PRÓLOGO
—¡Kang Jimin, estoy tan orgullosa de que seas mi hermana!— La emoción de Eun-ji está plasmada en cada palabra, acompañado de su escandalosa voz que hace que las personas de alrededor las mire de reojo.
Cada palabra de la hermana mayor, llenan de felicidad a Jimin, quien solo la había visto emocionarse así, en su titulación y cuando consiguió su actual trabajo. “Soy genial, todo mi esfuerzo, valió la pena, cada noche sin dormir por estudiar, valió la pena, todo valió la pena” se dice así misma, casi nunca alimentaba su ego pero hoy sí, sentía que se lo merecía, se lo había ganado.
—¡Lleguemos rápido, ya quiero contarle a mamá!— Dice Eun-ji con una sonrisa.
—Si fueras un poco más rápido ya hubieramos llegado— Dice la menor mientras suelta una carcajada. No podía parar de imaginar la expresión de su madre, pondría ante la noticia.
—Es capaz de ponerse a llorar— dice casi respondiendo por telepatía a la menor.
—¿Tú crees?, quiero decir, solo me dieron una beca en el Edén… tampoco es para tanto— soltó con un tono irónico, acompañado con una sonrisita.
—¡Tampoco es para tanto!, ¿estás mintiendo, verdad?
“Verdad que nunca entiende una broma” se repite así misma, sin embargo antes de que pudiera explicar la situación, se ve nuevamente interrumpida por la mayor.
—Sabes que la Edén, es la mejor escuela del país, ¿sabes por qué le dicen así?, porque entrar en ese colegio es como entrar al paraíso, es como asegurarte la vida, solo hijos de celebridades y personas importantes. Aparte sabes que no podríamos costear el arancel de ese colegio ni en esta vida ni en la que sigue— añade Eunji con un tono serio, dándole un golpe de realidad a la joven.
La menor se siente castigada ante las palabras de su hermana, pero tenía razón este tipo de oportunidades se dan una sola vez en la vida. No es que su familia sea pobre, no que vivan en la calle, pero últimamente lo que menos les sobraba era el dinero, menos con su madre en el hospital.
—Ya entendí— por fin habla la menor, con un poco de culpa —¿Deberías subir una noticia de tu hermana menor?— prosigue intentando apaciguar la seriedad del momento.
—No.
—¿Entonces para qué estudiaste periodismo?— Replica la menor con una sonrisa.
—Voy a subir dos, porque una es muy poco— Dice dejando atrás la seriedad de un momento. Sin embargo Jimin por un segundo siente que acaba de responder su madre.
Se dice que cuando alguien camina y conversa con otra persona, el tiempo pasa más rápido, sin embargo esta vez entre la conversación y alguna que otra risa, sus pasos se volvían más lentos, especialmente porque en las últimas cuadras Eun-ji, paro más de una vez a descansar, duplicando el tiempo en que Jimin recorría el camino, nunca había notado la larga distancia entre la que próximamente sería su antigua escuela y el hospital.
—Finalmente estamos aquí— Suelta la mayor con una sonrisa triunfante y la respiración aun un poco agitada.
La mirada de la menor se mueve con dirección a su hermana con cierto tono juzgador, suelta —Tu estado físico es realmente horrible.
—Ya lo sé, no necesitas recordármelo, paso todo el día en la oficina ¿qué más quieres? — Suelta con una leve frustración.
—Es tu trabajo, qué más puedes hacer…
La menor nunca entendía el accionar de su hermana siempre la había encontrado algo bipolar, pasó toda su vida deseando y estudiando para llegar a ser periodista, pero ahora que lo había logrado, no hacía más que quejarse de lo que era su sueño, deseaba que eso no le pasara nunca a ella.
—Ya te dije que no es necesario que me lo recuerdes, es que…— un chillido de frustración sale de su parte —Creo que mi jefe me odia… me tuvo haciendo reportajes que ya había hecho y ojalá los hubiera hecho una vez pero ya los he hecho como diez veces— suelta con un suspiro que denota decepción.
Algunas personas son fáciles de descifrar, solo necesitas una pequeña provocación para que suelten todo lo que les pasa, otras solo deciden que es más fácil llevárselo a la tumba. Jimin suele identificarse con el segundo tipo raramente cuenta lo que le pasa, pero ese no es el caso de su hermana, a veces la menor la provoca de manera intencional para ver si puede ayudar en algo, pero la mayoría de veces, como esta comparte la frustración de la mayor al no poder hacer nada.
—Te conozco, ¿qué más estás ocultando?
Las palabras de la mayor salen, soltando todas sus preocupaciones. Ese era un mecanismo de ambas hermanas, contarse cualquier cosa que les pase, cualquier sentimiento negativo o de frustración, todo lo que podría preocupar a su madre, era eliminado antes de entrar al hospital, lo había desarrollado desde la primera vez que pisaron ese lugar y se había mantenido hasta ahora, no querían que sus problemas terminan enfermando más a su madre.
Luego de deshacerse de cada gota de frustración, se preparan para entrar al hospital e ir a la habitación donde está su madre. En otra instancia sería fácil pero para ellas especialmente para Jimin, era como entrar a un campo minado, aunque había pasado un tiempo desde que tenía que ir regularmente al hospital, no terminaba de acostumbrarse al dolor que podía sentir en el lugar. “Sus dones” se sentían más como una maldición en momentos como estos, aun así se sentían un poco aliviadas de que esto les afectará a ellas y no a su madre.
Los pasos van rápidos, intentando ignorar su alrededor. Las miradas confusas de personas que no saben que están pasando, sollozos lejanos, la vibra negativa podría invadir a cualquiera, alguna vez intentaron ayudar, pero es casi imposible ayudar a alguien que no entiende que esta pasando, pues al final, el hecho de ver tu cuerpo sin vida o moribundo, es algo chocante y difícil de afrontar. Aparte no querían ser seguidas hasta casa por un desconocido, tener un fantasma en casa no es algo agradable de vivir, por más que te acostumbres a ello.
La puerta por fin estaba delante de ellas, tan pronto se abrió un grito de emoción sonó por toda la habitación —¡Mamááá!
La madre las miraba desde su cama con una sonrisa mientras se levantaba con delicadeza —Cuánto tiempo Hija, es bonito verlas juntas— cada una de sus palabras luchaba por salir, su sonrisa era frágil.
Las palabras encogían el corazón de las hermanas.
Mientras se acercaban, Eunji seguía hablando, intentando ignorar lo que sentía. Cada palabra salía con tanta rapidez que era difícil entender lo que estaba diciendo —Si, cuánto tiempo sin vernos, te extrañaba mucho— dijo mientras se acercaba para abrazarla —Perdón por no poder venir a verte, realmente quería venir pero…— La frustración parecía evadirse de ella por un segundo —Pero, no importa…— una sonrisa apareció nuevamente —Lo que realmente importa es lo que tengo de contar.
—¿Qué es eso tan importante que tienes que contarme?— habló nuevamente la madre, con curiosidad en su tono.
—Bueno, la protagonista de esta historia no soy yo, si no nuestra Jimin— Dijo mientras reía —Nuestra Jimin, ha recibido…— Se tomó un segundo antes de continuar, intentando darle un tono dramático —Una beca en el Éden, que cubre cada uno de los gastos, obvio tiene un par de reglas, pero son pequeños detalles que querida Jimin va a poder superar— Sus ojos brillaban mientras daba la noticia.
Por el otro lado se encontraba la menor quien, quien aunque estaba feliz por sí misma, las expectativas de su hermana y ahora de su madre la ponían un poco nerviosa. Pero es un sentimiento que podía dejar de lado brevemente al ver la gran sonrisa de su madre, una que no había visto hace mucho tiempo.
—Estoy orgullosa de ti, hija.
Las palabras resonaron en la mente de Jimin durante el suficiente tiempo para terminar creyendolo, nunca habia escuchado esa palabras tantas veces en un día dirigida hacia ellas, ni mucho menos la había escuchado de su madre, por un breve momento sentía que quería llorar, pero se mantuvo fuerte, le gustaba ser reconocida.
La velada continuó por unas horas más, solo viéndose finalizada por el cambio de turno de las enfermeras. Mientras caminaban a casa a festejar con un pequeño pastel que había comprado la mayor, la menor por su parte no podía dejar de sonreír, al recordar cada detalle de su día. El tiempo pasa rápido y de aquel momento solo queda un recuerdo cada vez más borroso, la sonrisa de su madre, sus ojos brillantes, y los detalles de su rostro, son lo único claro en su mente casi como una fotografía, que no quería eliminar. Lo único que la hacía no rendirse, lo único que podía mantenerla en ese maldito colegio.