando que su propio aroma a melocotón desafiara el humo del Alfa. Le regaló una sonrisa enigmática, una que decía "puedes mirar, pero no puedes tocar", y siguió su camino con un paso firme que no flaqueó ni un segundo.
Sin embargo, a lo lejos, cerca de la biblioteca, otra presencia lo observaba con una atención mucho más inquietante. Taehyung. El Alfa de cabello castaño y lentes de montura fina no emanaba la agresividad volcánica de Jungkook, sino una calma analítica que a Jimin le resultó mucho más peligrosa. Taehyung no miraba su belleza; miraba la forma en que sus pies tocaban el suelo, la tensión en sus hombros, el ángulo de su barbilla. Para Taehyung, Jimin no era un omega atractivo, era una ecuación que no terminaba de cerrar.
Jimin aceleró el paso, no por miedo, sino por estrategia. Se ocultó tras un muro de piedra para recuperar el aliento. El corazón le latía con fuerza, pero sus ojos miel brillaban con una determinación feroz.
Sacó su teléfono y, antes de que el sentimiento de ser observado se disipara, recordó a su hermano Jamie esperando en la casa de piedra. Sabía que el juego de los gemelos acababa de encontrarse con sus dos mayores desafíos: el fuego de Jungkook y la lupa de Taehyung. Pero los Park no eran presas fáciles.
El aroma de la verdad empezaba a mezclarse con el del destino, y mientras Jimin regresaba a clase, sabía que la guerra por su identidad acababa de comenzar. Y en esa guerra, tanto él como Jamie estaban dispuestos a luchar hasta que la última piedra de la casa cayera.
Holaa, espero les haya gustado, dejen sus comentarios y recomendaciones y gracias por leer. -Luveth