🐾 Capitulo 1🐾
En el bosque entre toda esa nieve y neblina había una cabaña que iluminaba la mitad de la zona con sus intensas lámparas que estaban afuera y en el interior de la cabaña. Habitaba un hombre llamado Héctor, un señor grande flacucho, cabello largo peinado de una sola cola de caballo, tenía poco vello facia.Tenía una vida solitaria. Casi no veía a sus hermanos, después del fallecimiento de sus padres se desconecto de toda su familia. Uno que otro mensaje llegaba a su teléfono preguntándole por su salud. Pero al final solo eran pláticas cortas sin nada más.
La cabaña era amplia lo suficiente para tener bastantes perros que iba recogiendo del bosque, animales que eran abandonados por sus dueños a su suerte. Lo que despertó un gran rencor en Héctor hacia la humanidad. Muchas veces llegaba a encontrar cadáveres enterrados entre toda esa nieve.
Una madrugada Héctor se encontraba en la cocina sirviéndose un café esperando a que el sol de la mañana se asomara por las ventanas dando luz a su cabaña.
Vestía una camisa de franela a cuadros rojos y negros, un poco descolorida por el uso y el lavado constante. Llevaba pantalones de pana color marrón oscuro, en los pies lleva botas de trabajo de cuero marrón, con las puntas desgastadas por el uso.
Dio un suspiro aclarandose la garganta. Tomo su abrigo de cuero y unos guantes de trabajo que lo abrigaban mejor del frío. Espero a que sus perros se lavantasen para comenzar a prepararlos poniéndole a cada uno su collar de picos en el cuello para evitar que un lobo los atacará.
Abrió la puerta dejando que los perros salieran corriendo disfrutando el aire frío. La nieve entre sus patas y correr a todos lados acompañados de su amo. Agarro sus herramientas poniéndolas en su trineo jalando de la cuerda para comenzar en su pequeño paseo.

Se detuvo en un árbol viejo en descomposición, con presencia de huecos y hongos alrededor de él. Acaricio el tronco con una de sus manos sutilmente sintiendo el viento agitándose al lado oeste y supo que tenía que hacer caer al árbol en esa dirección. Tomo su hacha del trineo y con las dos manos lo agarro con fuerza.
Hizo un corte diagonal en el lado donde quería que el árbol cayera. Corto más y más sin llegar tan profundo para no arruinar nada. Se detuvo alzando la cabeza para mirar al árbol escuchando atentamente a algún ruido del que tuviera que estar alerta.
En eso el ladrido de varios perros lo desconcentró y volteo hacia donde estaban ellos. Por la neblina que se acumuló alrededor apenas y noto sus sombras. Le dio un último vistazo al árbol dejando la hacha tirada en la nieve y camino de prisa a dónde estaban sus perros.
Entre cerró los ojos por la neblina enfocando su vista a la criatura rodeada por sus perros. Por su estatura supuso que era una mascota más perdida en medio del bosque sin embargo se sorprendió de ver qué era un lobo de pelaje gris y ocre, más pequeño que cualquier lobo que habitaba en el bosque. Bajo la mirada, tenía una pata alzada sin poder apoyarse en ella. Por la herida sabía que había sido capturado por una trampa de osos escondidas entre la espesa nieve.
Su pata sangraba mucho, miraba por todos lados enseñando sus dientes inclinando su cuerpo con la cola entre las patas listo para atacar. Gruño cuando Héctor dio un paso adelante. El lobo no retrocedió siguió mostrando los dientes frunciendo el hocico mirando fijamente al leñador.
Héctor inhaló calmando sus nervios inclinándose poco a poco para acercarse también asegurándose de que sus perros no atacarán. Acaricio la nieve con su mano y sin pensarlo en cuanto vio que el lobo desvió sus ojos a su mano escondida entre nieve este la lanzo a su dirección como distracción. Corrió con rapidez tomando al lobo de su hocico convirtiéndose en una pelea por quien caería primero. Tenía casi el tamaño de Kaiser un perro pastor alemán pero un poco más grande.
El lobo siguió luchando pero al final se rindió. Aún así Héctor no se confío y lo sostuvo con fuerza por la parte trasera todavía con una mano alrededor de su hocico. Apretó sus labios incorporándose con el animal en brazos caminando con dificultad por lo pesado que era. Camino hasta su trineo siendo seguido por sus perros ladrando como si estos supieran que era realmente. Lo acostó en su trineo con cuidado de no molestar demasiado su herida cubriéndola con la tira de una tela rota que usaba para amarrar los troncos y que no cayeran de su trineo. Amarro su lata para hacer presión.
—Muy bien, tranquilo no te haré daño solo quiero ayudar —Limpio su frente con la manga de su abrigo retrocediendo lentamente cogiendo el lazo tirada en la nieve amarrado a su trineo —.Asi, buen chico.
Héctor tomo su hacha en mano y sin más camino por el lugar en que habían cruzado antes para llegar a su cabaña jalando el trineo con fuerza volteando de vez en cuando para ver qué el lobo seguía ahí observándolo con curiosidad por como inclinaba su cabeza a un lado. Buscando alguna respuesta.
Continuo caminando mordiéndose el labio inferior cansado de seguir jalando el trineo limpiándose el sudor de su frente con el brazo arremangado sin importarle el frío. Solo para seguir viendo como el animal miraba a su alrededor con tranquila curiosidad a veces gruñendo cuando uno de los perros se acercaba demasiado a su espacio.Abrió la puerta de un azoton dejando entrar a sus perros y jalo la cuerda metiendo al lobo. Se enderezó tronando su espalda y camino a la puerta cerrandola con seguro evitando que el fuerte viento pudiera abrirla de nuevo debido a lo vieja que estaba.
—Ya haré otra puerta después —Se dijo así mismo yendo a dónde estaba el lobo—.Quedate aquí chiquito iré con mis cosas para poder curar tu pata.
El lobo espero viendo al leñador desaparecer por una habitación y después regresar con lo que parecía ser una caja de zapatos llena de varias cosas que sobresalían. Héctor dejo la caja en el suelo y se hinco cerca del lobo. Agarro su pata con cuidado de no ocasionar ningún dolor en el animal y que lo mordiera. Quitó la tela de la herida. Cómo ya no había sangrado Héctor tomo una gasa y vertió suero fisiológico limpiando la herida con cuidado. Quitó la gasa sorprendido por lo rápido que la herida había cerrado sin tener un hueso roto.
Miro al lobo que también lo miraba como si nada y después estornudo frente a Héctor escupiendole en la cara.
El leñador solo echo la cabeza atrás con los ojos cerrados dejando la pata del lobo y volver a levantarse. El lobo se levanto estirando sus patas delanteras y después se sacudió. Ya no había herida que curar, caminaba perfectamente bien, que parecía que hace unos minutos atrás no estaba derramando sangre.
El lobo recorrió el lugar ignorando la presencia de Héctor al lado suyo. Miro a los demás perros olfateando el lugar. En cambio Héctor no dejo de estar en alerta. Con cautela se acercó a la puerta y la abrió sin importar que la nieve y el frío entraran a su cabaña, esperando a que el lobo entendiera su indicación de que podía irse de vuelta al bosque.